La parábola del sembrador. ¿Qué tipo de tierra eres?

camino

Introducción

Esta parábola fue primero dicha y luego explicada por el mismo Jesús; esta parábola es tanto importante como es fácil de entender.

El Apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios (2 Corintios 13:5) hace esta exhortación: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos”.

Los creyentes son llamados constantemente a examinarse para ver si todavía están en la fe, y esta parábola está entre los pasos que sirven para este propósito, no deben ignorarla, al contrario deben meditarla con cuidado.

El Señor, en esta parábola, mostró que hay cuatro categorías de personas: la primera son los incrédulos y tales éramos todos nosotros antes de que el Señor nos purificase con su sangre, por medio de la fe; la segunda son los que creen, pero luego se apartan cuando su fe es puesta a prueba; la tercera son los que siguen asistiendo a la comunidad y los hermanos, pero dentro de ellos la Palabra de Dios es suprimida; la cuarta es la que representa a los fieles que perseveran en la fe según la Palabra de Dios con un corazón dado completamente al Señor.

 

La parábola del sembrador dicha y explicada por Jesús

[Lucas 8:4-8] Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.

[…]

[Lucas 8:11-15] Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia

[Véase también: Mateo 13:1-23 y Marcos 4:1-20]

 

La Palabra junto al camino: Los incrédulos

Cuando se predica el Evangelio a una persona incrédula, el diablo intenta por todos los medios para evitar que esa persona crea, porque sabe que si la Palabra de Dios penetra en su corazón, ella cree, y el Señor la salva librandola del reino de las tinieblas, para participar de la herencia de los santos en luz.

Hay varias maneras en que el maligno se opone para que el incrédulo no entienda la Palabra de Dios y sea salvado. Un ejemplo que confirma el hecho de que el diablo se opone de manera que las almas no se conviertan a Dios se encuentra en el pasaje de Hechos 13:8-10: “Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?”

A menudo los creyentes están llamados a responder con respecto a su fe y para proclamar el Evangelio; es útil saber, por tanto, que contra el pueblo de Dios actúan las fuerzas del mal para garantizar que las personas que oyen la Palabra no crean. Los creyentes deben oponerse a esta acción del maligno perseverando en la oración, pidiendo a Dios continuamente, entre otras cosas, para que salve a las personas que han sido evangelizadas y que las preserve del maligno.

Hermanos, no debemos ignorar las maquinaciones del diablo.

 

La Palabra sobre la piedra: Los creyentes que se apartan

En algunos casos los incrédulos reciben y aceptan la Palabra apenas se les anuncia. Pero, cuando su fe es puesta a prueba con la persecución y la tribulación, ya que no son fortalecidos en su fe, ellos retroceden.

Es importante aceptar la Palabra de Dios, pero es igualmente importante crecer y fortalecerse en la fe, para no apartarse. La fe se fortalece por la perseverancia en la oración sin cesar, la meditación de la Palabra de Dios, deseando continuamente la presencia de Dios. Si un creyente no ora, no medita la Palabra de Dios, él no se fortalece espiritualmente, no aprende a discernir las cosas del espíritu, y entonces no está listo para afrontar las pruebas de su fe que seguramente vendrán, y con el tiempo, sin duda, se apartará de la fe.

Leamos lo que la Palabra dice en Santiago 1:2-3, 12: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. … Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”.

Mi petición a Dios por aquellos que han creído desde hace un breve periodo de tiempo es que el Señor les fortalezca en la fe, en la esperanza, y que les haga abundar en la caridad.

 

 

La Palabra entre espinos: Los creyentes ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida

Las espinas que ahogan la Palabra de Dios son:

– los afanes mundanos o preocupaciones de esta vida (Mateo 6:25 – Lucas 21:34) pueden ser las glotonerías, fiestas, borracheras, los llamados placeres y diversiones de la vida en general, aunque se consideren inofensivos; el trabajo, aunque sea necesario, a veces puede ahogar la Palabra de Dios si se le dedica mucho tiempo, o incluso si se trabaja en momentos inoportunos (Lucas 10:38-42), también para tener éxito en el lugar de trabajo; el tiempo dedicado a ver la televisión, el teatro, el cine, la lectura de libros mundanos, estas cosas no tienen utilidad para la fe; cualquier otra actividad mundana que no edifica al creyente sino lo empobrece espiritualmente;

