¿El que castiga a las naciones no corregirá? (El enorme daño que produce la mentira ‘Dios no castiga’)

Taiwan Earthquake Kills ThousandsAfirmar al igual de lo que afirman muchos que se llaman a sí mismos cristianos, que ahora Dios bajo la gracia no castiga a nadie, ni creyentes ni incrédulos, por ejemplo enviándoles enfermedades o haciéndoles morir, es grave porque es una mentira, es una declaración falsa que contrasta la verdad. Suficiente es la muerte de Herodes que se produjo después de que un ángel del Señor lo golpeó, la ceguera del falso profeta Bar- Jesús en respuesta a una palabra dicha por el apóstol Pablo, y las enfermedades y la muerte con la que Dios hirió a muchos creyentes de la Iglesia de Corinto, y, finalmente, la muerte infligida por Dios a Ananías y Safira (Hechos 12:23; 13:11; 1 Corintios 11:30-32; Hechos 5:1-11) para darse cuenta de que estamos frente a una mentira del diablo. Y como cualquier otra mentira, produce gran cantidad de daños. Y de hecho quiero hablar con ustedes acerca de estos daños producidos por esta mentira.

1) Esta mentira conduce a los que la aceptan a creer que Dios ha cambiado, y luego esta mentira va a minar o estropear o deformar la imagen de Dios, que es inmutable, de acuerdo con lo que Él mismo ha dicho: “Porque yo Jehová, no cambio” (Malaquías 3:6). Uno de los atributos de Dios es Su inmutabilidad en el curso de los siglos, pero esta mentira va a anularla.

2) Si Dios no castiga hoy en día, es obvio que los hombres – tanto los creyentes como los no creyentes – al escuchar eso, se animarán para no temer a Dios. El temor de Dios, de hecho, surge del temor a ser castigados por Él para los pecados cometidos. ¿No dijo tal vez el salmista que temía a Dios: “Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo” (Salmos 119:120)? Les voy a dar un ejemplo: si la ley de los hombres no contemplase ninguna sanción o ningún arresto para los que violan la ley, todo el mundo se sentiría alentado a violar la ley. En cambio, el hecho mismo de que haya un castigo para los violadores de la ley, ha llevado a muchos a observar la ley. Y así el castigo es un estímulo para someterse a las autoridades, como lo dice, por otra parte, el apóstol Pablo a los Romanos: “De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:2-4). Y hablando de estas palabras, les invito a reflexionar sobre esto: si Dios dice que el magistrado es servidor de Dios para infligir castigo al que hace lo malo, ¿no creen que este castigo al malhechor es lo que Dios quiere que suceda a aquel que hace lo malo? Por otro lado en la ley de Moisés, que Dios había dado a Israel, habían castigos que Dios había establecido para los que hacían lo malo, y también habían los jueces que los iban a infligir. Por lo tanto, esta mentira sirve al diablo para animar a los santos para que no tengan temor de Dios, y él tuvo éxito en tantas iglesias donde muchos ahora creen que puedan burlarse de Dios. Pero ignoran que Dios se burlará de ellos.

3) Si hoy Dios no castiga a quienes violan sus mandamientos significa que sus mandamientos no valen nada. ¿Cuál valor pueden tener los mandamientos, de hecho, si no hay una pena para aquellos que los violan? Y así es, que tanto los mandamientos que dio Jesucristo como los que dieron los apóstoles, se vacían de su importancia. “Así que incluso si no los observo, Dios no me va a castigar”, es el pensamiento que habita en la mente de muchos que se llaman Cristianos. Sin embargo estamos hablando de los mandamientos que forman la ley de Cristo, ¡que es la ley que está en vigor en el Reino de Dios! De ahí, pues, que la mentira de estos impostores conduce a despreciar la ley de Cristo, y este desprecio se ha extendido en la mayoría de las iglesias. La Palabra de Dios enseña claramente, en cambio, que si la Iglesia desprecia sus preceptos se está atrayendo la ira de Dios porque Dios es un vengador, como está escrito: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4:3-8). Y, de hecho, Dios ha prometido de humillar a los que le desprecian, como está escrito: “…humillo a los que me desprecian” (1 Samuel 2:30), y esto lo hace con sus castigos.

