Ropa femenina que no corresponde a una mujer Cristiana

El apóstol Pablo afirma: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10). Por lo tanto, una mujer que sigue y sirve a Cristo debe vestirse de acuerdo a esta exhortación apostólica. Esto significa que no debe usar esas prendas que son iconvenientes, como por ejemplo estas.

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Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Respuesta a la pregunta de una hermana acerca de la relación entre la comunión con Dios y el adorno del cuerpo – (Un mensaje para todas las mujeres Cristianas)

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Pregunta:

“Paz, soy una hermana desde muchos años en la fe precisamente 13 años. Mis primeros años he seguido al Señor con todas sus reglas, mi pastor era muy rigido al igual que usted, a mi no me pesaba no cortar el pelo, no poner más los pantalones, no usar maquillaje, no ponerme pendientes, es decir, vestirme de una manera decente porque el Señor me preguntaba eso, y para mí no fue un sacrificio.
Ahora estoy en otra comunidad, por diversas razones, no estoy aquí para explicar, en esta comunidad el Señor es todo amor, pero veo que yo primero estoy retrocediendo…. cuidado no digo que no creo, sigo siempre frecuentando la comunidad .. pero he dejado atrás el hecho de vestirme bien.
Me gustaría hacerle una pregunta, le voy a decir cómo me visto ahora y le pido que me responda con sinceridad, porque quiero entender dónde me equivoco,,,,, entonces sigo a vestirsme con faldas, sin minifaldas y sin escote, pero he empezado a ponerme cremas,,,, es decir, a cuidar más mi exterior, a ponerme el esmalte de color rosa para mantener limpias las uñas, a veces me pongo algunos collares, ¿podría explicarme por qué ahora me voy a la comunidad, y raramente puedo estar en comunión, me siento como si el Señor quiera algo más de mí, pero yo no puedo entender lo que Él quiere, hermano gracias si usted lee mi desahogo, he podido decirle lo que siento yo nunca lo he dicho a nadie y le doy las gracias por haberme escuchado,,,,, que Dios le bendiga”

 

Respuesta:

Paz hermana …,
Hizo bien obedeciendo a su antiguo pastor, porque Dios quiere que nos hagamos de esa manera, pero usted tiene que saber que no se debe renunciar a todas las cosas que me ha mencionado porque se las pide el pastor o porque también otras hermanas se visten así, sino hay que hacerlo porque es el Señor que lo pide a sus hijos, es Dios que quiere que nos comportemos de esta manera y que vistamos de una manera determinada.

Por supuesto, como es posible que ya haya experimentado, los que quieren santificarse y también quieren tener su “cuerpo” en santidad y honor, serán perseguidos, primero por los hermanos y hermanas, y luego por el mundo.

Por lo tanto, una mujer cristiana que decide vivir de una manera santa como Le agrada a Dios, debe ser fuerte y debe saber que deberá resistir a todos los ataques que le serán lanzados, porque van a ser muy numerosos y muy fuertes. Esto se debe a que hoy en día, por desgracia, los conductores, e iglesias enteras, son corruptos y no quieren procurar la santificación, no quieren renunciar a los placeres de la vida y no quieren “distinguirse” del mundo.

Todos nosotros, cuando nos convertimos, nos sentimos una gran alegría, una gran felicidad y desde ese momento hemos sentido la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros, que nos bendice y confirma que estamos caminando de acuerdo a la voluntad de Dios.

Este sentimiento de paz y comunión con Dios puede interrumpirse cuando pecamos, y en ese caso tenemos que pedir perdón a Dios, pidiéndole que nos perdone nuestros pecados, y Jesús nos limpia de todo pecado y la paz y la alegría y la comunión con Dios vuelven dentro de nosotros (2 Corintios 7:10 “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” / 1 Juan 2:1,2 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.“)

Pero a veces la tristeza comienza a entrar en el creyente, ya que se aleja lentamente de Dios, él no ora constantemente en su cuarto, no estudia la Palabra de Dios en su propia casa, entonces, no haciendo estas cosas, la fe, la caridad y la esperanza se disminuyen en el creyente, por lo tanto, la paz, la serenidad y la comunión con Dios, ya no se sienten más, dejando lugar, de hecho, a la tristeza, a la sensación de vivir una vida vacía y sin satisfacciones.

