La resurrección de los muertos

Rapto_Iglesia_2Bajo el Antiguo Pacto, Dios había predicho que un día los muertos resucitarían, de hecho, en el libro del profeta Isaías está escrito: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos” (Isaías 26:19), y en Daniel está escrito: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua… Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12:2,13).

Y bajo el nuevo pacto se confirmó que todos resucitarían, de hecho, Jesús dijo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29); Pablo afirmó que tenía la misma esperanza que la del pueblo de Israel, es decir que “ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos” (Hechos 24:15); y Juan dijo que él había visto en una visión resucitar a los mártires de Jesús antes del comienzo del milenio, y el resto de los muertos en el fin del milenio (Véase Apocalipsis 20:4, 11-15).

Por lo tanto, la resurrección final de todos los muertos se proclamó primeramente por los profetas, y luego fue confirmada plenamente por Jesús y los apóstoles. Entonces es un acontecimiento futuro que tenemos que esperar porque Dios lo predijo. Quiero aclarar que todos los justos y todos los injustos serán resucitados a su tiempo, sin excepciones, y esto es debido a que es necesario que todos los hombres comparezcan ante Dios con su cuerpo para dar cuenta a Dios de lo que obraron mientras estaban en ello. Digo esto porque algunos, basándose en las palabras de Daniel “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados” han llegado a la conclusión errónea de que la resurrección será parcial; pero las palabras de Daniel se aclaran por Jesús que dice que “todos los que están en los sepulcros saldrán a resurrección de vida”.
La resurrección de los justos

Pablo dice a los Corintios: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:20-23). Ahora, Jesucristo, habiendo resucitado de entre los muertos con un cuerpo glorificado e incorruptible es llamado el primogénito de entre los muertos (primicias de los que durmieron), y esto precisamente porque Él fue el primer hombre que resucitó con un cuerpo inmortal. Los que fueron resucitados de entre los muertos antes que Él, tal como, por ejemplo, el hijo de la viuda de Sarepta, Lázaro y el hijo de la viuda de Naín no resucitaron con un cuerpo inmortal, sinoo con el mismo cuerpo mortal con el que estaban muertos, por lo tanto es cierto que acerca de Lázaro, después de que Jesucristo lo había resucitado de entre los muertos, se dice: “Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús” (Juan 12:10-11); por lo tanto, el cuerpo con el que Lázaro resucitó podía ser asesinado y todavía podía morir. Pero Aquel a quien Dios resucitó de entre los muertos al tercer día “ya no muere” (Romanos 6:9) porque la muerte no se enseñorea más de Él. Así que cuando decimos que Cristo es el primogénito de entre los muertos, nos referimos a que Él fue el primero en ser resucitado con un cuerpo inmortal y glorioso e incorruptible. Pero si Cristo es las primicias de los que duermen, ¿cúal es la masa? La masa está representada por todos los que han muerto en Cristo, que a la venida del Señor serán resucitados como Jesús resucitó. Tanto Jesús como los apóstoles han testificado que los santos que han muerto, serán resucitados un día; vamos a ver algunas declaraciones que hablan de la resurrección de los justos que debe tener lugar en el tiempo fijado por Dios.

● Jesús dijo que habrá una resurrección de los justos al hablar con el hombre que le había invitado, y le dijo que cuando hacía un banquete habría tenido que invitar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos ya los cojos, y que “será recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:14), y también dijo a los Judíos: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…” (Juan 5:28-29).

● Pablo escribió a los Corintios: “Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder” (1 Corintios 6:14).

● Siempre Pablo escribió a los Tesalonicenses: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él… Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:13-14,16).

A la luz de estas Escrituras, por lo tanto, cuando los muertos en Cristo oirán el grito del Señor Jesús saldrán de las tumbas con un cuerpo inmortal y recibirán al Señor en el aire. La resurrección de los justos ocurrirá entonces al regreso del Señor Jesucristo desde el cielo que precederá el inicio del milenio.
La resurrección de los injustos

En cuanto a la resurrección de los injustos, Jesús dijo que ellos serán resucitados “a resurrección de condenación” (Juan 5:29), esto significa que serán resucitados para ser juzgados según sus obras, y condenados a la infamia eterna en el lago que arde con fuego y azufre. El apóstol Juan nos habla acerca de esta resurrección cuando dijo: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:12-15). La resurrección de los injustos a diferencia de la de los justos se llevará a cabo al final del reino milenario durante el cual Cristo reinará en la tierra con sus santos resucitados y transformados.

Como se ha mencionado antes, los injustos resucitarán para ser condenados a la infamia eterna, y esto significa que serán atormentados por la eternidad en el lago que arde con fuego y azufre. Acerca de los castigos que los pecadores experimentarán por la eternidad, en la Sagrada Escritura hay varias confirmaciones. Vamos a verlas.

