¡John F. MacArthur y todos los cesacionistas yerran grandemente!

untitleddfsJohn F. MacArthur y todos los hermanos en Cristo Jesús que forman parte de las Iglesias Bautistas, Reformadas, Presbiterianas, Iglesias de los Hermanos, Iglesias valdenses y otras, se equivocan grandemente en creer y enseñar que el hablar en lenguas, la profecía, algunos ministerios (apóstol y profeta), los milagros, las sanidades divinas en el nombre de Jesús y todas las demás manifestaciones del Espíritu Santo en la Iglesia, han cesado a la muerte de los doce apóstoles. Ellos creen y enseñan que la fecha de terminación se llevaría a cabo más o menos al final del siglo I d.C, cuando murió el apóstol Juan, como se cree comúnmente que murió en ese período.

En el sitio http://www.zam.it/ John F. MacArthur es presentado de esta manera:

“Conocido por su enfoque completo y franco en la enseñanza de la Palabra de Dios, la Biblia, John MacArthur es un pastor evangélico de quinta generación, autor y predicador de renombre internacional. Desde 1969 trabaja como maestro y pastor de la Iglesia Grace Community en Sun Valley, California. Las predicaciones de John alcanzan la mayor parte del mundo a través de su obra multimedia Grace To You, con oficinas en Australia, Canadá, Europa, India, Nueva Zelanda, Singapur y Sudáfrica. Grace To You no sólo produce programas de radio para más de 2000 radio (en Inglés y Español), sino distribuye libros, software, cintas y CD con estudios y sermones de John MacArthur. En 36 años, Grace To You ha distribuido más de 13 millones de discos y cintas de audio. John es presidente del Master’s College y del Master’s Seminary. Ha escrito cientos de libros y manuales de estudio bíblico, muy útiles y prácticos para la vida cotidiana.”

Además, MacArthur escribió el libro “Los carismáticos: una perspectiva doctrinal” (1), publicado por Ediciones de la Biblia Centre, bien conocido en los círculos evangélicos cesacionistas.

En este libro MacArthur expone las ya conocidas objeciones en contra del bautismo con el Espíritu Santo y la consiguiente manifestación de las lenguas y en contra de otros dones espirituales.

Por supuesto, en sus objeciones contra las lenguas, no podía faltar la que han cesado.

Ahora, leemos de la misma mano de MacArthur lo que dice, entre otras cosas, para afirmar que las lenguas y la profecía han cesado (2):

“[…]6. La historia dice que las lenguas cesaron. En 1 Corintios 13:8 el verbo pauo nos dice que las lenguas debían cesar, significando que nunca habrían empezado de nuevo y los últimos libros del Nuevo Testamento nunca les mencionan. Cleon Rogers, un estudiante misionero, escribió: “Es significativo que en ningún escrito de los Padres post- apostólicos hay lo más mínimo de referencia, la menor alusión acerca del don de lenguas” (Cleon L. Rogers, Jr. “El don de lenguas en la Iglesia Post-Apostólica”).. […]

“En los primeros cuatro-quinientos años de la iglesia, los únicos que hablaron en “lenguas” de los cuales sabemos fueron los seguidores de Montano, declarado hereje (véase el capítulo 3), y su discípulo Tertuliano” (John MacArthur, “Los Carismáticos: perspectiva doctrinal del movimiento carismático”, publicado por el Centro Bíblico, 1987, p. 197).”

Ahora bien, aunque entre los santos hayan muchos “crédulos”, sin embargo, también hay algunos “creyentes” sencillos que están estudiando para estar seguros de las cosas oídas y leídas, para ver si las cosas son exactamente como dijo MacArthur. Él, habiendo llamado en apoyo de sus razones “la historia de la Iglesia y los escritos de los padres antiguos”, ha sido un deber, para estos creyentes sencillos pero cuidadosos, ir a leer los escritos de los padres de la Iglesia para encontrar confirmación a la afirmación de MacArthur y, para sorpresa de estos hermanos diligentes, ha emergido claramente que MacArthur ha mentido descaradamente. Si MacArthur haya escrito cosas falsas por ignorancia, o las haya escrito con deshonestidad con el objetivo de engañar a muchos hermanos en Cristo que confían en él, esto no son capaz de definirlo, Dios sabe, sin embargo, tal mentira no puede ser ignorada y pasada en silencio. Por el amor de la verdad es necesario publicar los resultados de las investigaciones históricas realizadas por nuestros queridos hermanos diligentes, que demuestran claramente que lo que escribió MacArthur es absolutamente falso, y que no se puede tomar la historia de la Iglesia para confirmar su tesis que nosotros pentecostales creemos ser también anti-bíblica; de hecho, incluso los escritos de los padres post-Apostólicos confirman que los dones del Espíritu Santo se distribuyeron por Dios y operaban también en los siglos después de la muerte de los doce apóstoles.

Vamos a abrir los sellos de los escritos históricos, para que también ustedes lean la verdad demostrada por la historia de la Iglesia, para que se den cuenta que ustedes que son cesacionistas han sido enseñados y guiados mal acerca de estas doctrinas y las promesas de Dios.

Ireneo (115-150 – 202), obispo de Lyon, que luchó contra los herejes, y que es considerado uno de los llamados padres post-apostólicos (http://www.catholicapologetics.org/ap040600.htm), en su obra apologética: “Contra las Herejías”, escrita en 180 dC, escribió lo siguiente:

“Así, también, aquellos que son verdaderamente sus discípulos, recibiendo gracia por Él, hacen en su Nombre [milagros], a fin de promover el bienestar de los demás hombres, según el don que cada uno ha recibido por Él. Porque algunos cazan ciertamente y verdaderamente demonios, así que con frecuencia los que han sido purificados de esta manera de los malos espíritus creen [en Cristo] y se unen a la Iglesia. Otros tienen conocimiento previo de lo que vendrá: ellos ven visiones, y emiten declaraciones proféticas. Otros todavía sanan a los enfermos por la imposición de las manos, y ellos son sanados. Además, sí, como he dicho, hasta los muertos han sido resucitados y han permanecido entre nosotros durante muchos años. ¿Y qué más digo? No se puede nombrar el número de los dones que la Iglesia en todo el mundo ha recibido de Dios en el nombre de Jesucristo” (3) (Contra las Herejías, Libro II, cap. 32.4)

y otra vez:

“Del mismo modo, escuchamos muchos hermanos en la Iglesia que poseen dones proféticos y que, por el Espíritu hablan todo tipo de lenguas y manifiestan [o sacan a la luz] para provecho las cosas ocultas de los hombres y declaran los misterios de Dios…” (4) (Contra las Herejías, libro V, cap. 6.1).
http://www.newadvent.org/fathers/0103.htm

Queridos hermanos antipentecostales, a la luz de lo que acabamos de leer, ya que Ireneo testimonió que alrededor de un siglo después de la muerte del apóstol Juan, en la Iglesia se manifestaban todavía poderosos dones del Espíritu Santo (lenguas, sanaciones, revelaciones divinas , profecías), se debe considerar con certeza que los poderosos dones del Espíritu Santo no cesaron absolutamente después de la muerte del apóstol Juan, entonces, inevitablemente, llegamos a la conclusión natural y obligada de que los maestros en los cuales ustedes están confiando como sus guías espirituales, les están mintiendo, no les están enseñando la verdad acerca de los dones espirituales y los ministerios.

