La Trinidad

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La Deidad consiste de Dios el Padre, de su Hijo Jesucristo, y del Espíritu Santo. Esta doctrina se conoce comúnmente como la doctrina de la Trinidad y es una doctrina muy importante que fue atacada en el pasado y sigue siendo atacada por muchas sectas, y podemos decir que es la base de nuestra fe. Antes de pasar a probar la Trinidad en las Escrituras quiero decir algunas palabras sobre este término que no está presente en las Sagradas Escrituras. La palabra Trinidad se deriva de la palabra latina Trinitas que significa “la reunión de los tres”, un término acuñado por Tertuliano de Cartago (uno de los así llamados Padres de la Iglesia), al final del siglo II después de Cristo, para ilustrar el concepto de que la Divinidad se compone de tres personas divinas, a saber, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El hecho, por tanto, que la palabra Trinidad no se encuentra en las Escrituras es relativo, porque como ya hemos visto, y como veremos en breve, el concepto de un Dios trino es abundante en las Escrituras. Para hacer una comparación con el nombre de otra doctrina bíblica que no está presente (el nombre) en la Biblia, es como decir que aunque en la Biblia no esté presente la expresión “la inmortalidad del alma” se presenta con claridad el concepto de la inmortalidad del alma. Y así, en la Biblia, aunque no hay la palabra Trinidad hay el concepto de la Trinidad.

Pasajes de las Escrituras que demuestran el concepto de la Trinidad

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17). En este evento que tuvo lugar en el Jordán vemos el Padre que habló desde el cielo, el Hijo que estaba en la tierra que fue bautizado por Juan, y el Espíritu Santo que descendió sobre él en forma corporal, como una paloma.

– Jesús dijo a sus discípulos : “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…”. (Juan 14:16-17). Jesús, cuando todavía estaba en la tierra con sus discípulos, fue el Consolador quien Dios envió para consolar a los que estaban de duelo, pero ya que tuvo que regresar al Padre que lo envió, oró al Padre para dar a sus discípulos otro Consolador, precisamente el Espíritu Santo, que se quedaría con ellos para siempre. El Padre, por lo tanto, suplicado por el Hijo, envió el Espíritu de verdad, al servicio de las necesidades creadas por la salida de su Hijo. El concepto de la Trinidad es evidente en las palabras de Jesús.

– Jesús, antes de ser llevado al cielo, dijo a sus discípulos : “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo….” (Mateo 28:19 ). El bautismo en agua, que les recuerdo, no purifica del pecado, ya que es la aspiración de una buena conciencia hecha a Dios, debe ser ministrado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor nunca habría ordenado tal cosa si Él, el Padre y el Espíritu Santo no hubiesen sido uno.

– Pablo dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Rom. 8:11). En estas palabras encontramos a Dios el Padre que resucitó a Jesús, el Hijo que fue de Dios levantado, y el Espíritu Santo, quien Él ha enviado a nuestros corazones. Aquí, también, el concepto de la Trinidad se expresa de una manera clara .

– Pablo, al final de una de sus epístolas a los corintios, escribió : “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Una vez más, estas tres personas se nombran por separado, pero a pesar de esto son una misma cosa.

– Pablo a los Efesios dice: ” … un solo Espíritu … un solo Señor … un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Efesios 4:4,5,6 ). También por estas palabras entendemos cómo las tres personas divinas de la cual se compone la Trinidad, son diferentes, pero unidas en una unidad perfecta.

– Pablo dijo a los Corintios: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” (1 Corintios 12:4-6). Observen que primero se menciona el Espíritu, luego el Señor Jesucristo, y Dios. Entonces también estas palabras dejan claro cómo estas tres personas divinas, aunque diferentes entre ellas, son uno y el mismo Dios.

