NO FUMAR

no-fumar_42581La Palabra de Dios, aunque no diga explícitamente que fumar es pecado, de todos modos hace entender que fumar es un pecado. Examinemos el hecho de fumar el cigarrillo o el cigarro; ¿Qué es? ¿Algo necesario, algo saludable para el cuerpo? No, no es ni necesario ni algo saludable para el cuerpo. Pablo dice: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen” (1 Corintos 6:12), y fumar el cigarrillo es una de las cosas que no convienen.

Pero no sólo no conviene, sino también es perjudicial; porque es bien sabido que fumar el cigarrillo hace daño, y que muchas personas cada año mueren de enfermedades causadas por el tabaquismo. Ahora bien, habida cuenta de que fumar es malo para el cuerpo, esto significa que si un creyente fuma daña el templo de Dios, y Pablo dice que “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17). Esta es la razón por la cual los que se convierten al Señor deben dejar de fumar. Hace algunos años un pastor de una iglesia evangélica, en una entrevista en un periódico, afirmó que “un cigarrillo después del café no le parece pecado”. Por desgracia, este hombre fue engañado por las apariencias “inofensivas” de este pecado, por eso habla y enseña de esta manera. Estamos profundamente en desacuerdo con esta afirmación (por desgracia compartida por muchos pastores evangélicos): fumar es un mal hábito, o en otras palabras, un deseo mundano del cual el creyente debe abstenerse a fin de preservar su propio cuerpo en santidad y honor.

Algunas personas dicen: “El cigarrillo me relaja”; esto es falso porque el cigarrillo no puede transmitir tranquilidad al hombre que lo fuma; la paz y la tranquilidad les da Dios sin la ayuda del cigarrillo. Si el cigarrillo relaja entonces hay que decir también que las pastillas calman a los que no tienen paz y que los somníferos hacen dormir los que no pueden dormir; mientras que es mejor decir que atontan los que los usan y los intoxican. Creemos que, como los creyentes no necesitan tomar analgésicos y pastillas para dormir porque tienen al Señor que les da la calma en medio de los problemas y el sueño cuando deben dormir, así ningún creyente tiene necesidad del cigarrillo para ‘relajarse’.

En Isaías están escritas las siguientes palabras que son precisamente para él que, aunque haya creído sigue fumando porque considera que fumar no es pecado: “De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?” (Isaías 44:20).

Sepan todos aquellos que continúan fumando que deben dejar inmediatamente de fumar; ustedes dirán, “¿Cómo podemos hacerlo?” Antes que nada deben saber que pueden hacerlo en Cristo Jesús porque está escrito: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13); y luego les digo de orar a Dios en el nombre de Jesucristo para que les libre de este vicio y Él les librará de una vez por todas. Luchen contra el pecado, no lo acaricien.

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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