¿Somos todos hijos de Dios?

10881570_10204152963562585_785602165686244200_n“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de SER HECHOS HIJOS DE DIOS; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12,13).

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:16,17).

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).

Un hombre para convertirse en un hijo de Dios es necesario que nazca de nuevo, de lo alto. Todos aquellos que no han nacido de nuevo, no son hijos de Dios, y entonces no son hermanos de los que en cambio han sido regenerados espiritualmente de Dios.

Por lo tanto, los católicos romanos, así como los budistas, musulmanes, y otros, que no han nacido de nuevo, no son nuestros hermanos en Cristo. Todos ellos están perdidos en sus delitos y pecados, y para ser salvados deben arrepentirse y creer en el Evangelio, y cuando lo van a hacer, Dios les hace nacer de nuevo, y sólo entonces se convierten en nuestros hermanos en Cristo.

No es conforme a la voluntad de Dios, entonces, llamar “hermanos” a los que no han nacido de nuevo, y no dan frutos dignos de arrepentimiento, es decir, no han abandonado la idolatría y todas las demás abominaciones de la carne debidas a la concupiscencia de la carne.

Las Sagradas Escrituras nos enseñan el discernimiento y cuál sea la voluntad de Dios, y nosotros como creyentes en Cristo debemos procurarnos no salir de lo que está escrito en la Biblia. Quien sale de lo que está escrito en la Palabra de Dios, o es UN REBELDE, y pagará las consecuencias, o nunca se ha convertido.

Hermanos en el Señor, sean sabios, y aténganse estrictamente a lo que está escrito en la Palabra de Dios, poniendo en práctica escrupulosamente todo lo que es parte de la voluntad de Dios.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Dios produce lo que quiere en el hombre, sin embargo, muchos se oponen a la soberanía de Dios

20100321125237-feliz-nacimiento“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48).

Este pasaje dice que Dios es el que obra la salvación y el hombre no es más que el destinatario de la obra de Dios.

Esto podría también dar molestia, pero las cosas son simplemente así como está escrito.

Pero Dios no sólo obra en el corazón del hombre para salvarlo, sino también obra en el corazón del hombre para endurecerlo, si no desea salvarlo, como está escrito:

“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane” (Juan 12:37-40).

Miren, pues, que toda la gloria va a Dios, si hemos sido salvados, lo somos por la voluntad de Dios, exclusivamente por Su voluntad, y que no hemos podido hacer nada para MERECER y de alguna manera recibir la salvación.

De hecho, estábamos muertos en delitos y pecados, no sabíamos cómo encontrar a Dios, no buscábamos de Él: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).

Estimados en el Señor, tenemos que aprender a dar continuamente gracias a Dios que ha tenido misericordia de nosotros y por Su voluntad nos ha REGENERADO, porque estábamos espiritualmente muertos, incapaces de agradar a Dios y de buscarlo, y Él, en Su misericordia nos ha buscado y salvado.

A Dios sea toda la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¡Hablan sobre el libre albedrío pero hacen depender la salvación del hombre de la voluntad de Dios!

bivio-uomoMis palabras están dirigidas a aquellos que apoyan el así llamado libre albedrío, es decir, que Dios hizo el hombre totalmente libre de elegir o rechazar la salvación que es en Cristo Jesús.

¿Por qué oran a Dios para que salve a los hombres? ¿Por qué, de hecho, imploran a Dios que toque o abra sus corazones, para que sean atentos a su Palabra o la entiendan, y para llevarlos a los pies de Jesús? ¿No deberían más bien estar en silencio esperando que los hombres decidan “en completa libertad” para ser salvos? ¿Por qué piden a Dios que interfiera en las decisiones de los hombres? ¿Por qué ustedes oran a Dios para que doble los corazones de los hombres a Jesús? ¿Por qué oran a Él para que obre en la mente y el corazón de los hombres para que crean en el Evangelio? Si, de hecho – como dicen ustedes – Dios hizo al hombre totalmente libre y “su destino está en sus propias manos”, entonces Él no puede influir o afectar de alguna manera sus decisiones, porque si lo hiciera el hombre ya no sería más libre para tomar sus propias decisiones sin alguna interferencia externa de Dios¡¡¡

Ustedes, por lo tanto, se contradicen de una manera manifiesta. Evidentemente hay “algo” dentro de ustedes que les sugiere que si Dios no actúa de ninguna manera en la voluntad del hombre, él no puede tomar o encontrar el camino que lleva a la vida, es decir, no puede ser salvado. No hay otra explicación por su comportamiento.