Así, creo que usted, al igual que muchos otros creyentes, muchos de ellos, al menos, no orando de todo corazón en su aposento con perseverancia, sin llorar con lágrimas sinceras, sin dar gracias a Dios de la salvación y de todo lo que se les ha dado, la fe comienza a disminuir, las palabras de la Biblia comienzan a perder su luz y guía, comienzan a sonar como palabras lejanas de su corazón y su vida, y luego si le añadimos el hecho de que en comunidad no se predica la sana doctrina, la santificación y no se exhorta a los santos para que estudien la Palabra de Dios en casa y oren constantemente en su aposento, entonces se explica por qué muchos creyentes viven en la depresión o no tan felices como Dios quiere que vivan.

Sí, porque la santificación, es decir, la renuncia a todos aquellos placeres de la vida, al vestirse de una manera conveniente y sencilla, no carnal, es la manifestación de lo que está dentro del corazón del creyente, de su espiritualidad, porque el creyente que se conduce bien, sabe que la carne siempre está lista para salir y hacer el pecado, y como Jesús dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Marcos 14:38)

En resumen, lo que lleva a los creyentes a no sentir más la comunión con Dios, la paz y la felicidad en Cristo, es la falta de una relación duradera, personal y profunda en sus vidas con el Señor. No son suficientes las horas pasadas en el culto, y el resultado es simplemente la tristeza en sus vidas.

Pero Dios quiere que sus hijos vivan una vida llena de paz y serenidad, alegría y en comunión con el Espíritu Santo, pero para vivir una vida así se requiere un compromiso diario con la oración y la lectura de la Palabra de Dios, porque de tal manera aceptamos que el Señor es nuestra propia guía espiritual, se tiene confianza en Él que nos enseña personalmente y luego se tiene fe en Él que nos oye cuando oramos. Si no hacemos estas cosas, mostramos que estamos siguiendo a un hombre, que es el pastor; mostramos no estar interesados en lo que Dios nos quiere decir en nuestro aposento; mostramos la superficialidad en nuestra vida espiritual, y estas cosas se empezan a ver también externamente, porque se termina viviendo como los del mundo y ya no se ve la diferencia que existe entre un santo y un pagano.

Los ministros de Dios han sido constituidos no para reemplazar la Palabra de Dios, sino para recordar a los santos los pasajes de la Biblia, así que tienen que recordar estas cosas a los santos, así como todas las demás. Son, por lo tanto, los guardianes de Israel, los centinelas del pueblo de Dios, que deben servir a la iglesia para que los santos vivan una vida feliz y serena, llena de fe y de caridad, anunciandoles también que para vivir en Cristo se habrá como consecuencia, también la persecución.

Así, hermana, el problema de los creyentes que se visten de una manera inconveniente, que se ponen las cremas, que se decoran y coloran las uñas, se debe al hecho de que su vida carnal les lleva a vivir lejos del Señor.
El problema no es tanto el hecho de que un creyente se vista o haga una cierta cosa, sino el hecho de que si la hace quiere decir que no está experimentando una profunda comunión con Dios, y esto es lo peor.

Una hermana que quiere agradar al Señor, se enreda en ciertas cosas, no les considera, no gasta su dinero en vano en ciertos productos, sabe que las cremas, el esmalte y otras cosas son cosas vanas e inútiles, y para agradar a Dios no las usa.
Con las renuncias que Dios requiere de sus hijos, un hermano o una hermana muestra su espiritualidad, como dice Santiago: “Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” (Santiago 2:18)
Las obras que hacemos, la vida que vivimos, incluso en los detalles, muestran la fe que tenemos en Dios, el respeto que tenemos hacia las palabras y los mandamientos que Él nos ha dado.

De hecho, si la Palabra de Dios dice que la mujer no debe ponerse joyas y no tiene que vestirse de manera impropia y otras cosas (Véase 1 Pedro 3:3-6), y la mujer no lo hace, ignora un mandamiento de Dios y demuestra ser rebelde, por lo tanto, Dios no puede hacer que sienta Su presencia, su bendición, porque es justo y quiere que seamos santos como Él es santo.

Sin embargo, la mujer debe saber que si se viste como quiere el Señor y renuncia a muchas otras cosas, no debe hacer eso porque lo dice el pastor o él la reprende, sino debe renunciar con el corazón, porque lo ha dicho el Señor de los cielos y de la tierra, y el pastor o el hermano que lo recuerda, no hace más que citar la voluntad de Dios y no su propia voluntad.

