La salvación del pecado

downloadSe obtiene solamente por fe

La Escritura dice que todos pecaron (Véase Romanos 3:23), por lo tanto todos son esclavos del pecado que cometen segundo que está escrito: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34). Pero también dice que el pecador puede ser liberado de la esclavitud del pecado. ¿Cómo? Sólo tiene que arrepentirse de sus pecados y creer en el Señor Jesucristo. Pero ¿por qué tiene que creer en Jesucristo después de que se ha arrepentido? Porque Él es el que ha sido enviado por Dios para salvar a los hombres de sus pecados. El ángel que apareció a José, antes de que María dio a luz a Jesús, de hecho, le dijo: “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21) y Jesús mismo dijo que Él vino al mundo para salvarlo (Véase Juan 12:47).

Pero ¿de qué manera Jesús vino a salvar al hombre del pecado? Ofreciendo en sacrificio su carne y su sangre. Vamos a explicar este concepto básico, a partir del pecado. El pecado entró en el mundo por un sólo hombre llamado Adán, y este pecado se pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Véase Romanos 5:12). Pero, ¿qué hace fuerte el pecado en el hombre? La ley, porque, como dice Pablo, es “el poder del pecado” (1 Corintios 15:56). Siempre Pablo explica esto cuando dice: “el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató” (Romanos 7:11). En otras palabras, el pecado se basa en la ley para llevar la muerte en el hombre; la ley es, sí, buena y santa, pero el pecado se usa de esa simplemente para causar la muerte en el hombre. Para hacer una comparación, es como si un asesino se usase de una pieza de madera hecha por Dios para matar a otro hombre; lo que mata no es la madera hecha por Dios que es buena en sí misma, sino el asesino que la utiliza para llevar a cabo su designio criminal. Así el pecado asesino utiliza la ley dada por Dios a Israel, y por lo tanto buena, para matar espiritualmente a la gente. Así que fue necesario quitar el pecado, es decir, despojarlo de su poder que tenía sobre el hombre. Y Jesús hizo precisamente eso con su sacrificio en la cruz, él quitó el pecado (Véase Hebreos 9:26); y fue capaz de hacer esto porque cargó en él nuestros pecados al morir en la cruz por todos nosotros (Véase Isaías 53:6,11,12). Es por eso que todo aquel que en él cree ha sido justificado del pecado, porque Jesús, en la cruz, ha crucificado a su (del creyente) viejo hombre (Véase Romanos 6:6-7). Así que los que creen en Cristo mueren al pecado con Cristo; y, en consecuencia, la ley deja de controlarlo debido a que la ley se enseñorea del hombre sólo cuando él está vivo, y no también después de que él ha muerto. Y el creyente a través del cuerpo de Cristo ha muerto a la ley, a saber, la ley en que estaba sujeto, para que sea de otro, del que resucitó de los muertos (Véase Romanos 7:1-6).

Como he dicho muchas veces, la liberación del dominio del pecado viene por la fe en Cristo, y así no por las obras, tanto que se lleven a cabo antes como después de creer, o tal vez a través del bautismo que recibimos después de creer en Jesús, sino sólo por la fe. Es por eso que la salvación es por gracia, ya que para conseguirla sólo se necesita creer en Aquel que libera del pecado, Jesús. Y dado que se recibe por la gracia de Dios y no por nuestros propios méritos, el hombre delante de Dios no tiene nada de que gloriarse. Él puede gloriarse solamente en el Señor, es decir gloriarse de haber recibido de Su mano esta gran salvación, exclusivamente por Su gran misericordia. Muchos, sin embargo, han cancelado la gracia de Dios al hacer depender la salvación del hombre por sus méritos, por sus sufrimientos, y así sucesivamente. Queremos, por lo tanto, hacer fuertemente hincapié en este tratado que la salvación viene sólo por la fe. He aquí algunas Escrituras que demuestran de manera inequívoca que la salvación se obtiene sólo por la fe.