Tengan en cuenta que Ireneo en sus declaraciones ha utilizado el tiempo presente, y esto significa que en el momento en el que estaba escribiendo, los dones del Espíritu Santo estaban continuando a manifestarse de la misma manera en la que se manifestaban en el tiempo de los doce apóstoles.

A ustedes cesacionistas, que creen que los dones espirituales han cesado y que las lenguas han cesado, les informo que han sido en gran medida engañados, ya que les están ocultando la verdad de la Palabra de Dios con respecto a estas manifestaciones espirituales, y para ocultar la verdad sus maestros no han vacilado en mentir y citar algo histórico, que como hemos demostrado es falso.

Me pregunto, ¿por qué cuando los católicos romanos manipulan los libros de historia de la Iglesia y de los padres post-apostólicos, se arrojan en contra de ellos y con razón gritan escándalo y condenan este tipo de comportamiento, mientras que cuando sus “maestros” hacen las mismas cosas se callan y no dicen nada? ¿No es tal vez una conducta doble la que ustedes están teniendo? Claro, lo es, porque de la misma manera en la que han citado falsamente la historia de la Iglesia los católicos, para defender y confirmar sus herejías y mentiras, así también lo han heco sus maestros, ambos son culpables.

Los poderosos dones espirituales de Dios, además de ser testimoniados por los creyentes post-apostólicos, se confirman también en gran parte de las Sagradas Escrituras, y para demostrar esto, les dejo por debajo una página web en la que he enumerado varios estudios bíblicos que explican los pasos de las Escrituras que hablan de estos asuntos: https://justojuicio.wordpress.com/category/las-lenguas/, https://justojuicio.wordpress.com/2013/11/22/los-dones-del-espiritu-santo/, https://justojuicio.wordpress.com/2014/07/15/los-suenos-las-visiones-y-las-revelaciones/ y https://justojuicio.wordpress.com/2014/06/04/sanidades-milagros-y-senales-y-prodigios/

Hermanos cesacionistas, en el nombre del Señor Jesucristo, que murió para limpiarles de sus pecados y para darles una esperanza y un futuro feliz, lleno de paz y alegría, les ruego que no permitan descansar sus miembros y su corazón, sino que busquen en la oración y el estudio de las Escrituras si los dones espirituales de Dios son todavía para los creyentes de hoy o no. Si ustedes serán sinceros en su búsqueda y lo harán libre de todo prejuicio, recibirán la respuesta directamente de Dios. Yo, esta búsqueda la hice hace mucho tiempo antes de ustedes, porque el Señor me salvó en medio de una comunidad evangélica antipentecostal, y entonces el Señor me hizo entender que los dones poderosos del Espíritu Santo son todavía para hoy, que desde el día de Pentecostés comenzó la dispensación de ellos y no cesará hasta el momento en que el Señor regresará del cielo, porque sólo entonces estos dones ya no serán necesarios, porque sólo entonces llegará la perfección del conocimiento.

Hermanos, miren que nadie les engañe con palabras vanas, sean sabios, no caminen como los necios, no haciendo caso de las correcciones y exhortaciones para pedir a Dios que les dé la confirmación de la verdad escrita en la Palabra de Dios, porque al hacerlo contristan al Espíritu Santo y menosprecian las promesas de Dios que están preparadas para el bien de sus hijos, y no para su mal. No dejen que se les tire humo en los ojos, cuando sus maestros no pudiendo demostrar sus falsedades biblícamente, les dicen que los pentecostales tienen su opinión y ustedes las suyas, porque su trabajo es conocer la verdad de todas las doctrinas y todas las promesas que Dios hizo a su pueblo.

Giuseppe Piredda, salvado por gracia mediante la fe en Cristo Jesús

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

(1) El libro “Los Carismáticos – Una perspectiva doctrinal” de John F. Macarthur

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(2) Citas del libro de Macarthur “Los Carismáticos” carismatici-citazione

(3) Citas de Ireneo (Contra las Herejías, Libro II, cap. 32.4)ireneo-libro2

(4) Citas de Ireneo (Contra las Herejías, libro V, cap. 6.1)ireneo-libro5

Acerca de los dos testigos que han de venir (porque los rechazarán también muchos que se llaman Cristianos)

Los dos testigos Apocalipsis

En Apocalipsis acerca de los dos testigos de Dios que deben venir antes del regreso glorioso de Cristo desde el cielo, está escrito: “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra” (Apocalipsis 11:3-10).

Ahora, teniendo en cuenta que cuando aparecerán los dos testigos de Dios, la Iglesia todavía estará en la tierra y en medio de la Iglesia universal muchos enseñan que los dones espirituales cesaron con la muerte de los apóstoles y que Dios no castiga a nadie, ¿cómo reaccionarán los que creen y sostienen estas falsas doctrinas? En otras palabras, mientras que estos dos profetas de Dios profetizarán – siendo profetas, de hecho, tienen el don de profecía – y tendrán revelaciones de Dios – por supuesto, siendo profetas también tienen los dones de revelación (los dones de revelación son el don de la palabra de sabiduría, el don de la palabra de ciencia y el discernimiento de espíritus) – y harán señales y prodigios – entonces tienen también el don de fe y de hacer milagros – porque golpearán por orden de Dios a la tierra con diversas plagas, y no sólo, debido a que sus enemigos serán asesinados por un fuego que viene de su boca; ¿cómo reaccionarán los que dicen que los dones espirituales eran sólo para la época apostólica y que Dios, siendo sólo amor, no castiga y no mata a nadie? Seguro que ellos se negarán a aceptar estos dos hombres como testigos de Dios, y por lo tanto no aceptarán su testimonio. No aceptarán, por tanto, a reconocerlos como dos profetas enviados por Dios para cumplir con esta misión en particular. Algunos dirán: “Pero ¿cómo podrán negar lo que es tan obvio?” Lo harán también porque muchos de ellos se refieren a estos dos testigos de una manera alegórica por lo cual no enseñan que serán dos personas de carne y huesos, sino de lo contrario son dos testigos simbólicos!! Así sucederá que también muchos que se llaman Cristianos se pondrán en contra de estos dos profetas y los ofenderán. Pero reflexionen: ‘Si hoy ofenden e insultan a nosotros que nos limitamos a decir que Dios todavía distribuye los dones espirituales como lo hizo en los días de los apóstoles, y que Dios todavía castiga a los hombres y mata, ¿no piensan que harán lo mismo en contra de estos dos siervos de Dios que por Dios profetizarán y golpearán a los hombres con tremendas plagas?’ Así que cuando la bestia que sube del abismo les hará guerra y los vencerá y los matará, estos así llamados Cristianos estarán entre los que se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas estaban atormentandos a los moradores de la tierra. Parecerá increíble para algunos, pero ocurrirá precisamente esto. Además, no hay que olvidar que en la antigüedad los profetas de Dios fueron rechazados, vilipendiados y perseguidos precisamente por los que formaban parte de la gente que Dios de antemano conoció. ¿Recuerdan el profeta Elías, por ejemplo? ¿Y qué decir de Jeremías, Isaías y los otros profetas? ¿No fueron vilipendiados y perseguidos por los que tenían que reconocer en ellos los hombres enviados por Dios para pronunciar las palabras de Dios? Estoy convencido, por lo tanto, de que muchos que se llaman Cristianos dirán de estos dos profetas que son del diablo y no de Dios, y que por lo tanto son falsos profetas que buscan el mal de la Iglesia. Citarán como de costumbre estos pasajes de la Escritura: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo 24:11), “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

