Jesucristo nació pobre y vivió pobre

water-fall-Este breve tratado sobre Jesucristo, el Hijo de Dios, que en los días de su carne hizo la voluntad de Dios y entonces es un ejemplo de obediencia, tiene la finalidad de tapar la boca de todos esos charlatanes, rebeldes y engañadores que enseñan que Dios quiere que seamos ricos materialmente, y quien es materialmente rico tiene mucha fe en Dios y es una persona bendecida, ya que hace la voluntad de Dios, mientras que quien es pobre tiene poca fe en Dios y no es una persona bendecida por Dios porque no hace la voluntad de Dios.

Vamos a empezar diciendo que Cristo, el Hijo de Dios, cuando nació fue puesto en un pesebre, como está escrito que María “dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). El pesebre es un lugar humilde, y precisamente en un pesebre el Rey de los Judíos fue puesto cuando nació; Dios habría podido hecer que se hubiese habido lugar en el mesón para José y Maria, pero no lo permitió, no obstante el niño que María dio a luz era el Hijo del Altísimo. Después José con María y el niño se mudaron a una casa, ya que fue en una casa que los unos magos de Oriente encontraron al niño, y lo adoraron, como está escrito: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11); también en este caso hay que decir que la Escritura no habla de un palacio, sino que simplemente dice: “En la casa”. En cuanto a los regalos que los magos ofrecieron a Jesús hay que decir que no fueron guardados por Jesús como su tesoro personal en la tierra, porque Él mismo dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6:19), y lo digo porque hay gente perversa que hace insinuaciones sobre el fin que estos regalos han hecho más tarde. Nosotros sus insinuaciones las destruimos porque sabemos que Jesús nació sin pecado y vivió de manera irreprochable durante todos los días de su carne (incluso durante los años de su infancia y adolescencia).

Jesús, el Hijo de Dios, nació según la carne, no sólo en un lugar humilde, sino también por gente humilde, de hecho, su Padre le había hecho nacer según la carne en una familia pobre y no en una rica familia de la casa de David de aquel tiempo (y Dios lo habría podido hacer, pero no lo hizo porque no estaba de acuerdo con su voluntad). De acuerdo con la ley de Moisés, la mujer, después de haber dado a luz un hijo (cuando los días de su purificación se llevaban a cabo) tenía que ofrecer un holocausto y sacrificio por el pecado, como está escrito: “Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote; y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre… Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia” (Levítico 12:6-8). Lucas, a este respecto, dice: “Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos” (Lucas 2:22-24); por estas palabras se puede deducir claramente que José y María eran pobres.

Jesús mismo vivió pobre en este mundo, porque está escrito: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9); y de hecho ni siquiera tenía un lugar para recostar su cabeza, como Él dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:58). Pero ¿de qué tipo de casas de lujo era propietario Jesús en la tierra? El Rey de los Judíos, cuando vivió en la tierra, no vivió en un palacio real, no llevaba vestiduras preciosas y tampoco vivió en los deleites como hacen los reyes de la tierra; Él dijo que “los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están” (Lucas 7:25), pero él no era uno de ellos; sin embargo, Él era el rey de Israel. Podía permitirse el lujo de vivir como un rey, pero lo renunció; prefirió despojarse a sí mismo y tomar la forma de un siervo para servir.

El rey de Israel, en los días de su carne, no se vistió de púrpura y ni siquiera se puso una corona de oro sobre su cabeza; su ropa modesta consistía en vestidos y en una túnica “la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo” (Juan 19:23). Fueron los que lo vistieron de púrpura que se burlaron de Él, como está escrito: “Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. Y le vistieron de púrpura.. ” (Marcos 15:16,17); fueron siempre los soldados que le pusieron una corona en la cabeza…pero de espinas, como está escrito: “Y poniéndole una corona tejida de espinas..” (Marcos 15:17).

Él era el Rey de los Judíos, pero después de que Él había dado de comer a miles de personas con sólo cinco panes y dos peces, cuando supo que iban a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey “volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6:15). Él no buscó la gloria de los hombres, sino la del Padre que le envió. Si Él hubiera buscado la gloria de los hombres, cuando supo que la gente iba a venir para adoperarse de Él y hacerlo rey no se habría retirado al monte solo.