Este último punto es muy importante porque marca la diferencia entre aquellos que andan de una manera digna del Evangelio, porque lo sienten en el corazón, y los que andan como su pastor dice, pero por dentro no entienden porque tienen que hacerlo.

Así hermana, si hace algo, no debe hacerlo porque lo digo yo, o porque lo dice el pastor, sino porque es el Señor Dios que se lo pide, y si se lo he dicho a través de la Palabra de Dios, entonces es una cosa que sin duda es agradable al Señor. Por todas las cosas que no están escritas explícitamente, hay Dios que comunica con nuestra conciencia, y si no hacemos las cosas con convicción, entonces es pecado (Romanos 14:23 “…Y todo lo que no se hace por convicción es pecado” ‘NVI’).

Hermana, usted ha entendido el problema más importante para un creyente, es decir, la importancia de que los creyentes sientan la presencia del Espíritu Santo, y lo que podemos escuchar sólo si vivimos una RELACIÓN con Dios, todos los días, tomandose el tiempo para ir a Él en la oración para presentarLe nuestros miedos, nuestras debilidades, nuestros fracasos, nuestras demandas. Y sabiendo que la voluntad de Dios se nos transmite principalmente a través de las Escrituras, entonces tengo que tomar tiempo cada día para aprender lo que Dios quiere que yo sepa a través de la Biblia.

Sí, las cosas que me ha mencionado son cosas vanas, así que creo que un creyente no deba hacer uso de esmaltes, collares y otras cosas inútiles, pero tengo que decir también que no se debe hacer porque lo digo yo o el pastor, sino porque el problema se ha tratado con el Señor en la oración y con la Palabra de Dios y Él confirma su palabra y pone en el corazón la convicción de que las cosas tienen que hacerse de tal manera.

El mismo hecho de que usted ha querido hablar sinceramente de estos problemas, me hace dar cuenta de que usted es una persona sincera, que verdaderamente busca la comunión con Dios, y si usted se pondrá de rodillas ante Dios, en su aposento, derramando todo su corazón, es decir, todas sus dudas, sus sentimientos, sus amarguras, éstas desaparecerán y darán lugar a la bendición de Dios, a la comunión con Dios, la alegría y la paz profunda. Pero estas cosas no vienen solas, sino que traen consigo las persecuciones, a partir de sus hermanos y hermanas que no quieren santificarse, y habrá una dura prueba, a veces muy dura, y podrán soportar sólo los santos que hacen las cosas y se santifican porque lo sienten en sus corazones y están dirigidos por Dios, y no lo hacen porque “también los demás lo hacen.”

Vaya hermana, Jesucristo está en su aposento secreto esperando por usted, tiene en sus manos unos dones para usted, tiene la bendición y la paz en sus manos y se los quiere dar con abundancia. Él está ahí esperandole para quitar de su corazón cada tristeza peso y agitación, para arreglar todo en su casa, en el trabajo, con los vecinos, porque Él es Dios y quiere estar presente en todos sus caminos; pero usted tiene que hacer ese viaje, un viaje desde su corazón hasta el trono de la gracia, a partir de su aposento, donde nadie le molestará, estoy seguro de que usted no regresará con “manos vacías”, y aunque hay pecados en su vida, Él es poderoso para limpiarla de todo pecado, porque la sangre de Jesús es lo suficientemente potente para lavarnos de toda maldad.

Si establecerá una relación de comunión constante con Dios, podrá disfrutar de grandes bendiciones; sepa, pues, que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución  (Véase 2 Timoteo 3:12).

La paz sea con usted hermana, Dios le bendiga y le guarde de todo lo malo y siempre le dé lo que su corazón desea en el Señor.

Salvado por gracia mediante la fe en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Respuesta a los hermanos y hermanas que menosprecian el mandamiento por las mujeres de cubrirse la cabeza cuando oran o profetizan diciendo que el velo y el cabello largo son la misma cosa

