Y Dios abrió su corazón

porta-apertaDice Lucas, el médico amado: “Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”( Hechos 16:13-14).

En ese lugar de oración, aquel sábado habían entonces varias mujeres que se habían reunido, y Lucas se incluye entre los que les hablaron, por lo tanto estaba con Pablo, Silas, y Timoteo. Pero Lucas dice que entre aquellas mujeres, había una llamada Lidia, quien además de escuchar lo que Pablo les dijo, prestó atención a esas cosas, y sabemos que en esa ocasión Pablo estaba anunciando el camino de la salvación, y por lo tanto el arrepentimiento y el Evangelio. El hecho de que esté escrito que fue atenta a las cosas que Pablo dijo quiere decir que ella recibió la Palabra que él estaba anunciando. De hecho, inmediatamente después está escrito que “fue bautizada, y su familia” (Hechos 16:15).

Esta historia bíblica nos muestra que para que un alma que escucha la predicación del Evangelio, esté atenta a las cosas que se dicen, hay la necesidad de una intervención desde el exterior por Dios, y esta intervención – llamémosle así – consiste en una apertura de su corazón. Si a continuación, prestar atención o estar atento a las cosas dichas por un siervo de Dios acerca de la salvación, depende de la apertura de su corazón por Dios, significa que esto no puede cumplirse sin la intervención de Dios en él. En otras palabras, un pecador no puede aceptar el mensaje de la salvación, a menos que Dios primero le abra el corazón. De modo que la aceptación de la Palabra de Dios de parte del hombre que está bajo el poder del diablo, es consecuente a la apertura de su corazón por Dios. Así que depende de la voluntad de Dios, porque si Dios decide para no abrir el corazón de una persona, esa persona podrá escuchar el Evangelio en innumerables ocasiones, pero no lo aceptará. Como el apóstol Pablo dice: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).

De hecho les pregunto: ¿por qué sólo Lydia, entre las mujeres que se habían reunido en ese lugar y que escuchaban a los siervos de Dios, recibió la Palabra proclamada por Pablo? Porque Dios quiso abrir sólo el corazón de ella para que estuviese atenta a las cosas que Pablo decía. ¿Habría podido Dios abrir el corazón a todas esas mujeres? Por supuesto, porque Él puede hacer lo todo. Pero el hecho es que no lo hizo, porque Él no lo quizo hacer. ¿Hubo injusticia en Dios por haber obrado así? En ninguna manera, porque Dios lo ha dejado claro: “tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.” (Éxodo 33:19). Así que, hermanos, nosotros debemos dar gracias a Dios por ustedes, porque Dios quiso abrir sus corazones para que estuviesen atentos a lo que se dice en las Escrituras, y para que fuesen salvos por medio de ellas. Pero tengan en cuenta que también ustedes están obligados a dar gracias a Dios por esta gracia que Dios quiso concederles.

Concluyo diciendo esto. Lydia, después de que creyó y fue bautizada, albergó a los siervos de Dios en su casa obligandoles a quedarse. Por lo tanto, una vez salva, de inmediato comenzó a hacer el bien a los de la familia de la fe, ya plenamente consciente de ser salvada para hacer buenas obras. Sí, porque Dios nos ha salvado no para que permanezcamos estériles, sino para que hagamos buenas obras, como está escrito que somos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Esto nunca lo olviden.

La gracia sea con ustedes

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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