Dios es el Padre de Cristo Jesús que es Dios y nuestro Salvador

tumblr_mfvy15owEN1qlbkn0o1_500” … y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de DIOS NUESTRO SALVADOR, a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, DE DIOS PADRE Y DEL SEÑOR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 1:3-4)

Hemos leído que el apóstol Pablo distingue claramente las DOS PERSONAS de DIOS PADRE y de CRISTO JESÚS que es llamado nuestro Salvador. Y luego confirma esta distinción con las siguientes palabras, llamando también a Dios Padre nuestro Salvador. Como está escrito: “Pero cuando se manifestó la bondad de DIOS NUESTRO SALVADOR, y su amor para con los hombres, NOS SALVÓ, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente POR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 3:4-6).

Dios Padre es, por lo tanto, nuestro Salvador que nos salvó por medio de Su Hijo (Jesucristo) nuestro Salvador.

A la luz de estas palabras nos comprendemos de una manera aún más clara las palabras del apóstol Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era CON DIOS, y el Verbo ERA DIOS” (Juan 1:1)

Jesús es Dios, sin embargo, es una persona diferente de Dios Padre porque Dios Padre no murió en la cruz, como falsamente dicen los Unicitarios, sino fue EL HIJO QUE NOS COMPRÓ A DIOS PADRE con Su preciosa sangre. Como está escrito acerca del Hijo: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y CON TU SANGRE COMPRASTE PARA DIOS gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 ‘NVI’) y “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de DIOS, QUE ÉL ADQUIRIÓ CON SU PROPIA SANGRE” (Hechos 20:28 ‘NVI’).

Dios (Jesús) nos adquirió a Dios (Dios Padre) con Su preciosa sangre.

Unicitarios, ¿No son bastante claras estas palabras? ¿Han sido así indoctrinados y engañados por los espíritus seductores que no pueden entender esta VERDAD FUNDAMENTAL?

Y a ustedes que dudan les digo, no se dejen engañar por los Unicitarios y ánclense firmamente a lo que está escrito en la Palabra de Dios, única lámpara a nuestros pies y luz en nuestro sendero.

Enrico Maria Palumbo

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¿Fue Jesucristo creado o es coeterno con el Padre?

Por toda la eternidad....

Los Testigos de Jehová (y no solamente ellos n.d.t.), para decir que Jesucristo no ha existido siempre junto con Dios su Padre toma los siguientes pasajes de la Escritura: “He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto…” (Apocalipsis 3:14) y: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación… él que es el principio” (Colosenses 1:15,18). Como se puede ver en estos pasajes Jesús es llamado el principio de la creación de Dios, el primogénito de toda creación y el principio.

Ahora, por lo visto parece que Cristo sea llamado una criatura de Dios, pero en realidad es sólo una apariencia, porque la comparación de estas Escrituras con otras escrituras muestran que las cosas no son así porque Cristo nunca fue ha creado sino ha siempre existido como Dios su Padre y el Espíritu Santo. Vamos a ver entonces estas otras Escrituras que anulan la mala interpretación dada a esos pasos por los testigos de Jehová.

– Jesús dijo a los Judíos: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).

Él pudo decir esto aunque en apariencia parecía una criatura, porque Él existía desde toda la eternidad antes de tomar la naturaleza humana. Si así no hubiera sido, es decir, si Cristo hubiese sido creado por Dios antes del mundo, no habría podido hacer esa declaración porque se habría arrogado un atributo que no le correspondía. Él habría podido decir: “Antes que Abraham fuese yo existía o era” , pero no “Yo soy” como hizo.

– Jesús dijo a Juan: “No temas; yo soy el primero y el último… ” (Apocalipsis 1:17,18).

Si Él hubiera sido creado por Dios y por lo tanto si hubiera sido una criatura no habría podido jamás pretender ser el primero; porque en tal caso habría afeado Dios de su gloria. Si Él realmente hubiese sido una criatura habría dicho que era el segundo, y jamás el primero como lo es Dios el Padre. Por lo tanto, también estas palabras de Jesús muestran que Él es Dios.