Misa tradicionalAlgunos hermanos y hermanas en el Señor dicen: “Pero si la mujer tiene el cabello no hay necesidad de cubrirse la cabeza porque Pablo dice que en lugar de velo le es dado el cabello, entonces el velo es el cabello!” Ahora, si LA NATURALEZA MISMA nos enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello y, por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso porque en lugar de velo le es dado el cabello (Véase 1 Corintios 11: 14-15), se entiende bien que el cabello, por supuesto, le es dado en lugar de velo, PERO CUANDO NO ORA Y NO PROFETIZA porque el apóstol Pablo manda claramente a la mujer para cubrirse SÓLO cuando ora y profetiza (Véase 1 Corintios 11:5), cuando no lo hace, el cabello le es dado en lugar de velo porque es LA NATURALEZA MISMA que lo enseña. De hecho él dice: “Si la mujer no se cubre, que se corte TAMBIÉN el cabello” (1 Corintios 11:6). Ese “TAMBIÉN” nos hace entender que si no se cubre, teniendo el cabello largo, que entonces SE LO CORTE! ¿Qué sentido tendría decir “que se corte también el cabello” si ya no lo tenía? ¿Con qué tenía que cubrirse si ya tenía el cabello largo que por los contenciosos sería el velo? De hecho la frase empieza con “Si no se cubre” estando a significar que aunque tenía el cabello largo debía cubrirse la cabeza (por supuesto SÓLO cuando ora o profetiza).
Además, si fuera como dicen algunos de manera insensata, que el cabello largo es el velo, entonces ¿por qué Dios dice a la mujer de cubrirse SÓLO cuando ora o profetiza? ¿Si fuera así como dicen erroneamente, (que el velo es el cabello), cuando NO ora y NO profetiza la mujer tendría que quitarse el cabello? Y cuando ora o profetiza, ¿cómo podría ponerse algo que ya tiene? Si así fuese el mandamiento dado por Pablo no tendría algún sentido, serían las palabras de un hombre que se contradice! Pero sabemos que así no es porque Pablo era un apóstol y maestro empujado por el Espíritu Santo y sabía bien lo que estaba diciendo. La Palabra lo testifica claramente. Por lo tanto les ruego, hermanas, No se dejen engañar y observen esto mandamiento del Señor para recibir bendición y recompensa del Señor. “El que menosprecia el precepto perecerá por ello; Mas el que teme el mandamiento será recompensado” (Proverbios 13:13).Enrico Maria Palumbo

Hermana, si dices que amas a Dios, ¿por qué no te pones el “velo” cubriendote la cabeza cuando oras o profetizas, deshonrando la Palabra de Dios?

velo-donne-preghiera-285x300“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado” (1 Corintios 11:5)

Hermana, ¿no crees que si Dios lo ha dejado escrito en Su Palabra un tal mandamiento sea importante?

Recuerda que los que son fieles en lo poco son fieles también en lo mucho; y los que son infiel en las cosas más pequeñas también son infieles en las grandes.

¡Ánimo hermana! si amas a Dios usa el velo, cuando oras, no es pesado, no te va a matar, y si te humillas bajo la poderosa mano de Dios en la obediencia a su Palabra, Él te exaltará a su tiempo.

Pero si te ENALTECES despreciando su mandamiento, Él te humillará.

Hermana en el Señor, en el amor de Dios te insto a utilizar el velo cubriendote la cabeza cuando oras o profetizas, por tu propio bien para recibir por Dios Su bendición.

Si tu pastor te ha enseñado que no es importante y que puedes también no ponerlo, si las otras hermanas de tu congregación no lo usan, debes saber que no estás justificada, ya que hay que agradar a Dios y no a los hombres. Debes obedecer lo que está escrito en la Biblia y no a las palabras de los hombres. Dios prueba a sus hijos para ver si obedecen a SU VOZ o a la voz de los hombres. Y tú, ¿A que voz deseas obedecer?

Tomate tu tiempo, lee cuidadosamente varias veces el capítulo 11 de 1 Corintios, ora y pidele a Dios cual es su voluntad sobre el velo, te sorprenderá de la respuesta del Dios vivo y verdadero.

Doy gracias a Dios y agradezco a todas aquellas hermanas que en obediencia a la Palabra de Dios y para llevar HONOR al hombre usan el velo cuando oran o profetizan. Que Dios bendiga a estas hermanas y las apoye en cada prueba.

En cuanto a mí, me he comprometido a no orar o profetizar con la cabeza cubierta, como está escrito que hagan los hombres.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Testimonio sobre el velo: la Palabra de Dios actúa eficazmente en los que creen

lv-906331“Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles” (1 Corintios 11:10)

