Usted que está leyendo: “¿Era nacido de nuevo antes de hacer el bautismo en agua?” “¡Yo no!”

Hermanos y hermanas en el Señor, si se han hecho bautizar en agua ANTES de ser nacidos de nuevo, su bautismo NO es válido y, por lo tanto, deben (re)bautizarse. Lean este testimonio de una hermana que conozco personalmemente. Dios les bendiga.

“Tú has establecido tus preceptos, para que se cumplan fielmente” (Salmos 119:4)

bautismo nacido de nuevo testimonio
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:3-6)
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El día 22 diciembre 2013 me bautizaron, fue la segunda vez que descendí en las aguas, debido a que el primer bautismo que había hecho hace unos años no era válido, porque no era todavía “nacida de nuevo”, regenerada, arrepentida, vivificada (Juan 3:1-8).

Al testificar, siempre puse tanto énfasis en la narración de ese día, pero en realidad sólo estaba pasando de una religión a otra, y la experiencia del nuevo nacimiento todavía no la había experimentado, así que no había reconocido estar perdida, muerta en mis errores y mis pecados.

Cuando empecé a asistir a la comunidad evangélica, me dieron la bienvenida con gusto, sí, pero nadie se preocupó para evengelizarme y entender mi situación espiritual, mi conocimiento; yo venía de la iglesia católica, y cuando pedí de ser bautizada, se me permitió sin que se asegurasen de que yo era “nacida de nuevo”, espiritualmente regenerada.

Últimamente, dando testimonio, decía que me habían bautizado en agua hace varios años, pero “nacida de nuevo” sólo hace unos pocos años, (nadie me señaló que mi declaración hiciese nulo el bautismo en agua que me habían ministrado) hasta que, un día, después de haber dado mi testimonio a través de internet, corrí pronto en mi cuarto, me puse de rodillas para orar y me eché a llorar fuerte.- Me bauticé hace varios años, pero yo nací de nuevo sólo hace unos pocos años – ¡Así concluí mi testimonio!

Esas palabras martilleaban mi mente, yo no podía entender, estaba agitada y confundida, me sentía en mi corazón que había algo mal.

El Señor, en su gran misericordia y paciencia, no tardó en responderme y me di cuenta de que no fui bautizada en agua de acuerdo con las enseñanzas de la Palabra de Dios.

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14,15).

– ¿Qué has enterrado ese día cuando fuiste bautizada? – me preguntó un hermano a quien me dirigí – si ese es el caso, añadió, tu bautismo no es válido. “El viejo hombre” que muere en Cristo Jesús cuando una persona nace de nuevo, es entonces simbólicamente enterrado por el bautismo en agua. El hermano me instó a perseverar en la oración, a la espera de una confirmación del Señor al respecto.

Unas semanas más tarde, fui a la comunidad para testimoniar lo que me había pasado (no había asistido por dos meses; en los últimos cinco años nunca había perdido las citas semanales).

El lugar estaba lleno y cuando tuve la oportunidad de hablar, sentí un dolor y una vergüenza indecible, pero Dios me dio la gracia para contar en detalle mi situación y luego pedí perdón.

El pastor y los líderes no hicieron ningún comentario, tal vez debido a las nuevas personas que habían esa noche.

En los siguientes días esperé para una visita a mi casa, una llamada telefónica de alguien que tal vez me dijese – ¿Qué pasó? – o – No importa lo que te pasó hermana, a la primera oportunidad harás el bautismo: o – No entendimos la otra noche cuando has hablado, no te has expresado claramente. No, nada de eso ni nada, silencio, sólo silencio, por los hermanos y los conductores de la comunidad¡¡

Sentía un fuerte deseo dentro de mí para hacer pronto el bautismo, pero el “invierno”, “cómo hacer”, “cuándo” y “quien podía bautizarme” eran como altas montañas que bloqueaban cualquier intento de encontrar una solución al problema.

El Señor, en algún momento, me abrió una puerta, de forma inesperada, como sólo Él puede hacerlo, dándome más de lo que había pedido y esperado. ¡Aleluya!

Un hermano en Cristo, de Turín, desde poco conocido, me invitó a su boda (con una hermana que vive en Calabria, no lejos de mi casa). Entre los invitados habían otros hermanos que se habían conocido a través de Internet, que el Señor me había hecho conocer, en ese momento tan especial para mi crecimiento espiritual. ¡Qué ocasión!

Las montañas de repente desaparecieron de mi vista y me encontré con todas las puertas abiertas. ¡Gloria a Dios!

El Bautismo lo hice en un centro público que, por esas horas, se puso a nuestra disposición de forma gratuita. Presente el hermano Giuseppe que me ha bautizado, su familia y el hermano Aldo.

Ahora, algunos de mi ex-comunidad me evitan, bajan la cabeza y cambian de dirección cuando me ven; otros sólo se conceden para un rápido saludo.

Doy gracias al Señor por la misericordia que Él ha tenido de mí y, y si ha permitido que esto sucediese, por ahora no conozco la razón. En esa comunidad muchos están en la misma condición en la cual me hallaba yo; es muy triste decirlo, pero así es. Conozco bien a los chicos de la comunidad que fueron bautizados a la edad de 13,14 años, porque fui responsable de ellos aproximadamente por 4 años.

Para dar un ejemplo práctico de lo que acabo de decir, quiero contar lo que pasó hace unos años. Yo y un responsable, alentamos a mi marido para ser bautizado después de unos meses que asistía a la comunidad y “para hacernos felices” (como dijo más tarde) fue de acuerdo, pero no pasó mucho tiempo que dejó de asistir a la comunidad. Esto no fue un caso único, otros hicieron esta misma experiencia.

