La verdadera gracia de Dios nos enseña, la falsa engaña

falsa gracia

El apóstol Pablo dice a Tito: “… la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14).

Así que la verdadera gracia de Dios nos enseña a hacer renuncias, es decir, a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos (diversiones mundanas, placeres de la vida…), y, de hecho, Jesús nos habló de las renuncias que debemos hacer cuando dijo: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). Por tanto, un verdadero discípulo de Cristo, proclama esta gracia y vive renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos.

Pero también hay una falsa gracia de Dios que se predica desde muchos púlpitos, que no enseña en absoluto a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, de hecho, de una manera u otra alienta y justifica tanto la impiedad como los deseos mundanos, y por lo tanto engaña a las almas. Los que predican esta gracia son los impíos que han entrado encubiertamente en la Iglesia y que tienen el título, quien de apóstol, quien de profeta, quien de evangelista, pastor, o maestro, y que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios (Judas 4). Ellos con su vida perversa y disoluta hacen difamar el camino de la verdad y con sus predicaciones producen falsos discípulos de Cristo, que a su vez también hacen difamar el camino de la verdad, debido a que siguen los pasos de estos impostores.

Hermanos, haganse enseñar por la verdadera gracia de Dios, y no dejense seducir por la falsa gracia proclamada y aprobada por los impostores.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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