No profanemos el templo del Espíritu para evitar la venganza de Dios

1193951467_fEl apóstol Pablo dice a los santos de Tesalónica: “Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno oprima ni engañe en nada a su hermano, porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado” (1 Tesalonicenses 4:3-6).

Ahora, noten que Pablo dice que Dios es vengador de todas estas cosas. Por lo tanto Dios se venga de aquellos creyentes que se entregan a la fornicación, que se niegan a mantener su cuerpo en santidad y honor, con pasión de concupiscencia, como los gentiles, y que oprimen a su hermano y lo engañan.

Y esto porque aquellos que se comportan de esta manera no muestran respeto hacia su propio cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo que habita en nosotros y que es santo. De hecho, nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y con esto debemos glorificar a Dios, como siempre Pablo dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20). Y se glorifica a Dios en nuestro cuerpo presentando nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Aquellos que en cambio usan sus miembros, que son miembros de Cristo, para servir al pecado, no hacen más que profanar el templo del Espíritu Santo. ¿Qué significa en realidad profanar? Leemos en el vocabulario: “Tratar algo sagrado sin el debido respeto o con usos profanos” (http://www.wordreference.com/definicion/profanar)

Por ejemplo, el ejército de Babilonia profanó el templo de Dios en Jerusalén, como está escrito: “Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán” (Ezequiel 7:22), y en el libro de los Reyes está escrito: “En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todas las casas de los príncipes quemó a fuego….. Y quebraron los caldeos las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron el bronce a Babilonia. Llevaron también los calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones, y todos los utensilios de bronce con que ministraban; incensarios, cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en plata” (2 Reyes 25:8-9; 13-15). Y esta profanación del templo de Dios fue vindicada por Dios, como está escrito: “Te puse lazos, y fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste; fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste a Jehová. Abrió Jehová su tesoro, y sacó los instrumentos de su furor; porque esta es obra de Jehová, Dios de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. Venid contra ella desde el extremo de la tierra; abrid sus almacenes, convertidla en montón de ruinas, y destruidla; que no le quede nada. Matad a todos sus novillos; que vayan al matadero. ¡Ay de ellos! pues ha venido su día, el tiempo de su castigo. Voz de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia, para dar en Sion las nuevas de la retribución de Jehová nuestro Dios, de la venganza de su templo. Haced juntar contra Babilonia flecheros, a todos los que entesan arco; acampad contra ella alrededor; no escape de ella ninguno; pagadle según su obra; conforme a todo lo que ella hizo, haced con ella; porque contra Jehová se ensoberbeció, contra el Santo de Israel. Por tanto, sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus hombres de guerra serán destruidos en aquel día, dice Jehová. He aquí yo estoy contra ti, oh soberbio, dice el Señor, Jehová de los ejércitos; porque tu día ha venido, el tiempo en que te castigaré. Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante; y encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré todos sus alrededores” (Jeremías 50:24-32).

De la misma manera, Dios ejecutará su venganza sobre los que ahora bajo la gracia profanan el templo del Espíritu Santo utilizándolo indignamente, es decir, para servir al pecado.

No provoquemos a Dios por vivir una vida indigna del Evangelio de Cristo, o su venganza caerá sobre nosotros.

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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