Los que van a Jesús lo hacen porque el Padre los trae a Él

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Un día Jesús dijo a los Judíos que se negaban a creer en Él: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; Y NO QUERÉIS VENIR A MI PARA QUE TENGÁIS VIDA” (Juan 5:39-40). Como pueden ver, Jesús los reprendió por no querer ir a Él para que tuviesen vida. Ahora bien, si nos apoyásemos sólo en estas palabras de Jesús, deberíamos concluir que el hecho de que muchos no van a Jesús para tener vida depende de su voluntad y que Dios no tiene absolutamente nada en su decisión de no ir a Jesús. Pero Jesús dijo otras palabras a los Judíos, de las que se entiende que aquellos Judíos no querían ir a Él porque no podían ir a Él, ya que no les fue dado por Dios, de hecho Él dijo: “NINGUNO PUEDE VENIR A MÍ, SI EL PADRE QUE ME ENVIÓ NO LE TRAJERE; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44), y también: “Por eso os he dicho que NINGUNO PUEDE VENIR A MÍ, SI NO LE FUERE DADO DEL PADRE” (Juan 6:65). Aquí se explica porque aquellos Judíos no quisieron ir a Jesús: porque el Padre no les trajo a Jesús. Entonces ellos no quisieron ir a Jesús porque Dios no quiso traerlos a Jesús. Así pasa todavía hoy: los que no quieren ir a Jesús no lo quieren porque el Padre no quiere traerlos a Jesús; y esto confirma que no es la voluntad de Dios salvar individualmente a todos los habitantes de la tierra, como sostienen muchos en su ignorancia.

Si, pues, hermanos, hemos ido a Jesús, se lo debemos a Dios Padre que nos trajo a Jesús. Y saber esto nos impulsa a dar las gracias y glorificar al Dios Altísimo, porque así a Él le gustó. No tenemos nada de que gloriarnos, porque no dependió de nosotros, sino de Dios. ¿Qué dijo Pablo, de hecho, a los santos de Roma? “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Por lo tanto, no ha dependido de nosotros si hemos querido ir a Jesús, sino de Dios que ha producido en nosotros el querer ir a Jesús. Es por eso que decimos que nuestro ir a Jesús ha dependido de la voluntad de Dios y no de nuestra voluntad. Así que si Dios no hubiera querido traernos a Cristo, nunca habríamos sido capaces de ir a Jesús. Pero gracias a Dios por habérnos traído a Jesús según el puro afecto de Su voluntad.

¡Bienaventurados aquellos que el Padre trae a Jesús!

Por el maestro de la palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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