Yo nunca haría, ahora que he entendido, algo así, porque es absurdo, no se puede convencer o animar, obligar a alguien a hacer el bautismo, pero yo, en ese tiempo, ¿qué podía entender de lo que era realmente el “nuevo nacimiento” si todavía estaba perdida en mis pecados?

Me he preguntado muchas veces por qué este silencio por parte de los miembros de mi ex-comunidad, ¿tal vez porque no “llevaba frutos” a su gloria?

Por el momento, no tengo una comunidad que pueda asistir en persona, pero Dios ha provisto de otro modo, y cuida de mí, además, me dio, por medio de Internet, algunos hermanos y hermanas en Cristo con quienes puedo compartir, estudiar la Palabra de Dios y crecer espiritualmente y en el conocimiento de la verdad de la Biblia.

Doy gracias a Dios porque yo estaba perdida, sin esperanza, pero el Señor, que es rico en misericordia, por su gran amor, me llevó a Cristo.

Él me dio la fe para creer y fui convencida de pecado, de justicia y juicio, y he sido regenerada por el poder del Espíritu Santo, para ser una nueva criatura, con un nuevo corazón, para hacer la voluntad de Dios, para amarlo, servirlo y hacer las obras que Él ha preparado para que anduviese en ellas (Efesios 2:10 – 5:25 e Isaías 55:10,11).

Mi certeza es en Jesucristo, sólo en Él, en Su gracia, Su amor, Su misericordia, Su fidelidad.

Él sólo hace obras perfectas.

Estoy segura de que el que comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

A Dios sea la gloria, la honra, el poder por los siglos de los siglos.

Hermana Anna

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Léanse también este estudio acerca de la fórmula bautismal: https://justojuicio.wordpress.com/2014/07/24/el-bautismo-en-agua-debe-ser-ministrado-en-el-nombre-del-padre-del-hijo-y-del-espiritu-santo-que-son-tres-personas-y-no-tres-titulos/

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

Era piadoso, temeroso, hacía muchas limosnas y oraba a Dios siempre, sin embargo, él no era salvado

colomba“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar. … él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hechos 10:1-6, 11:14).

Este pasaje bíblico está siempre presente en mi mente y en mi corazón, porque en Cornelio me veo a mí mismo cuando era católico; de hecho, en ese tiempo yo era temeroso, piadoso y oraba, pero era todavía una persona perdida en sus delitos y pecados.

Cuántas veces iba a la misa, e incluso cuando confesaba mis pecados al sacerdote, no me sentía mejor, los pecados permanecían aun mas pegados a mi alma.

Pero Dios tenía un plan también para mí, un cambio de residencia de Palermo a Gaeta, conocí a un hermano en Cristo que me llevó a la comunidad evangélica de Fondi, donde escuché el Evangelio y, poco después, en mi cuarto, Dios me regeneró espiritualmente, me hizo nacer de nuevo y mi pecado se fue de mi alma, me sentía ligero, lleno de alegría, de paz, y no tenía mas el miedo de ir al infierno porque entonces me empecé a sentir en paz con el Señor en lo más profundo de mi alma. Dios ya no era un juez para mí, pero ya lo veía como Padre, que se compadeció de mis miserias del alma y me perdonó todos mis pecados. Gracias sean dadas a Dios, que se apiadó de mí.

De manera similar a Cornelio, hay muchos católicos que están en la condición en la que me encontraba yo ante de ser salvado, que están en la misma situación en la que estaba Cornelio cuando el ángel se le apareció, antes de creer en el mensaje de la salvación que le trajo Pedro.

Hay muchos católicos que son devotos, piadosos, que temen a Dios, hablan de Él, hablan de Jesucristo, hacen limosnas y oran, sin embargo, como Cornelio, permanecen perdidos en sus delitos y pecados, porque sólo por medio del nuevo nacimiento, sólo a través de la obra del Espíritu Santo que viene a morar en el hombre se obtiene el perdón de los pecados, infundiendo en las profundidades del corazón la fe en el sacrificio de Jesucristo, por medio del cual se obtiene la remisión de los pecados.

Estos son buenos religiosos católicos, pero no son salvados, no hacen parte de la familia de Dios, como no hacía parte de la familia de Dios Cornelio antes de que Pedro le llevase el mensaje de salvación.

Desdichadamente, incluso en las iglesias evangélicas, hay muchos que son religiosos, piadosos y devotos, pero no son salvados, nunca han nacido de nuevo. Este fenómeno es muy común entre los hijos de los creyentes que han sido enseñados en todas las cosas que pertenecen a los principios y doctrinas de la Biblia, imitan casi perfectamente el comportamiento de un creyente, pero no lo son, dentro de ellos están espiritualmente muertos , hacen lo todo por arrastramiento, hábito, imitación de los demás y para complacer a los padres y al pastor, pero nunca se han convertido y nunca han nacido de nuevo.

En cierto sentido, también otras franjas religiosa, como los Testigos de Jehová, andan de una manera religiosamente encomiable, pero no han nacido de nuevo, no son salvados, y sus pecados no han sido perdonados, sus inmundicias se encuentran todavía en su corazón y en su alma.

Cornelio fue salvado, sus pecados fueron perdonados y recibió el Espíritu Santo en su corazón, en el momento en el que creyó en las palabras de Pedro: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43), de hecho, Lucas continúa la historia con estas palabras: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:44).

