Impíos y rebeldes, teman a Dios, porque Él da vida y mata a quien Él quiera


Delincuente murió de infarto fulminante cuando atracaba zapateria en La Pascua

IMG-20150107-00920

“..Testigos presenciales indicaron que los propietarios de la tienda quienes son cristianos evangélicos ante la presencia de los delincuentes iniciaron sus oraciones para evitar alguna tragedia en su sitio de trabajo, sin embargo al propiciar la frase “La sangre de Cristo tiene Poder”, el hombre cayó de manera fulminante con el ataque”. Fuente: http://notipascua.com/hace-pocos-momentos-murio-de-un-paro-cardiaco-mientras-cometia-un-atraco-en-la-pascua/

Un caso igualmente fulminante se describe de esta manera en la Biblia:

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron” (Hechos 5:3-5).

Tengan cuidado, hermanos, den gloria a Dios, den gloria a Él también creyendo en toda la Palabra de Dios, porque está escrito que Dios da vida y mata a quien quiera (Véase Daniel 5:18,19).

A Dios sea la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

El verdadero Dios hace temblar la tierra cuando se enoja


terremoto“Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay semejante a ti. Todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza de vanidades es el leño. Traerán plata batida de Tarsis y oro de Ufaz, obra del artífice, y de manos del fundidor; los vestirán de azul y de púrpura, obra de peritos es todo. MAS JEHOVá ES EL DIOS VERDADERO; ÉL ES DIOS VIVO Y REY ETERNO; A SU IRA TIEMBLA LA TIERRA, Y LAS NACIONES NO PUEDEN SUFRIR SU INDIGNACIóN. Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos. El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se averg:uenza de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella. Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán. No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de los ejércitos es su nombre” (Jeremías 10:1-16).

Quiero que noten que la Escritura afirma que el verdadero Dios hace temblar la tierra cuando se enoja y las naciones no pueden sufrir su indignación.

Por lo tanto, si les dicen que Dios no hace temblar la tierra cuando se enoja, sepan que el Dios de el que se les está hablando no es el verdadero Dios. Apártense de ellos.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Acerca de los dos testigos que han de venir (porque los rechazarán también muchos que se llaman Cristianos)


Los dos testigos Apocalipsis

En Apocalipsis acerca de los dos testigos de Dios que deben venir antes del regreso glorioso de Cristo desde el cielo, está escrito: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra” (Apocalipsis 11:3-10).

Ahora, teniendo en cuenta que cuando aparecerán los dos testigos de Dios, la Iglesia todavía estará en la tierra y en medio de la Iglesia universal muchos enseñan que los dones espirituales cesaron con la muerte de los apóstoles y que Dios no castiga a nadie, ¿cómo reaccionarán los que creen y sostienen estas falsas doctrinas? En otras palabras, mientras que estos dos profetas de Dios profetizarán – siendo profetas, de hecho, tienen el don de profecía – y tendrán revelaciones de Dios – por supuesto, siendo profetas también tienen los dones de revelación (los dones de revelación son el don de la palabra de sabiduría, el don de la palabra de ciencia y el discernimiento de espíritus) – y harán señales y prodigios – entonces tienen también el don de fe y de hacer milagros – porque golpearán por orden de Dios a la tierra con diversas plagas, y no sólo, debido a que sus enemigos serán asesinados por un fuego que viene de su boca; ¿cómo reaccionarán los que dicen que los dones espirituales eran sólo para la época apostólica y que Dios, siendo sólo amor, no castiga y no mata a nadie? Seguro que ellos se negarán a aceptar estos dos hombres como testigos de Dios, y por lo tanto no aceptarán su testimonio. No aceptarán, por tanto, a reconocerlos como dos profetas enviados por Dios para cumplir con esta misión en particular. Algunos dirán: “Pero ¿cómo podrán negar lo que es tan obvio?” Lo harán también porque muchos de ellos se refieren a estos dos testigos de una manera alegórica por lo cual no enseñan que serán dos personas de carne y huesos, sino de lo contrario son dos testigos simbólicos!! Así sucederá que también muchos que se llaman Cristianos se pondrán en contra de estos dos profetas y los ofenderán. Pero reflexionen: ‘Si hoy ofenden e insultan a nosotros que nos limitamos a decir que Dios todavía distribuye los dones espirituales como lo hizo en los días de los apóstoles, y que Dios todavía castiga a los hombres y mata, ¿no piensan que harán lo mismo en contra de estos dos siervos de Dios que por Dios profetizarán y golpearán a los hombres con tremendas plagas?’ Así que cuando la bestia que sube del abismo les hará guerra y los vencerá y los matará, estos así llamados Cristianos estarán entre los que se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas estaban atormentandos a los moradores de la tierra. Parecerá increíble para algunos, pero ocurrirá precisamente esto. Además, no hay que olvidar que en la antigüedad los profetas de Dios fueron rechazados, vilipendiados y perseguidos precisamente por los que formaban parte de la gente que Dios de antemano conoció. ¿Recuerdan el profeta Elías, por ejemplo? ¿Y qué decir de Jeremías, Isaías y los otros profetas? ¿No fueron vilipendiados y perseguidos por los que tenían que reconocer en ellos los hombres enviados por Dios para pronunciar las palabras de Dios? Estoy convencido, por lo tanto, de que muchos que se llaman Cristianos dirán de estos dos profetas que son del diablo y no de Dios, y que por lo tanto son falsos profetas que buscan el mal de la Iglesia. Citarán como de costumbre estos pasajes de la Escritura: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo 24:11), “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

Pero permítanme decir algo más, que considero muy importante.