– Pablo dice a los Romanos sobre los que Dios ha abandonado en las concupiscencias de sus corazones porque cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible: “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:25).

Ahora, si Cristo fuera una criatura de Dios porque creado por Dios en un determinado tiempo de la eternidad, nosotros, debido a la adoración que le ofrecemos, nos seríamos considerados como los idólatras que adoran a los ángeles, María,… ¿Cuál diferencia pasaría de hecho entre Cristo y alguna otra criatura de Dios? ¡Sólo el hecho de que fue creado primero y nada más! Cristo, por tanto, no puede ser una criatura de Dios. Consideren los discípulos del Señor que le adoraban antes que nosotros cuando se les apareció resucitado. Si Cristo hubiera sido una criatura, ¿cómo habrían podido adorar a Cristo y no ser culpables de idolatría? Era imposible. Pero digamos más: ¿Cómo habría podido Cristo, si hubiera sido una criatura, no reprénderles al verlos que le adoraban cuando Él mismo había dicho: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele..” (Lucas 17:3) (los discípulos fueron llamados por Cristo “mis hermanos”)? (Véase Mateo 28:10). Y si un ángel santo (una criatura de Dios entoces) cuando vio Juan postrado ante Él lo regañó diciéndole: “Mira, no lo hagas…Adora a Dios” (Apocalipsis 22:9), ¿no habría hecho Cristo, si hubiera sido una criatura, lo mismo a sus discípulos? Por supuesto que les habría reprendido también advertiéndoles que debían adorar sólo a Dios; pero el hecho de que Él no lo hizo indica que Él sabía ser Dios y por lo tanto ser digno de adoración. También me gustaría señalar un par de cosas acerca de las palabras anteriores de Pablo a los Romanos: la expresión “antes que al Creador” significa que los idólatras adoran a alguien que no es el Creador, sino una criatura. Así que debemos adorar al Creador, no la criatura; y, por tanto, si Cristo es una criatura deberíamos dejar de adorarle. Pero ¿cómo podemos dejar de adorar a Cristo cuando la Escritura nos dice que los hombres sabios, sus discípulos y las mujeres lo adoraron? Pero ¿cómo podemos dejar de adorar a Cristo, cuando los santos ángeles de Dios en el cielo le adoran en obediencia a la orden de Dios? ¿No está escrito: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10)? Es por lo tanto la voluntad de Dios que nosotros adoremos a Cristo como lo hacen los ángeles en el cielo, y no algo injusto en los ojos de Dios. Alguien dirá: ‘¿Pero entonces Cristo es el Creador que es bendito por los siglos?’ Sí, junto con el Padre creó todas las cosas. No puede ser de otra manera, de hecho, más adelante en la misma epístola Pablo llama a Cristo “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Noten ese “bendito por los siglos” común a los dos versículos, porque atestiguan inequívocamente que Cristo es co-creador con el Padre, pero no como lo entienden los Testigos de Jehová, es decir, que el Hijo primero haya sido creado y luego haya creado, [Ellos dicen: ‘…después de haber sido creado como su Hijo primogénito, Dios lo usó como su colaborador en la creación de todo el resto del universo’ (Sea Dios veraz, p. 35)], porque Él era Dios antes de la fundación del mundo, desde la eternidad.