Estas Sagradas Escrituras nos recuerdan que el perdón de los pecados se consigue sólo a través de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, en el momento en que el Espíritu Santo hace la obra de convicción en las profundidades del alma que se está viviendo en el pecado, como está escrito: “[el Consolador] convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Hemos leído que el Espíritu Santo convence al hombre de pecado, lo hace sentir un pecador en necesidad de salvación, que no puede agradar a Dios con sus propias fuerzas y sus obras, y lo convence, poniendo en él la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, la sangre derramada cumple la limpieza de sus pecados.

No es por las obras que se obtiene el perdón de pecados, sino sólo por la fe puesta en el corazón del hombre por el Espíritu Santo, como dice el Señor Jesucristo a Pablo, “Te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:17,18).

Ahora les digo a ustedes, católicos romanos, a ustedes que piensan ser salvados y agradar a Dios por sus obras, a la luz de lo que hemos dicho en referencia a la forma de obtener el perdón de los pecados, deben saber que no es por las obras que uno puede ser salvado y los pecados no son perdonados por el sacerdote, sino sólo por Dios, a partir del momento en que uno nazca de agua y del Espíritu. Arrepiéntanse, pues, y clamen a Dios, arrepiéntanse de sus pecados y griten a Dios el Señor que tenga misericordia de ustedes y les haga nacer de nuevo perdonando sus pecados. La salvación es por fe, no por obras, de acuerdo con lo que dicen las Sagradas Escrituras: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

Ustedes están en la condición de Cornelio, dispónganse para escuchar el mensaje de salvación del apóstol Pedro, y obtendrán lo que obtuvieron Cornelio y su casa.

Y ahora les digo también a ustedes que entran por las puertas de los lugares de culto evangélicos casi todos los domingos, si ustedes no han nacido de nuevo, todavía están perdidos en sus delitos y pecados y siguen siendo hijos de ira. También ustedes arrepiéntanse y crean en el Evangelio y obtendrán el perdón de sus pecados. Ustedes no son salvos porque sus padres son creyentes; ustedes no son salvos porque frecuentan una comunidad evangélica, ya que la salvación es personal, no grupal, y si ustedes no han nacido de nuevo no entrarán en el reino de los cielos, y el hades les tragará si no han recibido la misericordia de Dios y sus pecados no han sido perdonados. Nada impuro entrará en el reino de los cielos, ningún pecador, ningún pecado, por lo tanto, deben ser limpiados por la sangre de Jesucristo, por medio de la fe, de todo pecado para poder entrar en el reino de los cielos.

Miren, pues, que la luz que creen haya en ustedes no sea tinieblas.

A todos les exhorto, por tanto, yo que una vez estaba perdido en mis delitos y pecados como ustedes, de arrepentirse y creer en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, para obtener el perdón y la purificación de los pecados.

El que tiene oídos, oiga lo que la Palabra de Dios dice a las Iglesias.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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El Nuevo Nacimiento

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La razón por la que es necesario

Jesús habló del nuevo nacimiento a Nicodemo, un principal entre los Judíos, que había ido a verlo de noche. Jesús dijo: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:3-8). De las palabras de Jesús sobre el nuevo nacimiento, es claro que para entrar y ver el Reino de Dios es esencial nacer de nuevo. Las siguientes expresiones: “… no puede ver el reino de Dios ..no puede entrar en el reino de Dios.. Os es necesario nacer de nuevo..” lo prueban. Así que todos los que quieren entrar en el Reino de Dios que está en los cielos tienen que nacer de nuevo, de lo contrario se quedarán fuera.

Pero ¿debido a qué los hombres tienen que nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios? Debido a que son muertos en sus delitos y transgresiones sin la vida de Dios en ellos (Véase Efesios 2:1). El nuevo nacimiento es de hecho una resurrección espiritual que permite a el que está muerto espiritualmente a resucitar y llegar a ser vivo desde el punto de vista espiritual y entonces listo para entrar en el Reino de Dios.

 

Como se experimenta

Pero ¿cómo se puede nacer de nuevo? A partir de la predicación que Jesucristo dirigió a los Judíos, teniendo en cuenta que las palabras que le dijo a Nicodemo, “Os es necesario nacer de nuevo” estaban dirigidas a todos los Judíos (y no-Judíos, por supuesto), está claro que para nacer de nuevo hay que arrepentirse y creer en el Evangelio, según lo que dijo Jesús a los Judíos: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Por tanto, ¿no es necesario el bautismo en agua para nacer de nuevo? No; porque el nuevo nacimiento se experimenta cuando uno se arrepiente y cree en el Hijo de Dios, y no cuando se descende en las aguas bautismales, o al salir de ellas. El bautismo representa lo que el creyente ya ha experimentado a través de la fe en el Cristo de Dios, es decir el nuevo nacimiento; la inmersión representa la sepultura con Cristo, salir fuera del agua la resurrección con Cristo.

