Pasar la canasta de ofrendas no es bíblico, por tanto, debe ser abolido

Photo of a Collection PlateEn casi todas las congregaciones, o poco después de comenzar el culto, o antes que se termine, se hace pasar el plato o la canasta de ofrendas. Esta forma de recoger las ofrendas de los santos no es confirmada por ningún pasaje de la Escritura, ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo, y por lo tanto, les insto a que no utilicen este método que se parece más a una mendicidad que a un recoger las ofrendas de los santos , y que hay que decir que ha escandalizado a un buen número de personas del mundo que se fueron al lugar de culto para escuchar la predicación del Evangelio. ‘¡Ellos también piden el dinero como los sacerdotes!’, dicen algunos; otros, en vez, dicen: ‘Sí, la entrada es libre sólo de palabras, porque después te ponen la canasta de las ofrendas delante de manera que se les pague’. Pero veamos ahora cuál es la manera correcta de recoger las ofrendas de las manos de los creyentes, de acuerdo con la Escritura.

Cuando Dios ordenó a los israelitas que le construyeran un santuario, dijo a Moisés: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo 25:1-8). Después de recibir esta orden Moisés lo comunicó al pueblo, de hecho está escrito que le dijo: “Esto es lo que Jehová ha mandado: Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová….” (Éxodo 35:4-5). Y el pueblo lo hizo, de hecho poco después está escrito: “Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras… De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová” (Éxodo 35:20,21;29). Y se tenga en cuenta que el pueblo ofreció mucho más de lo que necesitaba tanto que Moisés tuvo que ordenar que no ofrecieran más, como está escrito: “Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba” (Éxodo 36:6,7).

Cuando el rey Ezequías restableció las órdenes de los sacerdotes y levitas en sus funciones, “mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley de Jehová. Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas. También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones ” (2 Crónicas 31:4-6). Mencioné este hecho, no para apoyar el pago del diezmo bajo la gracia, que no es obligatorio, sino para explicar lo que es la manera correcta de recoger las ofrendas de los fieles.

En Jerusalén está escrito que todos “los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles…” (Hechos 4:34-35).

Cuando Pablo ordenó la colecta para los pobres de entre los santos, dijo a los Corintios: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:2). Con respecto a estas últimas palabras a los Corintios, que se toman en apoyo del pasar la canasta de ofrendas en el lugar de culto, tengan en cuenta que la ofrenda tenía que ser guardada en su propia casa por los santos antes de ser recogida por los apóstoles, y no debía ser puesta en una canasta que pasaba en el lugar de culto.

Como se puede bien ver, en ninguno de estos casos está escrito que se hacía pasar un plato o una canasta o algún otro recipiente entre las personas que eran llamadas a dar para la obra de Dios.

Y si todas estas Escrituras no fueran suficientes para entender que es malo pasar la canasta de ofrendas entre los santos o entre las personas del mundo después de que se ha predicado el Evangelio, les recuerdo, hermanos, la manera de actuar de Jesús, nuestro Señor. Él iba de pueblo en pueblo y de aldea en aldea predicando el Evangelio del reino de Dios, enseñando y echando fuera demonios y sanando las enfermedades, pero nunca pidió dinero antes o después de haber predicado haciendo pasar a sus discípulos con una canasta o un plato entre las miles de personas que se le acercaban para escuchar la palabra de Dios. ¿Tal vez que las personas no dieron ofrendas para apoyarlo? Por supuesto que le dieron ofrendas, hasta el punto de que muchas mujeres le ayudaban con sus bienes, y entre sus discípulos Judas tenía la bolsa (Véase Juan 12:6) donde se colocaban las ofrendas voluntarias de sus discípulos. Y el mismo comportamiento lo tuvieron también sus apóstoles porque ellos también después de haber predicado no hacían pasar la canasta de ofrendas entre los oyentes, creyentes o incrédulos que fuesen. Lean detenidamente el libro de los Hechos de los Apóstoles y todas las epístolas y ustedes no encontrarán ni un solo pasaje que habla a favor del pasar la canasta de ofrendas en el lugar de culto o en relación con las campañas de evangelismo. Quien tiene oídos para oír, oiga.

Pero ¿Por qué el pasar la canasta de ofrendas no es una forma adecuada para recoger ofrendas en el lugar de culto (que también puede ser la casa de un hermano)?

 

  • Porque algunos se sienten obligados a dar, y de acuerdo a las Escrituras el creyente no debe dar por fuerza, sino de manera voluntaria con un corazón alegre, según que Pablo dice: “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7) y no es correcto forzar a nadie porque entonces la oferta no se haría de buena gana, sino con tristeza, y si hay algo molesto y repugnante ver en medio de la hermandad son aquellos creyentes mezquinos dando sólo para ser vistos por otras personas que dan voluntariamente (y por lo tanto de mala gana), pero todo esto es sólo un acto de hipocresía y nada más. Que se lo tengan su dinero en sus bolsillos, para que no puedan ser oídos a quejarse fuera del lugar de culto como si se fuesen privados de algo para apoyar la obra de un hombre o una obra inútil, y no la obra de Dios útil a los hombres.

 

  • Porque al pasar la canasta no se puede poner a prueba el amor de los creyentes para ver si realmente se preocupan por la obra de Dios, porque siempre se puede pensar que algunos hacen las ofrendas sólo porque no quieren ser vistos que no las hacen.

 

  • Porque se asemeja a una forma de mendicidad; similares a las de aquellos que en el metro se ponen para tocar una flauta o un violín o un acordeón que después de haber tocado durante unos minutos su pieza musical, pasan con un recipiente para recoger limosnas.

 

  • Porque es como si el pastor dijese después de la predicación: ‘¿Te he predicado? Ahora, pagame’. En otras palabras, la predicación es más como una puesta en venta, que un servicio ofrecido desinteresadamente a los hombres.

 

  • Debido a que pueden haberse incrédulos en medio de los santos que se quedarían escandalizados al ver aquella canasta circular y pasar por delante de ellos: como ya ha ocurrido.

 

Pero entonces ¿cuál es la manera correcta de recoger las ofrendas de los santos? Esta: que se ponga a una esquina del lugar de culto una caja de ofrendas, y se diga a los creyentes que los que están dispuestos a dar una ofrenda para la obra de Dios tienen que ponerla en esa caja. Alguien podría decir: ¡Pero si hacemos de esta manera tantos hermanos se olvidarán de dar! Creo que no, porque el Espíritu Santo les recordará el precepto de Jesús que dice que dar. De hecho, ¿Jesús no ha tal vez dicho que Él “os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26)? ¿Qué piensan? ¿Que el Espíritu Santo recuerde sólo de ir al lugar de culto, pero no de dar para la obra de Dios?

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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