Y entonces, de manera implícita, sin darse cuenta, admiten que, en última instancia, la salvación del hombre no depende de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios que tiene misericordia de él (Dios, de hecho dice: “Tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” Éxodo 33: 19). Y luego reconocen implícitamente que Dios no quiere salvar a todos los habitantes de la tierra, porque a pesar de que ustedes lo imploren para salvar a todos los hombres, no salva a todos los hombres, sino sólo aquellos que Él quiere salvar¡ Por otra parte, ustedes mismos dicen en sus oraciones: ‘¡Oh Señor, hágase tu voluntad¡’, y entonces ustedes no pueden dejar de reconocer que ya que Dios es el Todopoderoso, si no salva a todos los hombres como ustedes le piden, esto significa que no es Su deseo salvar a todos aquellos por quienes oran¡ Porque ya saben que la Escritura afirma que “esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

Estando así las cosas, no hay nada que hacer sino rechazar el libre albedrío – que, debido a que contrasta la enseñanza bíblica, lanza a ustedes en una total confusión – y aceptar el propósito de Dios conforme a la elección, que depende de la voluntad de Aquel que llama y no de la voluntad del que es llamado, como está escrito: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).

Al hacerlo, ustedes comprenderán por fin lo que significa haber sido salvados por gracia por medio de la fe, y este no es de nosotros mismos, para que ninguno de nosotros se gloríe, porque los que se glorian deben gloriarse en el Señor. Y les aseguro que saldrán de la confusión en la que actualmente se encuentran a causa del así llamado libre albedrío¡

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Hemos sido salvados por gracia, no por obras

universo“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Romanos 11:6).

Hermanos en el Señor, y ustedes todos los hombres, quiero hacérles reflexionar sobre este pasaje fundamental en el cristianismo: “la salvación por gracia solamente”.

Tomemos por ejemplo dos personas, uno permanece en la incredulidad por toda su vida, mientras que la otra es regenerada por Dios.

Ambos han escuchado el Evangelio de la gracia y han vivido de una manera semejante en todo lo que han hecho.

Ahora, lo que ha pasado con estas dos personas se puede considerar desde dos puntos de vista, uno es lo del libre albedrío, el otro es lo de la predestinación.

Desde el punto de vista del libre albedrío, debemos creer que el hombre que ha creído, HA MERECIDO de alguna manera, ha abierto su corazón, ha QUERIDO creer,…, a diferencia de el que no ha querido creer, por lo tanto, de acuerdo con el LIBRE ALBEDRIO, éste HA HECHO ALGO, una obra que HA DETERMINADO su salvación. Mientras que, el que no ha creído, no ha hecho tal cosa que hizo el otro.

La diferencia entre los dos, ya que el Evangelio ha sido predicado a los dos, según el libre albedrío, está en el hecho de que UNO HA QUERIDO CREER.

En el otro que no ha creído, en cambio, Dios no ha podido operar, no ha PODIDO salvarlo, porque no ha hecho como el primero.

Tal situación, sin embargo, contrasta con el pasaje bíblico que cité anteriormente, es decir, que la salvación es por gracia solamente y no por obras, ni siquiera esa pequeña obra de querer ser salvados, porque crearía una diferencia entre los hombres. En el caso de los que han creído, éstos habrían hecho algo que los otros que se han quedado incrédulos no han hecho, de acuerdo con el libre albedrío, y esto anularía la salvación por gracia solamente, pues ya no sería más un DON GRATUITO de Dios, sino una recompensa por haber QUERIDO ACEPTAR la salvación.

Los que creen en la predestinación no van en contra de ninguna contradicción, de hecho, ellos se limitan a decir que de los nuestros dos hombres tomados por ejemplo, uno estaba inscrito en el libro de la vida y fue salvado por gracia, sin mérito alguno, mientras que el otro no estaba inscrito y, por tanto, no podía ser salvado de ninguna manera, porque DIOS en su plena SOBERANIA ya había decidido antes de la fundación del mundo para no salvarlo.