– el engaño de las riquezas, sí, porque hay creyentes, nada menos que enteros movimientos de creyentes, que tienden a ser ricos pero no en la fe, sino de vil dinero; que predican un mensaje particular que se llama de la “prosperidad”; a todos aquellos que deseen llegar a ser ricos económicamente, el apóstol Pablo dice en su primera carta a Timoteo capítulo 6 versículo 9: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición. … “ Jesús y los Apóstoles eran pobres en dinero, pero ricos en fe y en el Espíritu Santo;

– las codicias de otras cosas, es decir todos esos intensos deseos dirigidos hacia personas o cosas, tanto por motivaciones puras como impuras; los deseos de la carne.

Estas y otras cosas, penetrando en los corazones de los creyentes hacen infructuosa la Palabra de Dios.

Además, en otro pasaje de la Palabra de Dios los creyentes que son parte de esta tipología se comparan a los árboles que no llevan fruto y inutilizan también la tierra.

 

La Palabra en buena tierra: los creyentes que escuchan la Palabra y la ponen en práctica

Éstos son los creyentes que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.

Son los que aman al Señor Dios con todo su corazón; que tienen un corazón lleno de fe; que hacen lo todo con alegría y sencillez de corazón; obedecen con el corazón a los mandamientos del Señor; tienen los ojos de sus corazones bien iluminados y conocen la esperanza a la que Dios los ha llamado; cantan a Dios de corazón, aman a los hermanos de corazón, con un amor intenso y no falso.

En Romanos 7:4 está escrito: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”

Nosotros, que pertenecemos a Cristo, estamos llamados a llevar fruto; pero, ¿qué se debe entender por “fruto”? La Palabra de Dios nos enseña también que significa llevar fruto; El apóstol Pablo dice a los Romanos: (Romanos 6:22) “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis POR VUESTRO FRUTO LA SANTIFICACIÓN, y como fin, la vida eterna.”

A los Efesios escribe: (Efesios 5:8-10) “andad como hijos de luz (porque el FRUTO DEL ESPÍRITU ES EN TODA BONDAD, JUSTICIA Y VERDAD), comprobando lo que es agradable al Señor.”

En Colosenses 1:10 está escrito: “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, LLEVANDO FRUTO EN TODA BUENA OBRA, y creciendo en el conocimiento de Dios;”

Aún en Tito 3:14: “Y aprendan también los nuestros a OCUPARSE EN BUENAS OBRAS PARA LOS CASOS DE NECESIDAD, PARA QUE NO SEAN SIN FRUTO.”

Y de nuevo en Filipenses 4:16,17 está escrito: “pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, SINO QUE BUSCO FRUTO QUE ABUNDE EN VUESTRA CUENTA.”

La Palabra de Dios nos muestra que por fruto se entiende la santificación y las buenas obras, entonces nosotros los creyentes tenemos la obligación de santificarnos y hacer buenas obras, con un corazón alegre y con perseverancia, sin cansarse.

Gracias sean dadas a Dios que siempre termina su obra.

 

Conclusiones

Los ancianos de la comunidad, entre otros, tienen el deber de: evangelizar a los incrédulos, fortalecer a los que han creído que son todavía débiles y prepararlos para hacer frente a las persecuciones y tribulaciones que seguramente vendrán; edificar a la Iglesia de Cristo, a fin de llegar todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, para que todos sean perfectos en Cristo, creciendo en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.

Por desgracia, hoy en día he visto que esto se hace por unos pocos Ancianos; Digo esto para avergonzar a los que llevan el título de Anciano, pero no llevan a cabo su deber.

Además, les ruego, hermanos sencillos, para que se fortalezcan en la fe por medio del estudio de la Palabra de Dios, perseverando al mismo tiempo en la oración sin cansarse, siempre recordandose de los que les amonestan, les exhortan y les amaestran en la Palabra.

Éstas son sólo algunas de las cosas sobre las que meditar por medio de esta parábola.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s