La venida de Cristo y los acontecimientos que seguirán

Esperando JesúsDespués de que Jesucristo fue resucitado de entre los muertos, apareció a los que él había escogido como sus testigos. Se quedó con ellos cuarenta días hablándoles acerca del reino de Dios, y luego en Betania mientras los bendecía fue llevado al cielo a la diestra de Dios, precisamente, como está escrito: “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3). Esto sucedió para que se cumplieran las palabras de David: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1). Pero del lugar donde está ahora, Jesús un día regresará. Él mismo, antes de su sufrimiento, prometió su regreso cuando dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3).

 

¿Cómo será la venida de Jesucristo?

De la misma manera en la que se ha ido al cielo

Está escrito en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:9-11). Entonces, como Jesús fue visto ir al cielo por aquellos que estuvieron presentes en su ascensión, así, en su venida, Jesús será visto volver desde el cielo, pero esta vez no será visto sólo por un pequeño número de personas como en su ascensión, sino por todos, como está escrito: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Apocalipsis 1:7).

En las nubes con poder y gloria.

En Mateo, acerca de la venida de Cristo está escrito: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24:30). El profeta Daniel cientos de años antes había dicho: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13-14).

 

¿Qué pasará en la venida de Jesucristo?

La resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que se encontrarán vivientes en la tierra

En cuanto a la resurrección de los creyentes, Pablo dice a los Corintios que “en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:22-23), y a los santos de Tesalónica: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero…” (1 Tesalonicenses 4:16). Entre los muertos en Cristo que resucitarán habrán también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y de los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían tomado la marca en sus frentes y en sus manos (Véase Apocalipsis 20:4).

En cuanto a la transformación de los que se encuentrarán vivientes en la tierra siempre Pablo dice a los Tesalonicenses: “…Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).

Entonces, como dice siempre Pablo, “No todos dormiremos; pero todos seremos transformados” (1 Corintios 15:51), en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la voz de la trompeta que sonará el Señor Jesucristo. En ese día Jesús Cristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:21), y en ese día seremos revestidos de nuestra habitación celestial, y lo mortal será absorbido por la vida (Véase 2 Corintios 5:2,4). Es un gran día el de la venida de Jesucristo porque en él los que han muerto en Cristo y los que se encuentrarán vivientes obtendrán la redención de sus cuerpos (Véase Romanos 8:23), o como también se le llama, la redención de la posesión adquirida (Véase Efesios 1:14), que los santos de todas las épocas han esperado con fe y paciencia.

La destrucción de los que no conocieron a Dios ni obedecen al Evangelio

Pablo dice, de hecho, a los santos de Tesalónica: “… cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)” (2 Tesalonicenses 1:7-10).

Entre los que serán castigados habrán todo aquellos creyentes que en la venida de Cristo no se encuentrarán listos. De hecho, Jesús dijo en diversas formas que los que no serán encontrados listos en su regreso serán castigados. En una parábola dijo por ejemplo: “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:45-51). Noten el final que le espera al siervo que su señor ha puesto por mayordomo sobre su casa, pero en su ausencia, se abandona al desenfreno, primeramente será azotado y luego se le asignará su parte con los hipócritas que es un destino terrible debido al hecho de que en el lugar donde se tiran los hipócritas hay el llanto y el crujir de dientes. En otra parábola, Jesús dijo que en aquel día será “como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 25:14-30). Una vez más tengan en cuenta la terrible fin que hará el siervo inútil que no ha obedecido a la orden de su Señor, será echado en las tinieblas y allí será el lloro y el crujir de dientes.

La destrucción del hombre de pecado

Pablo dice a los Tesalonicenses que el día del Señor no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, cuyo advenimiento “es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:9-10). El Señor Jesús destruirá al inicuo “con el espíritu de su boca, y con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8).

El hecho de que el Señor Jesús cuando regresará del cielo luchará contra sus enemigos es confirmado por Juan en el libro de Apocalipsis cuando dice: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19:11-21). Habrá, pues, una carnicería real en la gloriosa venida de Jesucristo obrada por el mismo Jesús.

El establecimiento del reino milenario en la tierra

Juan dice acerca de los que van a tomar parte en la primera resurrección (que es la de los muertos en Cristo): “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6). Así que Cristo y sus santos reinarán en la tierra por un período de mil años. Estos mil años en la tierra se caracterizan por la paz y la justicia y esto es debido a que el diablo será encadenado en el abismo, como está escrito: “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”(Apocalipsis 20:1-3).

¿Cuándo será la venida de Jesucristo?

