¿Cómo están las almas de los impíos en el Seol?

fuoco-infernoEsta es una pregunta que muchos se hacen. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Todo se termina? ¿Los ojos se cierran y una persona desaparece cuando muere?

No, la vida de una persona no termina cuando muere. Cambia estado, desde el terrenal llega a una vida espiritual, pero absolutamente no deja de existir. El alma es plenamente consciente de la situación en la que se encuentra, tiene sentimientos y dolor. He aquí lo que Jesús enseña sobre el lugar donde van a parar los impíos y los rebeldes:

“Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lucas 16:22-28).

Muchos creen que Dios es bueno, y esto es absolutamente cierto. Sin embargo, debemos creer que Dios es también VERAZ, es decir, NO MIENTE JAMÁS, así que si se nos ha hecho saber a través de la Biblia, que después de la muerte los impíos serán atormentados, antes en el Hades y luego en el lago de fuego y azufre, debemos creerlo, de lo contrario, hacemos a DIOS MENTIROSO.

Por lo tanto, Dios es bueno, pero es también veraz, y lo que ha dicho lo va a ejecutar. Él no ha hablado en vano.

Para evitar este sufrimiento a los impíos, y para manifestar su justicia y su intención, Dios ha determinado que la IGLESIA, hecha por aquellos que han nacido de nuevo, salvados por gracia mediante la fe en Jesucristo, proclamen el arrepentimiento a los malvados, para que arrepintiéndose de su conducta y sus maldades, y creyendo que Jesucristo murió por nuestros pecados y al tercer día resucitó, obtengan el perdón de los pecados y la regeneración espiritual.

Por lo tanto, el fin de los impíos y su estado después de la muerte deben servir de estímulo para los santos para que evangelicen con celo y perseverancia, por el bien de las almas perdidas, sin ilusionárles, pero con la verdad, para que ellos se vean empujados a arrodillárse y pedir perdón a Dios por toda su conducta pecaminosa, la abandonen y se den a hacer sólo el bien.

Hermanos en el Señor, evangelicen, por lo tanto, poniendo en guardia a los impíos para que se arrepientan para que no vayan en el Hades, en ese lugar de tormento y sufrimiento. Dios es bueno, pero también es justo y veraz, y la bondad de Dios no debe excederse del hacerLe pasar por INJUSTO y tampoco por MENTIROSO.

Que Dios tenga misericordia de los que claman a Él para ser salvados y escapen así del Hades.

Giuseppe Piredda, salvado por gracia por medio de la fe en Cristo Jesús

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¿Para un Cristiano es correcto hacer teatro (recitar, hacer el actor)?

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¿Qué significa hacer teatro?

Vamos a explicar brevemente lo que significa hacer teatro, y luego a ver si es compatible con la Palabra de Dios.

El teatro es una actividad que consiste en tomar sobre sí la naturaleza y persona de otra. En otras palabras, se trata de un intento de convertirse en otra persona. Entonces, el actor trata de convertirse en una persona que lleva a cabo las acciones de otro hombre, e incluso intenta adquirir los rasgos y la personalidad de la otra persona. Esta actividad se puede describir con la palabra personificación. A menudo en el mundo dicen que un buen actor es aquel que personifica el personaje que interpreta. Hay una expresión que se utiliza en el cine y el teatro, en este sentido, que es ‘sumergirse en el carácter’.

 

¿Por qué hacer teatro es del diablo y debe ser rechazado?

En este punto, después de considerar lo que hacen los que hacen teatro, hay que ver si Dios desaprueba que un su hijo se ponga a impersonificar otra persona, e incluso si este comportamiento constituye una violación de cualquier mandamiento divino. Porque si es así, debemos rechazar el teatro inmediatamente. Y de hecho esto es así, por las siguientes razones.

 

1) Porque induce a la hipocresía y la mentira

El teatro induce a los que lo hacen a la hipocresía y la mentira. La impersonificación de hecho es fingir ser otra persona. Quién, entonces, personifica Jesús fingirá ser Jesús, quien personifica un pecador, todavía fingirá ser un esclavo del pecado; quien personifica el diablo o un endemoniado fingirá ser el diablo, y así sucesivamente. Esto significa hacer los hipócritas y amar y practicar la mentira, y no ser sinceros amando y prácticando la verdad.

¿Podemos nosostros los hijos de Dios hacer los hipócritas y amar y practicar la falsedad, aunque sea con el objetivo de llevar el Evangelio a nuestros vecinos? No, porque la Escritura nos manda a desechar la hipocresía, como está escrito: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-2); y desechar la mentira de nuestras vidas y decir la verdad unos a otros (Efesios 4:25).

