Los apóstoles bautizaban, enseñaban, hablaban y predicaban en el nombre de Jesús

en el nombre de Jesus

Los Unicitarios, no usando bien la Palabra de Dios, afirman que la fórmula bautismal es “en el nombre de Jesús” rechazando así la clara enseñanza de Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Para demostrar su falsa doctrina, citan el libro de Los Hechos en el cual, en algunos casos, se dice que los que creyeron fueron bautizados en el nombre de Jesús, afirmando que la frase “fueron bautizados en el nombre de Jesús” se refiere a la fórmula que tiene que ser proclamada cuando se bautiza un nuevo creyente.

Sin embargo, ellos no saben, o se olvidan voluntariamente que en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, la expresión “en el nombre de Jesús” no se refiere sólo al bautismo, sino también a la enseñanza, al hablar, y a la predicación. Vamos, por lo tanto, a ver los pasajes de la Escritura que demuestran que los Unicitarios YERRAN GRANDEMENTE.

“Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera ni ENSEÑASEN EN EL NOMBRE DE JESÚS” (Hechos 4:18)

“Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no HABLASEN EN EL NOMBRE DE JESÚS, y los pusieron en libertad” (Hechos 5:40)

“Entonces Bernabé lo tomó a su cargo y lo llevó a los apóstoles. Saulo les describió en detalle cómo en el camino había visto al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había PREDICADO con libertad EN EL NOMBRE DE JESÚS” (Hechos 9:27)

“Y mandó BAUTIZARLES EN EL NOMBRE DE JESÚS. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10:48)

En el libro de Los Hechos está escrito que los apóstoles no sólo BAUTIZABAN, sino más bien ENSEÑABAN, HABLABAN y PREDICABAN en el nombre de Jesús. Si esto tuviese que ver con el recitar una fórmula, todos esos pasajes antes citados donde los apóstoles operaban “en el nombre de Jesús” no tendrían algún sentido.

Les hago un ejemplo: Si un evangelista va por las calles predicando en el nombre de Jesús, esto no significa que todas las veces que termina una frase tenga que decir “en el nombre de Jesús”, lo mismo pasa si un maestro de la Palabra de Dios está enseñando en el nombre de Jesús. ¡Esto sería una absurdidad!! Entonces es claro que, tanto el evangelista como el maestro que están predicando en el nombre de Jesús, están hablando según lo que ha dicho Jesús, o sea según Sus enseñanzas, según Sus mandamientos y la autoridad que Él les ha dado. Esto es lo que precisamente significa hacer algo en el nombre de Jesús.

Por lo tanto, a la luz de como se utiliza la expresión “en el nombre de Jesús” en todo el libro, ¿Qué tiene que ver esta expresión con la fórmula que se debe recitar durante el bautismo en agua? NADA, debido a que la expresión “en el nombre de Jesús” se refiere claramente al hecho de que los apóstoles enseñaban, hablaban, predicaban, y bautizaban según LAS ENSEÑANZAS y LA AUTORIDAD que les había dado Jesús, según SUS MANDAMIENTOS, entre los cuales hay el claro mandamiento acerca de la fórmula bautismal que se les fue dado por EL MISMO SEÑOR JESUCRISTO: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

¿Se dan cuenta de la insensatez que afirman los Unicitarios? Según ellos Jesús habría dado ese mandamiento y luego los apóstoles lo habrían cambiado dsobedeciendo poco después que Él ha sido llevado al cielo!!

Hermanos y hermanas en el Señor, no se hagan seducir por estos supuestos pastores o maestros que quieren desviar a los santos de la verdad que es en Cristo Jesús, y si se han hecho bautizar con la fórmula en el sólo nombre de Jesús, sepan que ese bautismo NO ES VÁLIDO y se deben hacer (re)bautizar. Dios conoce a los suyos y tarde o temprano les dará de entender la verdad y estarán empujados por Él para apartarse de los Unicitarios o “Jesús solo” que, no sólo no bautizan en la fórmula correcta, sino más bien han rechazado una doctrina fundamental como la Trinidad.

Por supuesto, hay hermanos sinceros entre los Unicitarios que han sido verdaderamente regenerados espiritualmente, sin embargo, si se hacen guiar sin escudriñar  y analizar todas las cosas a la luz de la Palabra de Dios, y no superficialmente como les enseñan sus dirigentes, precerán por falta de conocimiento y seguirán engañando y siendo engañados.

Es por amor a sus almas que se les dicen estas cosas, no se endurezcan y reconozcan la verdad.

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, HACEDLO TODO EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17)

Enrico Maria Palumbo

Para aprofundizar el tema de la Trinidad, lean los siguientes estudios Bíblicos: https://justojuicio.wordpress.com/category/trinidad/

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

Las Iglesias de los primeros siglos butizaban en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo

bautismos en la historia

“El Señor, dando a los discípulos el poder de hacer renacer a los hombres en Dios, les dijo: Id, enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. A través de los profetas, de hecho, había prometido derramar en los últimos tiempos este Espíritu sobre sus servidores, para que profetizasen, por eso desciendió también sobre el Hijo de Dios que llegó a ser Hijo del hombre, acostumbrandose con él a vivir con los hombres, a descansar entre ellos, y a vivir en las criaturas de Dios, operando en ellos la voluntad del Padre y renovándolos del viejo hombre al nuevo hombre en Cristo” (Ireneo, Contra las Herejías, Libro Quinto 17:1-3, 200 dC).

“Había escogido a doce hombres y los mantenía siempre cerca de Él: nunca se apartaron del lado del Maestro: Él les había elegido, para que fuesen maestros a las personas y difundiesen la doctrina divina. Uno de ellos fue rechazado, pero a los otros once, en su regreso al Padre Suyo después de la resurrección, les ordenó que se fueran en las diversas regiones del mundo bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo ” (Tertuliano, La prescripción contra los herejes 20, 190 dC).

“Vamos a mostrar cómo somos consagrados a Dios, renovados por Cristo, para que no se vea que, dejando esta parte, estropeemos en cualquier forma nuestra exposición. Para aquellos que están convencidos y creen que son ciertas las enseñanzas expuestas por nosotros, y prometen saber vivir constantemente con ellas, se les enseña a orar y pedirle a Dios, ayunando, la remisión de los pecados, mientras oramos y ayunamos con ellos. Luego son llevados por nosotros donde hay agua, (…) Así que, de hecho, hacen el lavamiento del agua, en el nombre de Dios, Padre y Señor del universo, de Jesucristo (Hijo) nuestro salvador y del Espíritu Santo” (Justin, Primera Apología 61:1 -3, 160 dC).

“Con respecto al bautismo, bauticen así: habiendo expuesto previamente todos estos preceptos, bauticen en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva. Si no tienen agua viva, bauticen en otra agua, si no se puede en la fría, bauticen en la caliente. (…) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Didajé 7:1-3, 105 dC).

Como podemos ver, el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo ha sido practicado por los primeros Cristianos sobre la base del mandato apostólico que tenemos en la Biblia en Mateo 28:19 y no es cierto que fue introducido por la iglesia adúltera con el poder Imperial que nació en el siglo IV. Se practicaba ya hace 200 años.

