El Espíritu Santo no es Jesucristo y no es el Padre de Jesús

el-dios-de-la-eternidadLa Doctrina Unitaria

El Espíritu Santo es el Padre de Jesús y Jesucristo.

La negación de la Trinidad tiene repercusiones inevitables sobre la diferencia entre Dios el Padre y el Espíritu Santo, debido a que lleva a creer que el Padre y el Espíritu Santo son el mismo ser. Véanse como David Bernard habla al respecto: “(….) el Padre y el Espíritu Santo son identificados como un sólo y como el mismo ser: el término se limita a describir que el Espíritu Santo es el Padre. El Espíritu Santo es, literalmente, el Padre de Jesús, porque Jesús fue concebido por el Espíritu Santo….” (David Bernard, Fundamentos …., p. 16). Y también tiene repercusiones sobre la diferencia entre Jesús y el Espíritu Santo, porque hace creer que el Espíritu Santo es Cristo; he aquí como se expresa David Bernard al respecto: “La descripción de Cristo del Espíritu Santo como “otro Consolador” en Juan 14 indica una diferencia de forma o de relación, Cristo en el Espíritu en lugar de la carne” (David Bernard, Fundamentos p. 17).

 

Refutación

El Espíritu Santo no es el Padre de Jesús y, por lo tanto, ni siquiera es nuestro Padre Celestial

La Escritura no dice que el Padre y el Espíritu Santo son la misma, sino dos seres distintos. Aquí están las pruebas.

Cuando Jesús prometió el Espíritu Santo dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:16,17) y de nuevo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Como pueden ver, el Padre no puede ser el Espíritu Santo y viceversa, porque Jesús dijo que Él, es decir el Espíritu Santo, habría sido dado y enviado por su Padre. Por lo tanto, es un error decir que el Espíritu Santo es el Padre de Jesucristo. Jesús sabía que Él fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de su madre y conocía el Espíritu Santo, pero nunca dijo o dio a entender en modo alguno que el Espíritu Santo era su Padre Celestial, sino habló de su Padre como un ser distinto con respecto al Espíritu Santo.

Por lo tanto, dado que el Padre de nuestro Señor Jesucristo es también nuestro Padre porque hemos sido adoptados por Él como hijos, el Espíritu Santo no es nuestro Padre. Y también esto es confirmado por la Escritura. Jesús dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13), indicando claramente que nuestro Padre Celestial no es el Espíritu Santo. Pedro dijo en el día de Pentecostés: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33), y en su segunda epístola dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

Los apóstoles dijeron en el concilio: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5:31-32).

El apóstol Pablo dice a los Corintios: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:10-12). Y a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18).
El Espíritu Santo no es Jesucristo y viceversa

La doctrina de los unicitarios según la cual el Espíritu Santo no es una persona sino una manifestación del único Dios, es decir Jesús, es falsa porque el Espíritu Santo es una persona distinta tanto del Padre como del Hijo, que fue enviado por el Padre al mundo después de que Jesús fue llevado al cielo glorificado. Vamos ahora a explicar por las Escrituras que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad que fue enviada tanto por Dios el Padre, como por el Hijo (pero procede del Padre) en la Iglesia y, por lo tanto, no puede ser la misma persona de Jesús.

– Jesús, la noche que fue entregado, les dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26); y: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26); y también: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Cuando después el Espíritu Santo fue derramado, Pedro dijo a los Judíos reunidos al oír el sonido como de un viento recio que soplaba y que se sorprendieron al oír hablar de las maravillas de Dios en su lengua materna: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:32-33), así confirmando que después de que Jesús se sentó a la diestra de Dios, envió al Consolador que les había prometido enseñarles todo, para recordarle lo que había dicho, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Por lo tanto, es evidente que debido a que el Espíritu Santo es una persona, ya que enseña, recuerda, da testimonio, convence, anuncia lo que vendrá, y glorifica a Cristo, y fue enviado por Jesús después que fue llevado a la diestra de Dios, el Espíritu Santo no es Jesús, el Hijo de Dios, ya que este último, cuando el Espíritu Santo vino en su templo, estaba en el cielo a la diestra de Dios.

– Jesús, en la noche que fue entregado, pronunció las siguientes palabras que confirman lo anterior aquí. Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Juan 14:15-17). Ahora, mientras Jesús estaba en la tierra era el Consolador que Dios había prometido a través de los profetas para que fuese enviado a su pueblo, pero, debido a que tenía que regresar al Padre que lo había enviado y sabía que sus discípulos habrían tenido la necesidad de otro Consolador, para que estuviera con ellos siempre y en todo lugar, dijo que habría orado el Padre para que lo enviara. Por lo tanto, debido a que el Espíritu Santo fue llamado por Jesús “otro Consolador”, llegamos a la conclusión de que no es el mismo Consolador (la persona misma de Jesús) que fue llevado al cielo. Y entonces Jesús no es el Espíritu Santo como afirman los unicitarios. Los unicitarios argumentan que estas palabras de Jesús indican “una diferencia de forma o relación” (David K. Bernard, op.Cit., P. 17), en otras palabras es como si Jesús hubiera dicho a sus discípulos que habría vuelto en espíritu en lugar que en la carne. Pero esta explicación no es cierta porque Jesús habló del Espíritu Santo como “otro Consolador”, y entonces alguien distinto de Él, y esto es confirmado por estas otras palabras que dijo un poco más adelante: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Noten estas palabras: “os lo enviaré” y: “El me glorificará”, “tomará de lo mío, y os lo hará saber”; porque destacan la distinción entre la persona de Jesús y la del Espíritu Santo. Si Jesús hubiera prometido que habría vuelto en la forma del Espíritu Santo nunca habría hablado de esa manera. En particular, tengan en cuenta de las palabras “El me glorificará”, que si se asocian con estas otras que dijo poco antes: “Él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26 ) confirman que el Espíritu Santo no podía ser Jesús porque habría glorificado Jesús y dado testimonio de Él. Por lo tanto, Jesús oró al Padre que envió otro Consolador para que se quedase con sus discípulos para siempre, sí, porque ya que estaba a punto de dejarlos solos, necesitaban a alguien que permaneciese siempre con ellos para guiarlos.