Sobre el término ‘hipócrita’ les recuerdo que se deriva de la palabra griega “hypokrités”, que significa “actor”- y, de hecho, en el antiguo teatro griego los actores eran conocidos como los “hipócritas”- y por lo tanto un actor es un hipócrita, porque finge ser alguien o algo que realmente no es. Los escribas y los fariseos fueron definidos ‘hipócritas’ por Jesús porque en la práctica recitaban el lado de los justos, o mejor llevaban una máscara como justos, cuando estaban llenos de iniquidad e injusticia.

Ahora, les pregunto: “¿Puede un cristiano, aunque de vez en cuando usar una máscara, es decir, fingir ser otra persona, buena o mala que sea?” Por supuesto que no.

¿Puede un cristiano comienzar a decir palabras y cosas que no son ciertas porque no proceden de su corazón, porque está personificando a otra persona y esas palabras han de ser repetidas de memoria debido a que hacen parte de un guión? La respuesta de nuevo es ‘no’.

¿Cómo, entonces pueden tantos pastores afirmar que existe un talento que Dios da a ciertos creyentes a hacer teatro? Evidentemente porque son ciegos, habiendo perdido su discernimiento. Y diciendo esto, atribuyen a Dios las mentiras y ficciones que se perpetran en la escena teatral.

Y a continuación, tengan en cuenta que esta escuela de hipocresía y mentira comienza con los niños, ya que en casi todas las comunidades, se hacen interpretar a los niños escenas de teatro, o en conexión con la llamada fiesta de Navidad o Año Nuevo, o en el cierre de la Escuela Dominical.

He aquí lo que se les enseña a los niños: a ser hipócritas. No es de extrañar, por lo tanto, si como adultos luego se conviertan realmente en hipócritas, y de hecho las Iglesias de hipócritas abundan. Es todo una consecuencia.

Así que esto sería suficiente para entender que el teatro es del diablo, porque nos lleva a transgredir los mandamientos de Dios.

Pero quiero seguir mostrando cuantos principios bíblicos el teatro va a contrastar.

 

2) Porque se opone a la soberanía de Dios

El teatro se opone descaradamente a la soberanía de Dios, porque Dios gobierna de forma individual la gente y su naturaleza, ya que es el que ha establecido en su sabiduría soberana la naturaleza del hombre, y las circunstancias de su vida, y nosotros por Su gracia hemos sido partícipes de su naturaleza divina, y se nos ha hecho hijos de la obediencia; el teatro va a afrentar todo esto, porque quien recita el papel del pecador (que es muy común en las escenas teatrales) no hace más que fingir tener una naturaleza diferente y ser un hijo de desobediencia, y así decimos que se rebela contra la soberanía Dios.

En otras palabras, un Cristiano no puede recitar el papel de un pecador, ya que haciendolo se identifica con alguien que está todavía en el pecado.

Si lo hace se rebela contra Dios, porque un cristiano no tiene el derecho de ser o fingir ser otra persona. Él está en Cristo, y por lo tanto nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17), y por lo tanto no puede negar esta verdad para hacerse pasar por una persona en la que las cosas viejas no han pasado todavía ya que no es en Cristo.

Pero el teatro también afrenta la soberanía de Dios en otra forma, y eso es porque lleva a confiar en el hombre en lugar de Dios. Me voy a explicar mejor. También hay los que hacen el teatro ‘Cristiano’ y dicen que de esta manera ellos piensan que atraen las almas a Cristo, pero ellos no se dan cuenta que diciendo esto están ofendiendo a Dios, y contrastando lo que Jesús dice en este sentido. Porque es Dios que llama las almas a Cristo, de hecho Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44), y también: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65).

En un cierto sentido, entonces, quien hace teatro “Cristiano” se pone en lugar de Dios, porque piensa que es él a llamar a las almas a Cristo con su actuación, que es ficción. Juzguen por ustedes mismos.

 

3) Porque induce a jugar con el pecado

El pecado es infracción de la ley, dice el apóstol Juan (1 Juan 3:4). Y es una cosa seria pecar, no es algo para tomarse a la ligera en absoluto, también poniendose a fingir el pecado, como en las escenas teatrales. Por ejemplo, cuando un creyente interpreta el papel de un borracho, un ladrón, un asesino, un mago, un afeminado, un vanidoso, orgulloso, insolente, fornicario…, en ese momento se está haciendo pasar un pecador, y entonces está arrastrado en ese momento para pensar y actuar como un pecador.

Hará, por lo tanto algunos movimientos con su cuerpo, dirá cosas con la boca que un Cristiano que quiere conducirse de una manera digna del Evangelio, no debe hacer y decir, ni siquiera en broma. Y entonces ESTÁ PECANDO. ¿Qué bien se puede recibir entonces en el personificar un hombre esclavo del pecado? Ninguno. De hecho, sin duda va a recibir del mal, porque los que personifican a un pecador pueden ser inducidos en relaidad a cometer en el mundo esos pecados. ¿No es eso lo que sucede en el teatro y en el cine? ¿No es cierto que los actores mundanos han admitido que su personalidad ha cambiado irrevocablemente a peor después de haber personificado personajes  datos a pecados particulares?

