¿Por qué Dios miró con agrado la ofrenda de Abel y no la de Caín?

10806418_10204379034014205_2360213129907343558_nDesdichadamente, incluso sobre este simple asunto de la Biblia, muchos se han aplicado para inventarse la respuesta, de hecho, ellos dicen que Abel ofreció los primogénitos de los animales, mientras que Caín no ofreció lo mejor de la tierra. Esta creencia es falsa, y ahora voy a demostrar la motivación.

Leamos lo que dicen las Escrituras “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4:3-7).

La motivación por la cual la ofrenda de Abel fue mirada con agrado por Dios, mientras que la de Caín no Le agradó, es explicada siempre por las Sagradas Escrituras, en la epístola a los Hebreos: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 11:4).

Por lo tanto, la motivación indicada en la Biblia era la fe. Mientras que Abel ofreció sus ofrendas POR LA FE, Caín las ofreció SIN FE. Y sabemos que sin fe no se puede agradar a Dios, no se puede ser mirados con agrado por Dios, de hecho está escrito: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”(Hebreos 11:6).

Miren, hermanos en el Señor, con esta mentira, se quita una grande bendición a los hermanos, a la Iglesia de Cristo. De hecho, debido a esto comprendemos que lo que hacemos lo debemos hacer por la fe, para complacer a Dios, mientras que estos engañadores quieren inculcar la mala idea de que la bendición DE DIOS DEPENDE DE LO QUE SE DA, a los pastores, a ellos mismos. En todas las cosas, los falsos maestros se reconocen, porque no predican lo que dicen las Escrituras, sino lo que redunda en su beneficio, siempre¡¡
Guárdense de estos engañadores y seductores, déjenlos a ellos mismos.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Jesucristo nació pobre y vivió pobre

water-fall-Este breve tratado sobre Jesucristo, el Hijo de Dios, que en los días de su carne hizo la voluntad de Dios y entonces es un ejemplo de obediencia, tiene la finalidad de tapar la boca de todos esos charlatanes, rebeldes y engañadores que enseñan que Dios quiere que seamos ricos materialmente, y quien es materialmente rico tiene mucha fe en Dios y es una persona bendecida, ya que hace la voluntad de Dios, mientras que quien es pobre tiene poca fe en Dios y no es una persona bendecida por Dios porque no hace la voluntad de Dios.

Vamos a empezar diciendo que Cristo, el Hijo de Dios, cuando nació fue puesto en un pesebre, como está escrito que María “dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). El pesebre es un lugar humilde, y precisamente en un pesebre el Rey de los Judíos fue puesto cuando nació; Dios habría podido hecer que se hubiese habido lugar en el mesón para José y Maria, pero no lo permitió, no obstante el niño que María dio a luz era el Hijo del Altísimo. Después José con María y el niño se mudaron a una casa, ya que fue en una casa que los unos magos de Oriente encontraron al niño, y lo adoraron, como está escrito: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11); también en este caso hay que decir que la Escritura no habla de un palacio, sino que simplemente dice: “En la casa”. En cuanto a los regalos que los magos ofrecieron a Jesús hay que decir que no fueron guardados por Jesús como su tesoro personal en la tierra, porque Él mismo dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6:19), y lo digo porque hay gente perversa que hace insinuaciones sobre el fin que estos regalos han hecho más tarde. Nosotros sus insinuaciones las destruimos porque sabemos que Jesús nació sin pecado y vivió de manera irreprochable durante todos los días de su carne (incluso durante los años de su infancia y adolescencia).

Jesús, el Hijo de Dios, nació según la carne, no sólo en un lugar humilde, sino también por gente humilde, de hecho, su Padre le había hecho nacer según la carne en una familia pobre y no en una rica familia de la casa de David de aquel tiempo (y Dios lo habría podido hacer, pero no lo hizo porque no estaba de acuerdo con su voluntad). De acuerdo con la ley de Moisés, la mujer, después de haber dado a luz un hijo (cuando los días de su purificación se llevaban a cabo) tenía que ofrecer un holocausto y sacrificio por el pecado, como está escrito: “Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre… Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia” (Levítico 12:6-8). Lucas, a este respecto, dice: “Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos” (Lucas 2:22-24); por estas palabras se puede deducir claramente que José y María eran pobres.

