Como Abraham no tiene nada de qué gloriarse delante de Dios, así también todos los hombres

bilancia_giustizia“Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” (Romanos 4:2-5)

Hay algunos que dicen que el hombre es justificado porque fue él que libremente ha querido creer en Dios.

Si lo que dicen fuera cierto, si la justificación del hombre sucediera exactamente de esta manera, entonces el hombre tendría de qué gloriarse delante de Dios. De hecho, si la salvación dependiera del hombre que cree por su voluntad, y Dios fuera impedido a operar por aquella obra que el hombre debe hacer por sí mismo, es decir, el hecho de creer, entonces tendría de qué gloriarse ante Dios y ante todos los demás incrédulos, que no quisieron creer y a los cuales falta esa obra fundamental que los llevaría a la salvación.

Como Abraham no tiene nada de qué gloriarse delante de Dios, al igual las demás personas que han creído y han sido justificadas por la fe no tienen nada de qué gloriarse; para que eso suceda, es necesario aceptar el hecho de que los que creen lo hacen en virtud de la voluntad de Aquel que les llamó, ya que es el Espíritu Santo que les convence de pecado, como está escrito:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” (Juan 16:7-11)

La obra de la convicción que el Espíritu Santo opera en los seres humanos, no puede ser detenida por ellos, ya que nadie puede resistir a Dios, nadie puede resistir a la voluntad de Dios, y si Él decidió de salvar una persona, lo hace, y esta, por lo tanto, no tiene nada de qué gloriarse, porque la justificación le es dada por gracia, sin ninguna obra.

Que la salvación del hombre no depende en ninguna manera del hombre es confirmado por otras Escrituras:

“..pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9:11-13)

Y más:

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16)

Además de Pablo, como hemos leído, Juan también confirmó que la salvación y la justificación dependen únicamente de Dios sin la intervención humana, diciendo que el hombre nace de nuevo exclusivamente por la voluntad de Dios, como está escrito:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)

Los que quieren gloriarse del hecho de que la salvación ha dependido de ellos, hacen un desplazamiento del momento y de la obra fundamental de salvación, sacándola de las manos y de la voluntad de Dios y justifican los muchos pasajes que claramente hablan de la predestinación de Dios en diversas maneras; ellos gritan a gran voz, entre otras cosas absurdas, incluso esta, diciendo: “Si Dios realmente salvara al hombre sólo por Su voluntad, sin que el hombre pueda oponerse, entonces es un Dios injusto”.

Pero Dios, en previsión de que habrían sido esas personas insensatas que no quieren rendirse completamente a Su voluntad, hizo escribir estas palabras por medio de Pablo:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.” (Romanos 9:14)

Entonces todos los hijos de Dios harían bien a creer y pensar que Dios es justo en todo lo que hace, y que ha decidido hacer, comenzando precisamente de su plan de salvación para aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo.

Para estas personas que se rebelan contra el hecho de que Dios ya ha determinado los hombres y las mujeres que se salvarán, antes de la fundación del mundo, la Escritura les advierte de esta manera:

“Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Romanos 9:20)

Hermanos en el Señor, sean mansos, sumisos a la voluntad de Dios, a lo que Dios ya estableció desde el principio, porque Él ha decretado así y nadie le puede decir qué hacer y cómo hacerlo. Él nos hizo conocer por medio de Su Palabra cual sea Su voluntad respecto a la salvación y la justificación del hombre, entonces, debemos tomar nota de lo que nos ha hecho conocer y adaptárnos a su voluntad perfecta e inmutable.

Estimados en el Señor, tengan cuidado con lo que oyen, porque estas cosas que estamos diciendo son importantes, porque hacen conocer al hombre quien es realmente Dios y cuales son sus obras; por lo tanto, las consideraciones erróneas de Dios y de sus obras, pueden llevar a los creyentes lejos de la verdad, para seguir un camino que no es lo que conduce al cielo. Por lo tanto, miren lo que oyen, hermanos en el Señor, estudien bien las Escrituras, para saber cual es la voluntad perfecta e inmutable de Dios.

Que nadie les engañe con palabras vanas, ni con la filosofía humana, debido a que muchos engañadores han salido en el mundo, para tratar de seducir a los santos y llevarlos lejos del buen camino. La charla de estos seductores es siempre dulce, lisonjera, hechicera, con el único propósito de llevar a los hijos de Dios lejos de la verdad de Dios que se exhibe en las Sagradas Escrituras.

Giuseppe Piredda, salvo por gracia por la fe en Cristo Jesús, por la sóla voluntad de Dios

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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