Temer a Dios

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“Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed” (Lucas 12:4-5)

Estas palabras de Jesús nos hacen darnos cuenta claramente que nuestros enemigos pueden actuar en contra de nosotros hasta cierto punto, es decir, pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el alma, que es inmortal entonces, de hecho en Mateo Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). No sólo eso, ni siquiera pueden lanzar nuestra alma en el fuego del infierno que es el lugar de tormento que recibe las almas de los perdidos después de su muerte. Nuestra alma está en las manos de Dios porque es salvada por la sangre de Cristo, y luego cuando saldrá de nuestro cuerpo se irá al cielo. Como también ellos no podrán tomar posesión de nuestro cuerpo inmortal que obtendremos a la resurrección de los muertos, y tirarlo en el lago que arde con fuego y azufre, que es el lugar de tormento donde los malvados serán echados una vez resucitados y juzgados. Saber esto nos anima mucho.

Hubo un tiempo aquí en Europa cuando arreció contra los creyentes una persecución a la muerte, y muchos de ellos fueron condenados a muerte por el fuego, es decir, quemados vivos. Y algunos de ellos antes de ser quemados en la hoguera dijeron a sus perseguidores que preferían ser quemados y consumidos por el fuego, pero ir con el Señor en el cielo, en lugar de negar su Salvador, escapar de aquel fuego terrenal, pero no escapar del fuego del infierno. Creían de tener un alma inmortal y que era mejor perder el cuerpo en lugar de su propia alma. Que este sea nuestro sentimiento, hermanos y hermanas, lo que nos espera después de la muerte es la gloria celestial, un lugar maravilloso donde reinan la paz y la alegría. Aunque nuestros enemigos nos tomasen y condenasen a muerte por la causa del Evangelio, retengamos firme hasta el final nuestra profesión de fe. Nosotros sabemos que nuestra alma seguirá viviendo en el Paraíso donde podremos descansar de nuestros trabajos en espera de la resurrección cuando obtendremos un cuerpo glorioso, inmortal e incorruptible.

Pero si es cierto que no tenemos que temer a los hombres, también es cierto que hay que temer a Dios que no sólo puede matar el cuerpo, sino también puede lanzar el alma en el infierno, y en ese día tirar el cuerpo y el alma (que serán reunidos a través de la resurrección) en el fuego eterno.

El temor de Dios es el principio de la sabiduría, bienaventurados los que perseveran en el temor de Dios hasta el final.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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