Así que tengan cuidado hermanos, no se hagan arrastrar detrás del teatro y tampoco del así llamado teatro “cristiano”, ya que seguramente la actuación tendrá consecuencias negativas, muy negativas, en su vida. Sólo Dios sabe cuántos pecados han cometidos los “actores cristianos”, después de haber personificado el papel de los pecadores.

Esto nos enseña que con el pecado no se debe jugar, fingiendo pecar, porque el pecado está a la esquina para golpear. No se engañen a ustedes mismos. Es por eso que Pablo nos manda a abstenernos de toda forma de maldad o mala apariencia (1 Tesalonicenses 5:22), ya que el mal debe ser aborrecido en todas sus formas.

 

4) Porque lleva la Iglesia a la mundanidad

El teatro es un deseo mundano y entonces hace mundanizar a la Iglesia. Las iglesias que hacen teatro por lo tanto son mundanas. Muestran el amor por las cosas que están en el mundo. Ellos decidieron conformarse al mundo, para no sentirse tan diferentes de él. Para ellas, sin embargo, el teatro es una especie de puente que sirve para poner a los incrédulos en contacto con la Iglesia, cuando en realidad se trata de un puente a través del cual entra el espíritu mundano en la Iglesia y la corrompe. Por eso está escrito: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16), y también: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Y a continuación, se tenga en cuenta que cuando la Iglesia comienza a utilizar el teatro para evangelizar, termina haciendo teatro para mero entretenimiento. De hecho, básicamente, ellos hacen una especie de cabaret. Por supuesto, estos  justifican insensatamente también este teatro diciendo que Dios quiere que seamos alegres, olvidando que hacer el bufón y necedades son cosas impropias que no se adaptan a los santos, y que por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. (Efesios 5:3-4,6).

 

5) Porque lleva a deshonrar su propio cuerpo, que es el templo de Dios

El teatro lleva a los santos para mantener comportamientos indignos. Les voy a dar algunos ejemplos prácticos. Quién interpreta el papel de un endemoniado deberá desnudarse y aparecer al menos la mitad desnudo, quien interpreta a Jesús en la resurrección lo llevará también a desnudarse y aparecer semidesnudo; una mujer que interpreta a una mujer adúltera sorprendida en adulterio, o una prostituta, se llevará a actitudes carnales y vestirse como una ramera. Y los que llegan a hacer los mimos, tendrán que pintarse su cara con diferentes colores y de una manera extraña, y van a hacer muecas con la cara. Y todo esto, ellos siempre dicen los partidarios de este arte, para difundir el Evangelio.

Ahora, sabemos que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo (como está escrito: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” [1 Corintios 6:19]), y por lo tanto ninguno de nosotros tiene el derecho de ponerse medio desnudo delante de los demás, o poner su propio cuerpo pintado o dibujado. Los que piensan que tienen el derecho de hacer uso de su propio cuerpo como quieren, profanan el templo de Dios que es santo porque no lo honran como deben hacer (Pablo dice que Dios quiere que cada uno de nosotros “sepa mantener su propio cuerpo en santidad y respeto. Además de esto, sabemos que nuestro comportamiento debe ser apropiado a la santidad (como está escrito: “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” [1 Pedro 1:15]), entonces debe ser serio, santo y sin payasadas. En cuanto a una mujer que hace el papel de una mujer adúltera o una prostituta con su vestido de ramera, es evidente que nos encontramos ante una flagrante violación de la Palabra que dice: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10).

 

Conclusión

A la luz de la Sagrada Escritura, el teatro, que sea o no “cristiano” debe ser rechazado, y reprendido con toda confianza, porque es una forma de rebelión contra Dios. Nadie se engañe porque Pablo dice que “La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad(Romanos 1:18), y de hecho la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.

Fuente: “Contra el teatro cristiano”, libro escrito por Giacinto Butindaro.

Traducido por Enrico Maria Palumbo.

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Lo que debe ser predicado al mundo

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Jesús dijo a sus discípulos antes de ascender al cielo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47). Esto es lo que debe ser predicado al mundo, el arrepentimiento y el perdón de los pecados por medio de la fe en el nombre del Hijo de Dios.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

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Nosotros predicamos a Cristo crucificado, poder de Dios

10734246_10152768018296043_6649640367189890002_n“Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:22-25)

Para muchos parece una frase obvia la que dice que nosotros predicamos a Cristo CRUCIFICADO, pero no lo es. ¿Cuántas veces ustedes han oído hablar de la muerte de Cristo en la cruz, del hecho que su costado ha sido HERIDO y ha salido la sangre de Jesús, que es la sangre del nuevo pacto, por medio de la cual nuestros pecados han sido perdonados? No muchas veces en estas congregaciones de hoy en día.

