El concepto de la “Trinidad” en el Nuevo Testamento

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La Escritura muestra claramente que la Deidad se compone de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, atestigua la Trinidad.

En la Escritura la palabra Trinidad no se menciona [La palabra Trinidad deriva del latín Trinitas, que significa “reunión de los tres”, y es una palabra acuñada por Tertuliano de Cartago al final del siglo II ]; pero no podemos decir que en la Biblia no se mencione el concepto de la Trinidad, porque los siguientes pasajes de las Escrituras dan testimonio de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas [acerca del término persona que utilizamos tanto para Dios el Padre, como por el Hijo y el Espíritu Santo, es necesario que se sepa que la palabra latina persona significa “máscara” o “personaje de representación” Pero es obvio que cuando lo usamos en relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no lo usamos con el sentido original, ya que en este caso definiríamos las tres Personas de la Trinidad como si fueran máscaras de un personaje teatral, en otras palabras, es como si dijéramos que Dios es como un actor de un espectáculo que ha aparecido en la escena mundial en tres trajes diferentes o roles, hecho que bien sabemos que no es verdadero]. El uso de la palabra persona tiene el único propósito de explicar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Seres separados con su propia personalidad divinos distintos (que siempre han existido y existirán por siempre), y al mismo tiempo son un sólo Dios.

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17). En este evento, que tuvo lugar en el Jordán, vemos que el Padre habló desde el cielo, el Hijo que estaba en la tierra fue bautizado por Juan, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como paloma.

– Jesús dijo a sus discípulos : “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:15-17). Jesús, cuando todavía estaba en la tierra con sus discípulos, era el Consolador que Dios había enviado para consolar a los que estaban de duelo, pero debido a que tuvo que regresar al Padre que lo envió, oró al Padre para que diese a sus discípulos otro Consolador, precisamente el Espíritu Santo, que se habría quedado con ellos para siempre. El Padre, por lo tanto, suplicado por el Hijo, ha enviado el Espíritu de la verdad al servicio de las necesidades creadas por la muerte de su Hijo. El concepto de la Trinidad es evidente en las palabras de Jesús.

– Jesús, antes de ser llevado al cielo, dijo a sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo….” (Mateo 28:19). El bautismo en agua, que recordamos no purifica de los pecados ya que es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, debe ser ministrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El Señor nunca habría ordenado tal cosa si Él, el Padre y el Espíritu Santo no hubieran sido uno.

– Pablo dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras encontramos a Dios el Padre que resucitó a Jesús; el Hijo que fue resucitado por Él; y el Espíritu Santo que Él ha enviado a nuestros corazones. Aquí, también, el concepto de la Trinidad se expresa de una manera clara.

– Pablo, al final de una de sus epístolas a los Corintios, escribió: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Una vez más, estas tres personas son nombradas por separado, pero a pesar de esto son una misma cosa.

– Pablo a los Efesios dice que hay “… un Espíritu… un Señor… un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-5,6). También por estas palabras entendemos como las tres personas divinas que componen la Divinidad, son distintas entre ellas pero unidas en perfecta unidad.

– Pablo dijo a los Corintios: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Corintios 12:4-6). Noten como Pablo menciona primeramente el Espíritu, luego el Señor Jesucristo y Dios. Entonces también estas palabras nos hacen entender como estas tres personas divinas, aunque distintas entre ellas, son uno y el mismo Dios.

– La Escritura condena las tres blasfemias dirigidas a las tres personas de la Divinidad. Quien blasfeme el nombre de Dios es culpable de un pecado, porque está escrito: “No blasfemes nunca contra Dios” (Éxodo 22:28); también todos los que blasfemen contra el Hijo del hombre, y contra el Espíritu Santo, son culpables de un pecado. Pero el hecho es que, mientras que los que blasfemen contra Dios y el Hijo del Hombre pueden ser perdonados, el que blasfeme contra el Espíritu Santo no puede obtener el perdón de su pecado, porque Jesús dijo: “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cuales quiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Marcos 3:28-29). Estas palabras del Señor nos hacen entender como el Espíritu Santo es una persona divina distinta del Hijo de Dios y del Padre; es por eso que cuando hablamos del Hijo no hablamos del Espíritu Santo y viceversa; y porque cuando hablamos del Padre no hablamos ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, precisamente porque los tres son diferentes. Para que ustedes entiendan este concepto les voy hablar de esta manera: no podemos decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, porque esto no es verdadero, de hecho, la Escritura dice que Cristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz, y no el Padre. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo ha muerto por nuestros pecados, porque también esto no es verdadero. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo bautiza con el Espíritu Santo, ya que la Escritura testifica que es Cristo quien bautiza con el Espíritu Santo y con fuego. Sin embargo, aunque hay que mencionar por separado el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y sus características, también sabemos que los tres son uno y la misma cosa.

Hermanos, retengan con firmeza la doctrina de la Trinidad, y defiéndanla valientemente.

A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

 

 

 

 

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