Jesús mismo vivió pobre en este mundo, porque está escrito: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9); y de hecho ni siquiera tenía un lugar para recostar su cabeza, como Él dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:58). Pero ¿de qué tipo de casas de lujo era propietario Jesús en la tierra? El Rey de los Judíos, cuando vivió en la tierra, no vivió en un palacio real, no llevaba vestiduras preciosas y tampoco vivió en los deleites como hacen los reyes de la tierra; Él dijo que “los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están” (Lucas 7:25), pero él no era uno de ellos; sin embargo, Él era el rey de Israel. Podía permitirse el lujo de vivir como un rey, pero lo renunció; prefirió despojarse a sí mismo y tomar la forma de un siervo para servir.

El rey de Israel, en los días de su carne, no se vistió de púrpura y ni siquiera se puso una corona de oro sobre su cabeza; su ropa modesta consistía en vestidos y en una túnica “la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo” (Juan 19:23). Fueron los que lo vistieron de púrpura que se burlaron de Él, como está escrito: “Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. Y le vistieron de púrpura.. ” (Marcos 15:16,17); fueron siempre los soldados que le pusieron una corona en la cabeza…pero de espinas, como está escrito: “Y poniéndole una corona tejida de espinas..” (Marcos 15:17).

Él era el Rey de los Judíos, pero después de que Él había dado de comer a miles de personas con sólo cinco panes y dos peces, cuando supo que iban a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey “volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6:15). Él no buscó la gloria de los hombres, sino la del Padre que le envió. Si Él hubiera buscado la gloria de los hombres, cuando supo que la gente iba a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey no se habría retirado al monte solo.

Cuando Jesús entró en Jerusalén no llegó montado sobre un caballo blanco o llevado por sus discípulos en una camilla real como lo hicieron los reyes de la antigüedad, pero montado sobre un pollino de asna, como está escrito: “Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna” (Juan 12:14,15; Zacarías 9:9). Jesús era humilde de corazón, pero esto no se limitó al decirlo con la boca, sino que también lo demostró a través de los hechos; Él nunca puso la mira en las cosas altivas, sino en las humildes. Lo repito: Vivió pobre; sí hermanos, así es, de hecho Él tampoco tenía el estatero con qué se pagaba el impuesto anual que cada israelita, de veinte años de edad, tenía que pagar por el mantenimiento del culto, de hecho dijo a Pedro: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27).

Jesús era pobre, pero habría podido convertirse en un hombre muy rico si hubiese empezado a pedir compensaciones por sus enseñanzas y por sus sanaciones, pero Él no tomó la piedad como fuente de ganancia, como en cambio lo hacen hoy en día muchos predicadores corruptos y descarriados; Jesucristo ejerció “la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6), dejándonos un ejemplo a seguir.

Ahora, los predicadores de la prosperidad económica se atreven a decir que los que son pobres en la tierra no tienen una gran fe en Dios, sino muy poca. Pero, ¿qué diremos? ¿Que Jesucristo, siendo pobre no tenía una gran fe en Dios? ¿O tal vez que Jesús era un hombre de poca fe, porque no era propietario de nada en la tierra? En ninguna manera. Jesucristo tuvo una gran fe en Dios y lo demostró haciendo muchas señales y prodigios y milagros en el nombre de su Padre, tanto no pidiendo ofrendas para sí, como dando su vida por nosotros. El Justo tuvo realmente fe en Dios, mientras que estos charlatanes y rebeldes muestran su incredulidad porque piden dinero como mendigos; algunos de ellos también lloran al pedirlo, otros maldicen a aquellos que no les dan nada o les dan poco; estos son comerciantes que venden sus predicaciones; cada uno de ellos establece su propia tarifa (que aumenta a medida que se hace más famoso). Pero ¿dónde está toda esta gran fe que dicen que tienen en Dios, estos que viven en delicias en los placeres de la vida, en medio del lujo desenfrenado? Ellos dicen que tienen fe en Dios, y en realidad tienen fe, y mucha, en sus caminos tortuosos y en sus riquezas que han acumulado oprimiendo a los creyentes con los pasajes de las Escrituras que se relacionan con el dar. Han robado las ovejas del Señor, rasgandoles el dinero de las manos con los más variados pretextos; han acumulado riquezas en grandes cantidades por el fraude y luego se atreven a decir: ‘¿Ya ven cómo Dios me ha bendecido? ¿Ustedes lo ven? El Señor honra a los que le honran’, y otras palabras bonitas, pero falsas. Y los ingenuos les creen, pero nadie o casi nadie sabe cuántos de sus oyentes, estos predicadores, han robado y despojado de sus bienes.