Por estas palabras, muchos protestan, diciendo: “Si Dios opera de esa manera es INJUSTO”, pero la Palabra de Dios les contesta de esta manera:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:14-16).

Y más:

“Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9:19-24).

Hermanos en el Señor, y ustedes todos los hombres, deben saber que Dios salva a los que Él quiere y endurece a quien Él quiere, y el hombre no puede hacer nada para cambiar lo que Dios ya ha determinado antes de la fundación del mundo.

Por lo tanto, cuando se dice que la salvación es por gracia solamente por medio de la fe en Cristo Jesús, a fin de dar un valor real a esta declaración también debemos creer en la doctrina de la predestinación, de lo contrario tal declaración no tendría ningún sentido.

Si creemos en este pasaje:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8), que dice claramente que la salvación NO ES DE NOSOTROS, sino que es DON DE DIOS gratuito, entonces debemos necesariamente también creer en la predestinación, porque sólo creyendo en la doctrina de la predestinación, la salvación por gracia solamente sin las obras del hombre se confirma plenamente sin contradicción alguna.

Lamentablemente, los defensores del libre albedrío, en sus declaraciones atacan precisamente este importante pilar de la salvación por gracia solamente, porque quieren forzar las cosas dejando al hombre una obra que debe hacer para ser salvado, haciendo pender el fiel de la salvación sobre el hombre, como si fuera por él, cuando en realidad numerosos pasajes de la Escritura declaran claramente que la salvación de cada hombre no depende en absoluto de él, sino solamente de la voluntad de Dios.

Se sabe, sin embargo, y todos ahora lo están viendo, que hay un ataque en curso contra las verdaderas doctrinas que están escritas en la Biblia, y entre las más afectadas hay precisamente la de la predestinación, que traducido en otras palabras significa que Dios salva por gracia solamente, sin obra alguna del hombre, sino solamente por Su voluntad.

Al operar de esta manera, ¿Dios sería injusto? Dios no es injusto, Dios en su soberanía hace lo que Él quiere, y hace lo que es justo y hace precisamente lo que es para el bien de los hombres.

Y también quiero decirles a ustedes que no creen en la predestinación, que son plenamente convencido de que si no fuera así, si el arrepentimiento no fuese dado por Dios sino que dependiera del hombre, ningún hombre se convertiría y ningún hombre sería jamás salvado, suficiente pensar en la seducción en la que han caído Adán y Eva, que no tenían una naturaleza corrupta como la tienen todos los hombres de hoy. Si han fallado ellos que estaban sin pecado, imagínense que fin haría toda la humanidad impregnada de pecado y de muerte.

Doy gracias a Dios que se compadeció de mí y por eso me ha inscrito en el libro de la vida antes de la fundación del mundo. No tengo ningún mérito por la salvación que me fue dada gratuitamente, ninguno, ni siquiera el mínimo. Gracias Señor Dios por tener misericordia de mí según tu voluntad, antes de la fundación del mundo. El Señor ha reinado en el pasado, reina hoy y Él reinará para siempre como Él quiere.

El que tiene oídos, oiga lo que la Palabra de Dios dice a los creyentes.

Giuseppe Piredda, salvado por gracia por medio de la fe en Cristo Jesús

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Era piadoso, temeroso, hacía muchas limosnas y oraba a Dios siempre, sin embargo, él no era salvado

colomba“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar. … él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hechos 10:1-6, 11:14).

Este pasaje bíblico está siempre presente en mi mente y en mi corazón, porque en Cornelio me veo a mí mismo cuando era católico; de hecho, en ese tiempo yo era temeroso, piadoso y oraba, pero era todavía una persona perdida en sus delitos y pecados.

Cuántas veces iba a la misa, e incluso cuando confesaba mis pecados al sacerdote, no me sentía mejor, los pecados permanecían aun mas pegados a mi alma.