Este versículo lo estoy poniendo en práctica en mi vida sólo ahora después de 13 años desde mi conversión. Hasta hace unos meses yo ni siquiera sabía que se trataba de un mandamiento de Dios porque nadie me había señalado que estaba viviendo en la desobediencia. Yo no quiero culpar a nadie por esto porque es mi responsabilidad escudriñar las Escrituras y no puedo delegar a nadie para que lo haga por mí, ni puedo esperar que los que ministran la Palabra de Dios hagan todo el trabajo que yo personalmente debo hacer. De hecho, la Biblia dice: “MI PUEBLO FUE DESTRUIDO, PORQUÉ LE FALTÓ CONOCIMIENTO”. Pero el Señor es grande en misericordia y por medio de las Escrituras, los estudios bíblicos y las refutaciones de Giacinto Butindaro, Dios ha abierto mi mente en muchos aspectos de la ropa, adornos, al hecho de que las mujeres no se les permite enseñar y todo lo que una mujer que hace una profesión de fe debe saber. El Señor me lleva a hacerlo y no me siento absolutamente que sea un peso porque mi intención es obedecer y ser sumisas a Su Palabra. Ahora, tanto en la iglesia como en el hogar, o en cualquier otro lugar, cuando oro me lo pongo y le doy el ejemplo también a mi hija de 8 años porque nos dimos cuenta de que si nos negamos a procurar la santidad de Dios en todas las cosas, la Palabra nos enseña que no podemos acercárnos a su trono de gracia.

Agradezco al Señor por haberme dado la oportunidad de ser testigo no sólo con palabras sino también con los hechos, y por lo tanto a través de la apariencia externa, que Él es el dueño de mi vida y que yo y mi familia queremos servirLe sin reservas.

¡A Dios sea toda la Gloria y el Honor y quiero dar las gracias al hermano Giacinto por su precioso labor!

Hermana Rosa

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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El velo es importante que las mujeres se lo pongan cuando oran o profetizan, a pesar de que muchos pastores digan lo contrario

veil-girl-1Es importante que las mujeres se cubran la cabeza con velo cuando oran o profetizan, porque si no lo hacen afrentan a su cabeza que es el hombre, como está escrito: “Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado” (1 Corintios 11:5).

El velo es una señal de autoridad de la cual depende la mujer, y que debe tener a causa de los ángeles, como está escrito: “Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles” (1 Corintios 11:10).

Quien entonces, enseña y ordena que la mujer debe cubrirse la cabeza con un velo cuando ora o profetiza, no enseña en absoluto una herejía, sino enseña algo sano, algo perfectamente en armonía con las Escrituras.

Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos la costumbre de hacer orar o profetizar a la mujer con la cabeza descubierta.

Pero entonces, si algunos dicen que no es importante que una mujer se ponga velo cuando ora o profetiza, entonces para ellos tampoco es importante que un hombre ore o profetice con la cabeza descubierta, en otras palabras, para ellos un hombre puede también orar o profetizar con la cabeza cubierta! Pero, ¿qué dice la Escritura? “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza”, que es Cristo (1 Corintios 11:4).

Como pueden ver por ustedes mismos, a la luz de la Escritura, es importante que el hombre no ore con la cabeza cubierta. Por lo tanto, si es importante que el hombre no ore con la cabeza cubierta, por fuerza de las circunstancias debe ser también importante que la mujer ore con la cabeza cubierta con velo. Así que hay que enseñar que mientras que la mujer debe cubrir su cabeza cuando ora o profetiza, el hombre no puede hacerlo.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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El velo: un mandamiento con una aplicación permanente y universal

mujer-con-veloHoy en día, muchos pastores dicen que lo del velo, dado por el apóstol Pablo, era apenas un consejo con una aplicación local y temporal.

Así que veamos lo que Pablo dice a los Corintios para ver si las cosas son como dicen. “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Corintios 11:3-16). Como se puede ver, la primera cosa que emerge de forma clara mediante la lectura de las palabras de Pablo acerca del velo es que no son un consejo. Pablo dice: “la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”. La palabra “Debe” no sugiere en absoluto la idea de un consejo. Pablo da un consejo cuando él siempre dice a los Corintios: “Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis” (2 Corintios 8:10-11), pero ciertamente no cuando habla del velo.