– La Biblia condena las tres blasfemias dirigidas a las tres personas de la Trinidad. Quien blasfeme el nombre de Dios es culpable de un pecado y también los que blasfeman contra el Hijo del hombre y contra el Espíritu Santo son culpables de un pecado. Pero el hecho es que mientras que los que blasfeman contra Dios y el Hijo del Hombre pueden ser perdonados, cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no puede obtener el perdón de sus pecados, porque Jesús dijo: “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Marcos 3:28-29). Estas palabras del Señor, nos hacen comprender cómo el Espíritu Santo es una persona divina distinta del Padre y del Hijo de Dios; es por eso que cuando nos hablamos del Hijo, no estamos hablando del Espíritu Santo, y viceversa, y porque cuando nos hablamos del Padre no estamos hablando ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, precisamente porque los tres son diferentes. Para que se entienda este concepto vamos a hablar de esta manera: no podemos decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, porque esto no es cierto, de hecho, la Escritura dice que Cristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz, y no el Padre. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo murió por nuestros pecados, porque esto no es cierto. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo bautiza con el Espíritu Santo, porque, como dice la Escritura, Cristo es el que bautiza con el Espíritu Santo y con el fuego. Sin embargo, aunque hay que mencionar por separado el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y sus características, también sabemos que los tres son la misma cosa. Hermanos, estamos ante un misterio, por eso, nuestras palabras no pueden explicarlo.

Y hablando de misterios, sobre la Trinidad que no es comprensible para la mente humana, algunos dicen que Dios no puede ser honrado por un concepto que “no se entiende” y que los cristianos necesitan conocer al Dios que adoran entonces no hay espacio para los misterios! Estas son palabras vacías, que son hechas por gente que se olvida que Zofar Naama dijo: “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?” (Job 11:7-8), estas palabras fácilmente se pueden aplicar también para el concepto del Dios trino. No, no es cierto que no hay lugar para los misterios; ya que el espacio dedicado a los misterios acerca de Dios, Su naturaleza y Su forma de actuar existe y es enorme. Pero aunque hayan misterios divinos que no son revelados a nosotros también somos plenamente conscientes de conocer a Dios, porque Juan dice: “Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:14) Y otra vez: “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Juan 4:7). Es claro, sin embargo, que esto no significa que todo sea claro y que no hay más misterios sobre Dios, porque también está escrito: “Porque en parte conocemos” (1 Corintios 13:9) y que “Ahora vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Pero el día viene cuando sabremos completamente y veremos cara a cara. Ahora conocemos en parte; pero entonces conoceremos como fuimos conocidos. A Dios sea la gloria por los siglos. Amén.

La perfecta unidad que existe entre el Hijo y el Padre

Jesús en los días de su carne, hizo mención de la perfecta unidad que existía entre él y el Padre en diferentes maneras. Él dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), “Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí” (Juan 8:17-18), “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:11), “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:19-23). “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.” (Juan 5:26-27). “Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:44-45), “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Juan 14:7), “y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo” (Mateo 11:27), “Todo lo que tiene el Padre es mío” (Juan 16:15), “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:22-23). Para explicar esta perfecta unión y colaboración que existía y todavía existe entre el Hijo y el Padre ahora vamos a comparar entre ellos algunos pasajes de la Escritura.

– Jesús habló a los Judíos acerca de Su resurrección de esta manera: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19), haciendo entender que iba a resucitar a su cuerpo después de haber muerto; Como Pedro dijo a los Judíos “y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos” (Hechos 3:15), dejando claro que Dios resucitó el cuerpo de Cristo Jesús.

– Cuando Jesús prometió a sus discípulos el Espíritu Santo, dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26), y también: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.”(Juan 15:26), haciendo caramente entender que el Espíritu Santo sería enviado por el Padre y por el Hijo (el hecho es, sin embargo, que el Espíritu Santo procede del Padre, como Jesús mismo dijo).

– Jesús dijo, hablando de sus ovejas: “Yo les doy vida eterna” (Juan 10:28), y en su oración al Padre dijo: “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste” (Juan 17:1-2), dejando en claro que es Jesús que da la vida eterna. Pero Pablo dice a los Romanos: “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23), y Juan dice : “Dios nos ha dado vida eterna” (1 Juan 5:11), por lo tanto es claro que es Dios que da la vida eterna. Entonces, podemos decir que la vida eterna la da tanto el Padre, como el Hijo.