Pero permítanme decir algo más, que considero muy importante.

¿Saben quiénes son los que en medio de la Iglesia universal empujan a los Cristianos para que rechazen lo sobrenatural que viene de Dios? Los muchos y muchos masones ‘evangélicos’, de hecho, la esencia misma de la Masonería – al menos, por ejemplo, de la italiana – es el naturalismo. Esto explica el culto a la razón humana, y por lo tanto su aversión a lo sobrenatural mencionado por la Palabra de Dios. Podemos decir con seguridad que la Masonería sirve y se encuentra en defensa de la religión natural, que ahoga y destruye todas las formas de sobrenatural. Así que uno de sus objetivos es eliminar lo sobrenatural del Cristianismo, y debemos decir que lo ha logrado ya en muchas iglesias. Ahora, de hecho, el Cristianismo de muchos evangélicos es algo que se parece cada vez más al deísmo (filosofía racionalista de la religión que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII por primera vez en Gran Bretaña y luego en Francia y Alemania, que reconoce la existencia de una entidad oficial Suprema llamada Dios del universo, pero niega cualquier tipo de revelación y milagro) que impregna la Masonería, como dicen que con la muerte del apóstol Juan, o el cumplimiento del canon de la Biblia, y luego en el final del primer siglo después de Cristo, han cesado en la Iglesia las siguientes manifestaciones: lenguas, profecías, predicciones de eventos futuros, visiones y sueños, y sanidades y milagros. Y entonces los Cristianos – según ellos – no pueden más hablar en lenguas, profetizar, predecir eventos futuros, tener visiones y sueños, y sanar y hacer milagros como lo hicieron en la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos.

¿Y saben quiénes son los que en medio de la Iglesia universal empujan para que los Cristianos rechacen la idea de un Dios vengativo que castiga a los hombres? Siempre ellos, los muchos y muchos masones que pretenden ser “Cristianos”, de hecho, de acuerdo con la Masonería deberíamos rechazar cualquier idea de un Dios vengativo, o al menos cualquier cosa que pueda hacer que se vea vengativo y malvado o cruel o injusto. Escuchemos lo que dijo el Mason de grado superior 33 Albert Pike: “No deberíamos creer en lo que la razón niega con vehemencia, en lo que la justicia rechaza, en lo que es absurdo o contradictorio, en conflicto con la experiencia y la ciencia, en lo que degrada el símbolo de la Divinidad, haciéndola aparecer vengativa, malvada, cruel o injusta” (Albert Pike, Moral y Dogma, Edition italiana, Vol 1, p 59..): y otra vez: ”Yo pongo mi confianza en Dios”es la protesta de la Masonería en contra de la creencia en un Dios cruel, enojado, vengativo, y que es de temer y venerado por sus criaturas” (Albert Pike, moral y Dogma, p 196-12 °Gran Maestro Arquitecto – http://www.sacred-texts.com/mas/md/md13.htm). Y en un sitio masónico del Sudáfrica se lee: “Antes de convertirme en un masón, el interesado deberá indicar que cree en un Ser Supremo. El Ser Supremo adopta muchas formas en las diversas religiones. Dentro de nuestro volumen de la Ley Sagrada, podemos ver que la Deidad es transformada de un Dios vengativo personal del Antiguo Testamento a un Dios universal de amor en el Nuevo Testamento” (http://www.exsequi.org.za/principalsoffreemasonry.asp). Sí, porque la idea de Dios que el pueblo tenía en el Antiguo Testamento tenía que ser corregida, algo que tenían que hacer los sacerdotes, pero no lo hicieron. He ahí lo que dijo el ministro del diablo Albert Pike, el Sumo Pontífice de la Masonería Universal: “La divinidad de los primeros Judíos [….] estaba enojado, celoso, vengativo, […] ordenó la ejecución de los actos más impresionantes y escandalosos de crueldad y barbarie [….]. Tal era el concepto popular de la Deidad, tanto porque los sacerdotes no tenían nada mejor o tomaron poco de cuidado para corregirlo, como porque la imaginación popular no fue capaz de pensar cualquier concepción superior del Todopoderoso” (Albert Pike, Moral y Dogma, Italian Edition, Vol. 2, p. 149,150). De esta concepción de Dios que tiene la Masonería viene la severa advertencia dada a los masones para apartarse de los que ven la mano de Dios en los grandes desastres (Véase Albert Pike, Moral y Dogma, italian Edition, Vol 3, p 231…- 29° Caballero de San Andrés). ¿Y no es esto lo que se está diciendo, tal vez con palabras un poco diferentes, también en muchas iglesias evangélicas? Escuchen, por ejemplo, lo que dijo Francesco Toppi, ex presidente de las Asembleas de Dios en Italia, sobre Dios: “La idea de un Dios vengativo, preparado para juzgar y condenar, es puramente humana y es el legado de una concepción supersticiosa y pagana. Revela la ignorancia absoluta de los que no conocen a su Creador y Salvador” (Francesco Toppi, A pregunta contestada, Vol. 2, Roma 1993, p. 186). Y Salvatore Cusumano, otro pastor de las Asembleas de Dios en Italia, confirma esta opinión Toppiana – pero más que Toppiana, diría masónica – sobre Dios, declarando en un artículo titulado ‘Terremotos’: “El incrédulo atribuye la responsabilidad al orden, o al desorden, natural . El que duda sostiene que si hubiera un Dios, no sería bueno, sino el responsable de tal devastación terrible. Los creyentes, de lo contrario, no creen que Dios causaría daño, más bien la naturaleza sigue su curso determinado por la corrupción introducida por el pecado del primer hombre. Algunos de ellos, sin embargo, creen que los desastres naturales son los medios utilizados por Dios para castigar la maldad humana (….) No podemos compartir la posición de quienes atribuyen a Dios la responsabilidad por los desastres, así como no creemos que sea bíblica la posición de los que señalan en cada desastre natural un juicio divino, sin excluir que Dios pueda usar la naturaleza para llamar la atención de los hombres acerca de las verdades eternas. Los discípulos de todos los tiempos como los de la época de Jesús quieren preservar el honor de Dios, no atribuyendoLe ninguna responsabilidad, y esta es la verdad, pero para lograr esto no es cierto que sea necesario descargar cualquier responsabilidad en este pobre y ya maltratada humanidad. (…) ¿Por qué Dios debería golpear? Sería una venganza típicamente humana. Cuán lejos estamos de la idea de la justicia bíblica de Dios. (…)” (‘Los terremotos en El Ciruelo Ardente, Verano 2011, p. 1).