¿Saben quiénes son los que en medio de la Iglesia universal empujan a los Cristianos para que rechazen lo sobrenatural que viene de Dios? Los muchos y muchos masones ‘evangélicos’, de hecho, la esencia misma de la Masonería – al menos, por ejemplo, de la italiana – es el naturalismo. Esto explica el culto a la razón humana, y por lo tanto su aversión a lo sobrenatural mencionado por la Palabra de Dios. Podemos decir con seguridad que la Masonería sirve y se encuentra en defensa de la religión natural, que ahoga y destruye todas las formas de sobrenatural. Así que uno de sus objetivos es eliminar lo sobrenatural del Cristianismo, y debemos decir que lo ha logrado ya en muchas iglesias. Ahora, de hecho, el Cristianismo de muchos evangélicos es algo que se parece cada vez más al deísmo (filosofía racionalista de la religión que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII por primera vez en Gran Bretaña y luego en Francia y Alemania, que reconoce la existencia de una entidad oficial Suprema llamada Dios del universo, pero niega cualquier tipo de revelación y milagro) que impregna la Masonería, como dicen que con la muerte del apóstol Juan, o el cumplimiento del canon de la Biblia, y luego en el final del primer siglo después de Cristo, han cesado en la Iglesia las siguientes manifestaciones: lenguas, profecías, predicciones de eventos futuros, visiones y sueños, y sanidades y milagros. Y entonces los Cristianos – según ellos – no pueden más hablar en lenguas, profetizar, predecir eventos futuros, tener visiones y sueños, y sanar y hacer milagros como lo hicieron en la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos.

¿Y saben quiénes son los que en medio de la Iglesia universal empujan para que los Cristianos rechacen la idea de un Dios vengativo que castiga a los hombres? Siempre ellos, los muchos y muchos masones que pretenden ser “Cristianos”, de hecho, de acuerdo con la Masonería deberíamos rechazar cualquier idea de un Dios vengativo, o al menos cualquier cosa que pueda hacer que se vea vengativo y malvado o cruel o injusto. Escuchemos lo que dijo el Mason de grado superior 33 Albert Pike: “No deberíamos creer en lo que la razón niega con vehemencia, en lo que la justicia rechaza, en lo que es absurdo o contradictorio, en conflicto con la experiencia y la ciencia, en lo que degrada el símbolo de la Divinidad, haciéndola aparecer vengativa, malvada, cruel o injusta” (Albert Pike, Moral y Dogma, Edition italiana, Vol 1, p 59..): y otra vez: ”Yo pongo mi confianza en Dios”es la protesta de la Masonería en contra de la creencia en un Dios cruel, enojado, vengativo, y que es de temer y venerado por sus criaturas” (Albert Pike, moral y Dogma, p 196-12 °Gran Maestro Arquitecto – http://www.sacred-texts.com/mas/md/md13.htm). Y en un sitio masónico del Sudáfrica se lee: “Antes de convertirme en un masón, el interesado deberá indicar que cree en un Ser Supremo. El Ser Supremo adopta muchas formas en las diversas religiones. Dentro de nuestro volumen de la Ley Sagrada, podemos ver que la Deidad es transformada de un Dios vengativo personal del Antiguo Testamento a un Dios universal de amor en el Nuevo Testamento” (http://www.exsequi.org.za/principalsoffreemasonry.asp). Sí, porque la idea de Dios que el pueblo tenía en el Antiguo Testamento tenía que ser corregida, algo que tenían que hacer los sacerdotes, pero no lo hicieron. He ahí lo que dijo el ministro del diablo Albert Pike, el Sumo Pontífice de la Masonería Universal: “La divinidad de los primeros Judíos [….] estaba enojado, celoso, vengativo, […] ordenó la ejecución de los actos más impresionantes y escandalosos de crueldad y barbarie [….]. Tal era el concepto popular de la Deidad, tanto porque los sacerdotes no tenían nada mejor o tomaron poco de cuidado para corregirlo, como porque la imaginación popular no fue capaz de pensar cualquier concepción superior del Todopoderoso” (Albert Pike, Moral y Dogma, Italian Edition, Vol. 2, p. 149,150). De esta concepción de Dios que tiene la Masonería viene la severa advertencia dada a los masones para apartarse de los que ven la mano de Dios en los grandes desastres (Véase Albert Pike, Moral y Dogma, italian Edition, Vol 3, p 231…- 29° Caballero de San Andrés). ¿Y no es esto lo que se está diciendo, tal vez con palabras un poco diferentes, también en muchas iglesias evangélicas? Escuchen, por ejemplo, lo que dijo Francesco Toppi, ex presidente de las Asembleas de Dios en Italia, sobre Dios: “La idea de un Dios vengativo, preparado para juzgar y condenar, es puramente humana y es el legado de una concepción supersticiosa y pagana. Revela la ignorancia absoluta de los que no conocen a su Creador y Salvador” (Francesco Toppi, A pregunta contestada, Vol. 2, Roma 1993, p. 186). Y Salvatore Cusumano, otro pastor de las Asembleas de Dios en Italia, confirma esta opinión Toppiana – pero más que Toppiana, diría masónica – sobre Dios, declarando en un artículo titulado ‘Terremotos’: “El incrédulo atribuye la responsabilidad al orden, o al desorden, natural . El que duda sostiene que si hubiera un Dios, no sería bueno, sino el responsable de tal devastación terrible. Los creyentes, de lo contrario, no creen que Dios causaría daño, más bien la naturaleza sigue su curso determinado por la corrupción introducida por el pecado del primer hombre. Algunos de ellos, sin embargo, creen que los desastres naturales son los medios utilizados por Dios para castigar la maldad humana (….) No podemos compartir la posición de quienes atribuyen a Dios la responsabilidad por los desastres, así como no creemos que sea bíblica la posición de los que señalan en cada desastre natural un juicio divino, sin excluir que Dios pueda usar la naturaleza para llamar la atención de los hombres acerca de las verdades eternas. Los discípulos de todos los tiempos como los de la época de Jesús quieren preservar el honor de Dios, no atribuyendoLe ninguna responsabilidad, y esta es la verdad, pero para lograr esto no es cierto que sea necesario descargar cualquier responsabilidad en este pobre y ya maltratada humanidad. (…) ¿Por qué Dios debería golpear? Sería una venganza típicamente humana. Cuán lejos estamos de la idea de la justicia bíblica de Dios. (…)” (‘Los terremotos en El Ciruelo Ardente, Verano 2011, p. 1).

¿No les parece que estas palabras se parecen a las palabras masónicas antes mencionadas, porque en última instancia, dicen lo mismo acerca de Dios, es decir que Él no es un Dios vengativo, sino sólo un Dios de misericordia y amor? Me parece obvio. Y por lo tanto es innegable que el concepto masónico de Dios ha penetrado en las Iglesias Evangélicas. Si se tiene en cuenta entonces que el Dios de los masones no es el Dios de la Biblia, hay que asustarse. Este concepto masónico de Dios es falso, porque nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es también un Dios de venganza: en otras palabras, Él es también un vengador. Esto es lo que la Escritura atestigua claramente.