Alguien dirá: Pero ¿no está escrito que se nace de nuevo de agua? Sí, pero no es el agua del bautismo, sino la Palabra de Dios que en la Escritura es simbolizada por el agua, como está escrito a los Efesios: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25,26), y también en Isaías: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10-11). Noten como claramente la Palabra de Dios se compara con el agua que desciende de los cielos para regar la tierra y hacerla germinar. Ahora, Juan dijo que “el que Dios envió, las palabras de Dios habla” (Juan 3:34), y de hecho, Jesús, enviado por Dios, descendió del cielo y nos predicó lo que había oído de su Padre, es decir la Buena Nueva del Reino de Dios. Y nosotros que estábamos muertos en nuestros delitos, fuimos regenerados precisamente por la Palabra de la Buena Nueva que Cristo nos anunció, como está escrito: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre… Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:23,25.) y en otra parte: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18). La Palabra de Dios que Cristo nos anunció es, pues, el poder regenerador. Es por eso que Jesús dijo un día: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). ¿Y no es cierto que el Evangelio de la gracia de Dios nos dio vida, dándonos aquella vida de la que una vez estábamos faltos? Sí, esta es la verdad; somos nacidos de nuevo por la Palabra de Dios. Pero como dijo Jesús, hay que nacer también del Espíritu de Dios. Vamos, por lo tanto, a hablar de lo que el Espíritu de Dios ha obrado por nosotros para hacernos nacer de nuevo. Cuando hemos escuchado la Palabra de la Gracia, el Espíritu nos ha convencido de pecado, justicia y juicio, y de hecho, el Espíritu Santo fue enviado del cielo para llevar a cabo incluso esta persuasión, de acuerdo con lo que Jesús dijo antes de ser glorificado “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:8-11). Hermanos, es el Espíritu Santo que nos ha convencido de ser pecadores e incrédulos; nosotros, antes de que naciésemos de nuevo, pensábamos (confiando en nuestro falso discernimiento) que no éramos pecadores que merecían ir al fuego eterno porque éramos esclavos del pecado; no hablábamos como habríamos tenido que hablar porque éramos también nosotros hijos de la rebelión; hay quien decía: “Pues ¿qué mal he hecho yo para merecer el juicio de Dios?” Quien: “No mato, no robo, no blasfemo, ¿de que tengo que arrepentirme si no tengo pecados?”, mientras que la palabra de Dios dice y todavía dice: “¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:9-18, Salmo 14:1-3; 5:9; 140:3; 10:7; Isaías 59:7,8; Salmo 36:1). Pero Dios ha sido paciente con nosotros y ha esperado que nos reconociésemos como pecadores antes Él, y que nos arrepintiésemos y que Le invocásemos para que Él tuviese misericordia de nosotros. ¿Cuántos de nosotros antes de creer en el Señor, decían que creían? Muchos; pero no éramos creyentes sino incrédulos, porque todavía no habíamos creído con nuestro corazón en el Evangelio. De hecho, cuando nos decíamos: “Yo creo”, queríamos decir: “Yo también he oído hablar de eso”; según nosotros haber oído el Evangelio y creer en el Evangelio era la misma cosa, pero hay una gran diferencia entre haber sólo oído hablar de Cristo (sin creer en Él), y haber oído hablar de Él y creer en Él con todo el corazón; en el primer caso, todavía uno está perdido, en el segundo uno es salvado con la certeza de tener la vida eterna. Todos nosotros, antes de que naciésemos de nuevo éramos rebeldes y malvados, pero gracias a Dios que por medio de su Espíritu, primero nos ha convencido de pecado, y luego nos dio vida; “El Espíritu vive” (Romanos 8:10), Él nos dio vida, como está escrito: “El Espíritu es el que da vida” (Juan 6:63). Muchos argumentan que todos los hombres son hijos de Dios, que quiere decir que todos los hombres son nacidos de Dios, pero esta afirmación es falsa porque la Escritura enseña que sólo los que están en el camino de la salvación, son hijos de Dios; todos los hombres fueron creados por Dios, pero no todos los hombres han sido regenerados por Dios. Jesús dijo: “ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14); sabemos que la puerta es Cristo, porque Jesús dijo, “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9), y que el camino que lleva a la vida es también Jesucristo, porque Él dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6), pero también sabemos que son pocos los que encuentran el camino que lleva a la vida, y que lo siguen, y esto significa que el número de aquellos que son nacidos de Dios y que están en el camino de la salvación, es pequeño en comparación con el número de los incrédulos que caminan en el camino de la perdición. La Escritura enseña que sólo los que recibieron a Cristo Jesús son hijos de Dios, como está escrito: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12,13), y también: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Es por creer en Jesucristo que nos hemos convertido en hijos de Dios, por lo tanto, los incrédulos no son hijos de Dios, sino hijos del diablo, porque no creen en el nombre del Hijo de Dios, y para confirmar esto les recuerdo lo que Jesús dijo a los Judíos que no creyeron en Él y querían matarlo; Él les dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:44). El apóstol Pablo, en Chipre, llamó aquel falso profeta llamado Barjesús (quien procuró apartar de la fe al procónsul) “hijo del diablo”. Sabemos que los falsos profetas son hijos del diablo, porque ellos no creen en el Hijo de Dios y tratan de desviar de la fe a los que han creído en el Señor. Cuando Jesús contó la parábola de la cizaña del campo, les dijo a sus discípulos: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo” (Mateo 13:37-39); de las palabras del Señor se entiende claramente que en este mundo hay tanto los hijos de Dios como los hijos del diablo, por lo tanto, no se puede decir que todos los hombres son hijos de Dios.