¿No les parece que estas palabras se parecen a las palabras masónicas antes mencionadas, porque en última instancia, dicen lo mismo acerca de Dios, es decir que Él no es un Dios vengativo, sino sólo un Dios de misericordia y amor? Me parece obvio. Y por lo tanto es innegable que el concepto masónico de Dios ha penetrado en las Iglesias Evangélicas. Si se tiene en cuenta entonces que el Dios de los masones no es el Dios de la Biblia, hay que asustarse. Este concepto masónico de Dios es falso, porque nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es también un Dios de venganza: en otras palabras, Él es también un vengador. Esto es lo que la Escritura atestigua claramente.

Poniendo estas cosas juntas, por lo tanto, se entiende por qué el diablo a través de la masonería está tratando de impulsar más Cristianos posibles para que acepten esta filosofía, así que cuando se manifestarán los dos testigos de Dios, estos Cristianos se pongan en contra de estos dos profetas rechazandolos. No es la única razón, por supuesto, pero esto tiene que hacer reflexionar seriamente a la Iglesia de Dios acerca de la obra de la masonería en el medio de la Iglesia. Miren hermanos, porque tanto los masones ‘con delantal’ (que han hecho la iniciacíon según el ritual masónico n.d.t) como los ‘sin delantal’ (que no han hecho la iniciación masónica n.d.t) que se encuentran en gran número dentro de las Iglesias Evangélicas, son los engañadores, que usando la astucia del diablo quieren que ustedes rechacen la realidad de los dones espirituales y el concepto bíblico de un Dios vengativo que castiga a los hombres.

Por tanto, nadie les engañe con palabras vanas, y opónganse a los que enseñan o apoyan las dos falsas doctrinas antes mencionadas, tapandoles la boca.

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Sanidades para probarnos

manzana serpiente

En el libro de Deuteronomio leemos: “Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis, y a él seguiréis” (Deuteronomio 13:1-4).

Como podemos ver, Dios había decidido para probar a su pueblo por medio de hombres que habían dejado su ley, ya que uno que incita a servir a otros dioses la ley de Dios ha negado, pero que hacían señales o prodigios. Por un lado entonces había señales reales, que en realidad sucedían, pero del otro había palabras que incitaban a la rebelión contra Dios.

Muchos creyentes todavía no se han dado cuenta de una cosa muy importante, es decir que Dios, para probarnos, utiliza también predicadores que proclaman el Evangelio y que sanan en el nombre de Jesús. Vamos a explicar mejor este concepto.

Dios permite que en medio de su pueblo hayan hombres que predican el Evangelio por envidia y contienda, y entonces con una vida desordenada, porque la Escritura dice que “donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:16). Pueden entonces ser avaros, amantes de los placeres de la vida, adúlteros, fornicarios, borrachos, violentos, pendencieros… Pero a pesar de esto a través de sus predicaciones las almas se convierten y en sus reuniones también pueden suceder sanidades en el nombre de Jesús, porque en última instancia Dios confirma Su Palabra incluso cuando es anunciada por un impío, porque esa permanece Su Palabra. Así que ellos anuncian que Cristo salva y sana, y también imponen las manos sobre los enfermos en el nombre de Jesús, pero ellos son malhechores, así como también son portadores de falsas doctrinas de diversos tipos.

Ahora, ¿qué sucede cuando un creyente ve las almas convertidas por la predicación de estos hombres y los enfermos sanados por la imposición de sus manos? Él es tentado a aceptar todo lo que dice, porque piensa: “¡Si hay conversiones y sanidades, significa que es de Dios, y entonces tengo que aceptar todo lo que dice!” Pero esto es precisamente lo que no tenemos que hacer, es decir, que no debemos aceptar todo lo que dice, porque él predica que Cristo salva y sana pero también enseña falsas doctrinas.

Vamos a hacer algunos ejemplos prácticos: si enseñan que los divorciados pueden volver a casarse, que Dios quiere que seamos materialmente ricos, que la mujer puede enseñar la Palabra de Dios y adornarse con joyas de oro, que no debe usar velo cuando ora o profetiza, que los santos son llamados a entrar en política para gobernar el mundo, que pueden ir a divertirse, y que podemos comer la sangre, el ahogado, y lo sacrificado a ídolos, y otras cosas similares. ¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a profesar estas doctrinas de hombres, que rechazan la verdad, simplemente porque los que les enseñan predican y sanan a los enfermos en el nombre de Jesús? En ninguna manera. Debido a que Dios nos está probando a través de él para ver si – a la vista de las sanidades – nos dejamos atrapar la mente y arrastrar por él detrás de estas mentiras, porque precisamente son mentiras que contrastan la verdad que es en Cristo Jesús.

Por lo tanto hermanos, tengan cuidado y no se hagan seducir por estos predicadores. Velen y oren, para no caer en sus garras. Permanezcan conectados a la Palabra fiel, y apártense de cualquier predicador que incluso si predica el Evangelio, les hace rechazar la sana doctrina. No le sigan, porque les lleva a rebelarse en contra de Dios y a convertirse en enemigos de Él.

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Una oración de acuerdo a la voluntad de Dios

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En el libro de los Hechos está escrito que los antiguos santos en Jesrusalén un día levantaron esta oración a Dios: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hechos 4:29-30). Esta oración levantada a Dios por la Iglesia antigua es de acuerdo a la voluntad de Dios y por lo tanto también la Iglesia de hoy debe elevarla a Dios el Padre.