Pero Dios tenía un plan también para mí, un cambio de residencia de Palermo a Gaeta, conocí a un hermano en Cristo que me llevó a la comunidad evangélica de Fondi, donde escuché el Evangelio y, poco después, en mi cuarto, Dios me regeneró espiritualmente, me hizo nacer de nuevo y mi pecado se fue de mi alma, me sentía ligero, lleno de alegría, de paz, y no tenía mas el miedo de ir al infierno porque entonces me empecé a sentir en paz con el Señor en lo más profundo de mi alma. Dios ya no era un juez para mí, pero ya lo veía como Padre, que se compadeció de mis miserias del alma y me perdonó todos mis pecados. Gracias sean dadas a Dios, que se apiadó de mí.

De manera similar a Cornelio, hay muchos católicos que están en la condición en la que me encontraba yo ante de ser salvado, que están en la misma situación en la que estaba Cornelio cuando el ángel se le apareció, antes de creer en el mensaje de la salvación que le trajo Pedro.

Hay muchos católicos que son devotos, piadosos, que temen a Dios, hablan de Él, hablan de Jesucristo, hacen limosnas y oran, sin embargo, como Cornelio, permanecen perdidos en sus delitos y pecados, porque sólo por medio del nuevo nacimiento, sólo a través de la obra del Espíritu Santo que viene a morar en el hombre se obtiene el perdón de los pecados, infundiendo en las profundidades del corazón la fe en el sacrificio de Jesucristo, por medio del cual se obtiene la remisión de los pecados.

Estos son buenos religiosos católicos, pero no son salvados, no hacen parte de la familia de Dios, como no hacía parte de la familia de Dios Cornelio antes de que Pedro le llevase el mensaje de salvación.

Desdichadamente, incluso en las iglesias evangélicas, hay muchos que son religiosos, piadosos y devotos, pero no son salvados, nunca han nacido de nuevo. Este fenómeno es muy común entre los hijos de los creyentes que han sido enseñados en todas las cosas que pertenecen a los principios y doctrinas de la Biblia, imitan casi perfectamente el comportamiento de un creyente, pero no lo son, dentro de ellos están espiritualmente muertos , hacen lo todo por arrastramiento, hábito, imitación de los demás y para complacer a los padres y al pastor, pero nunca se han convertido y nunca han nacido de nuevo.

En cierto sentido, también otras franjas religiosa, como los Testigos de Jehová, andan de una manera religiosamente encomiable, pero no han nacido de nuevo, no son salvados, y sus pecados no han sido perdonados, sus inmundicias se encuentran todavía en su corazón y en su alma.

Cornelio fue salvado, sus pecados fueron perdonados y recibió el Espíritu Santo en su corazón, en el momento en el que creyó en las palabras de Pedro: “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43), de hecho, Lucas continúa la historia con estas palabras: “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hechos 10:44).

Estas Sagradas Escrituras nos recuerdan que el perdón de los pecados se consigue sólo a través de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, en el momento en que el Espíritu Santo hace la obra de convicción en las profundidades del alma que se está viviendo en el pecado, como está escrito: “[el Consolador] convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Hemos leído que el Espíritu Santo convence al hombre de pecado, lo hace sentir un pecador en necesidad de salvación, que no puede agradar a Dios con sus propias fuerzas y sus obras, y lo convence, poniendo en él la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, la sangre derramada cumple la limpieza de sus pecados.

No es por las obras que se obtiene el perdón de pecados, sino sólo por la fe puesta en el corazón del hombre por el Espíritu Santo, como dice el Señor Jesucristo a Pablo, “Te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:17,18).

Ahora les digo a ustedes, católicos romanos, a ustedes que piensan ser salvados y agradar a Dios por sus obras, a la luz de lo que hemos dicho en referencia a la forma de obtener el perdón de los pecados, deben saber que no es por las obras que uno puede ser salvado y los pecados no son perdonados por el sacerdote, sino sólo por Dios, a partir del momento en que uno nazca de agua y del Espíritu. Arrepiéntanse, pues, y clamen a Dios, arrepiéntanse de sus pecados y griten a Dios el Señor que tenga misericordia de ustedes y les haga nacer de nuevo perdonando sus pecados. La salvación es por fe, no por obras, de acuerdo con lo que dicen las Sagradas Escrituras: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

Ustedes están en la condición de Cornelio, dispónganse para escuchar el mensaje de salvación del apóstol Pedro, y obtendrán lo que obtuvieron Cornelio y su casa.