Estos predicadores hablan de sus bienes como si Dios se les hubiese dados por su conducta recta y justa; dicen que son como Abraham, pero no lo son, porque son como Balaam; Abraham sí, fue llamado amigo de Dios, pero estos no son amigos de Dios sino enemigos de Dios porque son amigos del mundo (como está escrito: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” [Santiago 4:4]).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Pasar la canasta de ofrendas no es bíblico, por tanto, debe ser abolido

Photo of a Collection PlateEn casi todas las congregaciones, o poco después de comenzar el culto, o antes que se termine, se hace pasar el plato o la canasta de ofrendas. Esta forma de recoger las ofrendas de los santos no es confirmada por ningún pasaje de la Escritura, ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo, y por lo tanto, les insto a que no utilicen este método que se parece más a una mendicidad que a un recoger las ofrendas de los santos , y que hay que decir que ha escandalizado a un buen número de personas del mundo que se fueron al lugar de culto para escuchar la predicación del Evangelio. ‘¡Ellos también piden el dinero como los sacerdotes!’, dicen algunos; otros, en vez, dicen: ‘Sí, la entrada es libre sólo de palabras, porque después te ponen la canasta de las ofrendas delante de manera que se les pague’. Pero veamos ahora cuál es la manera correcta de recoger las ofrendas de las manos de los creyentes, de acuerdo con la Escritura.

Cuando Dios ordenó a los israelitas que le construyeran un santuario, dijo a Moisés: “Jehová habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo 25:1-8). Después de recibir esta orden Moisés lo comunicó al pueblo, de hecho está escrito que le dijo: “Esto es lo que Jehová ha mandado: Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová; todo generoso de corazón la traerá a Jehová….” (Éxodo 35:4-5). Y el pueblo lo hizo, de hecho poco después está escrito: “Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés. Y vino todo varón a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión y para toda su obra, y para las sagradas vestiduras… De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová” (Éxodo 35:20,21;29). Y se tenga en cuenta que el pueblo ofreció mucho más de lo que necesitaba tanto que Moisés tuvo que ordenar que no ofrecieran más, como está escrito: “Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba” (Éxodo 36:6,7).

Cuando el rey Ezequías restableció las órdenes de los sacerdotes y levitas en sus funciones, “mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén, que diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley de Jehová. Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas. También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones ” (2 Crónicas 31:4-6). Mencioné este hecho, no para apoyar el pago del diezmo bajo la gracia, que no es obligatorio, sino para explicar lo que es la manera correcta de recoger las ofrendas de los fieles.

En Jerusalén está escrito que todos “los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles…” (Hechos 4:34-35).

Cuando Pablo ordenó la colecta para los pobres de entre los santos, dijo a los Corintios: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:2). Con respecto a estas últimas palabras a los Corintios, que se toman en apoyo del pasar la canasta de ofrendas en el lugar de culto, tengan en cuenta que la ofrenda tenía que ser guardada en su propia casa por los santos antes de ser recogida por los apóstoles, y no debía ser puesta en una canasta que pasaba en el lugar de culto.

Como se puede bien ver, en ninguno de estos casos está escrito que se hacía pasar un plato o una canasta o algún otro recipiente entre las personas que eran llamadas a dar para la obra de Dios.