Poniendo estas cosas juntas, por lo tanto, se entiende por qué el diablo a través de la masonería está tratando de impulsar más Cristianos posibles para que acepten esta filosofía, así que cuando se manifestarán los dos testigos de Dios, estos Cristianos se pongan en contra de estos dos profetas rechazandolos. No es la única razón, por supuesto, pero esto tiene que hacer reflexionar seriamente a la Iglesia de Dios acerca de la obra de la masonería en el medio de la Iglesia. Miren hermanos, porque tanto los masones ‘con delantal’ (que han hecho la iniciacíon según el ritual masónico n.d.t) como los ‘sin delantal’ (que no han hecho la iniciación masónica n.d.t) que se encuentran en gran número dentro de las Iglesias Evangélicas, son los engañadores, que usando la astucia del diablo quieren que ustedes rechacen la realidad de los dones espirituales y el concepto bíblico de un Dios vengativo que castiga a los hombres.

Por tanto, nadie les engañe con palabras vanas, y opónganse a los que enseñan o apoyan las dos falsas doctrinas antes mencionadas, tapandoles la boca.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

¿La enfermedad es siempre y exclusivamente enviada por el diablo, como dicen algunos pastores?


fulmineNo, no siempre viene del diablo, porque en algunos casos, es enviada por Dios. Veamos algunos ejemplos bíblicos de personas afectadas por Dios con una enfermedad.

Dios afectó con lepra María, la hermana de Moisés, para haber hablado en contra de Moisés, como está escrito: “María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: !!Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora. Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación. Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos” (Números 12:1-15) Que fue Dios quien afectó a María con lepra, lo dijo Dios en estos términos: “Acuérdate de lo que hizo Jehová tu Dios a María en el camino, después que salisteis de Egipto” (Deuteronomio 24:9).

Dios hirió con lepra al rey Uzías porque su corazon se enalteció y se rebeló contra Dios: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra” (2 Crónicas 26:16-21).

Dios hirió al rey Joram con una enfermedad incurable a causa de su maldad: “Después de todo esto, Jehová lo hirió con una enfermedad incurable en los intestinos. Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres” (2 Crónicas 21:18-19).

En la Iglesia de Corinto algunos estaban enfermos porque golpeados por Dios, porque se acercaban a la Cena del Señor indignamente. Aquí están las palabras de Pablo: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:28-32).

Como se puede ver en estos casos, la enfermedad fue un juicio de Dios enviado para castigar las transgresiones. Aquellos, por lo tanto, que hacen pasar a todos los creyentes que están enfermos como si fueran personas afectadas por el diablo, como lo fue el justo Job que fue golpeado por Satanás con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza (Véase Job 2:7), dicen algo falso.

Ciertamente, hay muchos casos en los que es el diablo que afecta con la enfermedad con el permiso de Dios, pero también hay casos en los que la enfermedad es un juicio de Dios o su castigo.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Palabras dirigidas por Jesús a los pastores tibios


picchiare-alla-portaHay algunas palabras que Jesús dijo al ángel de la iglesia de Laodicea – entonces al pastor de esa iglesia – que se encuentran entre las más conocidas en la Iglesia en el mundo, y son las siguientes: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20), y de hecho se citan a menudo durante los sermones. Pero hay otras, como Jesús dijo siempre a ese ángel, que son prácticamente desconocidas, y son estas: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19), y casi nadie las menciona desde el púlpito.

¿Cómo es eso? Creo que ya lo hayan entendido, porque Jesús dice que Él reprende y castiga a todos los que Él ama. Y como ustedes saben, en la mayoría de las iglesias de hoy, hay una fuerte alergia a palabras como “castigo” o “juicio”, porque hay un rechazo de la enseñanza bíblica según la cual el Señor castiga a los que Él ama. Y de hecho está también claramente escrito en otro lugar: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6). Así que el amor del Señor hacia sus hijos se manifiesta también reprendendolos y castigandolos. Un poco como el amor de un padre terrenal por sus hijos. Sin embargo, casi nadie menciona las palabras de Jesús al ángel de la iglesia de Laodicea.

Palabras, por otra parte, que se explican por las siguientes: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”, debido a que la exhortación para que tenga celo y se arrepienta dirigida al ángel de aquella Iglesia, Jesús la explica diciendo que está a la puerta y llama con la esperanza de que el creyente oiga su voz y le abra. El abrir la puerta por parte del creyente, por lo tanto, indica que el creyente ha escuchado la exhortación al arrepentimiento dirigida a él y ha decidido para arrepentirse, y luego cambiar su forma de pensar abandonando sus pensamientos vanos y malos que mientras por un lado lo han hecho un amigo del mundo, por el otro lado lo han hecho un enemigo de Dios, y de hecho se ha convertido en tibio, listo para ser vomitado de la boca del Señor. Pero arrepintiéndose, recupera la amistad del Señor, que precisamente porque se convierte de nuevo en su amigo, se pone a cenar con él.

Pero recuerden que el arrepentimiento es concedido por Dios, de hecho, Pablo, hablando del siervo del Señor dice: “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26).

Pero como se puede ver, la exhortación al arrepentimiento, es precedida por una declaración muy clara de Jesús, que es la siguiente: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”. Ustedes podrían preguntarse entonces: pero, si éstas son las palabras de Jesús pronunciadas por Él en su amor, y por lo tanto son una manifestación de amor hacia Sus ovejas, ¿por qué nunca se mencionan desde el púlpito? Porque mientras que Jesús ama a sus ovejas, los pastores tibios, amigos del mundo, no aman a las ovejas del Señor. ¿Y cómo podrían ellos amarlas, si les gusta el mundo? ¿No está escrito: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16)? Así que el amar al mundo, lleva a no amar al Señor y, como resultado, tampoco aquellos que pertenecen al Señor. Y la falta de amor se manifiesta de muchas maneras, incluyendo éste: no decir nada para llevar al arrepentimiento aquellos que han pecado. Es sólo cuando un pastor ama al pueblo del Señor que le implora para que se porte de una manera digna de Cristo, y se arrepienta de sus pecados ante Dios para ser reconciliado con Dios. Entonces es sólo en este caso que va a citar estas palabras de Jesús: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” para dejar claro que Jesús reprende y castiga a los que Él ama.

