La Santificación

santEn primer lugar, tengan en cuenta que cuando ustedes nacieron de nuevo (cuando fueron regenerados por Dios) también fueron santificados, ya que Dios les ha hecho santos. Las siguientes escrituras lo atestiguan: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”(1 Corintios 6:9-11); “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13); “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo…”(1 Pedro 1:1-2).

Esta es la razón por la cual los Apóstoles cuando escribían sus epístolas a los creyentes los llamaban también santos. Algunos ejemplos; Pablo dice a los Corintios: “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús…” (1 Corintios 1:2); a los Filipenses: “A todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos…” (Filipenses 1:1); a los Colosenses: “A los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas …” (Colosenses 1:2); Pedro en su primera epístola dice a los creyentes: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa…” (1 Pedro 2:9); El escritor a los Hebreos dice: “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial….” (Hebreos 3:1).

Amados, ustedes son santos en virtud de la obediencia que mostró Jesucristo, porque fue en virtud de su sacrificio expiatorio que han sido santificados, ya que está escrito: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”(Hebreos 10:10). Por lo tanto no tienen nada de que gloriarse ante Dios, de hecho, Pablo dice que Cristo nos ha sido hecho por Dios también santificación (Véase 1 Corintios 1:30). Quiero aclarar que cuando digo que ustedes han sido santificados en Cristo Jesús, me refiero a las siguientes cosas:

• La perfección en cuanto a la conciencia que han obtenido a través de la sangre de Cristo, como está escrito: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Perfección en cuanto a la conciencia que bajo el Antiguo Pacto no se podía obtener porque los dones y los sacrificios ofrecidos de acuerdo con la ley eran una sombra de lo que estaba por venir y en aquellos estaba renovado cada año el recuerdo de los pecados (Véase Hebreos 9:9- 10; 10:1-4): pero bajo el Nuevo se puede conseguir porque Cristo ofreció a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados una vez para siempre y su sangre hace perfectos a los que creen en él (Véase Hebreos 9:13-14).

• Su separación del mundo hecha por Dios para que pudieran servir a la justicia. Con esto quiero decir que Dios les ha separado de los que viven en las tinieblas para que Le fueran consagrados por el resto de la vida. Dios anteriormente eligió al pueblo de Israel según la carne para que Le sirviera, de hecho está escrito: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.” (Deuteronomio 7:6), y también: “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.”(Deuteronomio 14:2). Ahora, con la venida de Cristo, Dios ha escogido un pueblo en la tierra (Su Iglesia), que consiste en todos los Judíos y Gentiles que sacó de este presente siglo malo para que Le sirvan. Este concepto es expresado por Pablo en la Epístola a Tito cuando dice que Jesucristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14).

Así que hermanos, han sido reservados por Dios para hacer algo especial; pero ¿qué? Su santificación. Estas Escrituras lo confirman: Pablo dice a los santos en Roma: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación…” (Romanos 6:22); y a los santos de Tesalónica dice: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación… ” (1 Tesalonicenses 4:3), y también: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tesalonicenses 4:7) ; y el escritor a los Hebreos dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14); Pedro dice a los elegidos (llamados por él nación santa) “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16). Como pueden ver, hay varias Escrituras que dan testimonio de que hemos sido llamados a ser santos, es decir a santificárnos ante los ojos de Dios. Santificarse, por lo tanto, es un mandamiento de Dios y es así importante que está escrito que sin santidad nadie verá al Señor; digo todo esto porque hoy en muchas Iglesias se habla acerca de la santificación como si fuera algo opcional y no algo así importante. Ahora, hermanos, tenemos por nuestro fruto la santificación; pero ¿cómo podemos llevar este fruto? Este fruto se puede llevar sólo permaneciendo en Cristo de acuerdo con lo que Jesús dijo: “el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto” (Juan 15:5), es decir guardando los mandamientos de Dios, porque Juan dice “el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él ” (1 Juan 3:24). Por tanto debemos guardar los mandamientos de Dios para que nos conduzcamos en santidad ante Dios y ante los hombres. Y por supuesto guardar los mandamientos de Dios significa tener que hacer y tener que no hacer algunas cosas.

Por el maestro de la Palabra de Dios Giacinto Butindaro

Para aprofundizar, véase también otras Enseñanzas y exhortaciones acerca de la santificación

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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