Pero si Jesús no es una criatura de Dios, ¿qué significado tienen estas escrituras? Significan que Cristo es el principio de la creación de Dios y el primogénito de toda criatura en el sentido de que Él es superior a la creación y toda criatura porque está escrito que Él es “sobre todas las cosas” (Romanos 9:5) y “sobre todos” (Juan 3:31), y también en el sentido de que toda la creación tiene su principio en Él; pero no que es la primera criatura de Dios, porque el Hijo de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad con el Padre. Y a continuación, señalamos que si se debiera afirmar que Jesús fue creado debido a que es llamado “el principio” (Colosenses 1:18) lo mismo debería decirse también de Dios Padre porque Él es llamado “el principio” (Apocalipsis 21:6). ¿Cómo es, entonces, que cuando Pablo dice que Jesús es el principio, los Testigos de Jehová, dicen que significa que tuvo un principio, pero cuando Dios dice que Él es “el principio” los Testigos de Jehová no se atreven a decir que Dios tuvo un principio, y por tanto que Él no ha siempre existido? Es obvia la razón, porque se acercan a la Biblia para hacerle decir lo que quieren. El término primogénito entonces, en el citado versículo en Colosenses indica la supremacía de Cristo sobre todas las criaturas de Dios; como cuando se dice en los Salmos: “Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”. No puede por tanto existir, a la luz de las Escrituras, la antes citada explicación de esos versículos de la Biblia dadas por los Testigos de Jehová.

Ahora vamos a decir algo sobre el pasaje de la Escritura escrita en Proverbios tomado por los Testigos de Jehová para decir que Jesús no es Dios: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras” (Proverbios 8:22). Ahora, de acuerdo con los Testigos de Jehová estas palabras confirmarían que Cristo fue creado por Dios y que Él no es eterno; y esto porque la Escritura lo llama “sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24) y “la sabiduría de Dios” (Lucas 11:49). Pero las cosas no son así en absoluto, ya que de una lectura cuidadosa de las palabras de la sabiduría de Dios se nota que habla de esa manera para dejar claro a los que escuchan lo importante que es prestar atención a todo lo que Ella dice. En otras palabras Ella dice que ya existía con Dios antes que Dios crease todas las cosas, y fue testigo de la creación hecha por Dios y por lo tanto vale la pena prestarle atención porque sabe lo que es bueno que el hombre deba hacer y lo que no lo es. Pero mediten: ¿No sería absurdo decir que la sabiduría con esas palabras haya dicho que también Ella ha sido creada por Dios? Por supuesto que lo sería, porque en ese caso se debería concluir que hubo un tiempo en que Dios estaba sin sabiduría! Y entonces que Él no fue siempre el mismo, y esto iría en contra de las palabras de Dios: “Yo, el Señor, no cambio” (Malaquías 3:6) Pero entonces, en este caso con razón surgiría una pregunta: ¿Cómo hizo Dios sin la sabiduría a crear la sabiduría?! En esencia surgiría una pregunta muy similar a la que – como hemos visto – se haría si dijéramos que el Verbo también fue creado por Dios, y es decir: Si todo fue hecho a través del Verbo, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho, ¿cómo creó Dios el Verbo sin el Verbo?! Como pueden ver, si las cosas fueran como dicen los Testigos de Jehová nos iríamos inevitablemente en contra de la Palabra de Dios. No se puede, por lo tanto, aceptar esta explicación que ellos dan a las palabras de Salomón. Una vez más hay que reconocer que negar la eternidad del Hijo de Dios, es negar que Él no tiene principio, también apoyándose en algunos pasajes de la Escritura que aparentemente muestran que Él tuvo un principio, significa ir en contra de la enseñanza global de la Palabra, y por lo tanto quedarse confundidos por ella misma.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Pasos que demuestran que Jesús es Dios

479989_543169739047173_373980122_n– Juan dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14). Y como se dice claramente que el Verbo era Dios y el Verbo fue hecho carne, declaramos que Dios fue manifestado en carne en la persona de Cristo Jesús. Las siguientes palabras escritas en los Salmos: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (Salmos 33:6), confirman lo que dijo Juan (“el Verbo era Dios “[Juan 1:1]), porque sabemos que los cielos fueron hechos por Dios, como está escrito: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1); Por lo tanto, si la Palabra de Dios no era Dios, no podría haber creado los cielos.

