¿Somos todos hijos de Dios?

10881570_10204152963562585_785602165686244200_n“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de SER HECHOS HIJOS DE DIOS; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12,13).

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:16,17).

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).

Un hombre para convertirse en un hijo de Dios es necesario que nazca de nuevo, de lo alto. Todos aquellos que no han nacido de nuevo, no son hijos de Dios, y entonces no son hermanos de los que en cambio han sido regenerados espiritualmente de Dios.

Por lo tanto, los católicos romanos, así como los budistas, musulmanes, y otros, que no han nacido de nuevo, no son nuestros hermanos en Cristo. Todos ellos están perdidos en sus delitos y pecados, y para ser salvados deben arrepentirse y creer en el Evangelio, y cuando lo van a hacer, Dios les hace nacer de nuevo, y sólo entonces se convierten en nuestros hermanos en Cristo.

No es conforme a la voluntad de Dios, entonces, llamar “hermanos” a los que no han nacido de nuevo, y no dan frutos dignos de arrepentimiento, es decir, no han abandonado la idolatría y todas las demás abominaciones de la carne debidas a la concupiscencia de la carne.

Las Sagradas Escrituras nos enseñan el discernimiento y cuál sea la voluntad de Dios, y nosotros como creyentes en Cristo debemos procurarnos no salir de lo que está escrito en la Biblia. Quien sale de lo que está escrito en la Palabra de Dios, o es UN REBELDE, y pagará las consecuencias, o nunca se ha convertido.

Hermanos en el Señor, sean sabios, y aténganse estrictamente a lo que está escrito en la Palabra de Dios, poniendo en práctica escrupulosamente todo lo que es parte de la voluntad de Dios.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

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