El nuevo nacimiento es una experiencia real de la que una persona es plenamente consciente de haber experimentado cuando sucede y es perfectamente segura de haberlo vivido después de que lo ha experimentado; y esto, a pesar de que no podamos explicar cómo pudo haber sucedido en nuestras vidas, porque es una obra inescrutable hecha por Dios a través de su Palabra y de su Espíritu Santo. Podemos compararlo a la salida de un muerto de la tumba donde fue enterrado; a la liberación de un preso de una cárcel, a la salida a luz del sol de una persona encerrada durante años en una habitación oscura; a la recuperación de la vista de un ciego de nacimiento; al ser liberado de las cadenas fuertes y pesadas; en definitiva, queremos decir que cualquier persona que lo haya experimentado sabe lo que él sintió cuando nació de nuevo, ya que fue una experiencia que marcó su vida de una manera radical. Lo que uno experimenta cuando nace de nuevo es la salvación, el perdón de todos los pecados pasados​​; la desaparición del sentimiento de culpa que atormenta al hombre sin Dios; por eso el que nació de nuevo es seguro que fue salvado instantáneamente, que fue purificado de sus pecados, y que no tiene más la conciencia que lo acusa. Y esto produce inmediatamente en él una gran alegría, una alegría profunda que brota de Cristo que viene a habitar en su corazón; y juntamente con la alegría una paz profunda, verdadera, que siempre viene de Cristo. Se convierte en un hijo de Dios; ¿Cómo? Lo hemos visto; por medio del arrepentimiento y la fe en Cristo. ¿Pero es seguro que es un hijo de Dios? Claro. ¿En vista de qué puede decirse que es un hijo de Dios? en virtud de lo que dice la Palabra de Dios; “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12), y también: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1); y en virtud del testimonio del Espíritu Santo que ha venido a morar en su corazón porque está escrito: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:15-16). Y entonces es seguro que será un heredero de Dios y coheredero con Cristo; él es seguro de tener la vida eterna porque tiene en su corazón Él que es la vida eterna; y por lo tanto sabe que cuando morirá, vivirá en el cielo con Cristo y los demás santos que esperan la resurrección. Además, decimos que todos los que creen, ya que son nacidos de nuevo, son también sacerdotes de Dios; de hecho, después de que Pedro dijo al comienzo de su primera epístola: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos…” (1 Pedro 1:3), dijo: “Mas vosotros sois… real sacerdocio..” (1 Pedro 2:9). ¿Ven? Todos los que son nacidos de nuevo son sacerdotes de Dios. Y por lo tanto todos los que creen en el Hijo de Dios son sacerdotes. Y, de acuerdo a la Escritura, todos los que han creído también son un reino y reinarán con Cristo en la tierra, de hecho, Juan dice que Cristo “nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1: 6), y que escuchó a los seres vivientes y los veinticuatro ancianos decir: “…con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10).

 

¿Cuántos pueden nacer de nuevo?

En este punto ustedes podrían preguntar: “¿Pero cuántos pueden nacer de nuevo?” Todos aquellos que lo deseen. Precisamos, sin embargo, que esta expresión no quiere decir que los que son nacidos de nuevo experimentan el nuevo nacimiento porque son ellos a quererlo, ya que ellos lo experimentan porque Dios lo quiere, de hecho está escrito que no nacieron “de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13), y también: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18). Con esta expresión sólo queremos decir que no sabemos el número exacto de los que Dios ha decretado para generar a través de su Palabra y por eso decimos a todos los hombres que tienen que nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios.

 

¿Cómo se reconocen a los nacidos de nuevo?

Ahora, pero ¿cómo se reconocen a los hijos de Dios en este mundo? ¿Cómo se puede saber si uno es nacido de Dios?

– Los que son nacidos de Dios son nuevas criaturas, en cuya vida las cosas viejas (es decir, los viejos y malos hábitos) pasaron y todas son hechas nuevas porque está escrito a los Corintios: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17); así que si uno dice ser cristiano, pero no es una nueva criatura, él no es nacido de Dios. Algunas personas dicen que son cristianos, pero no son en absoluto nuevas criaturas porque su conducta mala y disoluta demuestra que siguen siendo hijos de la desobediencia y esclavos de todo tipo de codicia; Juan dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio” (1 Juan 3:8) y también: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:10). También hoy en día hay una raza de personas que se llaman a sí mismas cristianas, pero adoran a los ídolos, y deliran para ellos, pero la Escritura dice que “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4), entonces todos los que se niegan a obedecer al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo no son nacidos de Dios y no son hijos de Dios.

– Los que son nacidos de Dios creen que Jesús es el Cristo, de hecho está escrito: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1), por lo tanto, todos aquellos que no creen que Jesús es el Mesías (una palabra que se deriva de una palabra hebrea que significa ‘ungido’) no son nacidos de Dios y no son hijos de Dios.

– Los que son nacidos de Dios aman a Dios y la hermandad, porque está escrito: “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1 Juan 4:7); los que aman de hecho y en verdad a los hermanos son nacidos de Dios y conocen a Dios porque Dios es amor, pero “El que no ama a su hermano, permanece en muerte… y no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 3:14; 4:8), esto significa que los que nos odian, a pesar de que digan ser cristianos no son nacidos de Dios, Juan dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3:14). Nosotros, antes de llegar a conocer a Dios no amábamos a los hermanos, no eran el tipo de personas que nos gustaban, con las que amábamos quedarnos y hablar, no queríamos visitar y ayudar a los hermanos y hermanas, porque estábamos en la muerte; nosotros que estábamos muertos deseábamos quedarnos y hablar con aquellos que estaban muertos como nosotros, estábamos orgullosos de ser amigos y compañeros de los pecadores, y nos encantaba su forma perversa de vivir y hablar, pero gracias a Dios que nos hizo nacer de nuevo; el día en que nacimos de nuevo nuestra mente fue renovada por el Espíritu Santo y empezamos a amar a los santos, por el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu. Pero entonces, ¿Por qué también en este país muchas personas dicen que son cristianos, y nos odian, nos desprecian, nos ven mal, no les gusta quedarse con nosotros o hablar con nosotros, y nos definen una “secta” como si fuéramos los seguidores de algunos impostores? La razón es que ellos están en la oscuridad aunque digan estar en la luz; ellos son del mundo y nos odian porque no somos del mundo, de hecho, Jesús dijo: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19). Hermanos, Cristo nos redimió de este presente siglo malo, por eso que los que son de la oscuridad de este mundo nos odian; dicen ser cristianos como nosotros, y dicen que tienen el mismo Padre nuestro, pero no son de Dios, sino del diablo.

