El velo: un mandamiento con una aplicación permanente y universal

mujer-con-veloHoy en día, muchos pastores dicen que lo del velo, dado por el apóstol Pablo, era apenas un consejo con una aplicación local y temporal.

Así que veamos lo que Pablo dice a los Corintios para ver si las cosas son como dicen. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Corintios 11:3-16). Como se puede ver, la primera cosa que emerge de forma clara mediante la lectura de las palabras de Pablo acerca del velo es que no son un consejo. Pablo dice: “la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”. La palabra “Debe” no sugiere en absoluto la idea de un consejo. Pablo da un consejo cuando él siempre dice a los Corintios: “Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis” (2 Corintios 8:10-11), pero ciertamente no cuando habla del velo.

La segunda cosa que emerge de forma clara es que sus palabras sobre el velo no tenían una aplicación local y temporal. De hecho, leemos en las palabras de Pablo que la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, es decir, el velo, “por causa de los ángeles”. Ahora, una sencilla pregunta: ¿Los ángeles de Dios miraban sólo los santos en Corinto, o miraban también los de Éfeso, o los de Tesalónica, y de todos los demás lugares de la época? Creemos que la respuesta es que los ángeles estaban viendo a todos los santos dondequiera que estuvieran. Así que las hermanas tenían que ponerse el velo cuando oraban o profetizaban, incluso en Éfeso, Tesalónica, y en todos los demás lugares, porque también en otros lugares tenían que mostrar a los ángeles señal de autoridad sobre su cabeza. Y que esto es así se confirma por el hecho de que Pablo dice acerca del velo que las iglesias de Dios (no sólo la de Corinto) no tenían la costumbre de hacer orar a la mujer con la cabeza descubierta. Pero hay otra pregunta que queremos hacer: ¿Los ángeles de Dios con la muerte de Pablo y de los demás apóstoles, se detuvieron de mirar las iglesias de Dios? La respuesta es no, entonces la mujer todavía debe cubrirse la cabeza por causa de los ángeles cuando ora o profetiza (dentro o fuera del lugar de culto). ¿Y si no lo hace? La Escritura dice que “afrenta su cabeza”, que es el hombre porque Pablo dice que la cabeza de la mujer es el hombre. Para confirmar que el el mandamiento del velo para la mujer cuando ora o profetiza no es en absoluto una evidente aplicación local y temporal, quiero señalar otro mandamiento dado por Pablo siempre en el mismo contexto en el que habla del velo de la mujer. Es el mandamiento dado al hombre para que no se cubra la cabeza, como está escrito: “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios”, cuya transgresión afrenta siempre a alguien; en este caso, sin embargo, afrenta Cristo Jesús, porque Pablo dice que “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza”, que es Cristo. ¿Por qué este mandamiento dado al hombre confirma que la orden del velo para las mujeres no puede ser sólo por ese lugar y ese tiempo? Porque hoy en día, todavía, hombres que han creído, cuando oran, si tienen la cabeza cubierta por un sombrero, sienten la necesidad de descubrirse la cabeza, y si por lo contrario tienen la cabeza descubierta no sienten la necesidad de cubrirse. ¿Por qué esto? Porque se sienten dentro de ellos que si se ponen a orar con la cabeza cubierta afrentarían al Señor, hecho esto que confirma plenamente lo que dice Pablo a los Corintios. Y en caso de que orasen o profetizasen con la cabeza cubierta, por cierto la conciencia les reprendería de inmediato. Quiero contarles acerca de lo que me pasó una vez. Durante el servicio militar (hice mi servicio militar cuando todavía era un niño en Cristo y no entendía que nosotros creyentes por obediencia al Evangelio, no debemos aprender la guerra) llevaba muy a menudo en los cuarteles militares un sombrero que me habían dado; sombrero que siempre me quitaba para orar antes de almuerzar. En una ocasión, sin embargo, tal vez porque era de prisa o porque estaba perdido en mis pensamientos, se me olvidó quitarlo y me puse a orar lo mismo. Pero después de haber orado, cuando me di cuenta que no me había quitado el sombrero como siempre lo hacía, sentí que mi conciencia me acusaba porque sabía que en base a las palabras de la Escritura había afrentado Cristo. Así que confesé mi pecado al Señor proponiéndome a no volver a caer en el mismo error. Si, pues, nosotros que somos hombres, orando o profetizando con la cabeza cubierta afrentamos Cristo, debemos abstenernos de orar o profetizar con la cabeza cubierta.

Les recuerdo que Cristo es digno de todo honor siendo el Señor de señores y Rey de reyes, el jefe supremo de la Iglesia, y por lo tanto no se debe afrentar. Tal vez un creyente considerará que en última instancia, afrentar a Cristo no es tan malo; Quiero recordarles que Jesús dijo a los Judíos: “El que no honra al Hijo, no honra al Padre…” (Juan 5:23). En otra ocasión, precisamente cuando los Judíos le insultaban, diciendo: “¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? ” (Juan 8:48) Jesús les dijo: “Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis” (Juan 8:49). Eso “me deshonráis” dicho después del insulto indica que incluso los hombres que injurian a Cristo le deshonoran. Si, por lo tanto, Jesús reprendió a los Judíos por haberle afrentado, sin duda también reprenderá a sus discípulos si le afrentarán orando o profetizando con la cabeza cubierta. Si, por lo tanto, el mandamiento para el hombre de no orar o profetizar con la cabeza cubierta, sigue siendo válido, deberá estar vigente también lo para la mujer de orar o profetizar con la cabeza cubierta para no afrentar al hombre.

Hermanas, les ruego por tanto en el Señor para que se cubran sus cabezas cuando oran o profetizan. No sean contenciosas o hijas de Sión.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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