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Sanidades, milagros y señales y prodigios

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En el ministerio de Jesucristo

Jesucristo, el Hijo de Dios, en los días de su carne expulsó a muchos demonios (o espíritus malignos) de los cuerpos de los poseídos liberándolos, y realizó sanidades, milagros, señales y prodigios en gran número; tantos fueron sus milagros que Juan, el discípulo a quien amaba Jesús, al final del Evangelio escrito por él, dice: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25). Esto significa, por lo tanto, que las cosas que hizo Jesús en la Biblia son sólo una pequeña parte de las cosas que había hecho.

Jesús reprendía a los demonios con autoridad y ellos salían de los cuerpos de aquellos que los tenían; Él los reprendía por la ayuda del Espíritu de Dios que estaba en Él, como dijo un día a los que le acusaban de echar fuera demonios por el príncipe de los demonios, es decir Satanás (Véase Mateo 12:22-32). Cuando los demonios le veían se arrojaban al suelo y comenzaban a gritar: “Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios” (Lucas 4:34), y cuando Él les reprendía salían y gritaban diciendo: “Tú eres el Hijo de Dios” (Lucas 4:41), pero Jesús los reprendía y no los dejaba hablar porque sabían que Él era el Cristo de Dios. Jesús liberó a los poseídos ciegos y mudos, y también poseídos sordos, cuya ceguera, sordera y mudez eran causadas por los espíritus malignos (Véase Mateo 12:22; Marcos 9:25); como también liberó a endemoniados que veían, escuchaban y hablaban. Los demonios fueron obligados a salir antes del poder de Dios que estaba con Jesucristo.

Jesucristo, además de liberar los poseídos del dominio de los demonios, sanó tantos enfermos que sufrían de diversas enfermedades. Un pasaje del Evangelio escrito por Mateo dice: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. ” (Mateo 4:23-24). Algunas de las numerosas sanidades realizadas por Él fueron las siguientes: la sanación de un leproso (Véase Mateo 8:1-4), la sanación de los diez leprosos en una sóla vez (Véase Lucas 17:11-19); la sanación del siervo del centurión romano que estaba paralítico (Véase Mateo 8:5-13); la sanación de la suegra de Pedro con fiebre, (Véase Mateo 8:14-15; Lucas 4:38-39); la sanación de una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años (Véase marcos 5:25-34); la sanación de un ciego de nacimiento (Véase Juan 9:1-38) y otros dos hombres ciegos (Véase Mateo 9:27-31); la sanación de un hombre que tenía la mano seca (Mateo 12:9-14); la sanación de una mujer que andaba encorvada (Véase Lucas 13:10-17); la sanación de un hombre con hidropesía (Lucas 14:1-6); la sanación de un paralítico desde treinta y ocho años (Véase Juan 5:1-9) y la sanación de otro paralítico que fue llevado a Él por cuatro personas que a causa de la multitud que estaba alrededor de Jesús abrieron el techo de la casa y lo bajaron delante de Él (Véase Marcos 2:1-12); la sanación de un sordomudo de la Decápolis (Véase Marcos 7:32-37). Todas las sanaciones Jesús las realizó porque “el poder del Señor estaba con él para sanar” (Lucas 5:17).

Jesucristo hizo muchos milagros, como cuando alimentó con cinco panes y dos peces una multitud de aproximadamente cinco mil personas sin contar las mujeres y los niños (Véase Mateo 14:15-21); o cuando alimentó con siete panes y unos pocos pececillos una multitud de cuatro mil personas sin contar las mujeres y los niños (Véase Mateo 15:32-39). O como cuando resucitó a los muertos, como en el caso de la hija de Jairo (Véase Marcos 5:35-43); en el caso de Lázaro quien había estado muerto por cuatro días (Véase Juan 11:1-46), y en el caso del hijo de la viuda de Naín que fue resucitado mientras lo llevaban a enterrar (Véase Lucas 7:11-17).

Jesucristo también hizo el milagro de caminar sobre las aguas del Mar de Galilea (Véase Mateo 14:24-33), El milagro de calmar una tormenta con la palabra (Véase Mateo 8:23-27); y el milagro de secar a una higuera maldiciendola (Véase Mateo 21:18-22).

En verdad Jesucristo cumplió grandes cosas, como dijo Pedro, Dios aprobó a su siervo Jesús entre los Judios por los milagros, señales y prodigios que Dios había hecho por medio de Él (Véase Hechos 2:22).

 

En el ministerio de los apóstoles y de otros siervos de Dios

Jesucristo, en los días de su carne, habiendo escogido doce discípulos los envió a predicar el reino de Dios dandoles el poder de expulsar los demonios y para sanar enfermedades, como está escrito: “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos” (Lucas 9:1-2), y también que Él les dijo: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios…” (Mateo 10:8), cosas que los apóstoles hicieron, de hecho está escrito: “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban” (Marcos 6:12-13).

Después que Jesucristo murió y resucitó apareció a los once a los cuales dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16:15-20). Como se puede ver los apóstoles incluso después de que Jesús fue llevado al cielo continuaron a echar fuera demonios y a sanar a los enfermos en el nombre de Jesucristo. Esto es confirmado por lo que Lucas dice en los Hechos de los Apóstoles: “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados” (Hechos 5:12-16). Acerca de Pedro y Juan se registra la sanidad del hombre cojo en la puerta del templo que se llama ‘la Hermosa’: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido”(Hechos 3:1-10). Acerca de Pedro se registra otra sanación, la de Enea, que estaba paralizado y la resurrección de una discípula muerta llamada Tabita: “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor. Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor” (Hechos 9:32-42).

Esto se relaciona con los apóstoles que estaban con Jesús, pero hubieron también los otros apóstoles escogidos por Cristo que obraron sanidades, señales y prodigios en el nombre de Cristo. Acerca de Pablo y Bernabé se dice que se detuvieron mucho tiempo en Iconio “hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” (Hechos 14:3). Acerca de Pablo es dicho esto esto hecho que sucedió en Listra: “Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo” (Hechos 14:8-10), y este otro hecho que sucedió en la isla de Malta: “En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados” (Hechos 28:7-9).

Además de de los apóstoles obraron señales y prodigios también Esteban y Felipe que no eran apóstoles; acerca del primero se dice: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” (Hechos 6:8) y del segundo: “Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad” (Hechos 8:5-8).

 

Señales y prodigios

En la Biblia están documentadas manifestaciones del poder de Dios que son llamadas señales y prodigios y que no incluyen las sanidades. Son milagros obrados por Dios a través de sus siervos. He ahí algunos de estos portentos.

Moisés, después de que Dios le dio la orden de ir a Egipto para liberar a su pueblo y la autoridad para obrar prodigios, obró tales prodigios en Egipto. Los primeros prodigios fueron los de la serpiente y la mano leprosa que obró delante de los ancianos de Israel (en realidad fue Aarón a obrarlos). Moisés fue capaz de obrar estos milagros por virtud del hecho que Dios le había dicho que los obrase cuando le había aparecido; aquí el hecho. “Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. El le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra” (Éxodo 4:1-9).