– Un día Jesús dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32). Observen como Jesús habla de dos “hablar contra” bien distintos; uno contra el Hijo del hombre y el otro contra el Espíritu Santo. Es tan obvio entonces que el Hijo del hombre, es decir Jesucristo, no pueda ser también el Espíritu Santo, porque si lo fuera Jesús se habría contradicho de manera clara. Pero diganme un poco ustedes que son Unicitarios: ¿qué sentido habría tenido decir por Cristo que al que hable contra el Hijo del hombre le será perdonado mientras que al que hable contra el Espíritu Santo no le será, si el Hijo del Hombre también era el Espíritu Santo o en el futuro se habría manifestado en la forma del Espíritu Santo? Una vez más, por lo tanto, la Escritura revela claramente que Jesús no es el Espíritu Santo y viceversa.

– Pablo dice a los Romanos: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26-27), haciendo entender que el Espíritu Santo derramado en los corazones de los creyentes intercede por los santos con gemidos indecibles (cuando los santos oran en otro idioma); pero un poco más tarde, el mismo apóstol también dice: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”(Romanos 8:34), haciendo entender que también Jesucristo, que es a la diestra de Dios intercede por nosotros. ¿Cómo es posible? Es posible porque el Hijo de Dios, que es a la diestra de Dios es una persona distinta y no es la misma persona del Espíritu Santo que aquí en la tierra intercede por nosotros por la boca de los santos. Por lo tanto, Cristo intercede por los santos en el cielo, mientras que el Espíritu Santo intercede por ellos en la tierra (a través de los que hablan en otros idiomas).

– El mismo apóstol dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras se mencionan las tres personas de la Deidad, es decir el Espíritu Santo, aquel (el Padre) que resucitó a Jesús de entre los muertos, y su Hijo Jesús; esas se indican por separado a pesar de que estén unidas, por lo tanto no se puede aceptar que el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos sea El que ha sido resucitado de entre los muertos, es decir Jesús, porque esto anularía las Escrituras.

– Pablo dice a los Gálatas: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:4-6). Como se puede ver, Pablo primeramente dice que cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, y luego dice que ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones; haciendo una distinción entre la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo .

– Pablo dice a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18), y también: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-6). Noten cómo Pablo haga una distinción entre el Espíritu y el Señor Jesucristo, también en esta epístola.

– Pablo dice a Tito: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:4-6 ). Observen como Pablo, una vez más, haga una distinción entre Cristo y el Espíritu Santo, diciendo que el Espíritu fue derramado sobre nosotros por medio de Jesucristo.

– El escritor a los Hebreos dice: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:28-29). Noten como también en esta Escritura se hace una distinción entre el Hijo y el Espíritu.

Creo que he demostrado ampliamente que el Espíritu Santo no es la misma persona de Jesucristo.

 

Conclusión

Quiero concluir esta sección dedicada a la defensa de la Trinidad diciendo esto: cuando nos hablamos de la diversidad y la unidad que existe entre la persona del Padre, la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo, estamos hablando de algo que no podemos entender completamente porque su conocimiento supera grandemente la comprensión humana. Por esta razón, simplemente citamos las Escrituras que hablan de esta diversidad y esta perfecta unidad que existe entre ellas, sin el menor intento de explicar este misterio, que es grande. Pero el hecho de no ser capaz de explicar o comprender por completo este misterio concerniente la naturaleza de Dios, no despierta en nosotros preocupación porque sabemos que las cosas secretas pertenecen a Dios y que se darán a conocer el día en que venga lo perfecto.

Entonces, ¿cómo responder a los unicitarios que están constantemente diciendo que nosotros, profesando la doctrina de la Trinidad, hemos cancelado la unicidad e indivisibilidad de Dios? Se debería decirles que es cierto que la doctrina de la Trinidad parece ser una doctrina que anula la unicidad e indivisibilidad de Dios, pero también es cierto que este es sólo aparente, porque las Escrituras hacen mención de varias maneras, especialmente en el Nuevo Testamento, acerca de tres personas divinas, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que forman un solo Dios, no tres títulos, o formas de ser, o manifestaciones de un sólo Dios, sino tres personas. Lo hemos visto, las Escrituras no nos permiten profesar la doctrina de los unicitarios, ya que carece de todo fundamento bíblico y conduce a decir cosas absurdas acerca de la Divinidad. La doctrina de la Trinidad, en cambio, está completamente confirmada por las Escrituras y no lleva a decir cosas absurdas sobre la Divinidad y ni siquiera subvierte la doctrina bíblica de la salvación.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

 

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