El propósito de Dios conforme a la elección (La predestinación)

book of lifeDios tiene misericordia de quien quiere, y al que quiere endurecer, endurece

El apóstol Pablo dice a los Romanos: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:29-30).

Ahora, según el apóstol sólo aquellos que Dios antes conoció están predestinados para obtener la justificación. Pero ¿Qué quiere decir que Dios antes conoció y predestinó a algunos para ser justificados? ¿Significa simplemente que Dios sabía que se habrían arrepentido y que habrían creído en Cristo y por lo tanto habrían sido justificados? ¿Pero si fuera así que sentido tendría hablar de predestinación a favor de ellos? ¿No es cierto que el verbo predestinar significa ‘establecer antes’? Tomemos un ejemplo. Si me decido para comprar un determinado campo con el fin de asignar una parte específica de lo mismo, vamos a asumir una décima parte, para la construcción de una casa; y por otro lado, las nueve décimas partes, para el cultivo de cítricos, ¿tal vez no he decidido el destino de ese campo por adelantado? Y cuando después de haberlo comprado voy a poner mi plan en acción ¿tal vez no se puede decir que el campo había sido predestinado para ser utilizado por mí de esa manera? Claro que se puede decir. Así que si Dios nos ha predestinado a ser justificados significa que entre todos los hombres que Él creó en la tierra, incluso antes que supiéramos de Él y antes que creyéramos, había decretado de llevarnos a creer en su Hijo Jesucristo. Dios nos hizo fuerza y nos venció, nos convenció y nos hemos dejadonos persuadir; sin saber nada de Su decreto divino a favor de nosotros. Pero tal vez dirás: ¡Pero soy yo que me arrepentí y creí en Jesús, la elección fue mía, no de Dios! Así que me gustaría preguntarte: ¿Quién te dio el arrepentimiento? ¿No fue Dios? Como está escrito: “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18)? ¿Y quién te dio la fe? ¿No fue Dios porque Pablo lo llama el “don de Dios” (Efesios 2:8) y dice que no es de nosotros? Así, ¿qué tienes que no hayas recibido de Dios? Nada, por lo tanto, si te has arrepentido y has creído es porque Dios quiso darte el arrepentimiento y la fe. Él te había ordenado para vida eterna, por esta razón creíste; de la misma manera que los creyentes de Antioquía de Pisidia, como está escrito: “y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48). Pero tal vez ahora dirás: ¡Pero soy yo que quería ir a Jesús! Tu fuiste a Jesús porque querías ir a Jesús, esto es cierto; pero también es cierto que fuiste a Jesús porque Dios quería trajerte a Cristo sin que tu supieras nada. ¿Nunca has leído estas palabras de Jesús: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44) y: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65)? Ten en cuenta como dos veces Jesús dijo “si no”. Así que insisto en que nunca habrías sido capaz de ir a Jesús SI NO te hubieras sido dado por el Padre para venir a Cristo.