4)Si Dios no castiga, la Iglesia no puede comprender la gravedad del pecado a los ojos de Dios y, por lo tanto, no puede ver la santidad de Dios, ya que Dios castiga a los malos porque es santo. ¿Por qué Dios castigó a Caín por haber matado a su hermano? Porque Él es santo. ¿Por qué Dios hizo morir Coré, Datán y Abiram haciéndolos bajar vivos en el Hades con sus familias, para haber despreciado a Dios? Porque Dios es santo. ¿Por qué Dios castigó al rey Nabucodonosor haciendo que su corazón fuese como lo de las bestias porque se volvió orgulloso? Porque Dios es santo. ¿Por qué Jerusalén fue castigada por su pecado? Porque Él es santo. Así que Dios inflige Su disciplina para hacer valer su santidad. Al proclamar los castigos de Dios, por lo tanto, se proclama la santidad de Dios, justo lo que el diablo no quiere que se haga en la Iglesia, porque sabe que una vez que las personas pierden de vista la santidad de Dios, se abandonan a la rebelión y al libertinaje, que es exactamente lo que está sucediendo en las iglesias guiadas por los impostores.

5) Si Dios no castiga hoy en día significa que Él no quiere que los hombres aprendan justicia, porque es cuando Dios ejerce sobre los hombres Sus castigos que los hombres aprenden justicia, como está escrito que “porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová” (Isaías 26:9-10). Así que esta mentira de estos impostores hace creer que Dios es un Dios que se complace en la maldad de los hombres, y que no haga nada para que aprendan la justicia.

6) Si Dios no castiga significa que no hace justicia a nadie. ¿Por qué digo esto? Porque un juez hace justicia a aquellos que han recibido un mal por castigar a los que hacen el mal. ¿Pueden explicar como haría un juez para hacer justicia a los que son maltratados, robados, explotados… si no impartiese un justo castigo contra aquellos que hacen el mal? Y así Dios, el justo juez, si no castigase a los hombres por sus pecados, no ejercería la justicia en este mundo. ¿Cómo recibirán justicia entonces, los huérfanos, las viudas, los pobres, los niños que son abusados ​​sexualmente o a los cuales se eliminan partes del cuerpo para que se vendan, o que son torturados en rituales satánicos? ¿Cómo recibirán justicia todos aquellos creyentes que son explotados, maltratados, calumniados y robados por otros creyentes y mayormente por pastores, y que claman a Dios día y noche? Sólo para dar algunos ejemplos. Si Dios no castigase a nadie, nunca recibirían la justicia de Dios. Pero gracias a Dios que las cosas no están como dicen estos impostores, sino como dice la Escritura: “Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. Si no se arrepiente, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. Asimismo ha preparado armas de muerte, y ha labrado saetas ardientes. He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en el hoyo que hizo caerá. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla” (Salmos 7:11-16), y también: “Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Salmos 103:6) y también: “Muchos buscan el favor del príncipe; mas de Jehová viene el juicio de cada uno” (Proverbios 29:26). Así que podemos decir con plena confianza: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!” (Proverbios 11:31).

7) Si Dios no castiga, esto equivale a decir que Él no oye la oración de los justos, no ve sus lágrimas, no escucha a sus suspiros. Y esto porque no estaría interesado en su causa, no estaría interesado en tomar sus defensas. Pero Dios es un juez justo que hace justicia a todos, es por eso que Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6), y también: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:7-8). De hecho Dios “ama la justicia” (Salmos 11:7), y por lo tanto, si la ama, hace encontrar al pecador el salario de su conducta aquí en la tierra, como está escrito: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!” (Proverbios 11:31). Por lo tanto, sabemos que nuestra causa está delante de Él y confiamos plenamente en la justicia de Dios, A Dios sea la gloria.

8) Esta consideración está vinculada a la anterior – si Dios no castiga, el hombre no puede celebrar a Dios por su justicia cuando Dios hace justicia. ¿Qué dijo David? Escuchen: “Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salvación. Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento, y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel de Jehová los persiga. Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma. Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa, y la red que él escondió lo prenda; con quebrantamiento caiga en ella. Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja? Se levantan testigos malvados; de lo que no sé me preguntan; me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma. Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba. Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban sin descanso; como lisonjeros, escarnecedores y truhanes, crujieron contra mí sus dientes. Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones. Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo. No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. Ensancharon contra mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto! Tú lo has visto, oh Jehová; no calles; Señor, no te alejes de mí. Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa. Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Le hemos devorado! Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día” (Salmos 35:1-28). Entonces es muy importante hablar de los castigos de Dios porque son la manifestación de su justicia, de su amor a la justicia, y por lo tanto los que reciben la justicia de Dios se ven obligados a hablar de su justicia, y alabarlo. Como el salmista dice: “Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban” (Salmos 71:24).

9) Si Dios no castigase no nos sentiríamos obligados a amarlo por su justicia que se manifiesta castigando a nuestros enemigos. David, por ejemplo, dijo estas palabras a Dios cuando Dios lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó él. Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín, y voló; voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; oscuridad de aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; granizo y carbones ardientes. Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz; granizo y carbones de fuego. Envió sus saetas, y los dispersó; lanzó relámpagos, y los destruyó. Entonces aparecieron los abismos de las aguas, y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, a tu reprensión, oh Jehová, por el soplo del aliento de tu nariz. Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmos 18:1-19). Un Dios que en cambio no castigase a Sus enemigos, sería odioso y no amable.