– Jesús dijo: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40). Noten aquí que Jesús dijo que será Él que resucitará nosotros que hemos creído. Pero también está escrito que Dios nos resucitará como dice Pablo a los Corintios: “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder” (1 Corintios 6:14).

– Pablo dice a los Romanos: “…entre las cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo..” (Romanos 1:6). Así que el que nos ha llamado es Cristo. Pero Pablo dice más adelante en esta epístola que los que Dios conoció de antemano, “también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó…” (Romanos 8:29-30). Así que hemos sido llamados por Dios y Cristo Jesús.

– Pablo dice a Timoteo: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio…” (1Timoteo 1:12). Esto significa que Pablo fue aprobado por Cristo, que lo estimó digno de su confianza y le encomendió el ministerio de la Palabra. El mismo apóstol dice a los Tesalonicenses: “…sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1Tesalonicenses 2:4). Así que San Pablo había sido aprobado por Dios y Cristo Jesús

– Pablo dijo a los ancianos de Éfeso: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús..” (Hechos 20:24). Así también Cristo estableció a San Pablo como ministro del Evangelio, y esto también lo confirmó a Timoteo cuando dijo que él daba gracias a Cristo que lo había considerado digno de su confianza poniéndo en el ministerio él, que anteriormente había sido un blasfemo, un perseguidor y un abusador (Véase 1 Timoteo 1:12-13). Pero a los Colosenses, Pablo dice que fue Dios que le dió el ministerio: “…de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios” (Colosenses 1:25).

Los tres operan de mutuo acuerdo

Los siguientes ejemplos muestran cómo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo obran todas las cosas en conjunto y de común acuerdo.

 – El hombre fue creado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En el libro del Génesis, sobre la creación del hombre, leemos: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza …” (Génesis 1:26). Estas palabras muestran cómo Dios, cuando habló, usó el plural y no el singular ya que no dijo: ‘yo hago’, sino más bien: “hagamos”. ¿Con quién habló? ¿Con los ángeles, tal vez? No, en absoluto, porque son criaturas. Él habló con la Palabra que estaba con él, y con el Espíritu eterno, que también estaba con él

– Dios, el Verbo y el Espíritu Santo nos han formado en el vientre de nuestra madre.

David dice a Dios: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre…..” (Salmo 139:13). Eliú dijo a Job: “El espíritu de Dios me hizo…” (Job 33:4). Juan dice que “Todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:3 ), refiriéndose a la Palabra de Dios; y por eso hemos sido creado por la Palabra de Dios en el vientre de nuestra madre.

– El apóstol Pablo fue enviado a predicar por Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

A Tito, el apóstol Pablo dice: “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador…” (Tito 1:1-3), dando a entender que había sido enviado a predicar de Dios Padre. A los Corintios, el apóstol dice: “no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio …” (1 Corintios 1:17), haciendo entender que fue enviado a predicar a los gentiles por el Hijo de Dios. Si a estos pasos añadimos lo que dice: “Ellos [Bernabé y Saulo], entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre” (Hechos 13:4), entonces vamos a ver cómo los tres, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, de común acuerdo, enviaron a Pablo a predicar el Evangelio a los gentiles.

– En cuanto a nuestra salvación, debemos decir que los tres, o sea, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, han trabajado juntos en perfecta colaboración

El Padre ha enviado al Espíritu Santo, como está escrito: “..el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre…” (Juan 14:26), quien nos convenció de pecado, justicia y juicio como está escrito: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8), también el Padre nos ha atraído al Hijo como Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44), y también: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí” (Juan 6:37), y el Hijo nos ha salvado de nuestros pecados, de acuerdo con lo que está escrito: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” ( Gálatas 5:1 ).

– El proceso de transformación en la imagen del Hijo de Dios, que ha comenzado en nosotros y que todavía continúa, es realizado por las tres personas de la Trinidad , sin excepción.

Estos son los pasos que confirman esto. Pablo dice a los Filipenses: “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). A los Corintios dice: “pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros” (2Cor 13:3). Y siempre dice a los Corintios: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

– La obra de la santificación se cumple por Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Las siguientes Escrituras confirman esto: Pablo dice a los Tesalonicenses: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo…” (1 Tesalonicenses 5:23). El escritor de Hebreos dice: “Porque el que santifica [ Cristo ] y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se averguenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:11). Pedro dice en su epístola que hemos sido “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu…” (1 Pedro 1:2).

