Contra el uso del “nosotros” cuando proclamamos el Evangelio a los pecadores

untitledEs bastante común escuchar a algunos pastores que, cuando proclaman un mensaje de evangelización dirigido a los pecadores, se incluyen ellos mismos entre los pecadores. De hecho a menudo se oye decir: “Tenemos que aceptar al Señor en nuestros corazones”, “el Señor quiere que abramos nuestros corazones a su Palabra para ser salvos” y así sucesivamente. Otra cosa que decir acerca de estas predicaciones dirigidas a los pecadores, es que casi nunca contienen el orden de arrepentirse (y ni siquiera la advertencia de que si no se arrepienten perecerán en el Hades en el fuego). Ahora bien, este modo de expresarse es incorrecto, ya que ni Jesús antes, ni los apóstoles después, cuando predicaban se incluían entre los pecadores, así como no omitían el anuncio del arrepentimiento.

Tomamos los apóstoles, porque alguien podría decir que Jesús no podía porque nació y vivió sin pecado. ¿Dónde se lee en los Hechos que ellos, evangelizando a los incrédulos, se incluían entre los que tenían que convirtirse? En ninguna parte, sus palabras no dejaban lugar a dudas en los que les oían: los que tenían que arrepentirse de sus pecados, los que debían creer en el Evangelio para ser salvos, eran las personas a las cuales estaba dirigida la predicación. En otras palabras, los pecadores, cuando escuchaban a los apóstoles, entendían de inmediato que ellos estaban perdidos y que los apóstoles no lo eran más. Escuchen lo que dijo Pedro en el día de Pentecostés a los Judíos: “Arrepentíos… Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:38,40), y lo que siempre Pedro dijo a los Judíos después: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados… ” (Hechos 3:19 ). Pablo y Bernabé a los idólatras que vivían en Listra dijeron: “Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Hechos 14:15).

Pero ¿qué pasa si un predicador del Evangelio comienza a decir a los incrédulos: “Debemos arrepentírnos y creer en el Evangelio”? Que los que le oyen dirán o pensarán que también el predicador debe todavía hacer estas cosas y entonces él también está en la misma condición espiritual de ellos. El predicador entonces pierde autoridad ante los incrédulos porque utiliza estas expresiones inadecuadas. A los incrédulos se deben decir palabras como: “Ustedes deben arrepentirse y creer en el Evangelio”, “Acepten la Palabra de Dios si no todos perecerán igualmente” y así sucesivamente. Con el fin de hacerles entender que están perdidos mientras que nosotros no lo somos más por la gracia de Dios. Pero, por desgracia, estos predicadores anuncian un mensaje evangelístico que no contiene el comando del arrepentimiento, salvo en casos excepcionales. En otras palabras, el comando del arrepentimiento para los pecadores es la excepción y no la regla.

¿Cuáles son las razones por las cuales predican de esta manera a los pecadores? En primer lugar la falta de autoridad divina en aquellos que predican. Quien predica con autoridad, de hecho, se presenta como un embajador de Cristo a través del cual Dios ordena a los hombres que deben arrepentirse y creer en Jesucristo, de lo contrario ellos perecerán; mientras quien predica sin autoridad habla como si estuviera todavía entre los que deben ser reconciliados con Dios para ser salvos.

Y en segundo lugar, la idea de que hablando directamente a los pecadores como lo hacían los Apóstoles, la predicación se transforma en un juicio sobre los pecadores que pueden sentirse culpables y juzgados, y dado que estos pastores dicen continuamente que no debemos juzgar, han tenido que modificar también la predicación del Evangelio!

Tal vez alguien me preguntará: “¿Pero podría también deberse al hecho que estos predicadores no son todavía salvos?” No me siento en absoluto de excluir la posibilidad que puedan existir entre los que predican de esta manera personas que todavía no son salvas, porque de hecho hay sermones que son como recitaciones en lugar que predicaciones; son repetidos de memoria o son leídos de algún trozo de papel, en lugar que predicados con sinceridad por parte de Dios en Cristo. Son predicaciones muertas porque quien predica no habla con plena convicción, no habla con poder, y ni siquiera con el Espíritu. En el espíritu se siente que esas palabras que son predicadas no son tampoco creídas por aquellos que las proclaman! No es sorprendente encontrar incluso detrás de los púlpitos personas todavía perdidas. Siempre se ha habido gente así en la Iglesia.

Así que exhorto a estos pastores y predicadores para que empiecen a predicar como lo hacían los apóstoles, hablando por lo tanto directamente a los pecadores. Imiten a los apóstoles también en esto, por el amor del Evangelio.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Adaptación en español por Enrico Maria Palumbo

 

 

Un comentario en “Contra el uso del “nosotros” cuando proclamamos el Evangelio a los pecadores

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