El Jesús de los pastores tibios, en cambio, es un Jesús que se han hecho a medida para satisfacer sus deseos y los de los miembros de las Iglesias que dirigen, en otras palabras es otro Jesús, porque es un Jesús que no castiga y que tampoco reprende en muchos casos, debido a que en estas Iglesias, tan pronto como alguien reprende de parte de Dios, es considerado como una persona que hace la obra del acusador de los hermanos, que es el diablo.

Estos pastores, a diferencia del Señor, que no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9), quieren que algunos se pierdan, porque no quieren predicar el arrepentimiento de las obras muertas a aquellos creyentes que se han convertido en fornicarios, idólatras, ladrones, blasfemos, borrachos, avaros y estafadores, el arrepentimiento que puede salvarlos de la perdición. Como no quieren ni siquiera advertírles de lo que va a pasar con ellos si mueren en ese estado de pecado.

¿Qué hacer? Guárdense y apártense de todos los pastores y predicadores que proclaman un Jesús que no castiga, ya que son rebeldes, engañadores y habladores de vanidades, que con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos, y que por avaricia se aprovechan de las almas del Señor con palabras fingidas.

Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

El Señor es vengador de todo esto


martelletto-giudiceEl apóstol Pablo escribió a los santos de Tesalónica: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis enseñados por nosotros de cómo os conviene andar y agradar a Dios, abundéis más y más. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos de parte del Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno oprima ni engañe en nada a su hermano, porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Porque no nos ha llamado Dios a impureza, sino a santificación. Así que, el que menosprecia esto, no menosprecia a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4:1-8).

Así que los mandamientos que dieron los apóstoles a los santos representan la voluntad de Dios hacia los santos, que puestos en práctica hacen de ellos personas que caminan de una manera digna del Evangelio, y por lo tanto personas que son agradables a Dios en toda su conducta. Así, en la práctica de estos mandamientos, se agrada a Dios.

Y ¿qué pasa en rechazarlos? Los que les rechazan se atraen la ira de Dios, porque los que menosprecian esto, no menosprecian a un hombre, sino a Dios, que dijo: “humillo a los que me desprecian” (1 Samuel 2:30). ¿Y cómo les humilla? vindicandose de ellos por su rebelión. Pablo es claro cuando dice que el Señor es vengador de todo esto.

Pero ¿por qué Dios no tolera que menospreciémos sus mandamientos? Porque Él nos ha llamado a ser santos, y la violación de estos mandamientos significa no responder a la llamada que nos ha hecho, haciendo así culpar su doctrina y difamar el camino de la verdad.

Miremos por nosotros mismos hermanos, entonces, examinémos nuestros caminos, para evitar de sufrir la venganza de nuestro gran Dios.

La gracia del Señor sea con ustedes.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

No profanemos el templo del Espíritu para evitar la venganza de Dios


1193951467_fEl apóstol Pablo dice a los santos de Tesalónica: “Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; no con pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno oprima ni engañe en nada a su hermano, porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado” (1 Tesalonicenses 4:3-6).

Ahora, noten que Pablo dice que Dios es vengador de todas estas cosas. Por lo tanto Dios se venga de aquellos creyentes que se entregan a la fornicación, que se niegan a mantener su cuerpo en santidad y honor, con pasión de concupiscencia, como los gentiles, y que oprimen a su hermano y lo engañan.

Y esto porque aquellos que se comportan de esta manera no muestran respeto hacia su propio cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo que habita en nosotros y que es santo. De hecho, nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y con esto debemos glorificar a Dios, como siempre Pablo dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20). Y se glorifica a Dios en nuestro cuerpo presentando nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Aquellos que en cambio usan sus miembros, que son miembros de Cristo, para servir al pecado, no hacen más que profanar el templo del Espíritu Santo. ¿Qué significa en realidad profanar? Leemos en el vocabulario: “Tratar algo sagrado sin el debido respeto o con usos profanos” (http://www.wordreference.com/definicion/profanar)

Por ejemplo, el ejército de Babilonia profanó el templo de Dios en Jerusalén, como está escrito: “Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán” (Ezequiel 7:22), y en el libro de los Reyes está escrito: “En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey de Babilonia. Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todas las casas de los príncipes quemó a fuego….. Y quebraron los caldeos las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron el bronce a Babilonia. Llevaron también los calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones, y todos los utensilios de bronce con que ministraban; incensarios, cuencos, los que de oro, en oro, y los que de plata, en plata” (2 Reyes 25:8-9; 13-15). Y esta profanación del templo de Dios fue vindicada por Dios, como está escrito: “Te puse lazos, y fuiste tomada, oh Babilonia, y tú no lo supiste; fuiste hallada, y aun presa, porque provocaste a Jehová. Abrió Jehová su tesoro, y sacó los instrumentos de su furor; porque esta es obra de Jehová, Dios de los ejércitos, en la tierra de los caldeos. Venid contra ella desde el extremo de la tierra; abrid sus almacenes, convertidla en montón de ruinas, y destruidla; que no le quede nada. Matad a todos sus novillos; que vayan al matadero. ¡Ay de ellos! pues ha venido su día, el tiempo de su castigo. Voz de los que huyen y escapan de la tierra de Babilonia, para dar en Sion las nuevas de la retribución de Jehová nuestro Dios, de la venganza de su templo. Haced juntar contra Babilonia flecheros, a todos los que entesan arco; acampad contra ella alrededor; no escape de ella ninguno; pagadle según su obra; conforme a todo lo que ella hizo, haced con ella; porque contra Jehová se ensoberbeció, contra el Santo de Israel. Por tanto, sus jóvenes caerán en sus plazas, y todos sus hombres de guerra serán destruidos en aquel día, dice Jehová. He aquí yo estoy contra ti, oh soberbio, dice el Señor, Jehová de los ejércitos; porque tu día ha venido, el tiempo en que te castigaré. Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante; y encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré todos sus alrededores” (Jeremías 50:24-32).

De la misma manera, Dios ejecutará su venganza sobre los que ahora bajo la gracia profanan el templo del Espíritu Santo utilizándolo indignamente, es decir, para servir al pecado.

No provoquemos a Dios por vivir una vida indigna del Evangelio de Cristo, o su venganza caerá sobre nosotros.