– Juan el Bautista dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36), por eso todos los que creen en Jesucristo tienen la vida eterna. Pero Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24), haciendo entender que, a fin de recibir la vida eterna, se debe creer en Dios. entonces alguien dirá: ‘¿En quién debemos creer para tener la vida eterna?’ En Cristo Jesús, porque Él es Dios con el Padre, y nos informó de las palabras de su Padre, y porque el que cree en Él automáticamente cree en Dios que lo envió, porque Jesús dijo: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió” (Juan 12:44).

– Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). ¿No está claro el significado de estas palabras de Jesús? Él y el Padre, a pesar de que son dos personas separadas, son Dios. Los Testigos de Jehová dicen en cambio que estas palabras significan sólo que el Hijo y el Padre son uno en acuerdo y propósito. Pero nosotros decimos: ‘Si fuera sólo eso el significado de las palabras de Jesús, ¿por qué los Judíos inmediatamente después de que lo pronunció recogieron unas piedras para apedrearlo?’ ¿No es otra, y precisamente porque se hacía igual a Dios, la razón por la que recogieron piedras para apedrearlo? Sí, de hecho está escrito que los Judíos le dijeron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). El hecho de declarar sólo estar de acuerdo con Dios no habría provocado la ira de los Judíos incrédulos.

– Respondió Jesús y le dijo al hombre que le había llamado “Maestro bueno” (Marcos 10:17): “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Ahora, alguien dirá: ‘¿Por qué tomar este paso para dar fe de que Jesús es Dios?’ Por esta razón, porque Jesús no se negó a ser llamado bueno, sino sólo le preguntó al hombre porque le había llamado bueno, ya que sólo Dios es bueno. Y así, ya que sólo Dios es bueno el Maestro es Dios, porque Él es bueno. Si Jesús no hubiera sido bueno, sin duda habría dicho al hombre para llamar sólo Dios bueno, y por lo tanto, implícitamente se habría declarado sólo un hombre. Pero precisamente porque era la misma cosa con Dios el Padre, Él era bueno. Por lo tanto, hacemos bien en el llamarlo Maestro bueno, porque Él es Dios.

– Pablo dijo de Jesucristo a los Colosenses que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). Y es precisamente en virtud del hecho de que en Cristo habitó toda la plenitud de la Deidad que hemos recibido gracia sobre gracia de Él, de hecho, Juan dice: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). En otras palabras, no habríamos sido capaces de recibir de Cristo la salvación, ni la vida, ni la paz, ni ninguna otra bendición si en Él no hubiese vivido la plenitud de la Deidad, o si Él no hubiese sido Dios.

– El apóstol Pablo dijo a los Romanos: “De quienes (los Israelitas) son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:5). Así que Jesús Cristo, aunque fue encontrado en la condición de hombre, es el Dios que es bendito por los siglos.

– Pablo dice a Tito: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…” (Tito 2:13). Ahora, el profeta Daniel llamó a Dios “el gran Dios”, porque después de que habló con el rey Nabucodonosor dijo: “El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir” (Daniel 2:45); Jeremías hizo lo mismo, de hecho dijo: “Dios grande” (Jeremías 32:18); David reconoció que sólo Dios es grande cuando él dijo: “Porque yo sé que Jehová es grande” (Salmos 135:5); por tanto, si Pablo llamó a Jesús “nuestro gran Dios” significa que él creía firmemente que Cristo es Dios. Si Jesús no fuera Dios, y por lo tanto si no era igual a Dios, Pablo no lo habría jamás llamado “nuestro gran Dios”, porque de esta manera habría definido una criatura Dios, haciendose culpable de idolatría. Recuerden que Pablo era un Judío por nacimiento que sabía muy bien que Dios había dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3), y por lo tanto nunca se habría permitido, si Jesucristo hubiese sido sólo un hombre, llamarlo “nuestro gran Dios” También el hecho de que Pablo llama a Jesucristo “nuestro Salvador” muestra que él creía que Él era Dios. Él sabía que Dios había dicho a través de Isaías: “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí” (Isaías 45:21), sin embargo, Él no llamó “nuestro Salvador” sólo a Dios el Padre (en Tito dice: “La predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” [Tito 1:3], y a Timoteo dice: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador” [1 Timoteo 1:1], y: “porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” [1 Timoteo 4:10]), sino también a su Hijo Jesucristo, como está escrito en Tito: “Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:4).