Miren, hablar de la muerte de Cristo como está escrito en la Palabra de Dios, es considerado por algunos como CRUENTO, y para no molestar al auditorio, he ahí que no hablan de ella casi nunca. Y eso no es bueno, ya que en la SANGRE DE JESÚS, en LA MUERTE DE JESÚS hay un gran poder, es el poder que salva al hombre pecador, por lo tanto, somos llamados para hablar de ella continuamente.

Muchos nos dicen que hablan de Jesús, evangelizan, pero yo les digo a éstos: ‘¿Pero ustedes anuncian el Evangelio de Cristo como está escrito en la Biblia? ¿Pero ustedes proclaman que Cristo en la cruz derramó su sangre para limpiárnos de todo pecado? ¿Pero ustedes proclaman que hay curación del cuerpo por las heridas que se han infligido en el cuerpo de Jesucristo?’

Hermanos y hermanas en el Señor, les recuerdo que nosotros los creyentes debemos hablar y recordar a los demás que Cristo murió en la cruz y derramó Su sangre para limpiárnos de toda iniquidad, y al tercer día resucitó; esto es lo que debemos proclamar a los pecadores, esto es el Evangelio, y como leemos en el pasaje citado más arriba, ESTE EVANGELIO ES PODER DE DIOS, Y SABIDURÍA DE DIOS. Así que, queridos en el SEÑOR, no reemplacen este mensaje de gran alcance con nada más, dejen las palabras: ‘Jesús te ama’, porque no es EVANGELIO, sino proclamen la muerte y resurrección de Cristo, de acuerdo a lo que está escrito en la Biblia.

Tengan cuidado con las amonestaciones del apóstol Pablo, quien dice:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gálatas 1:6)

Hermanos, pregúntense: ‘¿Cuál es el Evangelio que me salvó?’ He ahí, ese es lo que tienen que predicar, y el Evangelio que les salvó no fue ‘Jesús te ama’, sino la fe que les ha sido dada en el sacrificio logrado por Jesucristo en la cruz, en su derramamiento de sangre, ese es el que les ha salvado y limpiado de todo pecado, por lo tanto, proclamen ese MENSAJE, no otro.

Entonces, dejen por un lado el resto de los mensajes que no son Evangelio, porque hay que predicar EL MISMO EVANGELIO que predicaban los apóstoles, es decir, ustedes tienen que predicar a CRISTO CRICIFICADO, que es PODER DE DIOS, para la salvación de todo aquel que cree.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Contra el “llamado al altar”, más conocido como el “llamado a la salvación”

altar_callHay una práctica sin ningún fundamento bíblico muy difundida en el ámbito evangélico, cuando hay reuniones de evangelización, que consiste en esto. Inmediatamente después del sermón, la congregación canta una canción durante la cual el predicador llama a hombres y mujeres a dejar sus asientos y presentarse en frente de la audiencia para confesar públicamente que “aceptan a Cristo”. Para los que lo hacen se les ofrece la salvación. Los que vienen hacia adelante reciben la atención personal de un consejero y se les instruye a orar, y así sucesivamente. A menudo el predicador les pide que reciten una oración con él, que es ‘la oración del pecador penitente’. Una vez que haya terminado esto, el predicador dice, a menudo, a los que han hecho esta oración: ‘Ahora su nombre está escrito en el libro de la vida!’.

Fue Charles Finney, un famoso predicador del siglo 19 (1792-1875), que dio lugar a esta práctica, conocida en las Iglesias anglosajonas como ‘altar call’ (llamado al altar).

En un determinado momento, en las reuniones evangelísticas de Finney (alrededor de 1830), de hecho, los primeros asientos estaban reservados para aquellos que, después del sermón respondían a la invitación de ponerse del lado del Señor. Por lo tanto, los que eran “ansiosos” por la salvación de sus almas eran invitados a venir adelante a los ‘asientos de los ansiosos’ (anxious seat) donde habrían sido aconsejados y se habría orado por ellos. Y esto para forzar las decisiones y obtener resultados. Además, Finney animó a los jóvenes predicadores para que fuesen anecdóticos, más coloquiales y menos doctrinales de lo que habían sido los predicadores tradicionales.

Todas estas prácticas, que como pueden ver se pueden encontrar en muchos predicadores contemporáneos, eran parte de las llamadas “nuevas medidas” introducidas por Finney que, sin embargo, otros predicadores de su tiempo rechazaron, atraendose el apodo de ‘enemigos del avivamiento’.

