La homosexualidad masculina y femenina

wp88542104_05_06La Escritura dice que en el principio Dios creó al hombre y a la mujer, y dijo: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24; 1 Corintios 6:16). Por lo tanto el hombre debe unirse carnalmente sólo con su propia esposa. Esto excluye cualquier relación carnal de un hombre con otro hombre, y de hecho, la ley condena esta relación diciendo: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Levítico 18:22). Los que se echan con varones no heredarán el reino de Dios (Véase 1 Corintios 6:9) y se irán al fuego eterno. En cuanto a la mujer, hay que decir que Dios ha determinado que se unirá carnalmente sólo con el hombre (su marido) y, de hecho, la mujer fue creada por causa del varón (Véase 1 Corintios 11:9). Las mujeres, por lo tanto, que han cambiado el uso natural por el que es contra naturaleza, también irán al fuego eterno. Los homosexuales, tanto los hombres como las mujeres, pecan contra naturaleza y contra su propio cuerpo; y reciben en sí mismos la retribución debida a su extravío, porque Dios no les deja sin castigo, pero les hace cosechar lo que siembran. De hecho, Pablo dice a los Romanos: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Romanos 1:26-28). Esa enfermedad llamada SIDA, que contraen los hombres y las mujeres que se dan a vicios contra naturaleza, es uno de estos castigos de Dios contra ellos. Miren por ustedes, hermanos y hermanas, y huyan este pecado contra naturaleza: de lo contrario vayan a pasar la eternidad en el fuego eterno con el diablo y sus ángeles y todos los otros pecadores. Recuerden que Dios castigó a las ciudades de Sodoma y Gomorra también por los pecados contra naturaleza que en ellas se cometieron, y que sufren “el castigo del fuego eterno” (Judas 7). Varias iglesias evangélicas en las últimas décadas se han mostrado tolerantes hacia los sodomitas que están entre ellos (Incluyendo algunas veces también su pastor); llaman a la sodomía ‘una condición existencial que se impone en un dado momento de la vida’, y no es un pecado, no una forma de vida abominable que el hombre sin Dios y a veces incluso los que han conocido a Dios escoge. Quien condena la sodomía para ellos es “queado atrás”. Hermanos, guardaos de esos habladores de vanidades y engañadores, y de todos aquellos hermanos y hermanas que práctican la sodomía.

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