Y ahora les digo también a ustedes que entran por las puertas de los lugares de culto evangélicos casi todos los domingos, si ustedes no han nacido de nuevo, todavía están perdidos en sus delitos y pecados y siguen siendo hijos de ira. También ustedes arrepiéntanse y crean en el Evangelio y obtendrán el perdón de sus pecados. Ustedes no son salvos porque sus padres son creyentes; ustedes no son salvos porque frecuentan una comunidad evangélica, ya que la salvación es personal, no grupal, y si ustedes no han nacido de nuevo no entrarán en el reino de los cielos, y el hades les tragará si no han recibido la misericordia de Dios y sus pecados no han sido perdonados. Nada impuro entrará en el reino de los cielos, ningún pecador, ningún pecado, por lo tanto, deben ser limpiados por la sangre de Jesucristo, por medio de la fe, de todo pecado para poder entrar en el reino de los cielos.

Miren, pues, que la luz que creen haya en ustedes no sea tinieblas.

A todos les exhorto, por tanto, yo que una vez estaba perdido en mis delitos y pecados como ustedes, de arrepentirse y creer en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, para obtener el perdón y la purificación de los pecados.

El que tiene oídos, oiga lo que la Palabra de Dios dice a las Iglesias.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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No el agua, sino sólo la sangre de Jesús limpia el hombre del pecado

agnellinoEl bautismo en agua es un testimonio de la regeneración espiritual con la consecuente purificación de los pecados que tuvo lugar en nuestro corazón; el testimonio de una renovación que se llevó a cabo en nuestro interior.

El ladrón en la cruz recibió de Dios esta purificación de los pecados y la regeneración, habiendo creído que Jesús es el Cristo, y es por esta razón que Jesús le dijo que en ese día iba a ir al cielo con Él. Quiero señalarles que el ladrón en la cruz no fue bautizado en agua, entonces, por la fuerza de las circunstancias, no puede ser el agua que lo ha purificado de sus pecados, sino seguramente algo más.

Por lo tanto, es necesario buscar en las Sagradas Escrituras lo que tenga el poder para limpiar los pecados de los hombres pecadores.

Y en este sentido, leemos:

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

Como hemos leído, entonces, es la sangre de Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo que limpia del pecado, no el agua del bautismo.

El apóstol Pedro ha declarado claramente en su carta que el AGUA DEL BAUTISMO NO LIMPIA DE LOS PECADOS:

“a cual simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21 ‘NVI’)

Del bautismo en agua Pedro dijo que no es LA PURIFICACIÓN DE LOS PECADOS, de hecho lo dice con estas palabras: “NO CONSISTE EN LA LIMPIEZA DEL CUERPO”, a continuación, define lo que es el bautismo en agua, que es un COMPROMISO DE TENER UNA BUENA CONCIENCIA.

No se debe confundir, pues, el agua bautismal que no purifica de algún pecado, de la SANGRE DE JESÚS que limpia del pecado a los que con plena confianza se acercan a Dios.

En confirmación de lo que estamos diciendo, que sólo la sangre de Jesús limpia de todo pecado las conciencias de los hombres, leemos estas palabras:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:11-14)

Miren, es SÓLO LA SANGRE DE CRISTO QUE PUEDE LIMPIAR LAS CONCIENCIAS DE OBRAS MUERTAS, DE LOS PECADOS, PARA PODER SERVIR A DIOS.

Examinemos ahora los pasajes bíblicos que nos hacen aún entender que el agua bautismal no limpia de los pecados, como deducimos de los siguientes pasos:

“Entonces dijo (Pablo): ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:3-6)

Hemos leído que cuando Pablo se reunió con los discípulos en Éfeso, ellos fueron bautizados en agua de acuerdo con el bautismo de Juan el Bautista y, miren bien, y remarquen en su mente estas palabras: ‘Ellos ya eran creyentes, como la Escritura los llama DISCÍPULOS’; luego fueron otra vez BAUTIZADOS en agua de acuerdo con la orden y la fórmula bautismal de Jesús a sus discípulos y que podemos leer en el Evangelio de San Mateo, capítulo 28 versículo 19.