– Los que son nacidos de Dios están seguros de ser perdonados de todos sus pecados y de tener la vida eterna, porque creyeron en el Hijo de Dios; como está escrito: “…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia…” (Efesios 1:7), por lo tanto nosotros que somos de Dios, hemos sido limpiados de nuestros pecados porque nos han sido perdonados por la fe en Cristo. Todos los que dicen que cuando mueren van al purgatorio para ser purgados de sus pecados no son nacidos de Dios y no son de nosotros porque la Escritura dice: “si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7); el purgatorio no existe y los que creen en su existencia se engañan a sí mismos. Los que dicen que van a confesar sus pecados a los sacerdotes, y que al hacerlo sus pecados son perdonados no son nacidos de Dios, y se engañan a sí mismos, porque el sacerdote no tiene el poder de perdonar los pecados que un hombre ha cometido contra Dios. La Escritura enseña que sólo Dios puede perdonar los pecados al pecador, como está escrito: “El es quien perdona todas tus iniquidades” (Salmo 103:3). Los que se van a confesar por los sacerdotes no son limpiados de todos sus pecados, de hecho, continúan a tener consciencia de los pecados porque la confesión de los pecados, el pecador debe hacerla a Dios para ser perdonado y nacer de nuevo, como está escrito: “Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5). Nosotros, los que somos nacidos de Dios, tenemos la vida eterna, porque hemos creído en el Hijo de Dios; Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47) y Juan nos escribió: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13). Si uno afirma ser un cristiano, pero dice que no tiene la vida eterna no es nacido de Dios; muchos nos consideran como ser arrogantes porque decimos que tenemos la vida eterna, pero lo que decimos es la verdad, porque está escrito: “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo” (1 Juan 5:11). Los que dicen ser cristianos pero al mismo tiempo dicen que no tienen la vida eterna, ya que todavía están haciendo su mejor esfuerzo para ganarla no son nacidos de Dios; la vida eterna no se puede ganar haciendo buenas obras, ya que no está en venta; la vida eterna no es la recompensa que Dios da al pecador que se esfuerza por ganarla, sino Su dádiva que Él regala gratuitamente a todos los que se arrepienten y creen en Cristo Jesús, como está escrito: “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Tienen que nacer de nuevo