– El apóstol Pedro también llamó Jesucristo “nuestro Dios y Salvador”, de hecho, en el comienzo de su segunda epístola está escrito: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:1). También él, como Pablo, sabía que hay un sólo Dios y único Salvador, pero llamó el Cristo a quien había conocido en los días de su carne “nuestro Dios y Salvador” porque Él lo es.

– En el libro de los Hechos de los Apóstoles, entre las palabras de Pablo a los ancianos de la iglesia en Efeso, hay las siguientes: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre” (Hechos 20:28 ‘NVI’). Ahora, en estas palabras se dice que Dios compró la iglesia con su propia sangre, que a primera vista parece increíble, porque sabemos que no es Dios que murió en la cruz y derramó su sangre por nosotros, sino su unigénito Hijo. Pero examinando cuidadosamente este paso y comparándolo con otros pasajes de la Escritura vemos que Pablo aquí se refiere al Hijo de Dios y no a Dios el Padre, que en los días de la carne de su Hijo siguió sentado en su trono en el cielo. Recuerden que cuando Tomás le dijo a Jesús: “!!Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28), implícitamente admitió que su Dios murió en la cruz, que derramó su sangre para comprarnos, y luego fue resucitado; pero tengan en cuenta que con esas palabras no admitió que Dios el Padre murió en la cruz; digo esto para que se entienda que siempre hay una clara distinción entre Dios Padre y Dios Hijo. Son dos personas unidas y de la misma sustancia desde toda la eternidad, pero al mismo tiempo diferentes entre ellas y deben ser especificadas por separado a fin de no intercambiar el uno para el otro. En conclusión, Jesucristo es el Dios que, según las palabras de Pablo, compró su iglesia con su propia sangre.

– En la epístola a los Hebreos está escrito: “Mas del Hijo dice: tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo..” (Hebreos 1:8). También por estas palabras del cuadragésimo quinto salmo se entiende claramente que el Hijo es Dios, y no un dios.

– Siempre en la misma carta está escrito, “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1:6). Ahora, nos sabemos que los ángeles adoran sólo a Dios, como está escrito: “Los ejércitos de los cielos te adoran” (Nehemías 9:6); entonces, como los ángeles saben que se debe adorar sólo a Dios (el ángel de Jesús que se le apareció a Juan en la isla de Patmos, cuando vio que Juan se postró ante él para adorarlo le dijo: “Mira, no lo hagas… Adora a Dios” [Apocalipsis 22:9]) ellos saben y reconocen que Jesucristo es Dios. Y entonces, si Dios el Padre ha ordenado a sus ángeles para adorar a su Hijo, quiere decir que Él mismo reconoce en Cristo Jesús la segunda persona de la Divinidad. Si Jesús no fuera Dios, el Padre nunca habría ordenado a sus ángeles para que le adorasen.

– Mateo dice que los magos “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron…” (Mateo 2:11). Estas palabras muestran que Jesús era Dios, incluso cuando era un bebé, porque los Magos le dirigieron su adoración debida sólo a Dios.