10) Esta mentira lleva a los padres Cristianos a no castigar a sus hijos, porque dicen a sí mismos: “Si nuestro Padre Celestial no nos castiga, ¿por qué debemos castigar a nuestros hijos si Él no nos castiga cuando lo desobedecemos?” “¿Por qué debemos castigar a nuestros hijos cuando desobedecen?” Y así ellos van a ser inducidos a no castigarlos con vara, y esto la Biblia lo condena diciendo: “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Proverbios 23:13-14). Comportamiento que es una manifestación de odio hacia sus hijos, como está escrito: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). Y así es que cada vez más los padres dejan crecer a sus hijos haciéndoles seguir la dureza de su corazón, y esto se puede ver en las Iglesias.

11) Esta mentira conduce a la Iglesia a no castigar a aquellos de sus miembros que obran ciertos escándalos. ¿Por qué esto? Porque si Dios no castiga, la Iglesia no puede tener la autoridad para hacer lo mismo. Por eso en la Iglesia está ausente la disciplina que se ejercía por los apóstoles. Tomemos Pablo por ejemplo. ¿Cómo actuó en contra de lo que se tenía la esposa de su padre? Él lo entregó a Satanás, como está escrito: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:3-5). ¿Y cómo se comportó hacia Himeneo y Alejandro, que habían empezado a blasfemar? También les entregó a Satanás, como está escrito: “naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1:19-20). ¿Hoy puede ser que tal cosa suceda en esas iglesias donde se enseña que Dios no castiga a nadie? Por supuesto que no, y de hecho estos actos apostólicos están relegados al pasado, y declarados hoy inadmisible “bajo la gracia”, ¡cómo si los apóstoles no habían vivido bajo la gracia! Es por eso que en estas Iglesias que quien se llama hermano pero es fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, se tolera en silencio por la congregación en lugar de ser expulsado como la Escritura dice que hacer (1 Corintios 5:11-12), porque, ya que Dios no castiga a nadie, ni siquiera la Iglesia puede castigar a uno de sus miembros quitandolo de la Iglesia. Y por lo tanto estos lugares están llenos de tales personas, con las que no debemos ni aun comer. Los pastores de estas iglesias enseñan a tolerar a aquellos que son culpables de estos pecados, y, así haciendo, se atraen la ira del Señor, como se la atrajo el pastor de la iglesia en Tiatira a quien el Señor dijo: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras” (Apocalipsis 2:20-23).

12) Si Dios no castiga significa que Él no resiste a los soberbios. Y a continuación deja que la gente se enaltezca sin humillarlas. Pero está escrito: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6), y otra vez: “el que se enaltece será humillado” (Mateo 23:12). ¿Y cómo resiste a los soberbios? Es decir, ¿cómo puede humillárles, si no infligiéndoles castigos? ¿Se acuerdan de cómo Dios humilló al rey Nabucodonosor cuando su corazón se enalteció? He aquí lo que está escrito: “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4:29-33). Por lo tanto esta mentira nos lleva a creer que Dios no castigue a los soberbios, y de hecho no es sorprendente que en medio de estas iglesias, se animen a los creyentes a ser orgullosos y los soberbios son la mayoría. Pero Dios es justo y sabe cómo humillárlos en su tiempo. No permanecerán sin castigo. La Escritura no puede ser quebrantada.

13) Si Dios no castiga, esto significa que uno debe hablar sólo de las bendiciones de Dios, porque no hay maldiciones de Dios contra los malvados. Pero la Escritura dice que hay, tanto los bendecidos, como los malditos, y esto bajo la gracia. De hecho Pablo dijo: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9), y también: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema” (1 Corintios 16:22). Anatema significa “maldito”, y si es maldito significa que la maldición de Dios está sobre él, como está escrito: “La maldición de Jehová está en la casa del impío” (Proverbios 3:33). Y si Dios lo maldice significa que lo castiga, también endureciendole el corazón, como está escrito: “Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos” (Lamentaciones 3:64-65).

14) Si Dios no nos castigase con su vara y su cayado, no nos amaría, porque sólo un Dios sin amor por sus hijos no usa su vara con ellos. Porque, como un padre terrenal en el ahorro de la vara a su hijo desobediente, muestra de odiarle, así también Dios, si no nos golpease y apalease, nos mostraría su odio, porque esto sería lo mismo que hacérnos crecer como rebeldes, llenos de problemas y aflicciones, porque la falta de corrección conduce a un llenado de angustia y dolor. Pero sólo porque Dios es amor y nos ama con un gran amor, Él nos disciplina para nuestro bien, para que seamos partícipes de Su santidad, porque Él quiere que seamos santos. Por eso la Sabiduría dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6), y Jesús dijo al ángel de la iglesia en Laodicea: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). Así, a la luz de lo que dice la Escritura, el Dios de los que dicen que Dios no nos castiga, es un Dios que odia a sus hijos, un Dios que no es amor.

