Una advertencia para nosotros

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Josué y Caleb vieron también ellos los gigantes en la tierra de Canaán, cuando fueron a explorarla junto con otros diez hombres israelitas, pero no fueron capturados por el miedo y no dudaron de la promesa de Dios ya que creyeron y dijeron que con Dios habrían tomado posesión de la tierra. Los otros diez exploradores en vez dijeron: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:31-33). ¿Saben lo que le pasó a los diez hombres? La Escritura lo dice en estas palabras: “Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país, aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová” (Números 14:36-37). Josué y Caleb en cambio se quedaron con vida, como está escrito: “Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra” (Números 14:38).
El juicio de Dios en contra de los diez hombres que no tenían fe en Dios es una advertencia para nosotros, para que no sigamos su ejemplo de desobediencia. Por lo tanto como dice el escritor a los Hebreos: “Mirad, hermanos, que no estén en ninguno de vosotros un corazón incrédulo el mal, que le conduce a caer lejos de los vivos, antes exhortaos los unos a otros cada día, siempre y cuando sea posible decir: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” (Hebreos 3:12-15).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

 

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