A su tiempo, es decir, en el tiempo señalado por Dios, porque Pablo dice que su aspecto se dará a conocer “a su tiempo” (1 Timoteo 6:15). Por tanto, como la primera venida de Jesús se llevó a cabo a su tiempo, como está escrito: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6), así será para su segunda venida. Esto tiempo nadie lo sabe porque como dijo Jesús mientras estuvo en la tierra: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36). Jesús dijo a sus discípulos de velar y orar porque no sabían ni el día ni la hora de Su venida (Véase Matt 24:44 ; 25:13). El Apóstol Pablo, en cuanto a los tiempos del regreso de Cristo, dijo a los santos de Tesalónica: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:1-3). Por supuesto el día del Señor vendrá como ladrón para aquellos que están en las tinieblas y no para los que están en la luz, es decir, los hijos de Dios que caminan en la luz, y esto es debido a que los hijos de la luz esperan el Señor, mientras los que son de la noche no Lo esperan. Pablo lo explica inmediatamente después diciendo: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:4-6). Es obvio, sin embargo, que si un hijo de luz deja de caminar en la luz y comienza a caminar en la oscuridad aquel día también lo tomará como un ladrón, y luego no escapará el castigo que he mencionado antes. ¿No ha dicho Jesús a sus discípulos: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra” (Lucas 21:34-35)?

Por lo que hemos dicho es obvio, por lo tanto, que todo aquellos que hacen cálculos para determinar el momento de la venida de Cristo hacen algo que no es conforme a la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es que nos preparemos para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados, y no que hagamos cálculos para determinar aunque aproximadamente cuándo regresará. Sólo sabemos que la venida del Señor está cerca (Santiago 5:8), que “aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37), que muchas de las cosas que Jesús dijo preceder su venida se han cumplido y se están cumpliendo en esta generación, y ese día no vendrá sin que antes venga la apostasía y no se haya manifestado el hombre de pecado. Cuando regresará, entonces no toca a nosotros saberlo porque como Jesús dijo a sus discípulos que le habían pedido si fuera en ese momento que iba a restaurar el reino de Israel: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). Sin embargo, siempre hay alguien dentro de la hermandad que no haciendo caso de lo que la Escritura dice se deleita en su deseo de establecer los tiempos y los momientos del regreso de Cristo. Les insto a que tengan cuidado con cualquier persona que actúe de esta manera, no importa si es un hombre o una mujer, una persona elocuente o no, un pastor o una oveja, o alguien que conoce o que no conoce las Escrituras; porque él con sus discursos perturba el corazón de aquellos que están de acuerdo con él y esto es una señal que sus discursos no son de Dios, repito, hermanos, tengan cuidado con cualquier persona – no importa como – que llegue a establecer la fecha del retorno de Cristo; sus palabras son parloteos profanos que a su tiempo se manifestarán como tal en su confusión y de los que están de acuerdo con él.

¿Qué pasará después de la venida de Cristo?

El reino milenario y la disolución del diablo en su final

Como se ha dicho antes, cuando Cristo regresará comenzará un reinado de mil años en la tierra, reino de paz y justicia, porque el diablo será encerrado en el abismo durante todo este tiempo. Al final de este tiempo, sin embargo, el diablo será suelto de su prisión, y seducirá a las naciones. Así es como Juan describe estos acontecimientos: “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 20:7-10). Así que después del milenio todos los que se serán seducidos por el diablo se arremeterán contra los santos que serán en la tierra, pero Dios les castigará con el fuego del cielo, un poco como lo hizo con Sodoma y Gomorra. Y también el diablo será castigado, será arrojado al fuego eterno para ser atormentado por toda la eternidad como se merece con razón. Así tanto el seductor como el seducido serán castigados.

La destrucción de estos cielos y de esta tierra

Juan dice que después de que el diablo fuese arrojado al fuego eterno, vio un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, “de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos” (Apocalipsis 20:11). En lugar de éstos, Dios creará otros nuevos (Véase Apocalipsis 21:1).

La resurrección de los impíos y su juicio

Esta es la segunda resurrección, la de aquellos que han hecho lo malo (Véase Juan 5:29), que resucitarán en la resurrección de juicio para ser juzgados según sus obras y condenados al fuego eterno. Juan la vio en visión y la describió así: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:12-15).

El descenso de la Nueva Jerusalén en la nueva tierra donde los santos reinarán para siempre

Así es como Juan describe el descenso de la Nueva Jerusalén: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron (…)Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 21:1-4,9-27 ; 22:1-5).

Conclusión

He aquí, pues, hermanos, cuál es la esperanza de los santos, o sea la esperanza de resucitar y ser transformados en la venida de Cristo del cielo para reinar con él durante los próximos mil años en la tierra, y vivir para la eternidad con el proprio cuerpo inmortal, incorruptible y glorioso en la Nueva Jerusalén en la nueva tierra. Quien tiene esta esperanza en Cristo se regocije y glorifique a Dios, y se purifique como Jesucristo es puro; quien todavía no tiene esta esperanza se arrepienta de sus pecados y crea en Jesucristo, que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día para nuestra justificación, y entonces tendrá también esta gloriosa esperanza en él que lo acompañará por el resto de su vida. A Jesucristo, Aquel que era, que es y que vendrá, sea la gloria ahora y para siempre. Amén.

Estudio escatológico del maestro de la palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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