Ahora, dado que estos discípulos ya eran creyentes, si fuera el agua del bautismo a haberlos limpiado de los pecados, si fuera el agua que hace de las criaturas de Dios sus hijos y discípulos de Jesucristo, no habría sido necesidad de un nuevo bautismo en agua. Estos hombres se habían convertido en sus discípulos, es decir, habían creído en el mensaje de salvación de Juan el Bautista, y eran creyentes. El hecho de que se podía creer y llegar a ser hijos de Dios salvados recibiendo la purificación de los pecados de su propia conciencia, se confirma por estos pasajes de la Biblia:

“Y tú, niño (Juan el Bautista), profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:76-79)

Así que todos aquellos que piensan que los discípulos de Juan el Bautista no eran creyentes, que no habían recibido el perdón y la purificación de los pecados, se equivocan grandemente porque no conocen las Escrituras.

Ahora quiero explicarles algunos pasajes en el Evangelio de Juan, capítulo 3, los cuales se relacionan con el agua que hace nacer de lo alto, ya que son malinterpretados por algunos como si tal agua se pueda considerar ese agua del bautismo.

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere DE AGUA y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3-5).

Leemos los pasos que explican lo que quiso decir Jesús con la palabra “agua”.

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27)

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:22-23)

A la luz de estos pasajes citados y otros, entendemos claramente que lo que regenera las personas es la Palabra de Dios, junto con el Espíritu Santo. He aquí, entonces, explicado el significado de la palabra AGUA pronunciada por Jesús en el Evangelio de Juan.

Concluyo este breve escrito con otro pasaje bíblico para confirmar que SÓLO LA SANGRE DE JESÚS PURIFICA DE LOS PECADOS, y nada más puede hacerlo, de lo contrario Jesús habría muerto en vano:

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

Por lo tanto, es siempre la sangre de Jesús que limpia al hombre del pecado, tanto en el momento de la regeneración, como después, cuando ya se es convertido, si se cae en el pecado, porque nadie es perfecto, porque todavía no hemos obtenido la plena redención porque falta la redención del cuerpo que sucederá sólo en la resurrección de los muertos; digo, si los hijos de Dios caen en pecado, deben ir a Jesús con plena confianza, confesando sus pecados y sus conciencias serán completamente y otra vez limpiadas.

Me dirijo a ustedes los católicos romanos y, sin embargo, a todos ustedes que piensan que es el agua o algún otro ritual que les limpia de sus pecados, las sagradas Escrituras les dicen que se equivocan grandemente, y si ustedes no consiguen el VERDADERO perdón y la purificación de los pecados, serán arrojados al infierno cuando morirán. Así que si quieren escapar del tormento de las llamas del infierno, arrepiéntanse y apártense de los ídolos al Dios vivo y verdadero, crean en el Evangelio de Jesucristo, porque sólo así obtendrán la purificación de sus pecados.

Gracias a Dios que nos ha dado una salvación tan grande: “Cristo Jesús”.

A Dios sea la gloria, el honor y la alabanza, por los siglos de los siglos. Amén!

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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La preciosa sangre de Jesús

La preciosa sangre de Jesus

¡Cuán preciosa es la sangre de Jesús, que Él derramó en la cruz y de la que hemos sido rociados (1 Pedro 1:2)! Esa sangre ha limpiado nuestra conciencia de las obras muertas, haciéndonos perfectos en cuanto a la conciencia (Hebreos 9:14), y si andamos en la luz nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por medio de ella hemos sido justificados (Romanos 5:9), reconciliados con Dios (Colosenses 1:20), hechos cercanos a Dios (Efesios 2:13), santificados (Hebreos 10:29; 13:12); rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros padres (1 Pedro 1:18), nos ha lavado y liberado de nuestros pecados (Apocalipsis 1:5; Efesios 1:7), y comprado para Dios (Apocalipsis 5:9 ‘NVI’). Por Su sangre fue dedicada la alianza que Dios hizo con nosotros (Hebreos 9:18; 13:20); en virtud de Su sangre tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo (Hebreos 10:19), y por medio de Su sangre hemos vencido al diablo (Apocalipsis 12:11).

A Cristo Jesús, que derramó Su sangre por nosotros, sea la gloria ahora y para siempre. Amén

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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