Me preguntarás: ¿pero incluso quién no se arrepiente y no cree en Jesús, va a la perdición después de un decreto de Dios contra él? Sí, es cierto. Entonces me dirás: pero esto es una injusticia, haces pasar a Dios por un Dios injusto, sin piedad, que se burla de sus criaturas. Escucha lo que dice la Escritura y verás que no es como tu dices. El Apóstol Pablo para explicar porque sólo un remanente del pueblo de Israel aceptó la salvación mientras que la mayoría de los Judíos la rechazaron, habla del nacimiento de Esaú y Jacob. Él dice que “(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Romanos 9:11-13). El ejemplo tomado por Pablo muestra que Dios escogió a Jacob y rechazó a Esaú antes de que nacieran y que hubieran hecho aún ni bien ni mal. Su destino ya estaba sellado por Dios antes de que nacieran. Después de que nacieron, las cosas fueron naturalmente como Dios había predicho; debido a que el mayor se convirtió en el sirviente del menor. Pero ¿por qué las cosas resultaron de esa manera? ¿Simplemente porque Esaú vendió su primogenitura a Jacob, y el segundo con el engaño robó la bendición que pertenecía a Esaú? ¿Las cosas se fueron de esa manera sólo porque Esaú y Jacob decidieron actuar de esa manera (mal comportamiento en ambos lados)? Sí, los dos hermanos actuaron de esa manera, pero detrás de todo esto había la mano de Dios dirigiendo todas las cosas así que las palabras dichas a Rebeca se cumplieran. ¿Fue Dios injusto actuando de esa manera hacia Esaú y Jacob? En ninguna manera; ¿no es cierto que Él hace lo que quiere en el cielo, en la tierra y en el abismo (Véase Salmos 135:6), y que es irreprochable cuando expresa un juicio de cualquier naturaleza sea? (Véase Salmos 51:4)? El apóstol Pablo ya prediciendo que alguien habría sido arrastrado a decir que Dios es injusto defiende la obra de Dios diciendo: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.”(Romanos 9:14-18). Las palabras del apóstol son claras, muy claras; y seguramente esta gran claridad perturba a muchos. Ten en cuenta que Pablo toma el ejemplo del Faraón para testificar que Dios endurece a quien Él quiere. ¿Endurece a quien Él quiere? Sí es cierto, Dios endurece a quien Él quiere. Pero el ejemplo de Faraón no es el único ejemplo de endurecimiento producido por Dios que leemos en la Escritura. En la época de Jesús casi todos los Judíos fueron endurecidos por Dios para que no creyeran en Jesús. Esto es lo que Juan dice: “Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón,y se conviertan y yo los sane” (Juan 12:37-40). ¿Por qué aquellos Judíos no creían en Jesús? Porque no podían creer. La razón es clara, porque Dios había endurecido sus corazónes y cegado sus ojos. En otras palabras, debido al hecho de que no les fue dada la fe en Jesús, para ir a Jesús. Tenían que cumplirse las palabras del profeta Isaías y entonces no podían creer. ¿Y de quién eran las palabras del profeta? De Dios. Pues Dios había decidido para no hacer creer la mayoría de los Judíos. Jesús sabía esto, de hecho, es por eso que Él habló a las multitudes en parábolas. Un día dijo a sus discípulos que le preguntaron porque hablara a las multitudes en parábolas: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado” (Mateo 13:11). A pesar de esto, sin embargo, Jesús lloró sobre Jerusalén porque lo había rechazado y dijo que ellos no querían convertirse. He aquí sus palabras: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37). No quisiste, dijo Jesús. Sin embargo, Él sabía que no habían querido porque Dios había endurecido sus corazónes y cegado sus ojos. Esto demuestra que la voluntad que el hombre emplea para rechazar el Evangelio le es cargada aunque su rechazo está incluido en la voluntad de Dios.

Este rechazo de los Judíos fue necesario así que Cristo muriera por nuestros pecados, es decir, el hecho de que los Judíos perseguían a Jesús y que le ahorcaron por los gentiles a la cruz era algo que Dios había determinado antes de que sucediera para nuestro bien. De hecho, Pedro dijo a los Judíos: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hechos 2:22-24). Fíjate muy bien en las palabras “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios”. Evidentemente los Judíos no sabían que actuando de tal manera, estaban cumpliendo las palabras de los profetas que Cristo habría muerto por los injustos, pero Dios usó a su mal, su incredulidad para que Jesús muriera por nuestros pecados. ¿No debemos, por lo tanto, reconocer que Dios es sabio, y utiliza las personas endurecidas por Él mismo para cumplir sus designios? Sí, es cierto. ¿Y ni siquiera debemos reconocer que Dios endureciendo el corazón del hombre dibuja gloria para su nombre? Sí, de hecho tanto en el caso de Faraón, mencionado antes, como en el caso de los Judíos que crucificaron a Jesús, Dios dibujo gran gloria. Faraón, de hecho, fue antes de Dios humillado profundamente con señales y milagros de todo tipo, y luego fue sumerjido por las aguas del Mar Rojo con su ejército; y por esta razón los israelitas comenzaron a exaltar a Dios por su grandeza (Véase Éxodo 15:1-19). Jesús fue resucitado por Dios al tercer día para el deleite de sus discípulos y de todos aquellos que a lo largo de los siglos han creído en Él, resurrección por la cual Dios dibujo gran gloria (Véase Lucas 24:53) y continúa hasta ahora.

