Los salvados son pocos

pocos salvos

Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14); De acuerdo con estas palabras de Jesús es claro que aquellos que encuentran el camino que lleva a la vida, que es Jesucristo, son pocos y no muchos en comparación con la población mundial.

Jesús dijo a los suyos: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:32); También estas palabras quieren decir que el rebaño de Dios está formado por unas pocas personas y no por multitudes.

Jesús dijo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22:14); y un día a la pregunta: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23), respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24). Como pueden ver, una vez más, el Señor explicó que los salvos son pocos y no la mayoría.

Si, pues, estas Escrituras no fueran suficientes para que sean convencidos que pocos son salvados por el Señor, entonces debemos recordar que está escrito que en los días de Noé, en el arca, “pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (1 Pedro 3:20), y que de la destrucción de Sodoma y Gomorra y de las otras ciudades que estaban cerca, Dios guardó sólo Lot, su esposa (que más tarde se convirtió en una estatua de sal) y sus dos hijas.

Así que, hermanos y hermanas en el Señor, no déjense atraer de una iglesia por la cantidad de los creyentes que la frecuentan, sino por sus enseñanzas conformes a las Escrituras porque, no es cierto, que la característica de la verdadera Iglesia sea la multitud de sus miembros o de sus inscritos. El Señor, como hemos visto, no mira al número, sino a la fidelidad y a la obediencia de sus hijos.

“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos” (Éxodo 19:5).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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