Desdichadamente Finney fue el primer predicador influyente que sugerió un principio que es muy similar a lo que dice que el fin justifica los medios, como él dijo: ‘El éxito de cualquier iniciativa hecha para promover un renacimiento de religión, demuestra su sabiduría … cuando la bendición sigue, evidentemente, la introducción de la misma iniciativa, tenemos pruebas inequívocas de que esa iniciativa es sabia. ¡Es profano decir que esta medida hará más daño que bien!’ (Charles Finney, Avivamiento de la Religión, Old Tappan, NJ: Revell, nd, 211 – En Inglés, el texto dice: ‘The success of any measure designed to promote a revival of religion, demonstrates its wisdom …. when the blessing evidently follows the introduction of the measure itself, the proof is unanswerable, that the measure is wise. It is profane to say that such a measure will do more hurt than good’).

Dije antes que el ‘altar call’ no tiene ningún fundamento bíblico, porque si se leen los escritos que relatan la historia de Jesús de Nazaret, así como el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice la historia de la Iglesia a partir de alrededor de 33 a alrededor de 63, no se encuentra en ellos alguna referencia directa o indirecta a esta práctica.

Jesús predicó el Evangelio a los pueblos y aldeas, exhortando a las almas a arrepentirse y creer en el Evangelio, pero a las multitudes de personas que se reunían para escucharle no hacía llamados como: ‘Quién quiere aceptarme levante la mano, o se ponga de pie, y luego venga adelante, que oraremos con él’. Y lo mismo pasa con los apóstoles.

Es claro que no estoy diciendo que Dios no puede salvar igualmente a alguien durante una evangelización en la que se utiliza este método, sin embargo, ya que tenemos que aprender a practicar no más de lo que está escrito, los que anuncian el Evangelio, deben limitarse a hacer lo que hacían Jesús y los apóstoles, que siguen siendo el ejemplo a seguir en cada época y nación.

Ahora, a favor de esta práctica se dice por ejemplo que en la Biblia hay invitaciones para ir al Señor, como éstas: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1), “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

Sí, yo digo, pero estas invitaciones, no presuponen que aquellos que las reciben deban hacer un movimiento físico como levantarse y seguir adelante después de una predicación para recitar ‘la oración del pecador penitente’! Y, de hecho, Jesucristo nunca hizo tales invitaciones al final de sus sermones. Si no les ha hecho Él, ¿por qué entonces sus siervos deben hacerles? ¿Qué hacía Jesús entonces? Lo repito, Él predicaba el Evangelio a las multitudes, diciendo: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15), sin embargo, nunca hizo los modernos llamamientos a la salvación que estamos viendo hacer por muchos predicadores.

Lo mismo se aplica a los apóstoles; también ellos predicaron el arrepentimiento y el Evangelio (Hechos 2:38; 10:38-43; 17:30; 26:20), porque así Cristo ha mandado, según lo que dijo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47), y otra vez: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15); pero ni siquiera ellos hicieron llamamientos a la salvación del tipo que estamos acostumbrados a ver hoy.

Esto se debe a que los que predican el Evangelio deben mostrar a la gente que tienen que “moverse” espiritualmente de donde están a Cristo, es decir que tienen que ir a Cristo, y no en un lugar físico determinado. Por supuesto, sabemos que es Dios quien traje a las almas a Cristo, y entonces pueden venir a Cristo solo si les he dado por Dios el Padre (Juan 6:44,65).

Así que el predicador debe exhortar a los pecadores para ‘moverse espiritualmente’ y no ‘moverse físicamente’ en el lugar donde él está predicando.

Hay otro razonamiento que hacen los que están a favor de esta práctica que no es bíblica, y es esto. Dicen que Jesús dijo: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33). Pero este confesar a Cristo delante de los hombres, no tiene nada que ver con la conversión del pecador. Porque el pecador puede convertirse también en el medio de un desierto donde no hay nadie, excepto Dios que le ve y le oye, sin tener la oportunidad de decir públicamente en ese momento frente a los demás que él ha creído en el Señor Jesucristo. Ciertamente, a aquellos que se convierten a Cristo, hay que decirles que no deben avergonzarse de dar testimonio de lo que Cristo ha hecho por ellos, y ni siquiera de confesar el nombre de Cristo delante de los hombres, pero de aquí a decir que por parte de los que quieren convertirse hay la necesidad de una confesión pública de fe delante de todos, donde todos los presentes le deben oír y ver “recitar” la oración del pecador penitente, hay un mundo de diferencia.