– Pablo y Silas, cuando el carcelero de Filipos les preguntó: “¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30), le respondieron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

Observen cómo los apóstoles respondieron inmediatamente y de común acuerdo al carcelero asustado: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”, porque demuestra que el mensaje de salvación que anunciaban a los hombres se basaba en la fe en Cristo y no en los méritos del hombre. Los apóstoles estaban calzados con el apresto del Evangelio de la paz, porque ellos se apresuraron a responder a la pregunta tan importante de ese hombre y a responder de la manera correcta, de hecho, le dijeron que sólo tenía que creer en Jesucristo para ser salvo. Esta era la buena noticia que los hombres escuchaban de la boca de los apóstoles y esta es la buena noticia que todavía tienen que escuchar.

– Pablo dijo a los Romanos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

Esto significa que es el mensaje de la Buena Nueva que libera del pecado a todos los que creen en él. Y nosotros somos testigos de la salvación realizada por el Evangelio en los que eran esclavos de toda clase de maldad: hombres que en el pasado fueron fornicadores, sodomitas, ladrones, borrachos, avaros, hechiceros, mentirosos, han sido liberados del pecado al que obedecían únicamente por su fe en el Evangelio.

– Pablo dice a los Efesios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Los que hemos creído en el Evangelio de nuestra salvación hemos sido liberados de nuestros pecados por medio de la fe en el Evangelio; ninguno de nosotros puede pretender ser salvado de sus pecados por haber hecho limosnas, visitas a los enfermos, las viudas y los huérfanos, o por haber dado comida, bebida y ropa a aquellos que lo necesitan, precisamente porque no es en virtud de las buenas obras que habemos obtenido esta gran salvación, sino sólo y únicamente,y lo repito solamente, por haber creído en el Evangelio de la gracia de Dios. Si se pudiera ser salvados por buenas obras, Cristo habría muerto en vano, y sería inútil predicar el Evangelio a todos aquellos hombres que piensan alcanzar la salvación por hacer el bien a sí mismos y a los demás. Pero además de eso, hay que decir que si se pudiera ser salvados por buenas obras, los hombres tendrían de qué gloriarse delante de Dios, porque podrían decir que han merecido la salvación, en otras palabras, podrían decir que fue el resultado de sus trabajos, y ellos nunca dirían que es el fruto del tormento del alma de Jesucristo. Ellos podrían decir que fueron ellos los que sufrieron por salvarse, y no más que Cristo, el Justo, padeció por nosotros injustos para liberarnos de la esclavitud del pecado. Pero, como decía Pablo a los Romanos, “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe” (Romanos 3:27), porque creemos que el hombre es salvado por la fe en Jesucristo. He aquí porque no tenemos nada de que gloriarnos, porque hemos sido salvados por la ley de la fe, y por lo tanto, por gracia. Sí, por la gracia de Dios; porque sólo hemos tenido que creer en el Señor Jesús para ser salvos.

– Pablo dice a los Tesalonicenses: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).

El apóstol le daba gracias a Dios porque a Dios le había agradado, de acuerdo a Su propósito eterno, para salvar a los creyentes de Tesalónica. Pero, ¿cómo Dios los había salvado a los tesalonicenses? ¿A través de las buenas obras, tal vez? No, sino por la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Una vez más, la Escritura confirma que la salvación no viene a través de las buenas obras, sino por la fe en la verdad. ¿Dónde, pues son los méritos de los hombres? Quedan excluidos por la ley de la fe.

– Pablo dice a los Corintios: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos…” (1 Corintios 15:1-2), a continuación les dice el Evangelio que predicaba, y luego dice: “así predicamos, y así habéis creído” (1 Corintios 15:11).