Por el hermano en Cristo Jesús: Stefano Ferrero

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

Usted que está leyendo: “¿Era nacido de nuevo antes de hacer el bautismo en agua?” “¡Yo no!”

Hermanos y hermanas en el Señor, si se han hecho bautizar en agua ANTES de ser nacidos de nuevo, su bautismo NO es válido y, por lo tanto, deben (re)bautizarse. Lean este testimonio de una hermana que conozco personalmemente. Dios les bendiga.

“Tú has establecido tus preceptos, para que se cumplan fielmente” (Salmos 119:4)

bautismo nacido de nuevo testimonio
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:3-6)
.

El día 22 diciembre 2013 me bautizaron, fue la segunda vez que descendí en las aguas, debido a que el primer bautismo que había hecho hace unos años no era válido, porque no era todavía “nacida de nuevo”, regenerada, arrepentida, vivificada (Juan 3:1-8).

Al testificar, siempre puse tanto énfasis en la narración de ese día, pero en realidad sólo estaba pasando de una religión a otra, y la experiencia del nuevo nacimiento todavía no la había experimentado, así que no había reconocido estar perdida, muerta en mis errores y mis pecados.

Cuando empecé a asistir a la comunidad evangélica, me dieron la bienvenida con gusto, sí, pero nadie se preocupó para evengelizarme y entender mi situación espiritual, mi conocimiento; yo venía de la iglesia católica, y cuando pedí de ser bautizada, se me permitió sin que se asegurasen de que yo era “nacida de nuevo”, espiritualmente regenerada.

Últimamente, dando testimonio, decía que me habían bautizado en agua hace varios años, pero “nacida de nuevo” sólo hace unos pocos años, (nadie me señaló que mi declaración hiciese nulo el bautismo en agua que me habían ministrado) hasta que, un día, después de haber dado mi testimonio a través de internet, corrí pronto en mi cuarto, me puse de rodillas para orar y me eché a llorar fuerte.- Me bauticé hace varios años, pero yo nací de nuevo sólo hace unos pocos años – ¡Así concluí mi testimonio!

Esas palabras martilleaban mi mente, yo no podía entender, estaba agitada y confundida, me sentía en mi corazón que había algo mal.

El Señor, en su gran misericordia y paciencia, no tardó en responderme y me di cuenta de que no fui bautizada en agua de acuerdo con las enseñanzas de la Palabra de Dios.

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14,15).

– ¿Qué has enterrado ese día cuando fuiste bautizada? – me preguntó un hermano a quien me dirigí – si ese es el caso, añadió, tu bautismo no es válido. “El viejo hombre” que muere en Cristo Jesús cuando una persona nace de nuevo, es entonces simbólicamente enterrado por el bautismo en agua. El hermano me instó a perseverar en la oración, a la espera de una confirmación del Señor al respecto.

Unas semanas más tarde, fui a la comunidad para testimoniar lo que me había pasado (no había asistido por dos meses; en los últimos cinco años nunca había perdido las citas semanales).

El lugar estaba lleno y cuando tuve la oportunidad de hablar, sentí un dolor y una vergüenza indecible, pero Dios me dio la gracia para contar en detalle mi situación y luego pedí perdón.

El pastor y los líderes no hicieron ningún comentario, tal vez debido a las nuevas personas que habían esa noche.

En los siguientes días esperé para una visita a mi casa, una llamada telefónica de alguien que tal vez me dijese – ¿Qué pasó? – o – No importa lo que te pasó hermana, a la primera oportunidad harás el bautismo: o – No entendimos la otra noche cuando has hablado, no te has expresado claramente. No, nada de eso ni nada, silencio, sólo silencio, por los hermanos y los conductores de la comunidad¡¡

Sentía un fuerte deseo dentro de mí para hacer pronto el bautismo, pero el “invierno”, “cómo hacer”, “cuándo” y “quien podía bautizarme” eran como altas montañas que bloqueaban cualquier intento de encontrar una solución al problema.

El Señor, en algún momento, me abrió una puerta, de forma inesperada, como sólo Él puede hacerlo, dándome más de lo que había pedido y esperado. ¡Aleluya!

Un hermano en Cristo, de Turín, desde poco conocido, me invitó a su boda (con una hermana que vive en Calabria, no lejos de mi casa). Entre los invitados habían otros hermanos que se habían conocido a través de Internet, que el Señor me había hecho conocer, en ese momento tan especial para mi crecimiento espiritual. ¡Qué ocasión!

Las montañas de repente desaparecieron de mi vista y me encontré con todas las puertas abiertas. ¡Gloria a Dios!

El Bautismo lo hice en un centro público que, por esas horas, se puso a nuestra disposición de forma gratuita. Presente el hermano Giuseppe que me ha bautizado, su familia y el hermano Aldo.

Ahora, algunos de mi ex-comunidad me evitan, bajan la cabeza y cambian de dirección cuando me ven; otros sólo se conceden para un rápido saludo.

Doy gracias al Señor por la misericordia que Él ha tenido de mí y, y si ha permitido que esto sucediese, por ahora no conozco la razón. En esa comunidad muchos están en la misma condición en la cual me hallaba yo; es muy triste decirlo, pero así es. Conozco bien a los chicos de la comunidad que fueron bautizados a la edad de 13,14 años, porque fui responsable de ellos aproximadamente por 4 años.

Para dar un ejemplo práctico de lo que acabo de decir, quiero contar lo que pasó hace unos años. Yo y un responsable, alentamos a mi marido para ser bautizado después de unos meses que asistía a la comunidad y “para hacernos felices” (como dijo más tarde) fue de acuerdo, pero no pasó mucho tiempo que dejó de asistir a la comunidad. Esto no fue un caso único, otros hicieron esta misma experiencia.

Yo nunca haría, ahora que he entendido, algo así, porque es absurdo, no se puede convencer o animar, obligar a alguien a hacer el bautismo, pero yo, en ese tiempo, ¿qué podía entender de lo que era realmente el “nuevo nacimiento” si todavía estaba perdida en mis pecados?

Me he preguntado muchas veces por qué este silencio por parte de los miembros de mi ex-comunidad, ¿tal vez porque no “llevaba frutos” a su gloria?

Por el momento, no tengo una comunidad que pueda asistir en persona, pero Dios ha provisto de otro modo, y cuida de mí, además, me dio, por medio de Internet, algunos hermanos y hermanas en Cristo con quienes puedo compartir, estudiar la Palabra de Dios y crecer espiritualmente y en el conocimiento de la verdad de la Biblia.

Doy gracias a Dios porque yo estaba perdida, sin esperanza, pero el Señor, que es rico en misericordia, por su gran amor, me llevó a Cristo.

Él me dio la fe para creer y fui convencida de pecado, de justicia y juicio, y he sido regenerada por el poder del Espíritu Santo, para ser una nueva criatura, con un nuevo corazón, para hacer la voluntad de Dios, para amarlo, servirlo y hacer las obras que Él ha preparado para que anduviese en ellas (Efesios 2:10 – 5:25 e Isaías 55:10,11).