Y si todas estas Escrituras no fueran suficientes para entender que es malo pasar la canasta de ofrendas entre los santos o entre las personas del mundo después de que se ha predicado el Evangelio, les recuerdo, hermanos, la manera de actuar de Jesús, nuestro Señor. Él iba de pueblo en pueblo y de aldea en aldea predicando el Evangelio del reino de Dios, enseñando y echando fuera demonios y sanando las enfermedades, pero nunca pidió dinero antes o después de haber predicado haciendo pasar a sus discípulos con una canasta o un plato entre las miles de personas que se le acercaban para escuchar la palabra de Dios. ¿Tal vez que las personas no dieron ofrendas para apoyarlo? Por supuesto que le dieron ofrendas, hasta el punto de que muchas mujeres le ayudaban con sus bienes, y entre sus discípulos Judas tenía la bolsa (Véase Juan 12:6) donde se colocaban las ofrendas voluntarias de sus discípulos. Y el mismo comportamiento lo tuvieron también sus apóstoles porque ellos también después de haber predicado no hacían pasar la canasta de ofrendas entre los oyentes, creyentes o incrédulos que fuesen. Lean detenidamente el libro de los Hechos de los Apóstoles y todas las epístolas y ustedes no encontrarán ni un solo pasaje que habla a favor del pasar la canasta de ofrendas en el lugar de culto o en relación con las campañas de evangelismo. Quien tiene oídos para oír, oiga.

Pero ¿Por qué el pasar la canasta de ofrendas no es una forma adecuada para recoger ofrendas en el lugar de culto (que también puede ser la casa de un hermano)?

 

  • Porque algunos se sienten obligados a dar, y de acuerdo a las Escrituras el creyente no debe dar por fuerza, sino de manera voluntaria con un corazón alegre, según que Pablo dice: “no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7) y no es correcto forzar a nadie porque entonces la oferta no se haría de buena gana, sino con tristeza, y si hay algo molesto y repugnante ver en medio de la hermandad son aquellos creyentes mezquinos dando sólo para ser vistos por otras personas que dan voluntariamente (y por lo tanto de mala gana), pero todo esto es sólo un acto de hipocresía y nada más. Que se lo tengan su dinero en sus bolsillos, para que no puedan ser oídos a quejarse fuera del lugar de culto como si se fuesen privados de algo para apoyar la obra de un hombre o una obra inútil, y no la obra de Dios útil a los hombres.

 

  • Porque al pasar la canasta no se puede poner a prueba el amor de los creyentes para ver si realmente se preocupan por la obra de Dios, porque siempre se puede pensar que algunos hacen las ofrendas sólo porque no quieren ser vistos que no las hacen.

 

  • Porque se asemeja a una forma de mendicidad; similares a las de aquellos que en el metro se ponen para tocar una flauta o un violín o un acordeón que después de haber tocado durante unos minutos su pieza musical, pasan con un recipiente para recoger limosnas.

 

  • Porque es como si el pastor dijese después de la predicación: ‘¿Te he predicado? Ahora, pagame’. En otras palabras, la predicación es más como una puesta en venta, que un servicio ofrecido desinteresadamente a los hombres.

 

  • Debido a que pueden haberse incrédulos en medio de los santos que se quedarían escandalizados al ver aquella canasta circular y pasar por delante de ellos: como ya ha ocurrido.

 

Pero entonces ¿cuál es la manera correcta de recoger las ofrendas de los santos? Esta: que se ponga a una esquina del lugar de culto una caja de ofrendas, y se diga a los creyentes que los que están dispuestos a dar una ofrenda para la obra de Dios tienen que ponerla en esa caja. Alguien podría decir: ¡Pero si hacemos de esta manera tantos hermanos se olvidarán de dar! Creo que no, porque el Espíritu Santo les recordará el precepto de Jesús que dice que dar. De hecho, ¿Jesús no ha tal vez dicho que Él “os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26)? ¿Qué piensan? ¿Que el Espíritu Santo recuerde sólo de ir al lugar de culto, pero no de dar para la obra de Dios?

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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