Jesucristo nació pobre y vivió pobre

water-fall-Este breve tratado sobre Jesucristo, el Hijo de Dios, que en los días de su carne hizo la voluntad de Dios y entonces es un ejemplo de obediencia, tiene la finalidad de tapar la boca de todos esos charlatanes, rebeldes y engañadores que enseñan que Dios quiere que seamos ricos materialmente, y quien es materialmente rico tiene mucha fe en Dios y es una persona bendecida, ya que hace la voluntad de Dios, mientras que quien es pobre tiene poca fe en Dios y no es una persona bendecida por Dios porque no hace la voluntad de Dios.

Vamos a empezar diciendo que Cristo, el Hijo de Dios, cuando nació fue puesto en un pesebre, como está escrito que María “dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). El pesebre es un lugar humilde, y precisamente en un pesebre el Rey de los Judíos fue puesto cuando nació; Dios habría podido hecer que se hubiese habido lugar en el mesón para José y Maria, pero no lo permitió, no obstante el niño que María dio a luz era el Hijo del Altísimo. Después José con María y el niño se mudaron a una casa, ya que fue en una casa que los unos magos de Oriente encontraron al niño, y lo adoraron, como está escrito: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11); también en este caso hay que decir que la Escritura no habla de un palacio, sino que simplemente dice: “En la casa”. En cuanto a los regalos que los magos ofrecieron a Jesús hay que decir que no fueron guardados por Jesús como su tesoro personal en la tierra, porque Él mismo dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6:19), y lo digo porque hay gente perversa que hace insinuaciones sobre el fin que estos regalos han hecho más tarde. Nosotros sus insinuaciones las destruimos porque sabemos que Jesús nació sin pecado y vivió de manera irreprochable durante todos los días de su carne (incluso durante los años de su infancia y adolescencia).

Jesús, el Hijo de Dios, nació según la carne, no sólo en un lugar humilde, sino también por gente humilde, de hecho, su Padre le había hecho nacer según la carne en una familia pobre y no en una rica familia de la casa de David de aquel tiempo (y Dios lo habría podido hacer, pero no lo hizo porque no estaba de acuerdo con su voluntad). De acuerdo con la ley de Moisés, la mujer, después de haber dado a luz un hijo (cuando los días de su purificación se llevaban a cabo) tenía que ofrecer un holocausto y sacrificio por el pecado, como está escrito: “Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre… Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia” (Levítico 12:6-8). Lucas, a este respecto, dice: “Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos” (Lucas 2:22-24); por estas palabras se puede deducir claramente que José y María eran pobres.

Jesús mismo vivió pobre en este mundo, porque está escrito: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9); y de hecho ni siquiera tenía un lugar para recostar su cabeza, como Él dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:58). Pero ¿de qué tipo de casas de lujo era propietario Jesús en la tierra? El Rey de los Judíos, cuando vivió en la tierra, no vivió en un palacio real, no llevaba vestiduras preciosas y tampoco vivió en los deleites como hacen los reyes de la tierra; Él dijo que “los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están” (Lucas 7:25), pero él no era uno de ellos; sin embargo, Él era el rey de Israel. Podía permitirse el lujo de vivir como un rey, pero lo renunció; prefirió despojarse a sí mismo y tomar la forma de un siervo para servir.

El rey de Israel, en los días de su carne, no se vistió de púrpura y ni siquiera se puso una corona de oro sobre su cabeza; su ropa modesta consistía en vestidos y en una túnica “la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo” (Juan 19:23). Fueron los que lo vistieron de púrpura que se burlaron de Él, como está escrito: “Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. Y le vistieron de púrpura.. ” (Marcos 15:16,17); fueron siempre los soldados que le pusieron una corona en la cabeza…pero de espinas, como está escrito: “Y poniéndole una corona tejida de espinas..” (Marcos 15:17).

Él era el Rey de los Judíos, pero después de que Él había dado de comer a miles de personas con sólo cinco panes y dos peces, cuando supo que iban a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey “volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6:15). Él no buscó la gloria de los hombres, sino la del Padre que le envió. Si Él hubiera buscado la gloria de los hombres, cuando supo que la gente iba a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey no se habría retirado al monte solo.

Cuando Jesús entró en Jerusalén no llegó montado sobre un caballo blanco o llevado por sus discípulos en una camilla real como lo hicieron los reyes de la antigüedad, pero montado sobre un pollino de asna, como está escrito: “Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna” (Juan 12:14,15; Zacarías 9:9). Jesús era humilde de corazón, pero esto no se limitó al decirlo con la boca, sino que también lo demostró a través de los hechos; Él nunca puso la mira en las cosas altivas, sino en las humildes. Lo repito: Vivió pobre; sí hermanos, así es, de hecho Él tampoco tenía el estatero con qué se pagaba el impuesto anual que cada israelita, de veinte años de edad, tenía que pagar por el mantenimiento del culto, de hecho dijo a Pedro: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27).

Jesús era pobre, pero habría podido convertirse en un hombre muy rico si hubiese empezado a pedir compensaciones por sus enseñanzas y por sus sanaciones, pero Él no tomó la piedad como fuente de ganancia, como en cambio lo hacen hoy en día muchos predicadores corruptos y descarriados; Jesucristo ejerció “la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6), dejándonos un ejemplo a seguir.

Ahora, los predicadores de la prosperidad económica se atreven a decir que los que son pobres en la tierra no tienen una gran fe en Dios, sino muy poca. Pero, ¿qué diremos? ¿Que Jesucristo, siendo pobre no tenía una gran fe en Dios? ¿O tal vez que Jesús era un hombre de poca fe, porque no era propietario de nada en la tierra? En ninguna manera. Jesucristo tuvo una gran fe en Dios y lo demostró haciendo muchas señales y prodigios y milagros en el nombre de su Padre, tanto no pidiendo ofrendas para sí, como dando su vida por nosotros. El Justo tuvo realmente fe en Dios, mientras que estos charlatanes y rebeldes muestran su incredulidad porque piden dinero como mendigos; algunos de ellos también lloran al pedirlo, otros maldicen a aquellos que no les dan nada o les dan poco; estos son comerciantes que venden sus predicaciones; cada uno de ellos establece su propia tarifa (que aumenta a medida que se hace más famoso). Pero ¿dónde está toda esta gran fe que dicen que tienen en Dios, estos que viven en delicias en los placeres de la vida, en medio del lujo desenfrenado? Ellos dicen que tienen fe en Dios, y en realidad tienen fe, y mucha, en sus caminos tortuosos y en sus riquezas que han acumulado oprimiendo a los creyentes con los pasajes de las Escrituras que se relacionan con el dar. Han robado las ovejas del Señor, rasgandoles el dinero de las manos con los más variados pretextos; han acumulado riquezas en grandes cantidades por el fraude y luego se atreven a decir: ‘¿Ya ven cómo Dios me ha bendecido? ¿Ustedes lo ven? El Señor honra a los que le honran’, y otras palabras bonitas, pero falsas. Y los ingenuos les creen, pero nadie o casi nadie sabe cuántos de sus oyentes, estos predicadores, han robado y despojado de sus bienes.

Estos predicadores hablan de sus bienes como si Dios se les hubiese dados por su conducta recta y justa; dicen que son como Abraham, pero no lo son, porque son como Balaam; Abraham sí, fue llamado amigo de Dios, pero estos no son amigos de Dios sino enemigos de Dios porque son amigos del mundo (como está escrito: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” [Santiago 4:4]).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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