También hay que decir que esta práctica no bíblica ha creado una especie de mediador entre los pecadores en la tierra y Cristo, porque en cierto sentido, parece que el pecador pueda venir a Cristo sólo a través de esta oración del pecador que el predicador le invita a repetir detrás de él. Sin embargo, el pecador necesita solamente que el predicador le muestre el camino a seguir, entonces será Dios que lo empujará en ese camino de una manera poderosa e inescrutable, dandole el arrepentimiento y la fe en Cristo. El pecador debe ser exhortado con toda confianza para que vaya a Cristo, para que confiese sus pecados, para que pida Su perdón. El resto lo hará Dios. El predicador no tiene que preocuparse de cómo el pecador irá a Cristo, porque esa es la obra de Dios en él.

También hay que decir que esta práctica lleva a creer que hayan habido conversiones en gran número, porque los que van por delante se cree que se hayan convertido, cuando en la mayoría de los casos no es así. Y, de hecho, la gran mayoría de los que vienen hacia adelante en estas evangelizaciones en los estadios y así sucesivamente, luego desaparecen en un tiempo muy corto, y al momento de buscar en las congregaciones todos aquellos ‘conversos’ que fueron contados, se encuentra sólo un puñado de ellos. Y no sólo eso, hay muchos que piensan que son salvos por haber respondido al llamado a la salvación del predicador y haber recitado con él la oración del penitente, pero en realidad nunca ha habido en ellos una conversión real. Hubo el recitar una declaración de fe, pero en realidad no la habían creído verdaderamente con el corazón, y entonces se han engañado a sí mismos y han engañado a los demás que se habían convertido a Cristo.

Pero ¿por qué al final muchos predicadores adoptan este método?

En primer lugar, porque no creen plenamente en el poder de la palabra de la cruz, como un medio utilizado por Dios para salvar las almas, que, sin embargo, creyeron los apóstoles. El apóstol Pablo, por ejemplo, afirma: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17), y también: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21). Como se puede ver, además de la predicación no se necesitan otras cosas por los que anuncian el Evangelio, porque es a través de ella que Dios ha determinado para salvar las almas, y de hecho, “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

En segundo lugar, porque no creen en el propósito de Dios conforme a la elección que depende de la voluntad del que llama, y no de la voluntad de aquel que es llamado al arrepentimiento, como está escrito: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). En otras palabras, ellos no creen que los que creen fueron ordenados para vida eterna (Hechos 13:48) desde la fundación del mundo, o más bien, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, porque para ellos la salvación depende de la voluntad del hombre y no de la voluntad de Dios, y entonces ellos hacen todo lo posible para solicitar la voluntad humana con estos métodos. Así que al final, estos predicadores terminan tratando de manipular la voluntad de sus oyentes con este llamado a la salvación y todo lo que se encuentra junto a él.

Estoy plenamente convencido de que los que creen en lo que dice la Biblia, es decir que es Dios quien de su voluntad, hace nacer de nuevo (Santiago 1:18), que es Él que trae a las almas a Cristo (Juan 6:44), que es Él que da el arrepentimiento para vida (Hechos 11:18), que es Él quien concede creer en Cristo (Filipenses 1:29), y que es Él que revela a las almas quien es Jesucristo (Mateo 16:17), no sienten en absoluto la necesidad para hacer estos llamados a la salvación, haciendo venir adelante las personas y haciendo que reciten la ‘oración del pecador’. Y esto es porque están plenamente convencidos de que Dios obrará poderosamente en las almas que Él escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que a la hora establecida por Él – después de haber escuchado la palabra de la cruz – se arrepientan y crean.

Hay que admitir que con la introducción del llamado al altar, muchos han terminado por desviar la atención de lo espiritual a lo físico, del interior al exterior. Las reuniones de evangelización son llamadas ‘maravillosas’ porque muchos ‘siguieron adelante’, y se argumenta que Dios ha obrado porque muchos respondieron al llamado. Y todo esto tal vez cuando estaba obrando solamente un hábil predicador y no Dios (o tal vez Dios estaba obrando sólo en unos pocos de ellos). Y entonces se piensa que en cambio, en los que se quedaron en su asiento, Dios no obró, cuando tal vez precisamente entre ellos hubo alguien que fue verdaderamente convertido. Yo, por ejemplo, cuando me convertí, escuché el enésimo llamado para seguir adelante, pero esa noche no seguí adelante, sino me arrepentí y creí en el Señor mientras estaba de pie en los últimos asientos, y esa noche nací de nuevo para el poder regenerador de la Palabra de Dios. No recité ninguna oración pre-empaquetada por el predicador, porque empecé a llorar ante Dios, pidiéndole que me perdonase y me hiciese un hijo Suyo.

Para concluir, quiero decir que hay que volver a la Palabra de Dios, también en este, y entonces tenemos que eliminar este ‘llamado al altar’, ya que no es parte de lo que un predicador debe hacer por mandato de Cristo.