– El mismo apóstol dice al final del Evangelio que escribió que las mujeres acercándose a Jesús resucitado “abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9), y luego que los discípulos “se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron” (Mateo 28:16-17). Ahora, ya que está escrito en la ley: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10), entonces Cristo era Dios. Si el Hijo no hubiera sido Dios, no sólo no habría sido digno de ser adorado, sino Él mismo habría regañado tanto a las mujeres como a sus discípulos cuando le adoraron. Recuerden que Jesús nunca renunció a reprender a los suyos cuando se lo merecían; Él reprendió a Santiago y Juan cuando se le preguntó si quería que mandasen que desciendese fuego del cielo para devorar a los samaritanos que no lo habían recibido porque se dirigía a Jerusalén, (Véase Lucas 9:51-56); y reprendió a Pedro porque no quería que sufriera y muriera (Véase Mateo 16:22-23). Por lo tanto, si sus discípulos, adorandole, se hubiesen hechos culpables de idolatría, Jesús les habría regañado y les habría dicho: ‘¡¡Adoren a Dios!’; en cambio el hecho de que Él aceptó su adoración confirma que Jesús era Dios y no sólo un hombre.

– Pablo dice a los Filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…” (Filipenses 2:5-7). De esta manera Pablo ha confirmado tanto que Jesucristo era igual a Dios, como que Él, como Hijo de Dios, estaba con el Padre antes de la fundación del mundo.

– En la carta a los Hebreos dice: “Sino que os habéis acercado… a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22,23). Dios en este caso se llama el Juez de todos; pero también el Hijo es el Juez de todos, porque Pedro dijo de Él “que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10:42). Por lo tanto, ya que sabemos que el juicio pertenece al Señor, que es el único Dios verdadero, y no hay otro, Jesucristo es Dios.

–  Un día Jesús dijo a los Judíos: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56), y los Judíos le dijeron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” (Juan 8:57) y Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Ahora bien, sabemos que el Yo soy apareció a Moisés en el Monte Horeb en la llama de una zarza ardiente y habló con él y le envió a Egipto para liberar a Israel, pero veamos ahora cuando el Yo soy le apareció al patriarca Abraham, porque Jesús proclamó haber visto a Abraham y que Abraham había visto su día, y él se había regocijado. Está escrito: “Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él…” (Génesis 18:1-2). Tengan en cuenta que la Escritura dice que Abraham vio a tres hombres. Continuando la lectura de esta visita que Abraham recibió se nota que dos de estos hombres eran en realidad dos ángeles, de hecho, después de que los tres hombres habían comido lo que Abraham había puesto frente a ellos, la Escritura antes dice: “Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma” (Génesis 18:22), y un poco más adelante: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde…” (Génesis 19:1). Por tanto, dos de esos tres hombres eran dos ángeles; pero entonces, ¿quién era el tercero? Era el Señor, que es, el Yo soy, de hecho, la Escritura después de decir que “El Señor se le apareció a Abraham” dice que, después de que los dos hombres salieron de Abraham, el patriarca “estaba aún delante de Jehová” (Génesis 18:22). Ahora quiero que noten algo más que considero importante porque confirma que aquel hombre que se le apareció a Abraham era Dios (el Hijo) antes de su encarnación. Después de que los dos ángeles tomaron la mano de Lot, su esposa y sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad de Sodoma, la Escritura dice: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Génesis 19:24). Noten la expresión: “Jehová hizo llover… de parte de Jehová”, porque confirma que aquel hombre que hizo llover de parte de Dios fuego y azufre sobre Sodoma era Dios, el Hijo.

– Isaías dijo: “!!Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder” (Isaías 40:9-10); a continuación, en las palabras de Isaías nuestro Dios vendrá con poder. Ahora, comparando estas palabras del profeta con estas palabras de Jesús: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lucas 21:27), y las de Juan: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” (Apocalipsis 1:7), entendemos que Jesucristo es nuestro Dios que viene con poder. Si luego examinamos las siguientes palabras pronunciadas por el Señor Jesús a Juan: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8) se darán cuenta de que el que viene es llamado el Alfa y la Omega y el Todopoderoso; y por lo tanto esto también es una confirmación de que Jesucristo, que ha de venir, es Dios.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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