La pequeña enferma

Scarpe-biancheElla nació con los pies deformes y llevaba zapatos ortopédicos que la obligaban a caminar haciendo grandes movimientos desgarbados. Se encontró un día con su madre delante de una campaña evangelistica de donde se podía escuchar el sonido de cánticos alegres, cantados con entusiasmo por más de tres mil personas. Ellas entraron y escucharon un predicador llamando a la gente a la conversión. Explicó que Jesús era siempre el mismo hoy como ayer, y que Él quería continuar su ministerio de misericordia al lado de los enfermos. Luego el siervo de Dios anunció que iba a orar por los enfermos e imponer las manos sobre ellos, según la enseñanza de Jesús, para pedirle que los sanase. Muchos vinieron hacia adelante para la oración.

“Mamá, podríamos ir…” dijo Nancy.

“No mi amor, no es para ti, le respondió su madre”. Y, con los ojos llenos de lágrimas, salió con la pequeña enferma.

“Mamá, ¿no crees que Jesús me pueda sanar?”, Le preguntó Nancy a su madre en el camino.

“Sí, mi amor”.

“¿Entonces por qué me dijiste: no es para ti?”

La madre de Nancy, avergonzada y a la vez conmovida por tanta fe, le dijo “Nancy, ¿Quieres volver a la campaña mañana?”

“¡Oh! Sí, mamá. Pero entonces tenemos que pedirle al pastor que ore a Jesús para que me sane, ¿es cierto mamá?”

“Sí, mi amor”.

“Por lo tanto, hay que ir temprano para comprar unos zapatos como los de las otras niñas, para cuando seré sanada … ¡Vamos ahora, antes de que las tiendas cierren!”

Se fueron a la tienda y, después de haber hecho una señal al vendedor, la madre de Nancy pidió un par de zapatos que pudiesen quedar bien a la niña.

“Me gustarían esos zapatos blancos, dijo Nancy”.

Por la noche, se durmió apretando sus zapatos blancos a su corazón. Y al día siguiente, cuando el hombre de Dios, después haber recordado las promesas del Evangelio, invitó a los enfermos para acercarse a la oración, Nancy avanzó junto con su madre.

“¿Qué tienes en este paquete? Preguntó él a la niña”.

“Tengo dos zapatos bonitos que me pondré cuando Jesús me habrá sanado, le respondió”.

Conmovido hasta las lágrimas por una fe tan simple y tan confiada, el hombre puso sus manos sobre la cabeza de la niña e hizo esta breve oración: “Señor Jesús, oye la verdadera fe de este niña” La niña se sentó y se desató los zapatos ortopédicos. Sus pies siempre estaban torcidos. Ella tomó un zapato blanco, hizo el gesto de ponerlo y… entonces … en un momento, frente a tres mil personas, el milagro se cumplió: ¡Los pies se enderezaron!

Pronto Nancy estaba caminando sobre el palco como una pequeña princesa con sus zapatos blancos…

¡Esta es la fe de una niña! Esta es la confianza que tenemos que aprender delante del Señor y las promesas que Él nos hizo en Su Santa Palabra.

“Al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23).

Véase también: Sanidades, milagros y señales y prodigios

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