Mi certeza es en Jesucristo, sólo en Él, en Su gracia, Su amor, Su misericordia, Su fidelidad.

Él sólo hace obras perfectas.

Estoy segura de que el que comenzó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

A Dios sea la gloria, la honra, el poder por los siglos de los siglos.

Hermana Anna

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Léanse también este estudio acerca de la fórmula bautismal: https://justojuicio.wordpress.com/2014/07/24/el-bautismo-en-agua-debe-ser-ministrado-en-el-nombre-del-padre-del-hijo-y-del-espiritu-santo-que-son-tres-personas-y-no-tres-titulos/

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

No el agua, sino sólo la sangre de Jesús limpia el hombre del pecado

agnellinoEl bautismo en agua es un testimonio de la regeneración espiritual con la consecuente purificación de los pecados que tuvo lugar en nuestro corazón; el testimonio de una renovación que se llevó a cabo en nuestro interior.

El ladrón en la cruz recibió de Dios esta purificación de los pecados y la regeneración, habiendo creído que Jesús es el Cristo, y es por esta razón que Jesús le dijo que en ese día iba a ir al cielo con Él. Quiero señalarles que el ladrón en la cruz no fue bautizado en agua, entonces, por la fuerza de las circunstancias, no puede ser el agua que lo ha purificado de sus pecados, sino seguramente algo más.

Por lo tanto, es necesario buscar en las Sagradas Escrituras lo que tenga el poder para limpiar los pecados de los hombres pecadores.

Y en este sentido, leemos:

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

Como hemos leído, entonces, es la sangre de Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo que limpia del pecado, no el agua del bautismo.

El apóstol Pedro ha declarado claramente en su carta que el AGUA DEL BAUTISMO NO LIMPIA DE LOS PECADOS:

“a cual simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios. Esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21 ‘NVI’)

Del bautismo en agua Pedro dijo que no es LA PURIFICACIÓN DE LOS PECADOS, de hecho lo dice con estas palabras: “NO CONSISTE EN LA LIMPIEZA DEL CUERPO”, a continuación, define lo que es el bautismo en agua, que es un COMPROMISO DE TENER UNA BUENA CONCIENCIA.

No se debe confundir, pues, el agua bautismal que no purifica de algún pecado, de la SANGRE DE JESÚS que limpia del pecado a los que con plena confianza se acercan a Dios.

En confirmación de lo que estamos diciendo, que sólo la sangre de Jesús limpia de todo pecado las conciencias de los hombres, leemos estas palabras:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:11-14)

Miren, es SÓLO LA SANGRE DE CRISTO QUE PUEDE LIMPIAR LAS CONCIENCIAS DE OBRAS MUERTAS, DE LOS PECADOS, PARA PODER SERVIR A DIOS.

Examinemos ahora los pasajes bíblicos que nos hacen aún entender que el agua bautismal no limpia de los pecados, como deducimos de los siguientes pasos:

“Entonces dijo (Pablo): ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:3-6)

Hemos leído que cuando Pablo se reunió con los discípulos en Éfeso, ellos fueron bautizados en agua de acuerdo con el bautismo de Juan el Bautista y, miren bien, y remarquen en su mente estas palabras: ‘Ellos ya eran creyentes, como la Escritura los llama DISCÍPULOS’; luego fueron otra vez BAUTIZADOS en agua de acuerdo con la orden y la fórmula bautismal de Jesús a sus discípulos y que podemos leer en el Evangelio de San Mateo, capítulo 28 versículo 19.

Ahora, dado que estos discípulos ya eran creyentes, si fuera el agua del bautismo a haberlos limpiado de los pecados, si fuera el agua que hace de las criaturas de Dios sus hijos y discípulos de Jesucristo, no habría sido necesidad de un nuevo bautismo en agua. Estos hombres se habían convertido en sus discípulos, es decir, habían creído en el mensaje de salvación de Juan el Bautista, y eran creyentes. El hecho de que se podía creer y llegar a ser hijos de Dios salvados recibiendo la purificación de los pecados de su propia conciencia, se confirma por estos pasajes de la Biblia:

“Y tú, niño (Juan el Bautista), profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:76-79)

Así que todos aquellos que piensan que los discípulos de Juan el Bautista no eran creyentes, que no habían recibido el perdón y la purificación de los pecados, se equivocan grandemente porque no conocen las Escrituras.

Ahora quiero explicarles algunos pasajes en el Evangelio de Juan, capítulo 3, los cuales se relacionan con el agua que hace nacer de lo alto, ya que son malinterpretados por algunos como si tal agua se pueda considerar ese agua del bautismo.

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere DE AGUA y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3-5).

Leemos los pasos que explican lo que quiso decir Jesús con la palabra “agua”.

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27)

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:22-23)

A la luz de estos pasajes citados y otros, entendemos claramente que lo que regenera las personas es la Palabra de Dios, junto con el Espíritu Santo. He aquí, entonces, explicado el significado de la palabra AGUA pronunciada por Jesús en el Evangelio de Juan.

Concluyo este breve escrito con otro pasaje bíblico para confirmar que SÓLO LA SANGRE DE JESÚS PURIFICA DE LOS PECADOS, y nada más puede hacerlo, de lo contrario Jesús habría muerto en vano:

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7)

Por lo tanto, es siempre la sangre de Jesús que limpia al hombre del pecado, tanto en el momento de la regeneración, como después, cuando ya se es convertido, si se cae en el pecado, porque nadie es perfecto, porque todavía no hemos obtenido la plena redención porque falta la redención del cuerpo que sucederá sólo en la resurrección de los muertos; digo, si los hijos de Dios caen en pecado, deben ir a Jesús con plena confianza, confesando sus pecados y sus conciencias serán completamente y otra vez limpiadas.

Me dirijo a ustedes los católicos romanos y, sin embargo, a todos ustedes que piensan que es el agua o algún otro ritual que les limpia de sus pecados, las sagradas Escrituras les dicen que se equivocan grandemente, y si ustedes no consiguen el VERDADERO perdón y la purificación de los pecados, serán arrojados al infierno cuando morirán. Así que si quieren escapar del tormento de las llamas del infierno, arrepiéntanse y apártense de los ídolos al Dios vivo y verdadero, crean en el Evangelio de Jesucristo, porque sólo así obtendrán la purificación de sus pecados.

Gracias a Dios que nos ha dado una salvación tan grande: “Cristo Jesús”.

A Dios sea la gloria, el honor y la alabanza, por los siglos de los siglos. Amén!

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

El bautismo en agua

Baptism 2Los que hemos creído en Jesucristo, hemos sido bautizados en agua en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Se nos ha sometido a este rito en obediencia a la orden dada por Jesucristo a sus discípulos antes de ser llevado al cielo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Ahora, si el bautismo en agua es un rito que ha sido ordenado por Jesucristo, debe necesariamente tener un significado y debe ser importante. ¿Podía mandar El Señor de la gloria a hacer algo sin sentido e inútil? En este tratado vamos a examinar brevemente precisamente eso, es decir el significado y la importancia del bautismo en agua ordenado por Cristo Jesús.