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Dios todavía castiga


terremotoClaro que los que creen que Dios no castiga a nadie hoy en día son simplemente ignorantes e insensatos. Ignorantes porque no conocen las Escrituras, e insensatos, porque así diciendo presentan un Dios que ha cambiado.
El profeta ha hecho esta pregunta: “¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” (Amós 3:6), donde la respuesta está implícita en la pregunta. Y el salmista dice: “El es Jehová nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios” (Salmo 105:7). Sin embargo, para muchos de los que se llaman Cristianos, lo que dicen los profetas no tiene valor, pero no sólo lo que los profetas han dicho, sino también lo que ha dicho el Hijo de Dios. Jesús, el Hijo de Dios, de hecho dijo al ángel de la iglesia en Laodicea: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Apocalipsis 3:19), y el Hijo hace lo que ve hacer al Padre, de acuerdo con lo que Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). Y de hecho Jesús reprendió a la mujer Jezabel que enseñaba herejías y cometía fornicación con los siervos de Jehová, de acuerdo a lo que dijo al ángel de la Iglesia de Tiatira: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras” (Apocalipsis 2:20-23).
Insensatos e ignorantes, que han sido seducidos por la serpiente antigua, que se arrepientan entonces. No hagan caso a las mentiras de los engañadores que hablan de parte del diablo, sino escuchen la Palabra de Dios.

El que tiene oídos para oír, oiga

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

 

 

¿El que castiga a las naciones no corregirá? (El enorme daño que produce la mentira ‘Dios no castiga’)


Taiwan Earthquake Kills ThousandsAfirmar al igual de lo que afirman muchos que se llaman a sí mismos cristianos, que ahora Dios bajo la gracia no castiga a nadie, ni creyentes ni incrédulos, por ejemplo enviándoles enfermedades o haciéndoles morir, es grave porque es una mentira, es una declaración falsa que contrasta la verdad. Suficiente es la muerte de Herodes que se produjo después de que un ángel del Señor lo golpeó, la ceguera del falso profeta Bar- Jesús en respuesta a una palabra dicha por el apóstol Pablo, y las enfermedades y la muerte con la que Dios hirió a muchos creyentes de la Iglesia de Corinto, y, finalmente, la muerte infligida por Dios a Ananías y Safira (Hechos 12:23; 13:11; 1 Corintios 11:30-32; Hechos 5:1-11) para darse cuenta de que estamos frente a una mentira del diablo. Y como cualquier otra mentira, produce gran cantidad de daños. Y de hecho quiero hablar con ustedes acerca de estos daños producidos por esta mentira.

1) Esta mentira conduce a los que la aceptan a creer que Dios ha cambiado, y luego esta mentira va a minar o estropear o deformar la imagen de Dios, que es inmutable, de acuerdo con lo que Él mismo ha dicho: “Porque yo Jehová, no cambio” (Malaquías 3:6). Uno de los atributos de Dios es Su inmutabilidad en el curso de los siglos, pero esta mentira va a anularla.

2) Si Dios no castiga hoy en día, es obvio que los hombres – tanto los creyentes como los no creyentes – al escuchar eso, se animarán para no temer a Dios. El temor de Dios, de hecho, surge del temor a ser castigados por Él para los pecados cometidos. ¿No dijo tal vez el salmista que temía a Dios: “Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo” (Salmos 119:120)? Les voy a dar un ejemplo: si la ley de los hombres no contemplase ninguna sanción o ningún arresto para los que violan la ley, todo el mundo se sentiría alentado a violar la ley. En cambio, el hecho mismo de que haya un castigo para los violadores de la ley, ha llevado a muchos a observar la ley. Y así el castigo es un estímulo para someterse a las autoridades, como lo dice, por otra parte, el apóstol Pablo a los Romanos: “De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:2-4). Y hablando de estas palabras, les invito a reflexionar sobre esto: si Dios dice que el magistrado es servidor de Dios para infligir castigo al que hace lo malo, ¿no creen que este castigo al malhechor es lo que Dios quiere que suceda a aquel que hace lo malo? Por otro lado en la ley de Moisés, que Dios había dado a Israel, habían castigos que Dios había establecido para los que hacían lo malo, y también habían los jueces que los iban a infligir. Por lo tanto, esta mentira sirve al diablo para animar a los santos para que no tengan temor de Dios, y él tuvo éxito en tantas iglesias donde muchos ahora creen que puedan burlarse de Dios. Pero ignoran que Dios se burlará de ellos.

3) Si hoy Dios no castiga a quienes violan sus mandamientos significa que sus mandamientos no valen nada. ¿Cuál valor pueden tener los mandamientos, de hecho, si no hay una pena para aquellos que los violan? Y así es, que tanto los mandamientos que dio Jesucristo como los que dieron los apóstoles, se vacían de su importancia. “Así que incluso si no los observo, Dios no me va a castigar”, es el pensamiento que habita en la mente de muchos que se llaman Cristianos. Sin embargo estamos hablando de los mandamientos que forman la ley de Cristo, ¡que es la ley que está en vigor en el Reino de Dios! De ahí, pues, que la mentira de estos impostores conduce a despreciar la ley de Cristo, y este desprecio se ha extendido en la mayoría de las iglesias. La Palabra de Dios enseña claramente, en cambio, que si la Iglesia desprecia sus preceptos se está atrayendo la ira de Dios porque Dios es un vengador, como está escrito: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4:3-8). Y, de hecho, Dios ha prometido de humillar a los que le desprecian, como está escrito: “…humillo a los que me desprecian” (1 Samuel 2:30), y esto lo hace con sus castigos.

4)Si Dios no castiga, la Iglesia no puede comprender la gravedad del pecado a los ojos de Dios y, por lo tanto, no puede ver la santidad de Dios, ya que Dios castiga a los malos porque es santo. ¿Por qué Dios castigó a Caín por haber matado a su hermano? Porque Él es santo. ¿Por qué Dios hizo morir Coré, Datán y Abiram haciéndolos bajar vivos en el Hades con sus familias, para haber despreciado a Dios? Porque Dios es santo. ¿Por qué Dios castigó al rey Nabucodonosor haciendo que su corazón fuese como lo de las bestias porque se volvió orgulloso? Porque Dios es santo. ¿Por qué Jerusalén fue castigada por su pecado? Porque Él es santo. Así que Dios inflige Su disciplina para hacer valer su santidad. Al proclamar los castigos de Dios, por lo tanto, se proclama la santidad de Dios, justo lo que el diablo no quiere que se haga en la Iglesia, porque sabe que una vez que las personas pierden de vista la santidad de Dios, se abandonan a la rebelión y al libertinaje, que es exactamente lo que está sucediendo en las iglesias guiadas por los impostores.