● Jesús dijo acerca de los que serán puestos a su izquierda: “E irán éstos al castigo eterno…” (Mateo 25:46).

● Pablo dice a los Tesalonicenses: “…cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición…” (2 Tesalonicenses 1:7-9).

● Juan escribió en el libro de Apocalipsis: “Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre” (Apocalipsis 14:9-11). Noten estas palabras “el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos” que indican que su tormento no tendrá fin, y “no tienen reposo de día ni de noche” que indican claramente que esas personas nunca tendrán descanso en contraste con aquellos que vivirán por siempre con el Señor que descanserán de sus fatigas.

● Juan, siempre en el libro de Apocalipsis, dijo que el falso profeta y la bestia en el comienzo del nuevo milenio, y entonces el diablo al final de los mil años, serán arrojados al lago de fuego y azufre y que allí serán atormentados “día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:10). Por supuesto, dado que también los asesinos, los cobardes, los incrédulos, los abominables, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos serán lanzados al lago de fuego y azufre es necesario decir que también ellos serán atormentados por la eternidad (Véase Apocalipsis 21:8).

● Jesús dijo: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:47-48). Tengan en cuenta que está escrito que el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga, y esto indica que su tortura continuará, sin algún fin.

● Judá dijo que Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas “habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 7). Esto significa que los habitantes de esas ciudades perversas, cuando en ese día resucitarán, serán condenados a ser torturados por toda la eternidad en el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. También en la actualidad, sin embargo, los habitantes de esas ciudades están en el tormento; precisamente en el Hades.

Como se puede ver estos pasajes antes mencionados hablan de un modo u otro acerca del tormento eterno, pero como ustedes saben, algunas personas dicen que no deben ser interpretados literalmente, pero esto es errado porque, de lo contrario, no deberíamos interpretar literalmente ni siquiera las palabras de Jesús “y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46), y las de Juan, siempre acerca de los justos, “y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:5).
¿Cómo resucitarán los muertos?

Vamos a ver ahora como resucitarán los muertos. Pablo escribió a los Corintios: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:35-49).

Pablo, para explicar cómo resucitan los muertos hizo algunas similitudes. En primer lugar dijo que lo que uno siembra, antes de ser traído a la vida debe morir, y de hecho cada semilla sembrada, para dar fruto debe primero descomponerse en el suelo; luego dijo que lo que uno siembra no es el cuerpo que ha de nacer, sino el grano desnudo, porque será Dios después que le dará el cuerpo que ha establecido de dar a esa semilla en particular, y por último, dice que no a todas las semillas Dios les da el mismo cuerpo. Estas cosas suceden en la naturaleza por la orden de Dios, porque la Escritura dice que todo lo que existe aún hoy en día es de acuerdo a sus órdenes, y nos sirven para comprender cómo los muertos en Cristo resucitarían.

El cuerpo humano está sujeto a la enfermedad, a dolor de cualquier tipo, y se cansa cuando hace esfuerzos físicos; estos son señales que muestran su debilidad, pero son cosas que el cuerpo poderoso que Dios les dará a los santos resucitados en ese día no experimentarán más porque las cosas anteriores no serán más, y Dios hará nuevas todas las cosas; en otras palabras, podemos decir que será más fuerte del cuerpo terrenal. El cuerpo de los santos se siembra en debilidad, de hecho carece de la fuerza cuando es enterrado, ya que carece de vida, pero en la resurrección resucitará de gran alcance, ya que estará lleno de fuerza.

Nosotros, los que todavía viven en esto tabernáculo, vemos que nuestro cuerpo se desintegra porque es corruptible, pero cuando llegaremos a ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial entonces no lo veremos más deshacerse por la eternidad, ya que será incorruptible. Se siembra en corrupción y resucitará incorruptible, de hecho, el cuerpo de los que son enterrados pasa por un proceso de descomposición orgánica hasta que vuelva al polvo, como Dios le dijo al hombre: “Pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19) pero cuando resucitará ya no podrá de ninguna manera descomponerse.

Pablo también explica que no toda carne es la misma carne, de hecho, la carne de los hombres, de las bestias, de las aves y la carne de pescado son diferentes entre ellas, y esto lo dice para hacernos entender que también la carne de la que será formado el cuerpo de los resucitados no es una carne igual a la de los cuerpos mortales. Sí, porque también el cuerpo de los resucitados consistirá en la carne, pero una carne diferente en comparación con la que tenemos ahora. Esto es confirmado por la resurrección de Jesús, de hecho cuando Jesús resucitó, resucitó con un cuerpo poderoso y incorruptible, pero también con un cuerpo de carne y huesos, de hecho, cuando se apareció a sus discípulos y ellos pensaron que estaban viendo un espíritu, Él les dijo: “¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:38-39). Como pueden ver, el cuerpo de Jesús todavía se podía palpar y tocar porque Él no era un espíritu que no tiene ni carne ni huesos. Sin embargo Jesús, aunque no era un espíritu sin carne y huesos, podía lo mismo caminar a través de las paredes de las casas, sin necesidad de pasar por la puerta, de hecho, cuando se apareció a sus discípulos, las puertas del lugar donde se encontraban estaban cerradas por miedo a los Judíos. Él podía aparecer y desaparecer ante los ojos de los discípulos cuando quería y al mismo tiempo podía comer y beber con ellos. Por lo tanto, ya que Jesús es las primicias de los que duermen, también los muertos en Cristo que resucitarán tendrán un cuerpo como el Suyo.