 

El significado y la importancia del bautismo

El apóstol Pedro dice que el bautismo es “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios” (1 Pedro 3:21) (esto es una confirmación de que el bautismo no se puede administrar a los niños porque los bebés recién nacidos no pueden hacer a Dios esta petición de una buena conciencia que es el bautismo); Por lo tanto, como que por medio del bautismo el que cree en Dios aspira a una buena conciencia delante de Él, es necesario (después de todo, ¿cómo habría podido Jesús establecer una cosa no necesaria para aquellos que habrían creído en Él?). Y cada uno de nosotros ha experimentado las palabras de Pedro, porque después de que hemos creído en el Señor, nos sentimos la necesidad del bautismo, porque sentíamos en nosotros en el Espíritu, que a pesar de ser hijos de Dios, purificados por la sangre de Jesucristo, para tener una buena conciencia hacia Dios teníamos que obedecer a la orden del bautismo. Claro, estábamos seguros de ser salvos, perdonados, pero sin embargo, sentíamos que en obediencia a Cristo, nuestro Salvador, teníamos que ser bautizados en agua. Así, según la Escritura, a través del bautismo hemos obtenido una buena conciencia hacia Dios.

Además de esto, a través del bautismo hemos sido sepultados con Cristo, como está escrito: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3,4). Y puesto que los muertos son sepultados, y no los que todavía están vivos, podemos decir que cuando nos fuimos sepultados por el bautismo en la muerte de Cristo, ya estábamos muertos al pecado porque nos habíamos arrepentido y habíamos creído en el Evangelio. En otras palabras que antes de ser bautizados en agua éramos nacidos de nuevo, es decir muertos al pecado; y por el bautismo, nuestro viejo hombre fue sepultado con Cristo. Así como Cristo fue sepultado cuando ya estaba muerto al pecado (“Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas” (Romanos 6:10), dice Pablo), así también nosotros cuando fuimos sepultados juntamente con Él ya estábamos muertos al pecado a través del cuerpo de Cristo. También podemos expresar este concepto de la siguiente manera: hemos sido salvados de nuestros pecados por medio de la fe, y entonces antes de ser bautizados en agua ya éramos salvados (debido a que el acto de creer precede el acto de ser sumergido en agua). Nuestro bautismo entonces se puede definir un acto de obediencia a Dios que selló la justificación obtenida por la fe antes del bautismo. Un poco como el signo de la circuncisión que Abraham recibió “como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso” (Romanos 4:11). Porque también Abraham fue justificado por Dios por la fe antes de ser circuncidado, y luego no fue su circuncisión que le fue contada por justicia, sino su fe, como está escrito: “Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9). De la misma manera también a nosotros no fue el bautismo que nos fue contado por justicia (ya que habría significado que por el bautismo se obtiene la justificación), sino nuestra fe que hemos puesto en Cristo antes de ser bautizados en agua.

Por el bautismo hemos también testimoniado de al diablo y sus ministros (así como a las personas del mundo que estaban presentes o que han oído hablar de nuestro bautismo) que se nos ha convertido en discípulos de Jesucristo, que no queremos más vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros, y por lo tanto de haber renunciado a nosotros mismos y a los placeres del pecado que el diablo nos ofrece a través de este mundo malvado. Nunca se debe olvidar que cuando nacimos de nuevo nos fuimos librados de este presente siglo malo que está bajo el maligno y trasladados al reino del Hijo de Dios; que antes del nuevo nacimiento nos servíamos el pecado pero después hemos empezado a servir a la justicia. Es un acto, por lo tanto, el bautismo, con el que hemos declarado estar muertos al pecado y al mundo. Al igual que con la Cena del Señor, periódicamente proclamamos la muerte del Señor al pecado de una vez por todas, así con el bautismo, que se recibe una sóla vez en la vida, hemos anunciado nuestra muerte al pecado, al mundo. Y se tenga en cuenta que como la Cena del Señor no es una repetición de la muerte del Señor al pecado, tampoco el bautismo es el acto por el cual morimos al pecado, porque nuestra muerte al pecado ocurrió antes del bautismo que fue en cambio su anuncio. Se tenga en cuenta que el bautismo en el nombre de Cristo, en algunos lugares de la tierra es un pronunciarse sobre sí mismos la sentencia de muerte de sus propios compatriotas, y de hecho muchos de nuestros hermanos bautizados en estas naciones fueron matados por haber expresado públicamente con el bautismo su decisión de seguir a Cristo. Esto demuestra que para aquellos que se sienten traicionados, este acto de inmersión que hace un creyente (que para ellos es un traidor), significa que el que antes era de su propia religión, ha decidido renunciar a su antigua religión para abrazar otra totalmente diferente, y por eso merece la muerte por traidor.

El bautismo es un acto por el cual hemos declarado no avergonzarnos de Cristo, sino estar dispuestos a soportar su oprobio en este mundo de oscuridad. El hecho, por tanto, que muchos creyentes han sufrido una fuerte oposición de sus parientes incrédulos antes de ser bautizados, es debido al hecho de que el diablo trató, por medio de algunos que estaban bajo su poder, de inducir de esta manera, el nuevo converso para que se avergonzase de su Salvador. El adversario, de hecho, sabe que Jesús dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él…” (Marcos 8:38).

Después de decir esto, alguien dirá: “Pero entonces, si no es por el bautismo que uno se salva (porque es por la fe que somos salvos), ¿por qué Pedro dice acerca del bautismo: “ahora nos salva por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21)? Porque así es, pero Pedro, con estas palabras, no quiso decir que el bautismo nos ha salvado. Porque no es el bautismo en agua que salva al hombre de la esclavitud del pecado, sino su fe en Jesucristo. No es el bautismo en agua que salva al hombre del infierno sino su fe, y para confirmación tenemos el episodio de la conversión de uno de los ladrones que estaban crucificados con Jesucristo, a quien dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Como pueden ver este hombre no pudo recibir el bautismo, sin embargo, él se fue al cielo. El bautismo en su muerte nos salva de la ira venidera; pero ¿de qué manera?. Por la fe en la resurrección de Jesucristo, porque Jesús dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16), y no sin. Pero esto no quiere decir en absoluto que fue a través del bautismo que hemos renacido; tanto es así que el mismo apóstol Pedro al comienzo de su primera epístola dice: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos…” (1 Pedro 1:3); ¿lo ven? Pedro no dice que Dios nos hizo nacer de nuevo por medio del bautismo, sino a través de la resurrección de Jesucristo, es decir por la fe en la resurrección de Jesucristo, que es diferente. También el apóstol Pablo confirma que es por la fe en la resurrección de Cristo que fuimos nacidos de nuevo, no por el bautismo, cuando dice a los Colosenses: “sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). Noten la expresión “mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” que puesta en ese contexto que habla del bautismo, demuestra claramente que es la fe en la resurrección de Cristo, que nos ha regenerado, no el bautismo. Y, de hecho, Pablo predicaba a las personas del mundo la fe en Cristo como un medio para renacer, y no el bautismo; porque sabía que era sólo a través de la fe que podían ser regeneradas. Es por eso que el apóstol dijo a los Corintios: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio…” (1 Corintios 1:17), porque a los ojos del Señor el evangelizar es más importante que el bautizar, y Jesús mismo lo demostró en los días de su carne, evangelizando pero no bautizando a nadie. Así que, en resumen, a través de la fe en la resurrección de Jesucristo hemos sido salvados, regenerados y limpiados de nuestros pecados; por el bautismo fuimos sepultados; y nos salva por la resurrección de Jesucristo, es decir con tal que retengamos la fe en la resurrección de Cristo. En otras palabras, seremos salvos de la ira venidera con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio; de lo contrario, el bautismo en agua recibido después de creer que no nos servirá para nada. Permítanme explicarles esto haciendo algunos ejemplos. Si Noé, o uno de los suyos que estaban en el arca, hubiese decidido mientras que llovía en la tierra para saltar de la ventana que Dios mandó a Noé para construir en el arca, ciertamente no habría sobrevivido a la inundación, pero él también habría perecido juntos a los rebeldes. Si un israelita que acababa de terminar de cruzar el mar, en seco, hubiese decidido volver sobre sus pasos (antes que Dios dijese a Moisés que extendiera su mano sobre el mar para que las aguas se volviesen sobre los egipcios), sin duda él habría perecido con los egipcios. Así que nosotros también, los que están en Cristo por la fe, tenemos que estudiarnos a permanecer en Cristo si queremos ser salvados de la ira venidera. Por eso tenemos que seguir creyendo en Él y tener cuidado para no perder nuestra confianza, porque esto sería una especie de suicidio espiritual.