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Era piadoso, temeroso, hacía muchas limosnas y oraba a Dios siempre, sin embargo, él no era salvado

colomba“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar. … él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hechos 10:1-6, 11:14).

Este pasaje bíblico está siempre presente en mi mente y en mi corazón, porque en Cornelio me veo a mí mismo cuando era católico; de hecho, en ese tiempo yo era temeroso, piadoso y oraba, pero era todavía una persona perdida en sus delitos y pecados.

Cuántas veces iba a la misa, e incluso cuando confesaba mis pecados al sacerdote, no me sentía mejor, los pecados permanecían aun mas pegados a mi alma.

Pero Dios tenía un plan también para mí, un cambio de residencia de Palermo a Gaeta, conocí a un hermano en Cristo que me llevó a la comunidad evangélica de Fondi, donde escuché el Evangelio y, poco después, en mi cuarto, Dios me regeneró espiritualmente, me hizo nacer de nuevo y mi pecado se fue de mi alma, me sentía ligero, lleno de alegría, de paz, y no tenía mas el miedo de ir al infierno porque entonces me empecé a sentir en paz con el Señor en lo más profundo de mi alma. Dios ya no era un juez para mí, pero ya lo veía como Padre, que se compadeció de mis miserias del alma y me perdonó todos mis pecados. Gracias sean dadas a Dios, que se apiadó de mí.

De manera similar a Cornelio, hay muchos católicos que están en la condición en la que me encontraba yo ante de ser salvado, que están en la misma situación en la que estaba Cornelio cuando el ángel se le apareció, antes de creer en el mensaje de la salvación que le trajo Pedro.

Hay muchos católicos que son devotos, piadosos, que temen a Dios, hablan de Él, hablan de Jesucristo, hacen limosnas y oran, sin embargo, como Cornelio, permanecen perdidos en sus delitos y pecados, porque sólo por medio del nuevo nacimiento, sólo a través de la obra del Espíritu Santo que viene a morar en el hombre se obtiene el perdón de los pecados, infundiendo en las profundidades del corazón la fe en el sacrificio de Jesucristo, por medio del cual se obtiene la remisión de los pecados.

Estos son buenos religiosos católicos, pero no son salvados, no hacen parte de la familia de Dios, como no hacía parte de la familia de Dios Cornelio antes de que Pedro le llevase el mensaje de salvación.

Desdichadamente, incluso en las iglesias evangélicas, hay muchos que son religiosos, piadosos y devotos, pero no son salvados, nunca han nacido de nuevo. Este fenómeno es muy común entre los hijos de los creyentes que han sido enseñados en todas las cosas que pertenecen a los principios y doctrinas de la Biblia, imitan casi perfectamente el comportamiento de un creyente, pero no lo son, dentro de ellos están espiritualmente muertos , hacen lo todo por arrastramiento, hábito, imitación de los demás y para complacer a los padres y al pastor, pero nunca se han convertido y nunca han nacido de nuevo.

En cierto sentido, también otras franjas religiosa, como los Testigos de Jehová, andan de una manera religiosamente encomiable, pero no han nacido de nuevo, no son salvados, y sus pecados no han sido perdonados, sus inmundicias se encuentran todavía en su corazón y en su alma.

Cornelio fue salvado, sus pecados fueron perdonados y recibió el Espíritu Santo en su corazón, en el momento en el que creyó en las palabras de Pedro: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43), de hecho, Lucas continúa la historia con estas palabras: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:44).

Estas Sagradas Escrituras nos recuerdan que el perdón de los pecados se consigue sólo a través de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, en el momento en que el Espíritu Santo hace la obra de convicción en las profundidades del alma que se está viviendo en el pecado, como está escrito: “[el Consolador] convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Hemos leído que el Espíritu Santo convence al hombre de pecado, lo hace sentir un pecador en necesidad de salvación, que no puede agradar a Dios con sus propias fuerzas y sus obras, y lo convence, poniendo en él la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, la sangre derramada cumple la limpieza de sus pecados.

No es por las obras que se obtiene el perdón de pecados, sino sólo por la fe puesta en el corazón del hombre por el Espíritu Santo, como dice el Señor Jesucristo a Pablo, “Te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:17,18).

Ahora les digo a ustedes, católicos romanos, a ustedes que piensan ser salvados y agradar a Dios por sus obras, a la luz de lo que hemos dicho en referencia a la forma de obtener el perdón de los pecados, deben saber que no es por las obras que uno puede ser salvado y los pecados no son perdonados por el sacerdote, sino sólo por Dios, a partir del momento en que uno nazca de agua y del Espíritu. Arrepiéntanse, pues, y clamen a Dios, arrepiéntanse de sus pecados y griten a Dios el Señor que tenga misericordia de ustedes y les haga nacer de nuevo perdonando sus pecados. La salvación es por fe, no por obras, de acuerdo con lo que dicen las Sagradas Escrituras: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

Ustedes están en la condición de Cornelio, dispónganse para escuchar el mensaje de salvación del apóstol Pedro, y obtendrán lo que obtuvieron Cornelio y su casa.