El apóstol dice entonces que hay tanto cuerpos celestiales como hay cuerpos terrenales y también dice que la gloria de los cuerpos celestiales se diferencia de la que tienen los terrenales usando este término de comparación; dice que una estrella difiere de otra estrella en gloria, y de hecho vemos esto con nuestros ojos, porque tanto el sol como la luna y las estrellas tienen un brillo diferente el uno del otro. Consideremos ahora los ángeles de los cielos que son criaturas celestiales y por lo tanto tienen un cuerpo celeste; tienen un cuerpo que, en términos de gloria, es muy diferente del nuestro. Para comprender esto, basta con leer que aspecto tenían cuando aparecieron a los hombres. Cito la visión que tuvieron las mujeres en la tumba para que ustedes entiendan este concepto. Está escrito acerca del ángel del Señor que descendió del cielo y removió la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella, que “su aspecto era como un relámpago” (Mateo 28:3); también por las visiones de ángeles que algunos de nuestros hermanos han tenido en esta generación y que nos han relatado, se puede deducir que los cuerpos de estos seres celestiales difieren en gloria de los nuestros.

Sabemos, pues, que en la resurrección, lo que ha sido sembrado en deshonra, entonces no agradable ni a ver y ni mirar, resucitará glorioso, con una gloria mayor de la que nuestro cuerpo tiene ahora en la tierra. Pablo confirmó esto también a los Filipenses cuando dijo que el Señor Jesucristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya..” (Filipenses 3:21).

Siempre el apóstol dice que a medida de que hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual, pero que lo natural precede al espiritual. Ahora, por cuerpo natural se entiende lo que tenemos ahora debido a que está en conformidad con la naturaleza, mientras por cuerpo espiritual se entiende aquel cuerpo que, tanto los que resucitarán, como los creyentes que serán arrebatados, recibirán del Señor en aquel día. Es llamado espiritual porque será un cuerpo vivificado por el Espíritu de Dios, como está escrito: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).

Así que, hermanos y hermanas, lo que aprendemos inequívocamente de las Escrituras es que “como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:49).

Alguien va a preguntar en este punto: “¿Y qué cuerpo tendrán los injustos cuando resucitarán? La Escritura, en cuanto al cuerpo con el cual ellos resucitarán no dice nada; pero sin duda será un cuerpo material, ya que también su resurrección será corporal e inmortal porque será con aquel cuerpo que serán atormentados en la Gehenna por toda la eternidad. Cuando Jesús dijo a los suyos que temiesen “a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en la Gehenna” (Mateo 10:28); por cuerpo se debe entender el cuerpo resucitado de los injustos, ya que la Gehenna es el fuego eterno donde los malvados serán echados después su resurrección. Entonces la muerte será destruida y los santos obtendrán la redención de sus cuerpos.

Continuando a hablar de la resurrección de los muertos, Pablo dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:51-55).

La razón por la cual Pablo dice que no todos dormiremos, sino que todos seremos transformados es porque a la venida del Señor se habrá creyentes que serán encontrados vivos y que no habiendo probado la muerte serán arrebatados obteniendo un cuerpo igual al cuerpo de los resucitados. Esto es lo que se entiende por las siguientes palabras de Pablo a los Tesalonicenses: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:15-17).

Así que, esto es, cuando los muertos en Cristo resucitarán y nosotros seremos transformados, la muerte será destruida; sí, porque la muerte todavía no ha sido destruida. Es cierto que Pablo le dice a Timoteo que Cristo ha destruido la muerte (Véase 2 Timoteo 1:10), pero esto se refiere a la destrucción de su propia muerte que él sufrió, de hecho, está escrito que Cristo “habiendo resucitado de los muertos, ya no muere” (Romanos 6:9), y no la de todos los creyentes que han muerto debido a que duermen y que todavía no han despertado. Todavía los creyentes mueren, por lo tanto, hay que decir que la muerte todavía no ha sido devorada por la victoria. La muerte en realidad es todavía dueña de un dardo, que es el pecado que mora en nosotros, de acuerdo a lo que está escrito: “Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:20), y también: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8), pero en la resurrección, este dardo le será quitado, porque en el cuerpo glorioso que obtendremos no morará más ni el mal ni el pecado. Ahora, ustedes saben que está escrito: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Mateo 22:44); entonces Cristo está a la diestra de Dios y reina, esperando que todos sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies, de hecho, “todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas” (Hebreos 2:8). Ahora, de acuerdo a lo que dice Pablo, “el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:26), y ¿cuándo será destruido? En la resurrección. Entonces se cumplirán las palabras de Isaías que dice: “Destruirá a la muerte para siempre” (Isaías 25:8), y la muerte no será más.