Por último, quiero hacer hincapié en que tanto el apóstol Pedro como el apóstol Pablo (los cito porque he mencionado sus palabras sobre el bautismo) bautizaban de inmediato los que creían; les voy a recordar esto para que entiendan cómo según ellos bautismo tenía que seguir inmediatamente la fe y no tenía que tomar lugar semanas o meses o años después. Una demostración que para ellos, a pesar de que no era el bautismo que regenerase, era un acto importante porque mandado por Cristo para hacerlo de inmediato. Por desgracia, sin embargo, su ejemplo no es seguido hoy en día en medio de la mayoría de las iglesias por muchas razones que no encuentran ningún apoyo en las Escrituras (el número consistente, el clima cálido…). Y esto no puede no entristecer. Yo digo que si los sacerdotes de la Iglesia católica romana mandan a los padres de ‘bautizar’ a sus bebés pocos días después de su nacimiento natural, porque piensan que con esa agua que se vierte sobre su cabeza se van a renacer y se convierten en hijos de Dios (que no es cierto), los ministros del Evangelio deben mandar que los bebés espirituales sean bautizados inmediatamente sabiendo que el bautismo es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios y no el medio por el cual nacemos de nuevo y llegamos a ser hijos de Dios. ¿Por qué un muerto con Cristo debe esperar días, semanas o meses antes de que sea enterrado? ¿Qué impide que sea enterrado ahora? ¿No es verdad que cuando Cristo murió, fue enterrado inmediatamente? ¿Por qué, entonces, cuando uno muere con Cristo no debe ser enterrado de inmediato? Si en el campo físico, apenas que uno muere, se piensa inmediatamente para enterrarlo, ¿por qué en el reino espiritual tan pronto como uno muere al pecado porque ha aceptado a Cristo, no debe ser enterrado de inmediato? Así que, ministros del Evangelio, no se detengan en bautizar aquellos que verdaderamente han creído en el Evangelio. También quiero aprovechar esta oportunidad para instar a los que han sí creído, pero todavía se detienen en ser bautizados. A ellos les digo, ‘¿Qué están esperando? ¿por qué se detienen? Levantense y sean bautizados’. Tengan cuidado de no avergonzarse porque el bautismo es un acto prescrito por Cristo Jesús, un mandamiento que deben obedecer. No se dejen engañar por el diablo que con su astucia trata de mantenerles lejos del bautismo. Resistid al diablo a través del escudo de la fe y someteos, pues, a Cristo.

 

¿A quién y cómo debe ser ministrado el bautismo?

De acuerdo con la Escritura el bautismo debe ser ministrado a personas que se han arrepentido de sus pecados y han creído en el Señor Jesucristo, y por lo tanto no puede ser ministrado a los bebés que aún no disciernen el bien del mal, y que todavía no pueden creer con el corazón en el Señor. Las siguientes Escrituras confirman que los que tienen que ser bautizados primero deben arrepentirse y creer en el Evangelio que se predica a ellos, y por lo tanto no pueden ser bautizados los bebés.

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” “….Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados….” (Hechos 2:37,38,41);

“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12);

“y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8).

 

Como pueden ver en estos tres pasos las expresiones: “recibieron su palabra”, “cuando creyeron”, y “creían” preceden el acto del bautismo, y atestiguan claramente que una vez la persona, para ser bautizada, primero debía creer en el Evangelio. Todo esto está en perfecta armonía con las palabras de Jesús: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16). El bautismo, por lo tanto, es lícito que lo reciba sólo quien ha creído. Pero para creer la persona tiene que escuchar primero la palabra de Cristo porque Pablo dice que la fe es por el oír, y el oír viene por la palabra de Cristo, y también: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ” (Romanos 10:14), y por lo tanto tiene que haber los que predican a Cristo porque Pablo siempre dice, “Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14). Y esto está en perfecta armonía con las palabras de Jesús: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:15-16); y: “id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” (Mateo 28:19). Noten de hecho que la predicación y la instrucción preceden al acto del bautismo porque los apóstoles primeramente tenían que predicar la Palabra y después tenían que bautizar a los que habían creído en ella. Este es el orden que los apóstoles siguieron, de hecho, en el día de Pentecostés, Pedro predicó el primero, después los oyentes aceptaron su palabra y los apóstoles los bautizaron, como está escrito: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados” (Hechos 2:41). Y esto también es lo que ocurrió en Filipos en el caso de la familia de Lydia, como está escrito antes: “y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido” (Hechos 16:13), y luego, después de que el Señor abrió el corazón de Lydia para que estuviese atenta a lo que Pablo decía, que “fue bautizada, y su familia” (Hechos 16:15); y también en el caso de la familia del carcelero, como está escrito antes: “Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:32), y luego, que “se bautizó él con todos los suyos” (Hechos 16:33); y en Corinto, donde muchos oyendo hablar Pablo creyeron y fueron bautizados (Véase Hechos 18:8). Y como la predicación del Evangelio no se podía dar a los bebés (y aceptada por este últimos), porque aunque podían oír, no podían discernir lo que se les decía y por lo tanto no podía venir la fe, se deduce que no eran bautizados. Hemos visto que antiguamente el bautismo se hacía en obediencia al mandato de Cristo administrado sólo a los que creían, hecho que excluye que fuesen bautizados también los bebés que todavía no podían creer.

Además de eso hay que decir que el bautismo mencionado en estas Escrituras consistía en sumergir los que habían creído, y no en un vertido de agua sobre su cabeza. Por otra parte, la misma palabra griega baptizo significa ‘sumergir’, ‘zambullir’, y no verter ni asperger. Los siguientes pasajes muestran que el bautismo en agua es por inmersión y no por infusión.