A partir de este discurso de Pablo se deduce que los Corintios fueron salvados por su fe en el Evangelio y no por haber hecho buenas obras. Algunos de ellos eran adúlteros, fornicarios, idólatras, sodomitas afeminados, ladrones, avaros, codiciosos, borrachos y abusadores; pero ellos fueron salvados de sus pecados a través de la fe en el Evangelio, sin las obras de la ley. Por esta razón el mensaje de Cristo se llama la Buena Nueva de la paz; porque a fin de obtener la paz con Dios, es decir, para reconciliarse con Dios, los pecadores no deben hacer acciones meritorias, sino deben sólo arrepentirse y creer en el nombre de Jesucristo. Además, ¿qué buena noticia sería el mensaje de Cristo, si se tratara de decir que para ser salvados del pecado, debemos hacer buenas obras? ¿No sería todo eso en clara contradicción con la esencia del Evangelio? Por supuesto que sí; sería como decir que Jesús vino a salvarnos gratuitamente, sin pedir nada más que el arrepentimiento y la fe en Él, ¡pero nosotros debemos cooperar con él (hacer buenas obras), a fin de ser salvados del pecado!

– Pablo dice en la Epístola a Tito: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo…” (Tito 3:3-5).

A partir de estas palabras de Pablo aprendemos claramente dos cosas: la primera es que hemos sido salvados y por lo tanto podemos afirmar que somos salvos, sin el riesgo de ser presuntuosos; la segunda es que esta salvación se obtuvo no por haber hecho buenas obras, sino sólo por la misericordia de Dios, que nos hizo renacer a nueva vida a través de la Palabra de Dios sembrada en nosotros (el lavamiento de la regeneración) y por la renovación obrada en nosotros por el Espíritu Santo.

– Pablo le dice a Timoteo que Dios “nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo…” (2 Timoteo 1:9-10).

El apóstol dice por enésima vez que Dios nos ha salvado por gracia sin que nos hubiéramos hecho nada bueno; pero también dice que Dios nos ha dado la gracia antes de los tiempos de los siglos, es decir, antes de la fundación del mundo. Y si eso no fuera suficiente para dejar claro que nuestra salvación no estaba relacionada en absoluto a las buenas obras que nosotros hubimos hecho, sino únicamente por Dios al Cual le gustó salvarnos sin que nosotros lo mereciésemos, también podemos mencionar las siguientes palabras de Pablo a los Romanos acerca de Esaú y Jacob: “(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor” (Romanos 9:11-12), y estas otras: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Delante de estas palabras caen una vez más todos aquellos argumentos que atribuyen la salvación a las obras meritorias.

– Pedro dijo a Jerusalén, delante de los otros apóstoles y de los ancianos: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hechos 15:11).

Ahora, aquí Pedro dijo que ellos que nacieron Judios fueron salvados por gracia de la misma manera en que se lo fueron los gentiles; y esto a pesar de que fueron circuncidados en la carne y tenían la ley de Moisés con los mandamientos de Dios. Pero, ¿por qué Pedro no pudo decir que ellos que eran Judios fueron salvados por las obras de la ley, mientras que los gentiles, que no tienen la ley, fueron salvados por gracia? Debido a que también ellos Judios, para ser salvados, sólo habían tenido que creer (y por lo tanto no habían merecido la salvación por la ley), de la misma manera que los gentiles. Las palabras de Pedro dejan claro que para ser salvados se debe sólo creer y no obrar, porque la salvación de Dios se ofrece gratuitamente tanto a los Judios como a los Gentiles.

– Jesús, en los días de su vida mortal, dijo estas palabras a dos mujeres: “Tu fe te ha salvado” (Lucas 8:48; 7:50): le dijo a la mujer que fue sanada de su flujo de sangre, y a la mujer pecadora que le regó sus pies con lágrimas, y los enjugó con sus cabellos y que los ungió con aceite. A uno de los diez leprosos que sanó y a Bartimeo dijo las mismas palabras, es decir, “Tu fe te ha salvado” (Lucas 17:19; 18:42).