5) Si Dios no castiga hoy en día significa que Él no quiere que los hombres aprendan justicia, porque es cuando Dios ejerce sobre los hombres Sus castigos que los hombres aprenden justicia, como está escrito que “porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová” (Isaías 26:9-10). Así que esta mentira de estos impostores hace creer que Dios es un Dios que se complace en la maldad de los hombres, y que no haga nada para que aprendan la justicia.

6) Si Dios no castiga significa que no hace justicia a nadie. ¿Por qué digo esto? Porque un juez hace justicia a aquellos que han recibido un mal por castigar a los que hacen el mal. ¿Pueden explicar como haría un juez para hacer justicia a los que son maltratados, robados, explotados… si no impartiese un justo castigo contra aquellos que hacen el mal? Y así Dios, el justo juez, si no castigase a los hombres por sus pecados, no ejercería la justicia en este mundo. ¿Cómo recibirán justicia entonces, los huérfanos, las viudas, los pobres, los niños que son abusados ​​sexualmente o a los cuales se eliminan partes del cuerpo para que se vendan, o que son torturados en rituales satánicos? ¿Cómo recibirán justicia todos aquellos creyentes que son explotados, maltratados, calumniados y robados por otros creyentes y mayormente por pastores, y que claman a Dios día y noche? Sólo para dar algunos ejemplos. Si Dios no castigase a nadie, nunca recibirían la justicia de Dios. Pero gracias a Dios que las cosas no están como dicen estos impostores, sino como dice la Escritura: “Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. Si no se arrepiente, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. Asimismo ha preparado armas de muerte, y ha labrado saetas ardientes. He aquí, el impío concibió maldad, se preñó de iniquidad, y dio a luz engaño. Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en el hoyo que hizo caerá. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su agravio caerá sobre su propia coronilla” (Salmos 7:11-16), y también: “Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Salmos 103:6) y también: “Muchos buscan el favor del príncipe; mas de Jehová viene el juicio de cada uno” (Proverbios 29:26). Así que podemos decir con plena confianza: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!” (Proverbios 11:31).

7) Si Dios no castiga, esto equivale a decir que Él no oye la oración de los justos, no ve sus lágrimas, no escucha a sus suspiros. Y esto porque no estaría interesado en su causa, no estaría interesado en tomar sus defensas. Pero Dios es un juez justo que hace justicia a todos, es por eso que Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6), y también: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:7-8). De hecho Dios “ama la justicia” (Salmos 11:7), y por lo tanto, si la ama, hace encontrar al pecador el salario de su conducta aquí en la tierra, como está escrito: “Ciertamente el justo será recompensado en la tierra; ¡Cuánto más el impío y el pecador!” (Proverbios 11:31). Por lo tanto, sabemos que nuestra causa está delante de Él y confiamos plenamente en la justicia de Dios, A Dios sea la gloria.

8) Esta consideración está vinculada a la anterior – si Dios no castiga, el hombre no puede celebrar a Dios por su justicia cuando Dios hace justicia. ¿Qué dijo David? Escuchen: “Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten. Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda. Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salvación. Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan. Sean como el tamo delante del viento, y el ángel de Jehová los acose. Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel de Jehová los persiga. Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma. Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa, y la red que él escondió lo prenda; con quebrantamiento caiga en ella. Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja? Se levantan testigos malvados; de lo que no sé me preguntan; me devuelven mal por bien, para afligir a mi alma. Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se volvía a mi seno. Como por mi compañero, como por mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba. Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron; se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía; me despedazaban sin descanso; como lisonjeros, escarnecedores y truhanes, crujieron contra mí sus dientes. Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones. Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo. No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas. Ensancharon contra mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto! Tú lo has visto, oh Jehová; no calles; Señor, no te alejes de mí. Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa. Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío, y no se alegren de mí. No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: ¡Le hemos devorado! Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo. Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día” (Salmos 35:1-28). Entonces es muy importante hablar de los castigos de Dios porque son la manifestación de su justicia, de su amor a la justicia, y por lo tanto los que reciben la justicia de Dios se ven obligados a hablar de su justicia, y alabarlo. Como el salmista dice: “Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban” (Salmos 71:24).

9) Si Dios no castigase no nos sentiríamos obligados a amarlo por su justicia que se manifiesta castigando a nuestros enemigos. David, por ejemplo, dijo estas palabras a Dios cuando Dios lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó él. Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor; carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; y había densas tinieblas debajo de sus pies. Cabalgó sobre un querubín, y voló; voló sobre las alas del viento. Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; oscuridad de aguas, nubes de los cielos. Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; granizo y carbones ardientes. Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz; granizo y carbones de fuego. Envió sus saetas, y los dispersó; lanzó relámpagos, y los destruyó. Entonces aparecieron los abismos de las aguas, y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, a tu reprensión, oh Jehová, por el soplo del aliento de tu nariz. Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas. Me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo. Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmos 18:1-19). Un Dios que en cambio no castigase a Sus enemigos, sería odioso y no amable.

10) Esta mentira lleva a los padres Cristianos a no castigar a sus hijos, porque dicen a sí mismos: “Si nuestro Padre Celestial no nos castiga, ¿por qué debemos castigar a nuestros hijos si Él no nos castiga cuando lo desobedecemos?” “¿Por qué debemos castigar a nuestros hijos cuando desobedecen?” Y así ellos van a ser inducidos a no castigarlos con vara, y esto la Biblia lo condena diciendo: “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol” (Proverbios 23:13-14). Comportamiento que es una manifestación de odio hacia sus hijos, como está escrito: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). Y así es que cada vez más los padres dejan crecer a sus hijos haciéndoles seguir la dureza de su corazón, y esto se puede ver en las Iglesias.