– Juan el Bautista bautizó por inmersión (aunque su bautismo era sólo un bautismo de arrepentimiento) de acuerdo con lo que está escrito: “Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (Mateo 3:5,6), y también: “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados” (Juan 3:23);

– Jesús fue bautizado a la edad de unos treinta años; cuando fue bautizado por Juan en el Jordán, fue sumergido en el agua, de acuerdo a lo que está escrito en Mateo: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua…” (Mateo 3:16); y también en Marcos: “Fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él…” (Marcos 1:9,10);

– el eunuco fue bautizado por Felipe por inmersión, como está escrito: “Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe…” (Hechos 8: 38,39).

Qué decir, entonces, de esos argumentos esgrimidos por algunos teólogos, por ejemplo: ‘En el día de Pentecostés fueron bautizadas unas tres mil personas y nos sabemos que en Jerusalén no hay río que permita un bautismo por inmersión’, y: ‘El carcelero fue bautizado con toda su familia en la cárcel y aquí no había un río o una piscina para hacer un bautismo por inmersión; por lo tanto, en estos casos, ¿el bautismo fue ministrado por infusión’? Nosotros decimos que no son más que tonterías que sólo sirven para arrojar polvo a los ojos de las personas. Dios no estaba obligado a hacer transcribir cada vez, dónde y cómo fueron bautizados todos aquellos que aceptaron el Evangelio. Una cosa es cierta, en aquellos casos en los que Él no quiso que fuese transcrito dónde y cómo el bautismo fue ministrado a los creyentes, no es porque ese bautismo fue ministrado por infusión¡ Y entonces, siguiendo esta línea de razonamiento también se debería decir que en aquellos casos en que no se dice que los creyentes fueron bautizados, ellos no fueron bautizados en absoluto como en el caso de los miles de personas que, después de que Pedro sanó al hombre cojo en Jerusalén creyeron, de los Tesalonicenses, o de los que cryron en Atenas; ¡Entonces el bautismo no era necesario! Pero esto, obviamente, significaría hacer decir a la Palabra lo que no dice y sería una contradicción.

Así, hemos demostrado que el bautismo instituido por Cristo debe ser ministrado a las personas que se han arrepentido y creído, y también que es por inmersión y no por infusión. Así que cuando, por ejemplo, un católico romano se arrepiente y cree con su corazón en el Evangelio de la gracia debe ser bautizado; no rebautizado porque en realidad lo que ha recibido cuando era un niño (o incluso cuando era adulto) en la Iglesia Católica Romana no es un bautismo, sino algo que sólo tiene el nombre de bautismo. Lo mismo se aplica en el caso que se arrepienta un protestante (luterano, reformado,…) que recibió el ‘bautismo’ por aspersión; también él debe ser bautizado.

En cuanto a las palabras que se deben utilizar en el bautismo hay que decir: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, porque así Jesús mandó: “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” (Mateo 28:19). En el Nombre del Padre, porque Él lo trajo a su Hijo (Véase Juan 6:37,44,65), en el nombre del Hijo, porque Él le recibió y le reveló el Padre (Véase Lucas 10:22), y en el nombre del Espíritu Santo, porque es Él lo ha convencido de pecado, justicia y juicio (Véase Juan 16:8).

 

El bautismo no regenera al hombre

La doctrina de la regeneración bautismal argumenta que una persona nace de nuevo cuando se bautiza en agua; y es una doctrina que se enseña no sólo en la Iglesia Católica Romana. En apoyo de esta doctrina generalmente se citan las siguientes palabras de Jesús: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5), y las siguientes palabras de Pablo: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración…” (Tito 3:5). Pero las palabras de Jesús (Véase Juan 3:5), y de Pablo (Véase Tito 3:5), que se toman para apoyar el poder de regenerar del bautismo tienen un significado diferente. Vamos a explicarlo.

Jesús, cuando dijo que se debe nacer de agua, quiso decir que hay que ser regenerados por la Palabra de Dios, porque el agua representa la Palabra de Dios (Véase Isaías 55:10,11). Es cierto que no tuvo la intención de decir que el agua del bautismo regenera o tiene el poder de regenerar al pecador, porque esto no es cierto, porque el poder de regenerar al pecador lo tiene la Palabra de Dios (Véase 1 Pedro 1:23). Y luego, si fuese como ellos dicen, el ladrón en la cruz que se convirtió justo antes de morir no habría podido entrar en el reino de Dios porque no nació de agua, es decir no se bautizó. Pero entonces ¿por qué Jesús le dijo que en ese día habría estado con Él en el cielo? ¿No será porque aquel hombre antes de su muerte experimentó el nuevo nacimiento, es decir que nació de agua y del Espíritu? Por supuesto que sí, y no puede ser de otra manera.

Con respecto a las palabras de Pablo a Tito, con el lavamiento de la regeneración, el apóstol no tuvo la intención de decir la regeneración llevada a cabo por el bautismo. Esto se debe a que él, utilizando la palabra lavamiento, no entendía decir la inmersión en agua de los que habían creído, sino la purificación llevada a cabo en ellos por la Palabra de Dios, de hecho, dice a los Efesios que “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra..” (Efesios 5:25,26). Para confirmar que Cristo nos ha lavado y limpiado por su palabra, y no por el bautismo de agua que hemos recibido en su nombre, citamos las palabras que Jesús dijo a sus discípulos en la noche que fue entregado: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3). Él no les dijo que estaban limpios por el bautismo, sino por su palabra, que era la Palabra de Dios de acuerdo a lo que dijo: “La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:24).

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

El bautismo en agua debe ser ministrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que son tres personas y no tres títulos


formula bautismal

Introducción

La enseñanza del bautismo en el sólo nombre de Jesús en la que ponen mucha énfasis los Pentecostales Unicitarios (es decir los pentecostales que niegan la Trinidad) es la siguiente. “Por los creyentes unicitarios, el bautismo en el nombre de Jesús sigue el modelo apostólico, afirman su creencia de que Dios es uno, que se encarnó en su Hijo Jesucristo, y que ahora mora en nosotros por el Espíritu. El bautismo en el nombre de Jesucristo expresa la fe en la Encarnación, la auténtica vida humana de Jesús, la muerte del Hijo de Dios en la cruz por nuestros pecados, y la remisión de los pecados a través del nombre de Jesús (JL Salón y David K. Bernard, editores, Doctrina de la Biblia [Doctrinas de la Biblia], Hazelwood, MO (EE.UU.), 1998, p. 197).