Los siguientes fueron los prodigios de la vara que se convirtió en serpiente que él y Aarón obraron antes de Faraón, como está escrito: “Y Jehová habló a Moisés ya Aarón , diciendo: “Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Si Faraón os respondiere diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra. Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra. Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos” (Éxodo 7:8-12). Y entonces todas las plagas que Dios envió a los egipcios, como está escrito en los Salmos: “Envió a su siervo Moisés, y a Aarón, al cual escogió. Puso en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Envió tinieblas que lo oscurecieron todo; no fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, y mató sus peces. Su tierra produjo ranas hasta en las cámaras de sus reyes. Habló, y vinieron enjambres de moscas, y piojos en todos sus términos. Les dio granizo por lluvia, y llamas de fuego en su tierra. Destrozó sus viñas y sus higueras, y quebró los árboles de su territorio. Habló, y vinieron langostas, y pulgón sin número; y comieron toda la hierba de su país, y devoraron el fruto de su tierra. Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza” (Salmo 105:26-36). Ellos fueron seguidos de todas estas señales y maravillas obradas por Dios a través de Moisés en el desierto; la división del Mar Rojo, la roca que hizo brotar el agua, etc. En virtud de todas estas maravillas hechas por Moisés se dijo: “Nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel” (Deuteronomio 34:11-12).

En la época del rey Jeroboam, un hombre de Dios vino de Judá a Bethel y obró un milagro delante del rey: “He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso, aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar. Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes” (1 Reyes 13:1-6).

Cuando en el Nuevo Testamento leemos acerca de alguien que Dios obró milagros y prodigios por medio de él, entre estos milagros realizados por él pueden haber estado también obras que no tenían nada que ver con la sanación de una persona. Por otro lado, tenemos la evidencia en el hecho de que Jesús, de quien se dice que Dios obró a través de Él señales y prodigios entre los Judios (Hechos 2:22), resucitó a los muertos, mandó a una higuera que se desecase, multiplicó los panes y los peces, y caminó sobre el agua; estas obras no son sanaciones.

Por lo tanto, cuando la Escritura habla del don de hacer milagros, se refiere al don de hacer milagros y prodigios similares a los que Dios hizo obrar a sus siervos en el pasado, o de todos modos de las obras poderosas que son diferentes de las sanidades.

 

Las sanidades y los milagros en la Iglesia del Dios vivo hoy en día

Como hemos visto, en el pasado, tanto mientras Jesucristo estuvo en la tierra como después de su asunción al cielo, Dios hizo milagros a través de su Hijo, sus apóstoles y sus otros siervos. En este punto alguien va a preguntar: “¿Pero hoy, después de tanto tiempo, estas sanidades, estas liberaciones, estas resurrecciones, estas señales y prodigios son cosas que pueden suceder? ¿Estas son cosas que debemos esperar o querer que se vean en nuestro medio? ¿Estas cosas son necesarias y útiles como lo fueron en esos días? “Mi respuesta a todas estas preguntas es “Sí, sin lugar a dudas”.

Estas cosas pasan porque el Dios que las cumplió a través de Jesucristo y luego a través de los apóstoles y luego por Esteban y Felipe, no está muerto y no ha cambiado; Él está viviendo y no cambia. Su poder es siempre el mismo, inmenso, por lo que todavía hoy puede hacer las cosas que hizo en el pasado. Si es cierto que las cosas que son imposibles para los hombres son posibles para Dios (Véase Lucas 18:27), esto significa que Dios todavía hoy hace lo imposible que el hombre no puede hacer. ¿O queremos decir que las cosas que son imposibles para los hombres fueron posibles a Dios sólo en los días de Jesús y los apóstoles? ¿Quién se atreverá a decir una cosa así?

Estas son cosas que debemos esper y desear que sucedan porque Dios quiere obrarlas aún hoy en medio de su Iglesia a través de sus hijos. Nosotros no esperamos que Dios envíe a su Hijo para morir y resucitar porque estas cosas no concuerdan más con su voluntad porque ya las cumplió una vez por todas, pero por lo que se refiere a las obras poderosas Él quiere obrarlas todavía en el día de hoy porque todavía quiere probar o confirmar que el Evangelio es Su Palabra y es la verdad.

Jesucristo un día hablando de las maravillas que hacía dijo: “Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado” (Juan 5:36). Entonces, si los milagros realizados por Jesucristo mismo confirmaban que el Padre le había enviado, por la fuerza de las circunstancias, los milagros realizados en el nombre de Jesucristo (que son hechos por Cristo a través de sus servidores) no hacen más que confirmar que Él es Aquel que Dios ha enviado al mundo para salvar el mundo. ¿Dios quiere confirmar esto? Por supuesto, ya que es una parte integral, diría básico del Evangelio de la gracia de Dios. Debemos desear que estas cosas sucedan porque Dios nos manda en su Palabra para que procuremos los dones espirituales (1 Corintios 12:31), entre los cuales hay los dones de hacer milagros, dones de sanidades y el don de fe. Y por lo tanto es bastante normal que se quiera hacer milagros o verlos hacer por algún santo siervo de Dios. Tan normal que los discípulos oraron para que Dios confirmase Su Palabra con sanidades, señales y prodigios: escuchen lo que dice Lucas en los Hechos de los Apóstoles acerca de la oración que los discípulos hicieron a Dios después de que Pedro y Juan fueron liberados: “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hechos 4:23-30). ¿Alguna vez has orado de esta manera? Si nunca lo has hecho, comienza a hacerlo.