alba1Un día Cristo Jesús dijo a un dirigente de los Judíos de nombre Nicodemo, que había ido a Él de noche a visitarlo: Tienen que nacer de nuevo (Juan 3:7). Entonces es imperativo nacer de nuevo según lo que ha dicho Jesucristo, el Hijo de Dios que bajó del cielo para anunciarnos lo que le había ordenado de decir su Padre. ¿ pero porqué es necesario nacer de nuevo? Por que como le había dicho un poco antes Jesús a Nicodemo: “Quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). El reino de Dios del que ha hablado Jesús es el paraíso celestial, un lugar esplendoroso y glorioso que no se puede ver con nuestros ojos, pues existe en el mas allá osea en los cielos (2 Corintios 12:1-4). Sí en los cielos, existe un lugar maravilloso donde se entra enseguida después de muertos con el alma, en espera de la resurrección corporal que tendrá lugar al regreso del Señor Jesús desde los cielos (Apocalipsis 6:9-11; 1 Tesalonicences 4:13-18) pero como te acabo de decir con la condición que sobre la tierra hayas nacido de nuevo. En caso contrario que muera sin haber nacido de nuevo tu alma irá en el Ades (del griego mundo invisible), más conocido como infierno, lugar que tampoco podemos ver con nuestros ojos pero que a diferencia del paraíso este es un lugar de tormento, donde reina el caos y profundas tinieblas, donde arde un fuego no alimentado por mano de hombre y como dijo muchas veces Jesús hay el llanto y crujir de dientes (Job 10:21-22; 20:26; Lucas 16:22-31). Allá el alma del pecador esperará el día del juicio cuando resurgirá corporalmente para ser juzgado según sus obras y aventado en el lago ardiente de fuego y azufre que es la muerte segunda (Apocalipsis 20:11-22; 21:8) en donde quedará para la eternidad en medio de atroces e intensos tormentos. Te das cuenta entonces por ti mismo la importancia que tiene “nacer de nuevo”; eso constituye la manera para ser salvados de las llamas del infierno primero y luego del lago de fuego y azufre. No una manera, LA ÚNICA manera; no existe otra manera para evitar la perdición eterna. Hasta ahora solo te hecho saber el destino final de quien ha nacido de nuevo y de quienes no hayan nacidos de nuevo, una vez muertos. Ahora te quiero hacer saber como se experimenta el nuevo nacimiento en tu vida. Para explicártelo mejor necesito empezar de muy lejos es decir del primer hombre, Adán, porque por medio de el el pecado ha entrado en el mundo y cuando se habla de nacer de nuevo es necesario hablar del pecado. Ahora cuando Dios creó al hombre lo puso en el jardín de Edén y le mandó de no comer frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal porque seguramente moriría al hacerlo (Génesis 2:17). Pero Adán desobedeció y en aquel día murió, pero no físicamente, mas bien espiritualmente. Así por medio de él el pecado ha entrado en el mundo y se ha extendido a toda la humanidad (Romanos 5:12). Entonces todos han pecado y están muertos espiritualmente como lo fue Adán después de pecar (Romanos 3:23). He aquí el punto, una muerte espiritual reina sobre aquellos que han pecado (Romanos 5:17). Tu también has pecado delante de Dios, no importa si poco ó mucho ó de que tipos de pecados eres culpable, si es un robo de pocos pesos ó de un asalto bancario de muchos millones, ó una mentira dicha por broma o para esconder una fechoría tuya o de otros, si de una grosería dicha a tu próximo o una blasfemia contra de Dios, y podría seguir mas, el pecado es pecado, y su salario en todo caso es la muerte (Romanos 6:23; Santiago 1:15), por eso tu eres un pecador, estas muerto espiritualmente. En ti no hay vida – espiritualmente hablando – solo la muerte. Eres un hijo de la ira (Efesios 2:3) sobre el cual posa la ira ardiente de Dios que aborrece los inicuos (Salmo 5:5) por eso no tienes comunión con Dios, por eso no tienes ninguna esperanza, por eso tienes miedo de la muerte y cuando escuchas hablar de ella tratas de alejarla de ti cambiando de argumento, sin embargo ella se acerca rápidamente igualmente si oyes hablar del infierno. Porque estas muerto en tus faltas y tus pecados. A lo mejor fuiste con el cura a confesar tus pecados pero inútilmente, porque después de haberte absuelto y haber rezado todo lo que te recomendó rezar continuas a sentirte siempre un pecador perdido sin esperanza. Aquellos pecados confesados siguen pegados a tu conciencia y pesan como una roca sobre ti. La conciencia que Dios ha puesto en ti te lo dice claramente. Y esto porque el cura es un hombre y no puede perdonar los pecados a nadie. Siendo esta la situación en que te encuentras, necesitas ser vivificado, de experimentar una resurrección espiritual que traiga a ti la vida espiritual, la comunión con Dios, en otras palabras nacer de nuevo. Entonces esto es lo que tienes que hacer para nacer de nuevo. Tienes que arrepentirte de tus pecados, de tus malos caminos, propónte de no volverlos hacer y creas con todo tu corazón en Cristo Jesús, el Hijo de Dios (Hechos 20:21). Lo que tienes que creer, cuando digo tienes que creer en Cristo Jesús, es que Jesucristo ha muerto en la cruz por nuestros pecados, que fue sepultado, y que el tercer día resucitó por nuestra justificación y se le apareció a aquellos que El escogió como sus testigos osea los apóstoles (Hechos 10:38-43). Este es el Evangelio de Dios (1 Corintios 15:1-5) que muestra a los hombres el gran amor que Dios ha tenido por todo el mundo ofreciendo su único Hijo por la propiciacion de nuestros pecados y así por medio de El viviéramos (1 Juan 4:9). En el momento que harás esto nacerás de nuevo y serás una nueva criatura (2 Corintios 5:17). Esto sucederá por el poder de la Palabra de Dios (Santiago 1:18; 1 Pedro 1:23) donde la Biblia la compara al agua (Isaias 55:10-11; Efesios 5:25-27) y del Espíritu Santo, y es algo que no se puede comprender plenamente. Experimentarás en estos momentos el lavamiento de tus pecados y el perdón de Dios que traerá a ti la paz y el gozo de la salvación. Ya no serás un hijo de ira mas bien hijo de Dios. Ya no mas enemigo de Dios por que serás reconciliado con Él, ya no mas esclavo del pecado porque serás librado de el. Ya no estarás mas por el camino de perdición que lleva al infierno mas bien por el camino que lleva al cielo. Y ya no tendrás miedo de morir porque ya sabes adonde iras y tampoco tendrás miedo del infierno.