La segunda cosa que emerge de forma clara es que sus palabras sobre el velo no tenían una aplicación local y temporal. De hecho, leemos en las palabras de Pablo que la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, es decir, el velo, “por causa de los ángeles”. Ahora, una sencilla pregunta: ¿Los ángeles de Dios miraban sólo los santos en Corinto, o miraban también los de Éfeso, o los de Tesalónica, y de todos los demás lugares de la época? Creemos que la respuesta es que los ángeles estaban viendo a todos los santos dondequiera que estuvieran. Así que las hermanas tenían que ponerse el velo cuando oraban o profetizaban, incluso en Éfeso, Tesalónica, y en todos los demás lugares, porque también en otros lugares tenían que mostrar a los ángeles señal de autoridad sobre su cabeza. Y que esto es así se confirma por el hecho de que Pablo dice acerca del velo que las iglesias de Dios (no sólo la de Corinto) no tenían la costumbre de hacer orar a la mujer con la cabeza descubierta. Pero hay otra pregunta que queremos hacer: ¿Los ángeles de Dios con la muerte de Pablo y de los demás apóstoles, se detuvieron de mirar las iglesias de Dios? La respuesta es no, entonces la mujer todavía debe cubrirse la cabeza por causa de los ángeles cuando ora o profetiza (dentro o fuera del lugar de culto). ¿Y si no lo hace? La Escritura dice que “afrenta su cabeza”, que es el hombre porque Pablo dice que la cabeza de la mujer es el hombre. Para confirmar que el el mandamiento del velo para la mujer cuando ora o profetiza no es en absoluto una evidente aplicación local y temporal, quiero señalar otro mandamiento dado por Pablo siempre en el mismo contexto en el que habla del velo de la mujer. Es el mandamiento dado al hombre para que no se cubra la cabeza, como está escrito: “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios”, cuya transgresión afrenta siempre a alguien; en este caso, sin embargo, afrenta Cristo Jesús, porque Pablo dice que “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza”, que es Cristo. ¿Por qué este mandamiento dado al hombre confirma que la orden del velo para las mujeres no puede ser sólo por ese lugar y ese tiempo? Porque hoy en día, todavía, hombres que han creído, cuando oran, si tienen la cabeza cubierta por un sombrero, sienten la necesidad de descubrirse la cabeza, y si por lo contrario tienen la cabeza descubierta no sienten la necesidad de cubrirse. ¿Por qué esto? Porque se sienten dentro de ellos que si se ponen a orar con la cabeza cubierta afrentarían al Señor, hecho esto que confirma plenamente lo que dice Pablo a los Corintios. Y en caso de que orasen o profetizasen con la cabeza cubierta, por cierto la conciencia les reprendería de inmediato. Quiero contarles acerca de lo que me pasó una vez. Durante el servicio militar (hice mi servicio militar cuando todavía era un niño en Cristo y no entendía que nosotros creyentes por obediencia al Evangelio, no debemos aprender la guerra) llevaba muy a menudo en los cuarteles militares un sombrero que me habían dado; sombrero que siempre me quitaba para orar antes de almuerzar. En una ocasión, sin embargo, tal vez porque era de prisa o porque estaba perdido en mis pensamientos, se me olvidó quitarlo y me puse a orar lo mismo. Pero después de haber orado, cuando me di cuenta que no me había quitado el sombrero como siempre lo hacía, sentí que mi conciencia me acusaba porque sabía que en base a las palabras de la Escritura había afrentado Cristo. Así que confesé mi pecado al Señor proponiéndome a no volver a caer en el mismo error. Si, pues, nosotros que somos hombres, orando o profetizando con la cabeza cubierta afrentamos Cristo, debemos abstenernos de orar o profetizar con la cabeza cubierta.

Les recuerdo que Cristo es digno de todo honor siendo el Señor de señores y Rey de reyes, el jefe supremo de la Iglesia, y por lo tanto no se debe afrentar. Tal vez un creyente considerará que en última instancia, afrentar a Cristo no es tan malo; Quiero recordarles que Jesús dijo a los Judíos: “El que no honra al Hijo, no honra al Padre…” (Juan 5:23). En otra ocasión, precisamente cuando los Judíos le insultaban, diciendo: “¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? ” (Juan 8:48) Jesús les dijo: “Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis” (Juan 8:49). Eso “me deshonráis” dicho después del insulto indica que incluso los hombres que injurian a Cristo le deshonoran. Si, por lo tanto, Jesús reprendió a los Judíos por haberle afrentado, sin duda también reprenderá a sus discípulos si le afrentarán orando o profetizando con la cabeza cubierta. Si, por lo tanto, el mandamiento para el hombre de no orar o profetizar con la cabeza cubierta, sigue siendo válido, deberá estar vigente también lo para la mujer de orar o profetizar con la cabeza cubierta para no afrentar al hombre.

Hermanas, les ruego por tanto en el Señor para que se cubran sus cabezas cuando oran o profetizan. No sean contenciosas o hijas de Sión.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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