Estas cosas son útiles porque están hechas por Dios y todo lo que Dios hace es útil. Son útiles porque van s demostrar que el Evangelio que es predicado por orden de Dios no es una filosofía, no es una fábula, no es una invención humana, sino el mensaje del Dios vivo para toda la humanidad y que por lo tanto es digno para ser plenamente aceptado. El Señor obraba con los apóstoles confirmando con las señales la Palabra que ellos predicaban (Véase Marcos 16:20). Cuando los apóstoles Pablo y Bernabé estaban en Iconio la Escritura dice que “se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios” (Hechos 14:3). Así que, si se quiere que Dios confirme su Palabra que se predica como lo hizo en los tiempos antiguos, entonces se debe desear que Él la acompañe con señales y prodigios. Las señales y las maravillas, precisamente porque están hechas por Dios por esta razón, se realizan para la salvación de las almas y, de hecho, Pablo dijo: “Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere. Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios” (Romanos 15:17-19). Tengan en cuenta que las palabras “para la obediencia de los gentiles” dejan muy claro el concepto expresado por mí. Pero diganme: “¿Pero no es cierto que en las Escrituras muchos creyeron en el Evangelio después de haber visto o escuchado de una sanación o un milagro hecho en el nombre de Jesús?” Tomemos el caso de la sanación del paralítico Eneas: ¿no está tal vez escrito que después de que Pedro le sanó en el nombre de Jesús “le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor” (Hechos 9:35)? Y ¿qué pasa con el caso de la resurrección de Tabitha?; ¿No está escrito que “Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor” (Hechos 9:42)? ¿Y no es cierto que en Samaria la gente, unánime, “escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” (Hechos 8:6)? Pero incluso antes de estos hechos, cuando Jesús predicó entre los Judios, ¿no es cierto que en Jerusalén “muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía” (Juan 2:23)? ¿Y no es cierto que también los discípulos de Jesús creyeron en él después de que lo vieron obrar su primer milagro en Caná de Galilea, donde convirtió el agua en vino (Véase Juan 2:11)? ¿Y qué pasa cuando Jesús resucitó a Lázaro quien había estado muerto por cuatro días? ¿No está escrito que “entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él” (Juan 11:45)? Y cuando Jesús alimentó a la multitud con cinco panes y dos peces; ¿No está escrito: “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo” (Juan 6:14)? Así que las sanidades y los milagros obrados en el nombre de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo, son útiles para atraer a las almas a Cristo. Por supuesto, no todo el mundo viendo las señales y los prodigios se convertirá a Cristo, hasta el punto que ya en los días de Jesús Cristo muchos, aunque vieron muchos milagros no se arrepintieron y Jesús por esta razón les amonestó. Está escrito: “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mateo 11:20-24). Pero es igualmente cierto que algunos se convertirán a Cristo sólo viendo los milagros realizados en su nombre, de acuerdo a lo que Jesús dijo: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Juan 4:48).

Las maravillas de Dios son útiles porque confirman la fe de los creyentes, en el sentido de que fortalecen su fe en Cristo, les animan a perseverar en la fe. ¿Quién de nosotros después de haber obtenido de Dios el cumplimiento de una oración por una necesidad particular (aquí excluyo la necesidad de una sanación o un milagro) no se sintió fortalecido en la fe porque ha podido ver que Dios escucha nuestras oraciones y las contesta como dice su Palabra? Si por lo tanto una oración a Dios que no requiera ni una sanidad ni una resurrección de los muertos, lleva al creyente a ser más fuerte espiritualmente, ¿por qué la intervención de Dios en el cuerpo de un enfermo o de un muerto no debería tener el mismo efecto? Cuando Pablo dijo a los santos en Roma: “Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados” (Romanos 1:11), ya que entre los dones espirituales hay también los dones de sanidades, el don de hacer milagros y el don de fe , dejó en claro que estas manifestaciones del Espíritu de Dios (sanidades, señales y prodigios) ayudan a fortalecer los santos espiritualmente.

Las maravillas de Dios llevan a los creyentes para glorificar el nombre de Dios, cosa en la cual Dios se complace. ¿No está escrito que cuando Pablo en Jerusalén comenzó a contar una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio, los ancianos de la iglesia, oyendolas, glorificaban a Dios (Véase Hechos 21:19-20)? Y así también hoy en día las sanidades y los milagros en el nombre de Jesús hacen glorificar a Dios.

Las maravillas de Dios suplen las necesidades. Por ejemplo los niños y adultos que sufren de enfermedades incurables, cerca de la muerte, que reciben la sanación de Dios y la extensión de sus vidas. Pónganse en los zapatos de un hombre que tiene cáncer y que se le ha dicho que tiene unos meses o unos pocos días de vida: ¿Creen que quiere morir? ¿Creen que no sería feliz si alguien le pudiera sanar en el nombre de Jesucristo? ¿Ustedes piensan que un padre y una madre que tienen su propio niño que está cerca de la tumba, no estarían contentos si el Señor Jesús sanase a su hijo? Lo que es asombroso es que la gente del mundo se empeñan mucho con los medios que tienen para prolongar la vida de los enfermos, y en cambio muchos creyentes no hacen nada para prolongar la vida de estas personas, en el sentido que, no sólo no quieren recibir los dones de sanidades o el poder para hacer milagros, pero tampoco oran por estas almas. Como si nuestro Dios fuese un Dios que no puede curar a los enfermos también hoy en día, en respuesta a una oración o a través de la manifestación de un don especial dado a su siervo. ¡Ah! Me se rompe el corazón viendo a estos creyentes INCRÉDULOS en el poder de Dios. Yo los conozco, conozco los razonamientos que hacen: “Dios aquí y Dios allí” etc .., pero a la base de estos razonamientos hay una profunda incredulidad en el Dios que dicen de conocer.

Por lo tanto, que se alienten a los enfermos, a los creyentes y a los no creyentes, a tener fe en Cristo para la sanación, y se ore por ellos para su sanación. No importa si eres un creyente sencillo, o un anciano de una iglesia, hay que alentar al paciente para que tenga fe en Cristo, y orar por él, si él quiere ser sanado. Si usted es un pastor o un anciano de la iglesia, tiene la obligación, cuando el enfermo le está llamando, a orar con fe ungiéndole con aceite en el nombre del Señor, porque así dice Santiago: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Santiago 5:14-15).

Y no sólo eso, también que se deseen los dones de sanidades y de hacer milagros porque a través de ellos se prucen maravillas y milagros por el Espíritu Santo. No importa si ustedes son simples creyentes sin deberes en la iglesia, o diáconos, o ancianos o pastores, tienen también que desear estos dones del Espíritu Santo.

En cuanto a los poseídos, no hay que enviarles a los psiquiatras, pero cuando son llevados al lugar de culto para ser liberados, los santos se pongan en oración y quien es el responsable de la gestión de la comunidad reprenda a los demonios en el nombre de Jesucristo y les eche fuera de los cuerpos de los poseídos. Que lo haga con autoridad, sin dudar, y Dios obrará.

Me dirijo a usted que ahora está enfermo, no importa qué enfermedad padece y desde cuánto tiempo tiene esta enfermedad, sepa que Cristo es todavía poderoso para sanarle si usted cree con todo su corazón, lo que tiene que hacer es creer en Él como lo hicieron en los días de Jesús la mujer que padecía de flujo de sangre, el hombre ciego llamado Bartimeo, y todos los otros que Él sanó, y entonces verá que “tu salvación se dejará ver pronto” (Isaías 58:8). No temas, cree solamente.

 

Como se lleva a cabo la sanación

La sanación de los enfermos se puede hacer o a través de la imposición de las manos de un ministro del Evangelio, que impone las manos en el nombre de Jesús, después de haber orado por él. Al igual que en el caso de Pablo, quien, después de haber orado por el padre de Publio que estaba en la cama enfermo de fiebre y de disentería “le impuso las manos, y le sanó” (Hechos 28:8), o como cuando el enfermo llama a los ancianos de la Iglesia que le ungen en el nombre del Señor y oran por él. O también por la imposición de manos en el nombre de Jesús pero sin que la imposición de manos sea precedida o seguida de una oración especial para él. Quien impone las manos sobre el enfermo puede simplemente decirle: “¡En el nombre de Jesucristo, sé sanado!” Además Jesús dijo: “En mi nombre … sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”(Marcos 16:18). En cuanto a la unción de los enfermos con aceite para sanarles, esto es bíblico, de hecho los apóstoles “ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban” (Marcos 6:13).

