Los buenos administradores

flower_in_the_handDice el apóstol Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 4:10-11).

La gracia de Dios es multiforme y, de hecho, cada uno de nosotros, aunque es un miembro del Cuerpo de Cristo, recibió de Dios un don o una capacidad diferente. Como bien dice el apóstol Pablo a los santos en Roma: “…teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada…” (Romanos 12:6). Por lo tanto, el creyente no debe pensar que por el hecho de que no haya recibido el ministerio de apóstol, (tomo este ministerio como ejemplo), como lo recibieron Pablo, Pedro, Juan, y otros, o tal vez el de profeta como lo recibió Agabo, no es un miembro del Cuerpo de Cristo, o tal vez un miembro de segunda categoría. Él no ha recibido ese don porque Dios decidió darle otro don, pero sigue siendo un miembro del Cuerpo de Cristo útil a todos los demás miembros del Cuerpo. Como en el cuerpo humano, aunque los miembros sean diferentes y tengan diferentes funciones, todos pertenecen a un solo cuerpo, y cada miembro desempeña una función útil para todo el cuerpo (y se tenga en cuenta que el cuerpo humano ha sido construido de esta manera por Dios), así también en el Cuerpo de Cristo, aunque cada uno tenga una función distinta en virtud del plan de Dios, todos son partes del mismo organismo vivo y, por lo tanto, cada uno es útil en alguna forma al otro.

Pero, como también hemos visto, Pedro dice a cada uno de nosotros para administrar sabiamente la multiforme gracia de Dios, él dice que lo hagamos como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios y, es decir, ministrando nuestro don a los otros; no al servicio de nuestro vientre, no al servicio de intereses personales, sino al servicio de los otros miembros del Cuerpo de Cristo. Y esto para que Dios sea glorificado por medio de Jesucristo. Y sí, porque lo que cada uno de nosotros debe siempre tener en cuenta es que todo lo que somos llamados a hacer, tenemos que hacerlo para la gloria de Dios, como está escrito: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Hermanos, tengan bien en cuenta que cada uno de nosotros algún día estará ante el tribunal de Dios para darle cuenta de la administración que hemos llevado a cabo con los bienes de nuestro Señor y Maestro. No importa cuál sea el don que se ha recibido de Dios o cuántos dones se hayan recibido, nadie va a escapar de este rendimiento de cuentas. Pablo dice a los Corintios que “se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2), procuremos, pues, fidelidad a Dios y en ese día sin duda se nos dirá: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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