11) Esta mentira conduce a la Iglesia a no castigar a aquellos de sus miembros que obran ciertos escándalos. ¿Por qué esto? Porque si Dios no castiga, la Iglesia no puede tener la autoridad para hacer lo mismo. Por eso en la Iglesia está ausente la disciplina que se ejercía por los apóstoles. Tomemos Pablo por ejemplo. ¿Cómo actuó en contra de lo que se tenía la esposa de su padre? Él lo entregó a Satanás, como está escrito: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:3-5). ¿Y cómo se comportó hacia Himeneo y Alejandro, que habían empezado a blasfemar? También les entregó a Satanás, como está escrito: “naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1:19-20). ¿Hoy puede ser que tal cosa suceda en esas iglesias donde se enseña que Dios no castiga a nadie? Por supuesto que no, y de hecho estos actos apostólicos están relegados al pasado, y declarados hoy inadmisible “bajo la gracia”, ¡cómo si los apóstoles no habían vivido bajo la gracia! Es por eso que en estas Iglesias que quien se llama hermano pero es fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, se tolera en silencio por la congregación en lugar de ser expulsado como la Escritura dice que hacer (1 Corintios 5:11-12), porque, ya que Dios no castiga a nadie, ni siquiera la Iglesia puede castigar a uno de sus miembros quitandolo de la Iglesia. Y por lo tanto estos lugares están llenos de tales personas, con las que no debemos ni aun comer. Los pastores de estas iglesias enseñan a tolerar a aquellos que son culpables de estos pecados, y, así haciendo, se atraen la ira del Señor, como se la atrajo el pastor de la iglesia en Tiatira a quien el Señor dijo: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras” (Apocalipsis 2:20-23).

12) Si Dios no castiga significa que Él no resiste a los soberbios. Y a continuación deja que la gente se enaltezca sin humillarlas. Pero está escrito: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6), y otra vez: “el que se enaltece será humillado” (Mateo 23:12). ¿Y cómo resiste a los soberbios? Es decir, ¿cómo puede humillárles, si no infligiéndoles castigos? ¿Se acuerdan de cómo Dios humilló al rey Nabucodonosor cuando su corazón se enalteció? He aquí lo que está escrito: “Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere. En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4:29-33). Por lo tanto esta mentira nos lleva a creer que Dios no castigue a los soberbios, y de hecho no es sorprendente que en medio de estas iglesias, se animen a los creyentes a ser orgullosos y los soberbios son la mayoría. Pero Dios es justo y sabe cómo humillárlos en su tiempo. No permanecerán sin castigo. La Escritura no puede ser quebrantada.

13) Si Dios no castiga, esto significa que uno debe hablar sólo de las bendiciones de Dios, porque no hay maldiciones de Dios contra los malvados. Pero la Escritura dice que hay, tanto los bendecidos, como los malditos, y esto bajo la gracia. De hecho Pablo dijo: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9), y también: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema” (1 Corintios 16:22). Anatema significa “maldito”, y si es maldito significa que la maldición de Dios está sobre él, como está escrito: “La maldición de Jehová está en la casa del impío” (Proverbios 3:33). Y si Dios lo maldice significa que lo castiga, también endureciendole el corazón, como está escrito: “Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos” (Lamentaciones 3:64-65).

14) Si Dios no nos castigase con su vara y su cayado, no nos amaría, porque sólo un Dios sin amor por sus hijos no usa su vara con ellos. Porque, como un padre terrenal en el ahorro de la vara a su hijo desobediente, muestra de odiarle, así también Dios, si no nos golpease y apalease, nos mostraría su odio, porque esto sería lo mismo que hacérnos crecer como rebeldes, llenos de problemas y aflicciones, porque la falta de corrección conduce a un llenado de angustia y dolor. Pero sólo porque Dios es amor y nos ama con un gran amor, Él nos disciplina para nuestro bien, para que seamos partícipes de Su santidad, porque Él quiere que seamos santos. Por eso la Sabiduría dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:5-6), y Jesús dijo al ángel de la iglesia en Laodicea: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). Así, a la luz de lo que dice la Escritura, el Dios de los que dicen que Dios no nos castiga, es un Dios que odia a sus hijos, un Dios que no es amor.

15) Si Dios no nos castiga, aquellos que son castigados por él, no tienen necesidad de examinar sus maneras de vivir para ver si hay algunos caminos de dejarse atrás, precisamente porque todo lo que lel pase, no puede proceder de la mano de Dios para su beneficio, y por lo tanto pasará lo que leemos en el libro del profeta Jeremías: “Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste, y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección; endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse” (Jeremías 5:3). Es por eso que en estas iglesias donde se enseña esta mentira, Dios azota, pero el pueblo no presta atención a sus amonestaciones, y no se convierte de sus malos caminos. Porque no importa lo mal que caiga sobre un creyente, no puede venir de la mano de Dios. Y así continuan su carrera hacia el mal como si no hubiera pasado nada.

16) Si Dios no castiga, esto significa que cuando uno de sus castigos cae sobre la cabeza de un hombre – ya sea creyente o no creyente – en una u otra forma es un ataque del diablo. Entonces lo que es una obra de Dios para bien, es considerada como una obra del diablo, y por lo tanto con un propósito destructivo. Entonces he aquí que la reacción será que las personas, en lugar de humillarse ante Dios para confesar y apartarse de sus iniquidades, se pondrán a pelear contra el diablo, invocando la ayuda de Dios contra el diablo. Estos son sólo ciegos y sordos. Como dice la Escritura: “Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven” (Isaías 26:11). Esta manera de hablar de estos rebeldes por supuesto es una ofensa a Dios, y los que son culpables de esta, se harán cargo del castigo de su rebelión.

17) Si Dios no castiga, los terremotos, las sequías, las inundaciones, los rayos, las granizadas devastadoras, que las Escrituras definen claramente los juicios de Dios, ya no deberían ser llamados tales. Debido a que es precisamente a través de estos eventos funestos que Dios castiga a los hombres. Sí, eso es correcto, Dios castiga a las naciones, y, de hecho, escuchen lo que dice el salmista: “Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. Engrandécete, oh Juez de la tierra; da el pago a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad? A tu pueblo, oh Jehová, quebrantan, Y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida. Y dijeron: No verá JAH, ni entenderá el Dios de Jacob. Entended, necios del pueblo; y vosotros, fatuos, ¿cuándo seréis sabios? El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que castiga a las naciones, ¿no reprenderá? ¿No sabrá el que enseña al hombre la ciencia?” (Salmos 94:1-10). Por lo tanto, si la Escritura – que es inspirada por Dios – llama a Dios: “El que castiga a las naciones”, significa que todavía Él ejerce sus castigos. ¿No lo creen? Y entonces, como la Escritura no puede ser quebrantada, antes bien sea Dios veraz, pero todos los que dicen que Dios no castiga mentirosos.