Después de haber dicho que Dios tiene misericordia de quien quiere y endurece a quien quiere, Pablo dice: “Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9:19-24). Una vez más las palabras de Pablo son claras. Dios es soberano y ha decretado de hacer de la masa de la humanidad algunos para gloria y otros para destrucción.

¿Quiénes somos nosotros para que alterquemos con Dios?

¿Qué pasa con la voluntad del hombre si todos sus caminos dependen de Dios y su destino ya ha sido marcado por Dios? Vamos a decir que esta voluntad, sin que el hombre que todavía vive bajo la potestad de las tinieblas lo sepa, es moldeada por Dios y dirigida en la dirección que Él decretó, ya que quien ha predestinado para ser justificado por Dios será puesto en la posición (en el tiempo que fijo) para creer en Jesucristo a través de una interminable serie de circunstancias, mientras quien ha sido preparado para destrucción no será puesto en la posición para creer.

 

(…)

Unas pocas palabras en defensa de la predestinación

Tu estarás realmente sorprendido a ver que una doctrina tan ampliamente confirmada por las Sagradas Escrituras está tan descuidada dentro de las Iglesias. Es mucho más fácil escuchar pastores predicar acerca de ciertas cosas no reveladas a nosotros, que escuchar pastores predicar el propósito de Dios conforme a la elección que Dios nos reveló. ¿Por qué pasa eso? Las razones son muchas y diferentes.

Sin duda una de ellas es la ignorancia por parte de estos pastores, es decir, su falta de conocimiento de las Escrituras, hecho que por desgracia estamos observando también en muchas otras doctrinas bíblicas.

Otra razón es porque el término predestinación de inmediato trae a la mente la doctrina “una vez salvo, siempre salvo” por lo tanto es mejor no hablar de la predestinación así que los creyentes no se engañen que a pesar que se comporten como quieran, serán en el final de todos modos salvados. Pero esto no es justo porque el apóstol Pablo que habló mucho de la predestinación ha puesto en un montón de diferentes maneras en alerta a los creyentes para que no se descansaran en el hecho de que estaban predestinados a creer, de hecho, fue Pablo mismo que a los santos de Roma, hablándoles del truncamiento de las ramas naturales (Judíos incrédulos), y de las ramas silvestres injertadas (gentiles que han creído), dijo: “Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad” (Romanos 11:20-22). Así que si Pablo enseñó a los santos en Roma la predestinación y al mismo tiempo les exhortó para que perseveraran en la bondad de Dios, no se entiende porque los que son responsables de pastorear el rebaño del Señor no deban hacer lo mismo. ¿Por qué el abandono de una parte tan importante y fundamental del consejo de Dios para un miedo inexistente? Estoy plenamente convencido de que si la doctrina de la predestinación fuera enseñada correctamente, no habría el menor peligro de que los creyentes sean engañados. Es suficiente hacer saber a los creyentes que hay un pecado de muerte de lo que no pueden arrepentirse y que lleva a la perdición eterna del creyente que lo comete, para disipar, de la mente del creyente que siente que ha sido predestinado, cualquier ilusión.

