Dios confirma la doctrina de la “Trinidad” a través de una visión dada a un hermano que estaba asistiendo a una iglesia unitaria

fondos varios (97)

Queridos hermanos y hermanas en el Señor, quiero contar esta visión nocturna que el Señor me ha dado. Paz a todos ustedes, mi nombre es Antonio (o Tony como algunos me llaman).

Desde casi 15 años, mi esposa Rosalía y yo somos salvos por la gracia que es en Cristo Jesús.

Todo comenzó alrededor de un año después de nuestra conversión.

En el primer año de fe no nos dimos cuenta de la realidad que nos rodeaba, pero luego, yo y mi cuñado, ahora con el Señor, comenzamos a notar que había un montón de lucha y amargura entre nosotros que éramos Unicitarios y los así llamados Trinitarios. Nos dimos cuenta de que ellos, es decir, los Trinitarios, hablaban del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero nuestros conductores nombraban sólo el nombre de Jesús, porque decían que Jesús es tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo, es decir las tres manifestaciones de Dios. Pero los que son guiados y iluminados por Dios en las Escrituras saben que las cosas no están así.

Esta situación nos intrigó tanto que empezamos a hacer una investigación personal y todo lo que vimos estaba confirmado por la Biblia. Se podía ver con toda claridad que la Biblia habla de la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, un sólo Dios bendecido por los siglos de los siglos. Entonces empezamos a entender que nuestros conductores no manejaban la Palabra de Dios con razón. Nada menos, cuando ellos leían los versículos de la Biblia, algunos de los versículos los cortaban, es decir no terminaban todo el versículo. Déjenme darles un ejemplo: cuando se leían en Filipenses capítulo 2 versículo 11, donde dice: “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”, no leían la última parte – para la gloria de Dios Padre -, porque les molestaba, y cuando alguien confesaba o decía en su sencillez que Jesús es el Hijo de Dios, hacían cultos para inculcar a los creyentes que no había ninguna necesidad de agregar las palabras ‘Hijo de Dios’, porque decían que Jesús era el Hijo sólo en los días de su carne, y que en realidad no fue el Hijo de Dios que se hizo carne, sino el Padre.

Esta forma de hacer por su parte nos llevó a una búsqueda continua, hasta que una noche el Señor se reveló en sueño.

Estábamos yo y otros dos hermanos, uno de ellos era mi cuñado, y evangelizábamos en las calles; Recuerdo que mientras ellos se fueron para hablar del Señor, yo me quedé mirando el cielo. Era de un maravilloso azul muy claro, y aunque mis ojos miraban hacia el cielo, vi que se formó como un agujero rodeado de una nube blanca muy suave, y cuanto más miraba más aquel círculo se ampliaba; era una cosa maravillosa. A medida que continuaba a mirar a ese círculo que se abría, vi salir de eso dos grandes manos, que yo nunca había visto nada igual, acompañadas por un torbellino de luz deslumbrante. Mientras estaba aún fijos en la contemplación de esta maravilla, vi salir de ese círculo un trozo de tela a modo de bandera , todo bordado con oro, que ondeaba, y en eso trozo apareció la palabra TRES escrita en carácteres grandes y dorados. Al ver tal vista me gocé mucho, y en la visión misma comencé a bailar y alabar a Dios con todo mi corazón, repetía continuamente: ¡hay tres, tres, tres!

Cuando me desperté mi corazón estaba lleno de alegría y confirmado en esta verdad.

A partir de ese día han empezado las peleas. Yo conté el sueño a mi cuñado y nos regocijamos juntos, y así fue el comienzo de nuestra persecución. En nuestra comunidad local habían dos ancianos, luego uno se fue, y ambos empezaron a mirarnos mal, ponían las almas en guardia y en contra de nosotros y muchos se alejaron. Uno de ellos una vez nos reprendió en el nombre de Jesús, como si estuviésemos poseídos, delante de todos los miembros de la comunidad; gritó en voz alta diciendo: “Lleven afuera esta falsa doctrina”, expulsándonos de la comunidad, sin importarle del escándalo que habría podido traer sobre las nuevas almas que se encontraban en la comunidad tomándonos como si fuésemos poseídos, mentirosos y herejes, nos llevaron delante del comité de ancianos varias veces y varias veces nos advierteron que no debíamos predicar esta doctrina. Otros pastores nos pusieron apodos para burlarse de nosotros, mi cuñado lo llamaban Elías y a mi me llamaban Moisés sólo porque confesábamos que Jesús es el Hijo del Dios vivo. Nada menos hay pastores, no digo todos, que cuando se les dice que Jesús es el Hijo de Dios vivo, comienzan a transformarse, se enojan por dentro, cambian de apariencia física, su rostro se vuelve agresivo a la vista, buscan de resistir a la explosión, bastaría un alfiler para hacerlos explotar, pero se reservan toda la explosión cuando predican la palabra, gritando desde los púlpitos que aquellos que creen en la Trinidad son del diablo y no son salvos¡

Habría tantas cosas que contar, pero quiero pararme aquí.

Quiero añadir una cosa más queridos en la gracia, que es tal vez fuera de contexto, pero que les quiero decir lo mismo. Al escuchar los sermones, examínenlos a la luz de la Palabra de Dios y no se fijen en la apariencia de algunos pastores o predicadores: muchos se visten de ovejas y les lsonjean con su falsa humildad, y ustedes piensan que aquel pastor sea humilde, mientras si se trata de un pastor que tiene una apariencia dura, de inmediato piensan que carece de humildad.

Tengan discernimiento, como está escrito en 1 Juan 4:1 “no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios”. Porque no todos los que parecen humilde son humildes, y no todos los que en apariencia son duros faltan de humildad. Un padre que ama, amonesta a los niños y demostra autoridad y dureza, para que el niño se ponga de nuevo en el camino correcto, este es el que ama. Pero el padre, que parece amar a su hijo y después le da toda la libertad que desea, no lo ama realmente, ya que deja que el hijo se abandone al mundo con todos sus deseos. Así son los pastores, quien ama las ovejas les proclama todo el consejo de Dios, sin olvidar nada: les habla de la santificación, el arrepentimiento, el fuego eterno del juicio, tratando de arrebatar las almas del mundo y de la trampa del diablo con todo tipo de miedo, como dice Judas 23.

Por lo contrario, quien ama la apariencia siempre dice las mismas cosas, es decir, que Dios es bueno, Dios te ama, y te hace sentir de continuo palabras melosas, tantas promesas hermosas y atractivas que las almas que lo escuchan parecen como paralizadas en la mente y en el espíritu. Él nunca dice una palabra de arrepentimiento y deja que las almas caminen y se vistan como quieren, y luego viene a decirte que Dios mira el corazón, pero esto es una verdad a medias, porque el Señor dijo que el árbol se conoce por sus frutos, por lo tanto, si caminas y te vistes como deseas o haces lo que tu corazón te dice, el hermano espiritual que te ve entenderá en cual condición espiritual eres, es decir, si amas la Palabra de Dios y entonces te sometes a ella con temor o si la pisoteas. Esto es porque lo que está en tu interior se revelará, por lo tanto, antes de decir que Dios mira el corazón, medita cuidadosamente lo que la Palabra de Dios dice en Hebreos 4:12,13.

Que el Señor les bendiga y les restaure la paz.

Tony Quartararo, salvo por gracia en Cristo Jesús

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

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