También estas Escrituras confirman que es sólo a través de la fe que uno es salvado y no por las buenas obras.

– Pablo dice a los Romanos: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:8-13).

Como se puede ver para ser salvados no es necesario hacer buenas obras, pero es necesario confesar con la boca que Jesús es el Señor, y creer en el corazón que Dios le levantó de los muertos. ¿No es sencillo y claro el camino de la salvación que ofrece la Escritura? Por supuesto que lo es.

Hermanos, les insto a que se mantengan anclados a la doctrina de la salvación por gracia por medio de la fe en Cristo Jesús, y a no desviarse de esa porque esto significaría hacer inútil el sacrificio de Cristo en la cruz, significaría decir que Jesús murió en vano y por lo tanto caer de la gracia. Que se hable de este tema entre ustedes para que sean fortalecidos, y hablen con los pecadores para que también ellos se arrepientan y crean en Jesucristo. La fe viene por el oír, y el oír viene por la Palabra de Dios, es por esta razón que los pecadores, para creer en Cristo para su salvación necesitan oír acerca de él, de su sacrificio expiatorio. Que la cruz, la cruz de Cristo sea anunciada con toda confianza ya que salva al hombre del pecado. No hay un mensaje alternativo, y ustedes esto lo saben muy bien, porque fue a través de la predicación de la cruz que ustedes han sido salvados por la gracia de Dios.

 

La servidumbre de la justicia

Como hemos visto la Escritura dice claramente que no somos salvos por las obras de justicia, sino por la fe en Cristo y entonces por la gracia de Dios. Pero la misma Escritura también dice claramente que nosotros, ahora que somos salvos, habiendonos convertido en siervos de la justicia, tenemos que hacer buenas obras. De hecho, Pablo dijo a los Efesios que somos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10); y a Tito que Jesucristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). Pero antes que Pablo, este concepto lo había explicado el Señor Jesucristo quien dijo a sus discípulos que había elegido para que practicasen las buenas obras. He aquí sus palabras: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16). Pero ¿por qué tenemos que ser celosos de buenas obras? Porque Jesús dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8), y también: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16) haciendo entender que nosotros, haciendo buenas obras, haremos glorificar al nombre de Dios. Además de esto hay que tener en cuenta que nosotros, haciendo buenas obras, hacemos tesoros en el cielo que es la recompensa que el Señor nos va a dar en ese día (que para nosotros es un estímulo). De hecho, cuando Jesús le dijo al joven rico que vendiera todo lo que tenía y que lo diese a los pobres, le dijo: “y tendrás tesoro en el cielo” (Mateo 19:21), y Pablo le dijo a Timoteo que mandase a los ricos a ser “ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:18-19).

Concluyo diciendo esto: los creyentes sabemos que a través de nuestra fe somos salvos del pecado y de este presente siglo malo, pero también sabemos que ahora somos esclavos de la justicia y por eso tenemos que poner nuestros miembros al servicio de la justicia por todo tipo de buena obra. Pero mientras que cuando éramos esclavos del pecado no teníamos ningún fruto de nuestras malas obras, de las que aún hoy nos avergonzamos de haber hecho, ahora que somos siervos de la justicia, las buenas obras que hacemos por el amor del Señor y de los elegidos contribuyen a mantener firme y segura nuestra vocación, así como a hacernos un tesoro en los cielos, una buena base para el futuro y por las que no nos arrepentiremos y no avergonzaremos jamás de haber hecho. Así que las obras de justicia son útiles, muy útiles, nadie las menosprecie. Sepa el que se niega a hacer buenas obras que la Escritura dice que “como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26), una tal fe no tiene valor ante Dios de acuerdo a como está escrito: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?” (Santiago 2:20). No se equivoquen, por lo tanto, a daño de su alma; los pámpanos que se secan que no permanecen en Cristo son recogidos y echados en el fuego para ser quemados (Véase Juan 15:6).

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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