¿Dios nos oye sólo si Le oramos con fe?

preghiera-esaudimento-blogAlgunos argumentan que para obtener algo de Dios es suficiente creer en sus promesas, y luego orar con fe. Sin embargo esto no es cierto, ya que además de orar con fe, debemos guardar sus mandamientos y pedirLe algo que es de acuerdo a Su voluntad.

Si guardamos sus mandamientos

Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). En estas palabras de nuestro Señor, hay un “si” a lo que hay que prestar mucha atención, ya que nos ayuda a entender a cual condición Dios nos dará lo que Le pedimos. Ahora, ¿pero qué significa permanecer en Cristo? Permanecer en Cristo significa guardar sus mandamientos, como está escrito: “el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 3:24). Jesús también dijo: “…Si mis palabras permanecen en vosotros” (Juan 15:7), por lo tanto es también necesario que las palabras de Jesús moren en nosotros para que Dios nos escuche. A este respecto, les recuerdo que el de hacer morar las palabras de Cristo en nosotros, es un mandamiento de Dios, de hecho, Pablo escribió: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (Colosenses 3:16); por lo tanto quien no quiere poner las palabras de Cristo en su corazón no respeta el mandamiento divino y cuando ora no será oído.

La Escritura enseña que para conseguir lo que se pide a Dios, también se debe tener una buena conducta, de hecho, Juan escribió: “cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22). Los que piensan que, incluso teniendo una mala conducta, sus oraciones serán contestadas confían en la ilusión. Hoy en día son muchos los que se engañan a sí mismos y engañan a los demás haciéndoles pensar que a pesar de como se comportan, Dios responderá a sus oraciones, pero voy a demostrar con las Escrituras como los que caminan en la dureza de su corazón, sin escuchar al Señor, no son oídos por Dios cuando oran a Dios.

El apóstol Pedro dice: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas (sus esposas) sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7). ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que si un esposo creyente desprecia a su esposa, le es infiel, y no le muestra por nada amor, golpeándola y maltratándola, cuando va a orar, Dios no le responderá a causa de su mala conducta. Amados, Dios no lisonjea con sus palabras; los hombres pueden lisonjeárnos, pero no Dios, porque Él es santo y justo.

Recuerden lo que le pasó a Saúl, rey de Israel; La Escritura dice que cuando los filisteos se acamparon en Sunem para pelear contra él, “consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas” (1 Samuel 28:6). ¿Saben por qué Dios no le respondió? Porque Saúl no había guardado los mandamientos que Dios le había dado por medio del profeta Samuel; Dios se había convertido en su enemigo y cuando se encontró en problemas y consultó a Dios, Él no le respondió.

Ahora escuchen las palabras que Dios habló a los jefes de la casa de Israel por medio del profeta Miqueas: “Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y jefes de la casa de Israel: ¿No concierne a vosotros saber lo que es justo? Vosotros que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras” (Miqueas 3:1-4). También por estas palabras entendemos claramente que Dios no responde a los que hacen el mal y claman a Él en su angustia. Esto es lo que la sabiduría dice a los escarnecedores: “Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, ni quisieron mi consejo”(Proverbios 1:28-30).

Amados, lo repito: miren que si no nos escuchamos a Dios, Él ni siquiera nos escuchará. ¿Saben cómo se conducían los hijos de Israel durante los tiempos de Isaías, Jeremías y Ezequiel? De esta manera; despreciaban padre y madre, oprimían al extranjero, al huérfano y a la viuda y pisoteaban a los pobres, calumniaban con sus lenguas, cometían adulterios e incestos, prestaban dinero a interés y a usura, robaban, mataban, se inclinaban ante los ídolos de las naciones y les ofrecían sacrificios y aromas, y después de eso tenían también el coraje de presentarse en los atrios del Señor para orar. Pero Dios les dijo: “cuando multipliquéis la oración, yo no oiré… Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua” (Isaías 1:15 ; 59:3). Los israelitas creían que incluso si habrían caminado siguiendo sus corazones obstinados, Dios habría escuchado sus oraciones, pero esto pensamiento resultó inútil. Incluso hoy en día, entre el pueblo de Dios, algunos entretenen en su corazón el mismo pensamiento vano. Les digo lo que sucede: algunos de los que dicen que han creído, pisotean al huérfano, a la viuda y a los pobres, aprovechan de su hermano en los negocios, levantan en sus corazones muchos ídolos diferentes, golpean con el puño inicuamente, engañan a su prójimo con mentiras, van a descubrir su desnudez en la playa del mar, permanecen empalados en frente al televisor por horas paciendo su mirada con la vanidad y la obscenidad, se van para los parques de atracciones, las salas de baile y el cine así gastando los frutos de su trabajo en lo que no satisface; sirven al dinero y luego se van para el culto y oran a Dios, diciendoLe: “Señor, te amamos, respóndenos, y nos daremos la gloria debida a tu nombre”. Pero ¿qué les parece? ¿Que Dios se nega a sí mismo? ¿Que Dios es injusto y responde a las personas que con su boca muestran mucho amor, pero su corazón se dirige en pos de la codicia? La Escritura dice: “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Proverbios 28:9), y también que “El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído” (Proverbios 21:13 ). Estas palabras no se aparten de sus ojos, para que nadie les engañe con palabras vanas.

Cuando la Escritura dice que “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16), significa que puede mucho la oración de fe del hombre que guarda los mandamientos de Dios, porque el justo es el que además de haber sido justificado por la gracia de Dios, hace lo que es correcto ante los ojos de Dios, guardando sus mandamientos. Escuchen lo que Dios dijo por medio de Ezequiel: “Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia; que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare a la mujer menstruosa, ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre, en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 18: 5-9). Leyendo estas palabras, hemos llegado a la conclusión que el justo es el hombre o la mujer que permanece en Cristo, y en el cual moran las palabras de Cristo, entonces las palabras de Santiago: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16) confirman plenamente las de Jesús: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). Por supuesto, si por un lado se puede decir que la oración de fe del justo puede hacer mucho, por el otro tenemos que decir que la oración del que se niega a obedecer a Dios no puede hacer nada.

Hermanos, examinemos cuidadosamente nuestros caminos y “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1), Como dice Pablo; digamos la verdad a nuestro prójimo, hagamos el bien mediante la adhesión a lo mismo, apoyemos la mano del afligido y del pobre haciéndolo parte de nuestros bienes materiales y amemonos unos a otros con sinceridad, arrojando lejos de nosotros la hipocresía, y luego estaremos seguros de ser oídos por Dios y recibir de Él todas las cosas que Le pedimos.

 

Si Le pedimos las cosas que están conformes a Su voluntad

Juan dice: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

Hermanos, cuando Jesús dijo: “pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7), no quería decir que no importa cosa Le pedimos o la razón por la cual Le pedimos, porque la vamos a recibir con seguridad de todos modos. Deben saber que las cosas que queremos tienen que ser de acuerdo a la voluntad de Dios para que las recibamos. Santiago dice a los que no son oídos por Dios porque en sus corazones buscan a la iniquidad: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Como ustedes pueden ver, cuando las peticiones notificadas a Dios no están de acuerdo con la voluntad de Dios, esas no son oídas por Dios.

Ahora, Dios quiere que nosotros le pedimos las cosas buenas, pero si Él ve que nos pedimos mal (es decir, si Él ve que le pedimos algunas cosas para utilizarlas mal), entonces no nos oye. Estoy seguro de que si temes a Dios y tiemblas ante su Palabra, y te procuras gobernar bien tu familia, criando a tus hijos en la amonestación del Señor, y un día uno de tus hijos viniera a ti y te dijera: “Papá, dame el dinero porque quiero ir al cine”, tu no le darías lo que pide, pero lo amonestarías severamente. Pero, ¿por qué no le darías lo que él te pide? Porque te ha pedido mal para gastar en sus deleites. Digamos que tu esposa viendo una joyería te diga: “Quiero ataviarme de joyas para que te gustes más; por favor, comprame un collar de oro y pendientes de oro”. Hermano que temes a Dios y sabes que lo que ella te pide, Dios no quiere que se lo ponga, ¿qué harás? Ciertamente no consentirás en su solicitud, pero no porque no la amas, sino porque la amas como Cristo amó a la Iglesia. Ahora, si tu que temes a Dios no contestas determinadas solicitudes de los de tu propia casa, porque Dios, que es santo y justo, debería contestar ciertas peticiones de algunos de sus familiares que no están de acuerdo con su voluntad? Los que piden y no reciben, porque piden mal para gastar en sus placeres, son los que aman al mundo y las cosas que están en el mundo, que, volviendose a las concupiscencias de la carne, a los deseos de los ojos y prevaleciendo la vanagloria en sus corazones, se han convertido en enemigos de Dios que les resiste porque son soberbios.

Hay que decir también que hay algunas oraciones hechas a Dios que no son contestadas no porque lo que la hace sea injusto, amante del placer y soberbio, sino porque Dios ha decretado para él otras cosas, y esas peticiones no están conformes a su voluntad (aunque si esas oraciones sean hechas con fe y con sinceridad de corazón). Citaré dos ejemplos: lo de Pablo y lo de Moisés.

El apóstol Pablo escribió : “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:7-9). Debido a que Pablo oró a Dios para que hiciera algo que Dios no quería hacer, no fue contestado de parte de Dios; pero todo esto por su propio bien, para que siguiera siendo humilde y no se enalteciera sobremanera. Queridos hermanos y hermanas, cuando decimos: “Se haga la voluntad del Señor”, queremos decir que estamos dispuestos a hacer la voluntad de Dios aunque no corresponda con la nuestra: entonces cuando recibimos una respuesta “negativa” de parte del Señor o una respuesta que no coincide a nuestras expectativas, no nos quejemos, pero aceptemos con gratitud y sumisión su voluntad, sabiendo que Dios es más sabio que nosotros y sabe lo que es para nuestro bien.

Moisés un día, al recordar a Israel las cosas que habían ocurrido durante el viaje en el desierto, dijo: “Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto. Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán” (Deuteronomio 3:23-27). Ahora, Dios dijo a Moisés y a Aarón en las aguas de Meriba (después de que Moisés golpeó la roca dos veces en vez de hablar como le había mandado Dios): “Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado”(Números 20:12), entonces Moisés sabía el decreto de Dios, pero también quiso rogarle que le permitiera cruzar el Jordán. Dios, sin embargo, esta vez no le contestó; y sin embargo Moisés era un varón muy manso, un hombre con quien Dios habló cara a cara, y también Dios testificó de él: “Es fiel en toda mi casa” (Números 12:7).

 

Conclusión

Así que hermanos y hermanas en el Señor, recuerden que, para que sus oraciones sean contestadas por Dios, así como tener fe en Dios, deben también guardar sus mandamientos y pedirLes las cosas que están conformes a su voluntad. Esto es lo que enseña la Escritura. Por lo tanto, quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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