Pero hay otra razón por la cual la predestinación no se enseña en las iglesias, y es debido a que, por desgracia, en el corazón de muchos todavía hay aquel poco de orgullo que les impide reconocer que si ellos son salvos está TOTALMENTE debido al propósito de Dios conforme a la elección, por eso Dios decidió hacerles creer, en otras palabras, porque fueron ordenados para vida eterna. Esto significa que todo lo que ahora poseen lo han recibido por Dios y no es algo que viene por ellos: el arrepentimiento que los trajo a humillarse ante Dios, la fe por medio de la cual han recibido el perdón y la vida eterna, todo les ha sido dado por Dios. De hecho Pablo pregunta a los santos de Corinto: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7), porque Él sabía que los santos no tenían nada que no habían recibido por Dios. Estos creyentes, sin embargo, ponen mucho, yo diría demasiado énfasis, en el hecho de que fueron ellos los que quisieron arrepentirse, que quisieron creer… Para ellos es difícil aceptar que sus voluntades eran simplemente determinadas por el Todopoderoso sin saberlo. Para ellos es inaceptable que han sido capaces de ir a Jesús sólo porque les ha sido dado por el Padre! Es por eso que cierran los oídos, o prefieren no escuchar a los que hablan de predestinación. Esto es una locura, porque significa que no reconocen plenamente la soberanía de Dios en el universo, que no quieren reconocer la verdad de Dios. Pero sobre todo porque quitan algo de la gloria de Dios, porque la toman por sí mismos. De hecho, si digo que yo creí porque quería creer y no porque Dios quería que yo creyera, yo no glorifico a Dios por haberme dado la fe. Pero entonces ¿por qué tengo que glorificarLe? Simplemente porque después que he eligido Cristo he sido salvado por Cristo! En otras palabras, para ir a Cristo lo he pensado yo, sino para la salvación de mi alma lo ha pensado Cristo. Para decirlo sin embargo, en otras palabras, la fe para creer en Cristo es mía, pero la que me permite perseverar me es dada por Dios. Es como decir, en definitiva, para mi salvación no hizo todo el Señor! Es difícil que el orgullo muera en ellos. Pero tienen que saber ustedes que son orgullosos que esto orgullo está reduciendo a ustedes y no a Dios, aunque parezca que sea Dios a ser bajado. Pero díganme: ¿qué dificultades encuentran en el reconocer que el arrepentimiento y la fe les han sido dados por Dios en virtud de Su propósito? Pero ¿por qué admitir con mucha facilidad que ustedes nacieron la primera vez no por su voluntad, sino por la de sus padres, o más bien por la voluntad de Dios, y luego, cuando hablamos del nuevo nacimiento empiezan a decir que fuiste ustedes a decidir por nacer de nuevo? ¿Pero si han nacido por Dios, esto no quiere decir que hemos nacido de nuevo por la voluntad de Dios y entonces por Su decreto? ¿No está escrito que Él nos ha generado de su voluntad (Véase Santiago 1:18)? ¿No está escrito que nosotros no hemos nacido de la voluntad del hombre, ni de la voluntad de la carne, sino por Dios (Véase Juan 1:12-13)? Humíllense delante del Señor, y dénle gloria, toda la gloria que se merece recibir también por ustedes.

Por último, hay otra razón, es decir que esta doctrina – según ellos – hace parecer a Dios como injusto porque mientras decidió de antemano la salvación de algunos también decidió la perdición o el dejar ir para perdición todos los demás. Pero yo les preguntaría: Injusto ¿por qué? Para dejar ir para perdición personas que, en virtud del hecho de que están bajo la condenación merecen ir para perdición a causa de su rebelión contra Dios? ¿Y esto sería una injusticia? Dios sería injusto si diera la salvación a algunos por sus obras, mientras a otros simplemente por su fe, en este caso, sí que sería injusto. Pero el hecho de que Él decida hacer gracia a quien Él quiere no me parece que sea una injusticia. ¿No es libre el Señor del cielo y de la tierra para hacer lo que Le guste de lo que es Suyo? No, Dios no es injusto al hacer gracia y a endurecer a los que quiere. Pero dime un poco: ‘¿Así que piensas que el anticristo quizás podrá arrepentirse y creer en Jesucristo? Si es así, debes explicar lo que significa que debe “ir a perdición” (Apocalipsis 17:8) y que Jesús lo matará con el soplo de su boca y lo tirará en el lago que arde con fuego y azufre. ¿Cómo puede tener la oportunidad de arrepentirse y creer si fue destinado a ser destruido para perdición? Se podría decir en este punto: ‘Pero eso es un caso especial!’ Aunque sea como tú dices, pero también es siempre un endurecimiento producido por Dios en un ser humano como nosotros. ¿Por qué entonces Dios lo haría nacer para ir a la perdición? ¿Por qué este ser humano no habrá posibilidad de conseguir la salvación? Así pues, si admites que el Anticristo debe ir a la perdición ¿por qué no quieres admitir que muchos otros (que sólo Dios sabe) deben ir a la perdición? ¿Si Dios lo puede hacer con uno, qué le impide hacerlo con un billón o diez mil millones de personas? ¿Qué cambiaría entonces entre uno y mil millones? Siempre un decreto de Dios permanecería. Así que si dices que Dios es injusto al endurecer los que quiere, entonces es injusto también al endurecer el Anticristo? Oye, es como dice la Escritura, es decir, que Dios endurece a quien quiere y lo hace para demostrar sus inescrutables designios que nosotros, que somos polvo y ceniza ahora no podemos comprender plenamente. Pero llegará el día en que todos los designios de Dios serán manifestados, y también las razones de todas sus decisiones, y entonces todos tendremos que reconocer que todos aquellos incomprensibles y aparentemente ‘injustos’ endurecimientos tenían un propósito, para glorificar Su santo nombre. Yo sé esto, que si Dios endureciendo a los Judíos de la época de Jesús en contra de Jesús mismo ha proveído para el mundo la salvación de la cual hoy disfrutamos los frutos, es cierto que cada otro endurecimiento aunque ahora no lo entendamos, seguramente un día tendremos que reconocer que fue hecho para nuestro beneficio y no para nuestro mal.