En apoyo del bautismo en el nombre de Jesús se citan estos pasajes: Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5. ¿Cómo, entonces, explican el mandamiento de Jesús de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo? De esta manera: ellos dicen que “Jesús usó el nombre singular, para indicar que hay un sólo nombre salvación (only one salvation name) para los tres títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ese nombre fue claramente entendido por los discípulos ser Jesús, porque sin una sola excepción, el único nombre que usaron en el bautismo fue lo de Jesús, que utilizaron con Dios o Cristo” (ibid., p. 196). Como decir, en resumen, que el hecho de que en Los Hechos sea mencionado varias veces que los apóstoles bautizaron en el nombre de Jesús, demostra que creían como ellos que además de Jesús no había la persona del Padre y del Espíritu Santo, sino sólo Jesús. Incluso para los apóstoles, por lo tanto, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no eran más que títulos o manifestaciones del único Dios verdadero, es decir Jesús. ¡Ellos no hicieron nada más que entender justamente las palabras de Jesús, que sabía muy bien que, además de Él en la Divinidad no había ni la persona del Padre ni el Espíritu Santo! He aquí, pues, porque los apóstoles – de acuerdo a los unicitarios – no bautizaban utilizando la fórmula “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, porque no creían en una Trinidad de personas divinas, sino en una trinidad de manifestaciones. La fórmula trinitaria es de origen pagana y no apostólica, su uso “se inició después de la era apostólica, probablemente en relación con el desarrollo de la doctrina de la Trinidad” (ibid., p. 195).

 

Refutación

Nosotros no aceptamos la doctrina unicitaria del bautismo en el sólo nombre de Jesús porque en el Evangelio escrito por el apóstol Mateo están escritas estas palabras: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:18-20). Por lo tanto, es Jesucristo que ha mandado a bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; entonces el bautismo en el nombre de las tres Personas de la Divinidad no puede ser considerado inválido porque en este caso quien lo hace no va en contra de las palabras de Jesús. Ahora bien, es cierto que la fórmula bautismal “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” es la única vez que aparece en todas las Escrituras del Nuevo Testamento, pero esto no constituye una razón para reputarla sin valor o pasada. En cuanto al hecho de que sólo hay un pasaje de la Escritura que dice explícitamente de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, debo recordarles estas cosas.

La orden de llamar a los ancianos por el enfermo para que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor, también está presente una sola vez en todo el Nuevo Testamento, pero no por eso se pasa por alto o se subestima.

El orden para las mujeres que se cubran la cabeza cuando oran o profetizan para no deshonrar a su cabeza, también está presente una sola vez en todo el Nuevo Testamento, pero también permanece siempre una orden del Señor para todas las hermanas de cualquier Iglesia sobre la faz de toda la tierra.

El siguiente mandamiento: “Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra” (1 Timoteo 5:9-10); También está presente una sola vez en todas las Escrituras del Nuevo Pacto, pero creemos que sea todavía válido como todos los demás.

Para disminuir el bautismo administrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los unicitarios dicen que no hay ningún ejemplo en los Hechos de los Apóstoles que permitan pensar que los apóstoles bautizasen utilizando esta fórmula. Ahora bien, es cierto que en el libro de los Hechos, en relación con varios bautismos se dice que los creyentes fueron bautizados en el nombre de Jesucristo, porque las siguientes Escrituras lo atestiguan.

“los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús” (Hechos 8:15-16).

“Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48).

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús… ” (Hechos 19:5).

Pero todo esto no nos lleva a excluir la posibilidad de que aquellos creyentes fueron bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, por esta razón. Porque lo de bautizar a las personas en el nombre de las tres personas divinas era un mandamiento y no algo opcional para los apóstoles, y luego porque también este mandamiento debía ser transmitido por ellos a los fieles, como está escrito: “Enseñándoles que guarden todas ellas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Reafirmamos con fuerza, por lo tanto, que el bautismo administrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo es perfectamente escritural, ya que tiene todo el apoyo de las palabras de Jesucristo y la doctrina de los apóstoles.

Otra cosa que quiero decir a favor de la fórmula trinitaria para su uso en el bautismo y que no se menciona expresamente en los Hechos de los Apóstoles es esta. Los unicitarios afirman que “cada vez que la Biblia describe la fórmula para un bautismo real, siempre define el nombre de Jesús” (David Bernard, op. Cit., P. 24) y citan las palabras de Pedro en el día de Pentecostés, el bautismo de los samaritanos, lo que recibió Cornelio y los de su casa, lo de los discípulos en Efeso y lo que Pablo recibió por Ananías. Pero nosotros decimos: “Si el hecho de que esté escrito que los creyentes fueron bautizados en el nombre de Jesucristo, o del Señor Jesús quiere decir que ésta es la fórmula adecuada para ser utilizada en el bautismo, ¿qué se debe deducir del hecho de que a veces en el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles no se dice en absoluto que los que creyeron fueron bautizados en el nombre de Jesucristo o en el nombre del Señor Jesús? Por ejemplo, acerca del eunuco está escrito que Felipe “le bautizó” (Hechos 8:38) y nada más; acerca de Lydia se dice que “fue bautizada, y su familia” (Hechos 16:15) y nada más; del carcelero de Filipos se escribe que “se bautizó él con todos los suyos” (Hechos 16:33) y nada más; ¿qué diremos entonces? ¿Que en estos bautismos Felipe y Pablo no utilizaron ninguna fórmula bautismal, ya que no se menciona, y por lo tanto que no estamos obligados a utilizar una fórmula cuando nos bautizamos? En ninguna manera. Y ¿qué pasa con el hecho de que algunos creyentes en Los Hechos ni siquiera se dice que fueron bautizados? Por ejemplo, tanto acerca de los creyentes de Tesalónica como acerca de los de Berea no se dice que fueron bautizados. ¿Qué diremos entonces? ¿Que no fueron bautizados en absoluto sólo porque no está escrito expresamente que recibieron el bautismo y por lo tanto no es necesario administrar el bautismo a los que creen en el Señor? En ninguna manera. Si empezásemos a pensar de esta manera nos convertiríamos un poco como los católicos que dicen que, debido a que en algunos casos no se dice que los creyentes fueron bautizados por inmersión, o que según ellos las circunstancias eran tales para no permitirlo, se puede también bautizar por aspersión, y los niños también. O también como muchos creyentes que dicen que las lenguas no acompañan necesariamente la recepción del Espíritu Santo porque en los Hechos no está escrito que los samaritanos comenzaron a hablar en otras lenguas cuando recibieron el Espíritu Santo. Entonces debemos tener cuidado con llegar a la conclusión de que los apóstoles después de Pentecostés no bautizaban utilizando la fórmula trinitaria sólo porque no está escrito que los creyentes eran bautizados en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Otro ejemplo de las Escrituras para explicar lo que estamos diciendo es esto. Sabemos que el Apóstol Pablo a los Corintios en el final de una de las cartas que les escribió dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Pero leyendo sus otras epístolas, se darán cuenta de que les termina de otra manera, es decir diciendo: “La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros” (1 Corintios 16:23). O bien: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Romanos 16:20) o “con su espíritu”(Filipenses 4:23). ¿Qué diremos entonces? ¿Que Pablo quería que con los santos en Corinto, además de la gracia de Cristo estuviesen también el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, mientras quería que con los santos de las otras ciudades estuviese sólo la gracia de Cristo? En ninguna manera: sólo vamos a decir que el Espíritu Santo lo empujó a escribir de una manera diferente las últimas palabras a los santos de Corinto, y nada más; a pesar de que tenía el deseo que también con los demás santos estuviese, además de la gracia de Cristo, también el amor de Dios y la comunión del Espíritu.