La sanación de un enfermo puede también ocurrir sin la imposición de manos y sin la unción de aceite sino sólo con el orden de cualquier creyente que tiene los dones de sanidades, como en el caso de Pedro que mandó en el nombre de Jesús Cristo al cojo de levantarse (Hechos 3:6), o como en el caso de Pablo que dijo al hombre cojo de nacimiento que le estaba escuchando a Listra: “Levántate derecho sobre tus pies” (Hechos 14:10).

Pero la sanación de un enfermo puede también ocurrir sin la imposición de manos y sin la unción de aceite, y sin la oración o el orden de cualquier creyente, de hecho puede suceder que el enfermo sea sanado repentinamente por el poder de Dios mientras está caminando por la calle o está sentado en una silla o acostado en una cama, o también que al enfermo le aparezca el mismo Jesucristo que le impone las manos o simplemente le dice: “yo te sano”, o alguna otra cosa, sin imponerle sus manos.

Bien podría suceder que la sanación se cumpla a través de algun paño o delantal que estaba sobre un hombre de Dios con los dones de sanidades y el poder de hacer milagros, exactamente como le sucedió a muchos enfermos en Asia en los días de Pablo como está escrito: “Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hechos 19:11-12). Quiero aclarar, sin embargo, que Pablo no oraba en esos paños o delantales y que no era él quien dijo de poner los delantales y paños sobre su cuerpo para que luego se llevasen a los enfermos, entonces, digo esto porque hoy en día hay algunos predicadores que hacen tales cosas.

Y por último podría también suceder que alguien sea sanado por la sombra de un hombre de Dios que le enfosca, exactamente como sucedió en Jerusalén en los días de los apóstoles según como está escrito: “Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:14-15); Sin embargo, me gustaría señalar que, incluso en este caso, no fue Pedro quien dijo de poner los enfermos en las calles para que pudiera enfoscarles.

Una cosa hay que decir, en cualquier manera la sanación suceda se cumple por la fe de los enfermos ya que es su fe en Cristo que le sana. ¿Qué dijo Pedro a la multitud de Judios que se habían reunido después de que él había ordenado que el cojo se levantase en el nombre de Jesús? Él dijo: “Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:16). Incluso hoy en día, a los enfermos sanados, entonces deberíamos decirles: “¡Tu fe te ha sanado!” ¿No es tal vez la misma cosa que Jesús decía a los enfermos que Él sanaba? Entonces, si no hay fe por parte del enfermo, la sanación no puede ocurrir. Al igual que en la falta de fe no puede haberse salvación, así en ausencia de fe no puede haberse sanación.

Otra cosa que al final me gustaría decir es esta, la sanación se debe pedir, debe ser deseada y buscada; sin embargo, el Señor no prometió que será garantizada en todos los casos a los creyentes, porque hay algunos casos en los cuales el Señor elige para no sanar por razones que sólo Él conoce. Una de ellas puede ser la razón que ha decidido llevar a un creyente en el cielo. En este caso, entonces la enfermedad llevará al creyente hasta la tumba como en el caso del profeta Eliseo que estaba “enfermo de la enfermedad de que murió” (2 Reyes 13:14). No se preocupen sin embargo de estos casos, siempre tenemos que pedir y buscar la sanación, y que nos paremos de pedirla a Dios sólo en el caso que Dios revele que ha decidido la muerte del creyente o cuando le hace morir porque ha llegado su tiempo.

 

Algunas advertencias

Como sucede en el ámbito de las visiones, sueños y revelaciones, que el diablo, que es un mentiroso y el padre de la mentira, obra mistifiaciones para engañar tanto los incrédulos como especialmente los creyentes, así sucede en el campo de las sanidades, de los milagros y de las señales y maravillas. El diablo de hecho sabe que las sanidades, los milagros, las señales y maravillas pueden ser útiles para llevar a los creyentes a creer en su herejías. Y entonces levanta sus ministros que hacen estas cosas, pero por supuesto estas cosas son mentirosas porque son producidas por él. La Escritura habla de estas señales y maravillas y nos amonesta severamente para que nos guardemos de todos aquellos que las realizan, no importa a qué religión pertenezcan. Esto es lo que Jesús dijo: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24). Como se puede ver hay ministros de Satanás que harán grandes señales y prodigios con el fin de seducir a los creyentes. Siempre estos han existito desde cuando Jesús pronunció esas palabras. Guardense de ellos como se guardarían de las serpientes venenosas porque son personas sin escrúpulos que enseñan cosas perversas y diabólicas. Son personas que obran por la ayuda de los malos espíritus, son de hecho dadas al espiritismo y al ocultismo.

Pero tienen también que guardarse de otra categoría de personas, es decir de todos los que anuncian el Evangelio, (no otro Evangelio, sino el Evangelio de la gracia de Dios), y que con poder y en el Espíritu Santo hacen milagros y sanidades en el nombre de Jesús y también cazan los demonios en el nombre de Jesús, que pero tienen una mala conducta que trae deshonra al Evangelio y al nombre de Dios. Sus vidas están llenas de confusión y toda obra mala, a pesar del hecho que sus reuniones sean frecuentadas por miles de personas, muchos reciban la salvación y muchos enfermos sean realmente sanados a través de su fe en Jesucristo. Estos son aquellos a quienes un día Jesús dirá: “Apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y esto es porque se negaron a santificarse en el temor de Dios y a caminar humildemente, santamente y piadosamente como corresponde a los santos. Tengan cuidado de ustedes y no se dejen engañar por las multitudes y las personas que aceptan a Cristo en sus reuniones o que son realmente sanados por ellos; guerdense y apartense de ellos porque está escrito: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17-18). Entonces dirán: “¿Pero entonces las sanidades y los milagros que un creyente hace en el nombre de Jesús a través del Espíritu Santo, no son una prueba clara e incontrovertible de que sea un santo hombre de Dios?”. No, no se puede decir en absoluto que un hombre poderoso en palabras y en hechos sea, inevitablemente, también santo, justo y piadoso. En algunos nos encontramos individuos que en su vida privada se comportan como bestias sin razón; viviendo cometiendo pecados contra naturaleza, en inmundicias, lascivias, lujurias, borracheras, orgías, en el fraude y en todo tipo de injusticia. Cuidado entonces, sean sencillos como palomas y prudentes como serpientes.

Por el Maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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