He dicho hasta ahora porque algunos no enseñan la predestinación. Pero también quiero decir porque nosotros la enseñamos. La razón es porque es una doctrina bíblica y por lo tanto sana en el sentido de que es buena para los que la aceptan. El bien que reciben los hermanos es que ellos pueden ver en la forma en la cual Dios les ha conducido a Cristo una demostración admirable de su poder, su sabiduría, y sobre todo de su amor incondicional para ellos. Ellos pueden así reconocer que Dios los amó aún cuando estaban en la oscuridad y operó de una manera tal que en un momento determinado de su vida le conocieron a través de Cristo. Por lo tanto es Dios que quiso darse a conocer a ellos, sin que ellos supieran o de su existencia, o del hecho que Dios quería ser conocido por ellos. Examinando entonces su vida pasada dada al servicio de la iniquidad y de la vanidad reconocerán como Dios en una incomprensible forma ha guiado sus pasos incluso cuando servían al pecado con todas sus fuerzas, con el fin de llevarlos en el lugar y en el tiempo que fijó, para que aceptaran Cristo. Cada uno tiene su propia historia, y sabe que si no hubiera sido por un gran número de circunstancias creadas y vinculadas entre ellas por nuestro gran Dios hoy no seríamos creyentes sino más no creyentes todavía, y tal vez en el hades. El grito que viene del corazón de el que reconoce que Dios lo amó y lo guió y lo preservó de la muerte, incluso cuando él era un pecador es entonces sí “Dios es amor”, pero también “Dios reina, suyo es el que yerra y el que hace errar”. Reconociendo, por lo tanto, su elección, el creyente hará lo todo para confirmar su llamamiento celestial, y se santificará en el temor de Dios para honrar a la Persona que quizo llamarle a la gloria. Tal excelente vocación debe ser honrada en todos los sentidos, a costa de la muerte. Y entonces, el creyente, incluso en los peores momentos de su vida, sabiendo que Dios lo ha elegido antes de la fundación del mundo, se sentirá muy aliviado y reconfortado, porque sabrá que el que no lo abandonó cuando estaba perdido, no lo abandonará tampoco ahora porque él partenece al Señor por la eternidad. Es obvio, por lo tanto, que la doctrina de la predestinación es una doctrina edificante porque edifica la Iglesia; las doctrinas que no son edificantes son otras. Tal vez alguien dirá que la doctrina de la predestinación es “poco edificante”, entonces querría preguntarle: “¿Cómo puede una doctrina “poco edificante” edificar de tal gran manera a los hermanos?”

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducción: Enrico Maria Palumbo

 

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