Otra cosa que quiero decir sobre este hecho de la fórmula que se debe utilizar en el bautismo en la que tanta énfasis ponen los unicitarios, es la siguiente. Ahora, dicen que cuando Jesús mandó a sus discípulos a bautizar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” quiso decir de bautizar en su nombre, es decir en el nombre de Jesús, porque “nombre” está en singular y el Padre el Hijo y el Espíritu Santo no son nombres, sino títulos y el nombre de Jesús, sin embargo, es un nombre propio; en esencia este nombre singular mencionado por Jesús no sería más que el nombre de Jesucristo, entonces el bautismo debe ser ministrado solamente en el nombre de Jesús. Pero esto no es cierto porque – como lo he demostrado en otra ocasión – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas, no tres títulos que se refieren a Cristo de hecho Pablo al final de su carta a los Corintios dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). ¿No está claro que Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo son tres personas distintas una de la otra? Si Jesucristo fuese contemporáneamente Dios el Padre y el Espíritu Santo, así como el Hijo, ¿por qué Pablo habla de la gracia de Cristo y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo?

También decimos esto: si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fuesen sólo los títulos de Jesús, Jesús no habría habido necesidad para darles este mandamiento; porque Él simplemente habría dicho de bautizar a las personas en su nombre. Por ejemplo, cuando abrió la mente a sus discípulos para que comprendiesen las Escrituras, les dijo que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lucas 24:47) y no en el nombre del Padre, y del Hijo, y del el Espíritu Santo; entonces, también en el caso del mandamiento, por lógica, habría tenido que decir simplemente de bautizar en su nombre. Pero esto no sucedió, debido a que Él citó tanto al Padre como al Hijo y al Espíritu Santo. El hecho, por lo tanto, de haberlos citados por separado es una clara prueba que Jesús, aunque creyese en la unidad de Dios no pensaba en absoluto de ser el Padre y tampoco el Espíritu Santo, además de ser el Hijo. El hecho, por lo tanto, que en la fórmula bautismal ordenada por Jesús a sus discípulos “nombre” sea singular, certifica que los tres, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un sólo Dios pero contemporáneamente tres personas distintas. Y, por lo tanto, rechazamos la idea de que Jesús haya querido decir con esas palabras que los apóstoles debían bautizar sólo en su nombre porque eso ‘contenía’ el título del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Nosotros bautizamos usando las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, en lugar de las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Señor Jesucristo”; y esto de acuerdo a las palabras pronunciadas por Jesús a sus discípulos reportadas por Mateo. Por cierto, bautizando mediante la expresión “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” nos bautizamos en el nombre del Señor Jesús, es decir, por y con la autoridad de Cristo, como lo hicieron los apóstoles, porque obedecemos a su orden precisa. De esta manera se invoca sobre el creyente el nombre del Padre, que es el que nos ha traído al Hijo, el nombre del Hijo que nos ha revelado al Padre, y el nombre del Espíritu Santo es Aquel que nos ha convencido de pecado, de justicia y de juicio y nos ha dado vida juntamente con Cristo, y por el cual clamamos: ¡Abba! Padre.

Cuando se habla del bautismo de los unicitarios (aunque no de todos) tienen que tener en cuenta dos cosas; en primer lugar que para ellos el bautismo tiene el poder de perdonar los pecados y por lo tanto quien no ha recibido el bautismo no es salvo, y luego que su apego morboso a la fórmula bautismal “en el nombre de Jesús” excluyendo el Padre y el Espíritu Santo, se debe a su negación de la Trinidad y su doctrina que dice que Jesús es tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo que son sólo tres títulos del sólo Dios (hay que señalar, sin embargo, que en realidad fue de la nueva fórmula bautismal “en el nombre de Jesús” que derivó la doctrina de los pentecostales anti- trinitarios, y no al revés). Poniendo las cosas juntas entonces ustedes pueden entender muy bien porque tienen una aversión al bautismo administrado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (utilizando la fórmula bautismal trinitaria), y porque insisten tanto en decir que tenemos que bautizarnos otra vez en el sólo nombre de Jesús para ser salvos.

Así que no es simplemente una cuestión de diferente fórmula bautismal, porque hay algo más detrás de esto; es decir, la herejía de que el bautismo limpie nuestros pecados (bautismo con la fórmula “en el nombre de Jesucristo” y, por supuesto, no en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo) y la herejía que niega la Trinidad, por lo tanto, los Unicitarios yerran grandemente.

Podemos decir que los Unicitarios han llegado a atribuir la salvación de las personas a un rito que se hace con la fórmula “en el nombre de Jesús” y no a la fe en el nombre de Cristo; en definitiva, entre ellos el bautismo con esta fórmula en particular tiene un poder que el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo no tiene, entonces, al final, no es la fe en Cristo que salva, sino el bautismo administrado por una fórmula diferente (además hay que decir que, incluso después de haber recibido el bautismo en agua, uno de ellos no puede decir de ser salvo hasta que reciba el bautismo con el Espíritu Santo, porque sólo con este otro bautismo, para ellos, se nace de nuevo – entonces otra herejía Unicitaria). Con esto no queremos en absoluto decir que la fórmula que se utiliza en el bautismo no es importante, sino que no es esa la que salva como que no es el mismo bautismo que salva, sino la fe en el nombre de Jesucristo: Esto es lo que debemos predicar con poder (porque es el único camino de salvación para los hombres) como lo hicieron los apóstoles antes que nosotros.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 https://www.facebook.com/groups/JustoJuicio/

Preguntas y Respuestas – El bautismo en agua

dsc095011. ¿ El bautismo se puede ministrar también por aspersión?

No, el bautismo se debe ministrar solo por inmersión. La misma palabra Griega  baptizo significa ‘sumergir’ ‘ hundir’. El eunuco después de haber sido evangelizado por Felipe el evangelista fue bautizado y este bautismo lo recibió por inmersión de hecho está escrito: “Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: aquí hay agua; ¿ qué impide que yo sea bautizado? Y mandó que el carro se parase; y bajaron los dos en el agua, Felipe y el eunuco; y Felipe lo bautizó. Y cuando salieron fuera del agua, el Espíritu del Señor raptó a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino” (Hechos 8:36-39).

2. ¿ El bautizo en agua es obligatorio ó no?

Es obligatorio porque Jesús cuando ordenó a los apóstoles: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones bautizándole en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateos 28:19) el hecho de que hay la orden de bautizar implícitamente significa que quien ha creído tiene el deber de hacerse bautizar. Cuando Ananías fue con Saulo le dijo: “Ahora, pues, ¿ por qué te detienes? Levántate y bautízate …” (Hechos 22:16).

3. ¿ Es por medio del bautizo que se obtiene la remisión de los pecados?

No, no es por el acto del bautizo sino por la fe en Cristo (previa al bautizo) que se recibe la remisión de los pecados personales. De hecho Jesucristo cuando le apareció a Saulo le dijo: “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; Porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mi, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:16-18). El apóstol Pedro también confirma esto en la casa de Cornelio: “de éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43) como se puede ver claramente es por medio de la fe en el nombre de Jesucristo que se recibe la remisión de los pecados. Sigue leyendo