– Con respecto a la guía hay que decir que nosotros somos guiados por Dios, su Cristo y el Espíritu Santo.

Las siguientes Escrituras lo confirman. En los Salmos está escrito de Dios: “Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aun más allá de la muerte. (Salmo 48:14 ). En Mateo, Jesús dice: “Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo” (Mateo 23:10). En Juan está escrito: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13).

Nosotros los creyentes reconocemos que en parte conocemos, somos conscientes de que el conocimiento de este misterio es demasiado alto para nosotros, tan alto que no lo podemos entender completamente; a cada uno de nosotros la Escritura sigue diciendo: “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? Su dimensión es más extensa que la tierra, Y más ancha que el mar” (Job 11:7-9). Podemos, por ahora, sólo examinar las Escrituras que hablan del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero no somos capaces de explicar cómo los tres son la misma cosa. No tenemos tres dioses, porque no somos politeístas como tantas personas en el mundo, pero tenemos un sólo Dios, creemos en Él, Él conocemos, amamos, servimos, Él es el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo; también tenemos un sólo Señor, el Hijo de Dios, también tenemos un sólo Espíritu en nuestros corazones, el Espíritu eterno de nuestro Dios por el cual clamamos: ¡Abba! Padre! Estas tres personas son Dios desde la eternidad y hasta la eternidad. Amén.

Los Tres son Uno y viven en nosotros

Ahora veamos las Escrituras donde se entiende que en nosotros, hijos de Dios, moran el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

– La Palabra testifica que Dios el Padre vive en nosotros con estas palabras.

Jesús dijo: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23).

Juan dice: “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios” (1Juan  4:15). Pablo dice: “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos…” (2 Corintios  6:16).

– La Palabra dice que Jesucristo, el Hijo de Dios mora en nosotros de esta manera

Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros… el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto… ” (Juan 15:4,5 ). Pablo dice a los Efesios: “doblo mis rodillas ante el Padre … para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones…” (Efesios 3:14-17). A los Colosenses, el apóstol dice: “A quién [los santos] Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). A los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí..” (Gálatas 2:20). A los Romanos: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado…” (Romanos 8:10). Para los Corintios: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros” (2 Corintios 13:5).

– La Palabra testifica en las siguientes formas que el Espíritu Santo habita en nosotros (tengan en cuenta que es llamado el Espíritu de Dios y también el Espíritu de su Hijo)

Jesús dijo: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:17). Pablo dice a los Romanos: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Romanos 8:9). A los Corintios, dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? ” (1 Corintios 6:19). A los Gálatas: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!” (Gálatas 4:6). A Timoteo: “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2Timoteo 1:14). Santiago dice: “O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4:5).

Como se puede ver, hermanos y hermanas, estas Escrituras hablan claramente; en nostros habitan Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo. Pero ¿cómo podemos entender esto? No podemos, sólo podemos aceptarlo por fe por ahora. ¡Oh la profundidad de la sabiduría y del conocimiento de Dios, ¡Cuán insondables son sus obras!

Conclusión

Por último les ruego, hermanos, que permanezcan unidos a la doctrina de la Trinidad, porque todos los que se apartan de esta enseñanza caen en muchos graves errores doctrinales que son la consecuencia de la negación del concepto trinitario de Dios.

Les exhorto, por lo tanto, a guardarse de todos aquellos, que aunque se digan cristianos, niegan de una manera u otra la Trinidad; algunos nombres: Los “Jesús solo” (pentecostales anti- Trinitarios), los Testigos de Jehová, Mormones, los miembros de la Iglesia del reino de Dios (los seguidores de A. Freytag), la secta de Moon, y muchos, muchos otros. Pongan en sus corazónes todas aquellas escrituras que prueban el concepto de la Trinidad, que hablan de la divinidad de Jesucristo y del Espíritu Santo, con el fin de tenerlas siempre listas en vuestros labios en el caso que sean interrogados acerca de la Trinidad.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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