En aquel día se cumplirá la redención del cuerpo, de hecho, cuando la Escritura habla de la resurrección de los justos que sucederá en el día de Cristo, habla de la redención del cuerpo, como dice Pablo a los Romanos: “nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23). Y esto porque sólo en ese día el cuerpo mortal de los justos será libertado de la corrupción y se convertirá en inmortal, incorruptible y glorioso. Por lo tanto, podemos decir que cuando mueren los justos, salvan su alma pero “pierden” su cuerpo, pero lo pierden sólo temporalmente, ya que lo recuperarán en la resurrección cuando Dios lo resucitará. Este es un punto muy importante a destacar y de tener en cuenta en relación con la resurrección de los justos, ya que confirma que la resurrección será física, es decir, que en la resurrección los resucitados volverán a coger su cuerpo, y esto hecho es negado por muchas sectas. Obviamente, puesto que no todos los justos morirán, no todos los justos serán resucitados, ya que los que se encontrarán vivos en la venida del Señor serán transformados, pero la redención del cuerpo también la experimentarán los vivientes debido a que sus cuerpos serán transformados en cuerpos gloriosos, incorruptibles e inmortales, entonces ellos también experimentarán la libertad de la corrupción a la que está sometido el cuerpo.
Es nuestra esperanza

Queridos hermanos y hermanas en el Señor, la resurrección de nuestro cuerpo es la esperanza de la que esperamos ver el cumplimiento, ¡Y cómo nos estamos angustiados hasta que se cumpla! Pablo expresó esta angustia en estas palabras a los Corintios: “Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial…los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (2 Corintios 5:2-4).

Por lo tanto hermanos, nos esperamos con impaciencia la redención de nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo terrenal se convierta en un cuerpo celestial, porque nosotros que somos de Cristo tendremos un cuerpo celestial; la casa en que vivimos ahora es terrenal, pero esperamos de ser revestidos con la celestial (el cuerpo celestial que tendremos por la eternidad), que es mejor y eterna. Pero, para ser así, tenemos que ser hallados vestidos y no desnudos en la venida del Señor. Vestidos de lo que hemos comenzado a vestir el día que hemos creído. Permítanme explicar esto con las Escrituras. Isaías dice: “me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10); esto significa que nosotros los creyentes estamos vestidos, o más bien Dios nos ha revestido, con las vestiduras de la salvación y con el manto de la justicia de Dios, y esto por medio de la fe en Cristo. Pero debemos permanecer vestidos con la salvación y la justicia de Dios hasta la aparición de la gloria de nuestro Señor. Esto es lo que se había propuesto Pablo que dijo a los filipenses: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:8-9). Oh amados, procuremos, pues, ser encontrados por el Señor, en Su venida, vestidos con la justicia que viene de Dios sobre la base de la fe, y no hagamos como los que se han desnudados de la justicia de Dios por la fe, a fin de vestirse con su propia justicia (es decir, aquellos que han renunciado a Cristo para ser justificados por las obras de la ley), “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20). Y nosotros ni siquiera hagamos como los que se han despojado del hombre nuevo “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24), para vestirse con el viejo hombre “que está viciado conforme a los deseos engañosos” (Efesios 4:22), porque de lo contrario seremos hallados desnudos, con nuestra desnudez descubierta. Hermanos, ustedes sepan que todos los que habiéndose “escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20), volviéndose así a corromperse como las bestias sin razón detrás de los deseos de la carne, que sepan les digo, que no van a ser hallados vestidos, sino más bien desnudos.

Termino de hablar de este tema recordando que el Señor le dijo al ángel de la iglesia en Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez…” (Apocalipsis 3:15-18). Como se puede ver, este creyente se había vuelto tibio y el Señor, que conocía su trabajo, le dijo que estaba también desnudo, y le aconsejó que comprase vestiduras blancas para que se vistiese y no apareciese su desnudez. Esto demostra que las ropas blancas que el Señor nos ha dado, si dejamos de observar y de guardar sus mandamientos, las perderemos; por lo tanto, amados, conservemos las vestiduras blancas con las que el Señor nos ha vestido después de haber quitado de nosostros la ropa sucia (nuestros pecados); no descubrámonos, con el fin de ser hallados por el Señor vestidos y no desnudos, y así ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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