15) Si Dios no nos castiga, aquellos que son castigados por él, no tienen necesidad de examinar sus maneras de vivir para ver si hay algunos caminos de dejarse atrás, precisamente porque todo lo que lel pase, no puede proceder de la mano de Dios para su beneficio, y por lo tanto pasará lo que leemos en el libro del profeta Jeremías: “Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse” (Jeremías 5:3). Es por eso que en estas iglesias donde se enseña esta mentira, Dios azota, pero el pueblo no presta atención a sus amonestaciones, y no se convierte de sus malos caminos. Porque no importa lo mal que caiga sobre un creyente, no puede venir de la mano de Dios. Y así continuan su carrera hacia el mal como si no hubiera pasado nada.

16) Si Dios no castiga, esto significa que cuando uno de sus castigos cae sobre la cabeza de un hombre – ya sea creyente o no creyente – en una u otra forma es un ataque del diablo. Entonces lo que es una obra de Dios para bien, es considerada como una obra del diablo, y por lo tanto con un propósito destructivo. Entonces he aquí que la reacción será que las personas, en lugar de humillarse ante Dios para confesar y apartarse de sus iniquidades, se pondrán a pelear contra el diablo, invocando la ayuda de Dios contra el diablo. Estos son sólo ciegos y sordos. Como dice la Escritura: “Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven” (Isaías 26:11). Esta manera de hablar de estos rebeldes por supuesto es una ofensa a Dios, y los que son culpables de esta, se harán cargo del castigo de su rebelión.

17) Si Dios no castiga, los terremotos, las sequías, las inundaciones, los rayos, las granizadas devastadoras, que las Escrituras definen claramente los juicios de Dios, ya no deberían ser llamados tales. Debido a que es precisamente a través de estos eventos funestos que Dios castiga a los hombres. Sí, eso es correcto, Dios castiga a las naciones, y, de hecho, escuchen lo que dice el salmista: “Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. Engrandécete, oh Juez de la tierra; da el pago a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad? A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, Y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida. Y dijeron: No verá JAH, ni entenderá el Dios de Jacob. Entended, necios del pueblo; y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia?” (Salmos 94:1-10). Por lo tanto, si la Escritura – que es inspirada por Dios – llama a Dios: “El que castiga a las naciones”, significa que todavía Él ejerce sus castigos. ¿No lo creen? Y entonces, como la Escritura no puede ser quebrantada, antes bien sea Dios veraz, pero todos los que dicen que Dios no castiga mentirosos.

18) Si Dios no castigase, serían anuladas las siguientes palabras: “¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” (Amós 3:6), y también éstos: “¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?” (Lamentaciones 3:38). ¿Puede la Escritura ser anulada? No, y entonces estas palabras han de ser aceptadas tal como están escritas. Además, confirman los muchos otros pasajes de la Escritura, porque la Escritura confirma la Escritura.

Es claro, por lo tanto, que antes de todos estos daños producidos por esta mentira tan frecuente en las iglesias, no se puede no pensar a las palabras que dicen que un poco de levadura leuda toda la masa. Así que hermanos y hermanas, si ustedes están entre aquellos que siguen apoyando esta mentira, les insto a que la rechacen. Límpiense, pues, de este mal levadura para que sean una nueva masa. Pero tengan cuidado y apártense de todos los que enseñan esta herejía, acerca de los cuales les voy a decir esto que creo sea muy importante.

Los que apoyan esta herejía son engañadores, rebeldes y charlatanes, personas que tienen una aversión a la justicia y la verdad, cuya vida está llena de escándalos, ya que son siervos de Mamón. Por eso su conciencia está sucia y los reprende continuamente, y, en su astucia, quieren precaverse de cuando Dios los herirá con sus juicios, así que cuando Dios los castigará siempre podrán decir: ‘¡Es un ataque del diablo, vean, el diablo me está atacando porque siervo a Dios!’ Así continuando para engañar a los simples, o más bien sus clientes.

Por lo tanto, tengan cuidado con esta gente desaprobaba, que con el fin de conseguir clientes y ganar dinero, está lista para cualquier cosa, también para ponerse descaradamente en contra de la Palabra de Dios, porque es gente necia y sin temor de Dios, que camina según los deseos de la carne. Son personas realmente malas, que se han introducido en el medio de la Iglesia para estropear la viña de Dios, para tomar ventaja de las almas por palabras fingidas. Pero sepan que “sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:3).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

 

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