Consolados para consolar

caminho__meio[1][1]El apóstol Pablo dice a los Corintios: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4).

Dios, pues, hermanos, nos consuela en todas nuestras tribulaciones; no importa cual tipo de tribulación, Él nos consuela, por supuesto, de la manera que Él quiere. Es por lo tanto un error pensar que mientras nosotros sufrimos, Dios no hace nada para ayudarnos, que está lejos de nosotros y desinteresado a nuestra causa. Yo que escribo he vivido la veracidad y fidelidad de esta declaración de Pablo; cada vez que me sentí triste, Dios en su misericordia me ha consolado. A veces lo ha hecho con un versículo de las Escrituras que Él me recordó por el Espíritu de Dios; otras veces con un sueño divino o una visión – Jesús durante su agonía en Getsemaní, ¿no fue tal vez consolado por un ángel que se le apareció del cielo (Véase Lucas 22:43)? -, otras veces con la llegada de un hermano sincero y honesto (“… nos consoló con la venida de…” 2 Corintios 7:6), a veces incluso con palabras de aliento que me ha dirigido por algún creyente, otras veces a través de los servicios que puso en el corazón de algunos creyentes hacia mí, a veces haciendome llegar a los oídos buenas nuevas de lejanas tierras, y luego liberandome de la aflicción que estaba enfrentando y que me hacía sufrir mucho. En verdad nuestro Dios “consuela a los abatidos” (2 Corintios 7:6 ‘NVI’).

Pero en este punto es bueno señalar la razón por la que Dios nos consuela. Como dice el apóstol, de hecho, Él nos consuela para que podamos consolar a otros. Así que Dios nos imparte su consuelo para que consolemos, a través de ello, a los que están en cualquier tribulación. ¿Nunca han dicho a un hermano abatido: ‘Hermano, anímate, el Señor es fiel, he pasado el mismo problema que estás pasando y el Señor me ha contestado liberandome’? ¿Y al oír estas palabras el hermano se sintió aliviado? Por lo tanto, tanto las aflicciones como los consuelos que Dios nos envía, son para nuestro bien personal de los otros hermanos. Así que cuando, hermano, estás en un apuro que te hace sufrir mucho y te preguntas: ‘¿Pero por qué Dios permite esto?’ recuerda que Dios quiere usarte para consolar, por la consolación que te dará a su tiempo, a los que están en cualquier tribulación.

Recuerden que Dios no sólo es el Dios que nos aflige en su fidelidad, pero también Aquel que siempre en su fidelidad nos consuela; Él hiere, pero venda la herida.

Concluyo dirigiendoles estas palabras de Pablo y que las he hecho como si fueran mías: “Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos” (2 Corintios 1:6).

A Dios sea la gloria ahora y para siempre. Amén.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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