Y todo esto por la virtud de la gracia de Dios por medio de la fe (Efesios 2:8-9). No habrá entonces de tu parte nada de que gloriarte en presencia de Dios, porque lo que recibirás gratuitamente lo recibes de Dios no por tus obras justas hechas (Tito 3:4-7). Una vez experimentado el nuevo nacimiento ya que el Espíritu Santo estará en ti para confirmarte que eres un hijo de Dios, lavado con la preciosa sangre de Jesús, tienes que hacherte bautizar en agua por inmersión, porque Jesús antes de subir al cielo ha ordenado de bautizar aquellos que creyeran en El (Mateos 28:19) el bautizo es necesario para tener una buena conciencia delante de Dios (1 Pedro 3:21). Por medio del bautismo se testimonia al diablo y sus ministros, como también a las personas que estarán presentes ó que se enteren de ello que han llegados a ser discípulos de Cristo Jesús, de que ya no quieren vivir por sí mismos sino por Aquel que murió y resucitó por nosotros, y por esto haber renunciado a uno mismo y a los placeres del pecado que ofrece el diablo por medio de este mundo malvado. De hecho tienes que saber que cuando se llega a nacer de nuevo somos arrancados de este mundo malvado que yace en el maligno y somos transportados en el reino del Hijo de Dios. Antes del nuevo nacimiento se sirve al pecado pero después se empieza a servir la justicia. Entonces el bautismo es un acto por el cual se declara de ser muertos al pecado y al mundo. Busca enseguida, entonces una comunidad de creyentes en Cristo Jesús y pides al pastor o a los ancianos de bautizarte (Hechos 8:36-38) y quédate con ellos porque ellos también nacieron de nuevo. Son unos hermanos y hermanas en CRISTO Jesús que tienes que amar con hechos y en verdad (1 Juan 3:16-18) porque así lo mando Cristo (Juan 15:17), y con los cuales tienes que caminar junto en espera del regreso del Señor del cielo. Asistes a las reuniones, busca los hermanos también cuando no hay reuniones para hablar de las cosas relativas al reino de Dios, para orar, para cantar, para hacer obras buenas a la gloria de Dios (Hechos 2:41-47). De este modo te fortalecerás y crecerás espiritualmente. Claro que tu cambio de la muerte a la vida será notado por tus padres ó de tu esposa ó esposo ó de tus hijos, y por todos aquellos que te conocen. Que tienes que hacer referente a esto? Explicales lo que te ha pasado, como el Señor tuvo misericordia de ti perdonándote tus pecados y haberte hecho renacer (Lucas 8:39) y esto para ganarlos para Cristo. No te avergüences de testimoniar de la obra que Dios ha hecho en ti, como Cristo no se ha avergonzado de morir por ti en la cruz (Marcos 8:38). Es muy importante que tu seas un ejemplo para ellos cuando hablas, en el amor en la pureza, en la conducta con el fin de hacer ver a ellos la luz del Señor (Mateos 5:14-16). Claro! siempre para ganarlos para Cristo. Con esto quiere decir que tienes que dejar totalmente toda concupiscencia carnal o mundana de la cual antes de nacer de nuevo acostumbrabas deja de matar, deja los pecados contra natura, deja de fornicar, de cometer adulterio, de afeminarte, de robar deja de decir mentiras y groserías deja de amar el dinero, deja de ser arrogante, soberbio, violento, malcriado, deja de ser corajudo, deja de vestirte vanidosamente y provocante ó con ropa muy pegadita, deja de ver la televisión, de escuchar música mundana de ir a la disco ó al bar a jugar cartas y pasar inútilmente tu tiempo, deja de ir al estadio a gritar y ser grosero con tu prójimo, deja de ir de vacaciones a la playa para broncearte y divertir y enseñar tu cuerpo, en particular si eres mujer deja de ponerte pantalones, minifaldas ropa muy descubridora, transparente, muy pegada, suntuosa, collares, aretes, pulseras (1 Timoteos 2:9-10) y deja de maquillarte – deja pues toda suerte de mal (Tito 2:11-14) te preguntaras quizás porqué tienes que dejar también algunas cosas que muchos hoy no consideran sean malas: el motivo es que tu al nacer de nuevo te has convertido en el templo de Dios (1 Corintios 3:16-17; 6:18-20) y Dios es santo y tu tienes el deber de prestar tus miembros al servicio de la justicia y santidad y no al pecado y a la vanidad (Romanos 6:12-23) y de conservar tu cuerpo en santidad y honor (1 Tesalonicences 4:3-5) y aquellas cosas que hoy el mundo dice que se pueden hacer, delante de Dios no son más que cosas perversas y chuecas que no le agradan por las cuales la ira de Dios se manifiesta del cielo. Seas celoso solo de hacer el bien, ayudando a quien está en necesidad primeramente entre los hermanos (Galatas 6:10) huérfanos, viudas y pobres, participando en sustentar materialmente el pastor y los ancianos que te pastorean (Galatas 6:6; 1 Corintios 9:7-11,14 ; 1 Timoteos 5:17-18) porque ellos son dignos de esta ayuda; leas y meditas del continuo las sagradas Escrituras (2 Timoteos 3:14-17), ora continuamente a Dios en el nombre de Jesucristo (Colosenses 4:2) con fe y esperando con paciencia la respuesta. Entre las cosas que tienes que pedir a Dios para los demás hay: las bendiciones espirituales de tus hermanos y hermanas en Cristo (Filipenses 1:8-11; Colosences 1:9-12), la salvación de los hombres (Romanos 10:1 y 1 Timoteos 2:1-7), la ayuda y bendiciones para las autoridades que nos gobiernan (1 Timoteos 2:1-2). Entre las cosas que tienes que pedir por ti mismo hay: la sabiduría (Santiago 1:5-8) para actuar con sabiduría en toda circunstancia de la vida, el bautismo con el Espíritu Santo con el cual somos revestidos de poder (Mateos 7:7; Lucas 11:13; Hechos 1:8 ; 2:4), y los dones del Espíritu Santo que Dios da para la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:12). Evangeliza a todos, Católicos romanos, Hebreos, Hindúes, Budistas, Musulmanes, Testigos de Jehová, Mormones, y cualquier otro; háblales de la gracia de Dios que es en Cristo Jesús para que ellos también puedan nacer de nuevo.

Una ultima cosa, pero no por eso menos importante, recuérdate de Jesucristo, el justo, que no cometió ningún pecado y que buscó solo el bien de la gente fue odiado por el mundo, así no te asombres si los del mundo te odiaran y perseguirán una vez que pases de la muerte a la vida (Juan 15:18-25; 1 Juan 3:13-14) soporta tu también tus sufrimientos como Cristo soportó los suyos y alégrate de haber sido estimado digno de sufrir por su Santo nombre que es bendecido para siempre (Mateos 5:11-12; Hechos 5:40-41). Queda firme en la fe hasta el final y obtendrás la corona de la vida.

 

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