18) Si Dios no castigase, serían anuladas las siguientes palabras: “¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?” (Amós 3:6), y también éstos: “¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?” (Lamentaciones 3:38). ¿Puede la Escritura ser anulada? No, y entonces estas palabras han de ser aceptadas tal como están escritas. Además, confirman los muchos otros pasajes de la Escritura, porque la Escritura confirma la Escritura.

Es claro, por lo tanto, que antes de todos estos daños producidos por esta mentira tan frecuente en las iglesias, no se puede no pensar a las palabras que dicen que un poco de levadura leuda toda la masa. Así que hermanos y hermanas, si ustedes están entre aquellos que siguen apoyando esta mentira, les insto a que la rechacen. Límpiense, pues, de este mal levadura para que sean una nueva masa. Pero tengan cuidado y apártense de todos los que enseñan esta herejía, acerca de los cuales les voy a decir esto que creo sea muy importante.

Los que apoyan esta herejía son engañadores, rebeldes y charlatanes, personas que tienen una aversión a la justicia y la verdad, cuya vida está llena de escándalos, ya que son siervos de Mamón. Por eso su conciencia está sucia y los reprende continuamente, y, en su astucia, quieren precaverse de cuando Dios los herirá con sus juicios, así que cuando Dios los castigará siempre podrán decir: ‘¡Es un ataque del diablo, vean, el diablo me está atacando porque siervo a Dios!’ Así continuando para engañar a los simples, o más bien sus clientes.

Por lo tanto, tengan cuidado con esta gente desaprobaba, que con el fin de conseguir clientes y ganar dinero, está lista para cualquier cosa, también para ponerse descaradamente en contra de la Palabra de Dios, porque es gente necia y sin temor de Dios, que camina según los deseos de la carne. Son personas realmente malas, que se han introducido en el medio de la Iglesia para estropear la viña de Dios, para tomar ventaja de las almas por palabras fingidas. Pero sepan que “sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:3).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

El Señor nuestro Dios es un Dios que castiga


justice-1Dios, que es un juez justo, no sólo va a recompensar a los que hacen el bien, sino castiga a los que hacen lo malo.

Vamos a ver algunos ejemplos bíblicos de castigos infligidos por Dios en contra de las personas por sus malas acciones.

Dios castigó a Caín por haber matado a su hermano Abel, Él le dijo: “Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra” (Génesis 4:11-12).

Dios castigó al mundo de los malvados en los días de Noé por medio de la inundación que mató a todos los animales y todos los seres humanos, excepto Noé y otras siete personas, junto con todos los animales que fueron introducidos en el arca que Dios le había mandado construir. Esto es lo que dice la Escritura: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho….yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice….Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca” (Génesis 6:5-7; 7:4; 17-23).

Dios castigó a las ciudades de Sodoma y Gomorra por todos sus pecados, entre los cuales habían la fornicación y vicios contra la naturaleza en los cuales se habían abandonado sus habitantes. Esto es lo que dice la Escritura: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra” (Génesis 19:24-25), y “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité” (Ezequiel 16:49-50), y también “condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente” (2 Pedro 2:6); y de nuevo: “como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 7 ).

Dios castigó al rey Saúl haciendolo morir porque no había obedecido sus órdenes, y porque se había ido a consultar a los espíritus, como está escrito: “Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó,y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí” (1 Crónicas 10:13-14).

Dios castigó al rey David porque hizo matar a Urías el hitita y por haberse acostado con su esposa. He aquí lo que Dios le dijo a través del profeta Natán y que más tarde se cumplió plenamente: “Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol. Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol” (2 Samuel 12:7-12), y también: “Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá” (2 Samuel 12:14).

Dios castigó al rey Salomón ya que él, en su vejez, lo había abandonado, volvienndose a los dioses de las naciones vecinas. Esto es lo que dice la Escritura acerca del juicio divino que Dios le anunció y que se cumplió: “Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había alejado de Jehová, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había ordenado , en este sentido , por no ir tras dioses ajenos ; pero él no observó el orden dado a él de parte de Jehová . Y el Señor dijo a Salomón: “Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová. Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo. Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido” (1 Reyes 11:9-13).

Dios castigó a Joram, rey de Judá, por su maldad de esta manera: “Entonces Jehová despertó contra Joram la ira de los filisteos, y de los árabes que estaban junto a los etíopes; y subieron contra Judá, e invadieron la tierra, y tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a sus mujeres; y no le quedó más hijo, sino solamente Joacaz el menor de sus hijos. Después de todo esto, Jehová lo hirió con una enfermedad incurable en los intestinos. Y aconteció que al pasar muchos días, al fin, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, muriendo así de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como las habían hecho con sus padres” (2 Crónicas 21:16-19).

Dios castigó a Ozías, rey de Judá, porque se convirtió en orgulloso y cometió una infidelidad contra Dios. He aquí el relato bíblico de este hecho: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo.Sal del santuario, por que has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo enla mano un incensariopar ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; e le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido. Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová; y Jotam su hijo tuvo cargo de la casa real, gobernando al pueblo de la tierra. Los demás de los hechos de Uzías, primeros y postreros, fueron escritos por el profeta Isaías, hijo de Amóz. Y durmió Uzías con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Jotam su hijo en lugar suyo” (2 Crónicas 26:16-23).

Dios castigó al rey Herodes, porque cuando el pueblo se puso a aclamarlo como si fuese un dios él no dio la gloria a Dios. Como está escrito: “Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey. Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:20-23).

Dios mató a Ananías y Safira, ya que se pusieron de acuerdo para tentar el Espíritu del Señor. Así es como fueron las cosas: “Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido” (Hechos 5:1-10).

Dios golpeó con la muerte y con la enfermedad muchos creyentes de la Iglesia de Corinto, ya que se habían acercado a la Cena del Señor indignamente. De hecho Pablo dijo a los Corintios: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio” (1 Corintios 11:28-34).

A la luz de esto, entonces, nadie se engañe pensando que somos libres de hacer lo que queremos, que somos libres de hacer lo malo, ya que al final Dios nos perdonará porque Él es tan misericordioso! Debido a que somos hijos de Dios, hemos sido libertados del pecado para servir a la justicia, solamente a la justicia; los que usan la libertad en Cristo como ocasión para la carne, sepan que en su tiempo Dios les devolverá sobre la cabeza todo el mal que han hecho. ¡Y los juicios de Dios son tremendos!

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo