Se despojó a sí mismo: vamos a imitarLe

agnellino-foto-animal-okEl apóstol Pablo dice a los santos de Filipos: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).

Es en Jesucristo, el Hijo de Dios, que tenemos el ejemplo perfecto de humildad a seguir. Estaba en la gloria con Dios el Padre desde toda la eternidad, estaba en la forma de Dios e igual con Dios, pero no estimó con avaricia el ser igual a Dios, de hecho, primeramente se humilló a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y luego como hombre se hizo obediente hasta la muerte en la cruz. Siendo rico, se hizo pobre para que nosotros fueramos ricos en Él. Él vino a servir y no a ser servido, y para ofrecerse a sí mismo para expiar nuestros pecados. Y de hecho se puso al servicio de los hombres, enseñando, consolando, sanando, liberando los hombres del dominio de Satanás, y cuando fue necesario también supliendo sus necesidades materiales (cuando multiplicó los panes y los peces a la multitud); y cuando llegó su tiempo, a pesar de que habría podido invocar su Padre para que le enviase legiones de ángeles para rescatarlo de las manos de los pecadores, Él se negó a hacerlo en vista de nuestra salvación, porque sabía que una vez detenido habría sido primeramente condenado a muerte, y luego matado por nuestros pecados. Y entonces se hizo arrestar y se sometió a todos los sufrimientos que siguieron a su arresto, sufrimientos que culminaron con su muerte en la cruz.

Y fue precisamente por su humillación que Dios lo ha elevado por encima de todo y de todos, y de hecho tiene la preeminencia en todas las cosas, Su nombre es sobre todo nombre. Dios enaltece a los que se humillan y Jesús fue exaltado porque se humilló profundamente.

Nosotros también debemos seguir los pasos de Cristo humillandonos y poniendonos al servicio de los hermanos, como está escrito: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4). Tenemos que humillarnos para que nuestros hermanos sean enaltecidos; dar nuestras vidas por los hermanos como Cristo dio su vida por nosotros; esto es lo que debemos hacer, para que Dios sea glorificado en nosotros.

Bienaventurados los que se humillan, porque en su tiempo serán enaltecidos por el Dios vivo y verdadero.

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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