Y ahora les digo también a ustedes que entran por las puertas de los lugares de culto evangélicos casi todos los domingos, si ustedes no han nacido de nuevo, todavía están perdidos en sus delitos y pecados y siguen siendo hijos de ira. También ustedes arrepiéntanse y crean en el Evangelio y obtendrán el perdón de sus pecados. Ustedes no son salvos porque sus padres son creyentes; ustedes no son salvos porque frecuentan una comunidad evangélica, ya que la salvación es personal, no grupal, y si ustedes no han nacido de nuevo no entrarán en el reino de los cielos, y el hades les tragará si no han recibido la misericordia de Dios y sus pecados no han sido perdonados. Nada impuro entrará en el reino de los cielos, ningún pecador, ningún pecado, por lo tanto, deben ser limpiados por la sangre de Jesucristo, por medio de la fe, de todo pecado para poder entrar en el reino de los cielos.

Miren, pues, que la luz que creen haya en ustedes no sea tinieblas.

A todos les exhorto, por tanto, yo que una vez estaba perdido en mis delitos y pecados como ustedes, de arrepentirse y creer en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, para obtener el perdón y la purificación de los pecados.

El que tiene oídos, oiga lo que la Palabra de Dios dice a las Iglesias.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Catolicos Romanos, conviértanse de los ídolos al Dios vivo y verdadero …

vatican_1594625cOh varones y mujeres, que se han hecho imágenes y esculturas de todo tipo, y van a postrarse ante tales cosas suplicandoles para ayudarles, para sacarles afuera de los problemas en los que se encuentran, y en los cuales confían para su salvación, yo les predico que se conviertan de estas vanidades al Dios vivo y verdadero que hizo el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, para servirle y esperar a su Hijo de los cielos.

Hasta ahora, han adorado a estas llamadas sagradas imágenes y esculturas que tales no son, ya que son ídolos que son abominación a Dios y que un día Dios destruirá en el furor de su ira, junto con aquellos que los adoran y los aman. Sí, Dios odia esas cosas que tanto aman y respetan porque hacen que ustedes se alejen de Su adoración en espíritu y verdad, y porque de esta manera ustedes se han puesto para servir y adorar a la criatura en lugar del Creador mismo, que es bendito por siempre. Y por estas razones no pueden heredar el reino de Dios. Merecen descender en las llamas del hades cuando mueran; De hecho, este es el destino de los idólatras.

Esas cosas que ustedes adoran no pueden ayudarles de ninguna manera, repito, de ninguna manera; porque son vanidad, obra de manos. La Sagrada Escritura dice: “Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta” (Salmos 115:5-7), y también: “ni para hacer bien tienen poder” (Jeremías 10:5). El diablo, que es el enemigo de Dios y el cual engaña al mundo entero, les ha hecho creer en vez que tienen poder para socorrerles. Sus ojos han sido cegados por este ser maligno que peca desde el principio y es el padre de la mentira.

Ahora, por lo tanto, abandonen sus ídolos, y dirijan su corazón al Dios que creó todas las cosas por su sabiduría, y que les apoya con su poder infinito. Arrepiéntanse de haberse dado a la idolatría que Dios odia y por la que merecen ser condenados a la infamia eterna, y abandonen sus ídolos, y crean con todo su corazón en Jesucristo, el Hijo del Dios vivo y verdadero y así obtendrán el perdón de los pecados. Está escrito, de hecho, que “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43).

Dios envió a su Hijo al mundo, y específicamente en el país de los Judíos, hace unos dos mil años. Él vivió una vida sin mancha, sin pecado, haciendo el bien, sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él, pero para que se cumplieran las palabras antes pronunciadas por Dios a través de Sus antiguos profetas sugún las cuales Él tuvo que morir por nuestros pecados, Él fue odiado por sus compatriotas, fue condenado a muerte por el Sanedrín que era el tribunal judío de la época, y entregado a los Romanos para que lo matasen. Y así sucedió que Jesucristo, el Justo, fue crucificado. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos al tercer día, y se presentó vivo a sus discípulos con muchas pruebas indubitables; esto fue para nuestra justificación. Y por lo tanto ahora, en virtud de su muerte y resurrección, todo el que crea en Él está totalmente perdonado por Dios purificado de todos los pecados. Esta es la Buena Nueva del Reino de Dios y es capaz de salvarles del pecado y de la condenación eterna si es aceptada por fe. Si en vez la rechazan ella les juzgará en el último día cuando comparecerán ante Dios para ser juzgados por Él.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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