Cuando Jesús entró en Jerusalén no llegó montado sobre un caballo blanco o llevado por sus discípulos en una camilla real como lo hicieron los reyes de la antigüedad, pero montado sobre un pollino de asna, como está escrito: “Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna” (Juan 12:14,15; Zacarías 9:9). Jesús era humilde de corazón, pero esto no se limitó al decirlo con la boca, sino que también lo demostró a través de los hechos; Él nunca puso la mira en las cosas altivas, sino en las humildes. Lo repito: Vivió pobre; sí hermanos, así es, de hecho Él tampoco tenía el estatero con qué se pagaba el impuesto anual que cada israelita, de veinte años de edad, tenía que pagar por el mantenimiento del culto, de hecho dijo a Pedro: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27).

Jesús era pobre, pero habría podido convertirse en un hombre muy rico si hubiese empezado a pedir compensaciones por sus enseñanzas y por sus sanaciones, pero Él no tomó la piedad como fuente de ganancia, como en cambio lo hacen hoy en día muchos predicadores corruptos y descarriados; Jesucristo ejerció “la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6), dejándonos un ejemplo a seguir.

Ahora, los predicadores de la prosperidad económica se atreven a decir que los que son pobres en la tierra no tienen una gran fe en Dios, sino muy poca. Pero, ¿qué diremos? ¿Que Jesucristo, siendo pobre no tenía una gran fe en Dios? ¿O tal vez que Jesús era un hombre de poca fe, porque no era propietario de nada en la tierra? En ninguna manera. Jesucristo tuvo una gran fe en Dios y lo demostró haciendo muchas señales y prodigios y milagros en el nombre de su Padre, tanto no pidiendo ofrendas para sí, como dando su vida por nosotros. El Justo tuvo realmente fe en Dios, mientras que estos charlatanes y rebeldes muestran su incredulidad porque piden dinero como mendigos; algunos de ellos también lloran al pedirlo, otros maldicen a aquellos que no les dan nada o les dan poco; estos son comerciantes que venden sus predicaciones; cada uno de ellos establece su propia tarifa (que aumenta a medida que se hace más famoso). Pero ¿dónde está toda esta gran fe que dicen que tienen en Dios, estos que viven en delicias en los placeres de la vida, en medio del lujo desenfrenado? Ellos dicen que tienen fe en Dios, y en realidad tienen fe, y mucha, en sus caminos tortuosos y en sus riquezas que han acumulado oprimiendo a los creyentes con los pasajes de las Escrituras que se relacionan con el dar. Han robado las ovejas del Señor, rasgandoles el dinero de las manos con los más variados pretextos; han acumulado riquezas en grandes cantidades por el fraude y luego se atreven a decir: ‘¿Ya ven cómo Dios me ha bendecido? ¿Ustedes lo ven? El Señor honra a los que le honran’, y otras palabras bonitas, pero falsas. Y los ingenuos les creen, pero nadie o casi nadie sabe cuántos de sus oyentes, estos predicadores, han robado y despojado de sus bienes.

Estos predicadores hablan de sus bienes como si Dios se les hubiese dados por su conducta recta y justa; dicen que son como Abraham, pero no lo son, porque son como Balaam; Abraham sí, fue llamado amigo de Dios, pero estos no son amigos de Dios sino enemigos de Dios porque son amigos del mundo (como está escrito: “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” [Santiago 4:4]).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Los que imponen el diezmo hacen un uso incorrecto de las palabras de Jesús

20110601Los que imponen el diezmo a los santos bajo la gracia, para acreditar su imposición, hacen uso de las palabras de Jesús que están escritas en el Evangelio de Mateo 23:23, que dice:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.”

Es cierto que en esas palabras Jesús quiere hacer entender que TAMBIÉN el diezmo tenía que ser pagado, así como TAMBIÉN las otras cosas de la ley tenían que ser observadas, sin dejar ninguna de esas.

Pero los engañadores y amadores del dinero, para su conveniencia, no hacen nada más que relatar estas palabras de Jesús sólo al diezmo, porque ese es su interés.

Cuando Jesús estaba en la tierra en la carne similar a la de los humanos, nunca se pronunció en contra de la ley, de hecho, instó a la gente a observar la ley de Moisés, no sólo en relación con el diezmo, como enseñan los engañadores citando Mateo 23:23, sino también en cuanto a las ofrendas de los animales como en este caso:

“Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.” (Mateo 8:2-4)

El sacrificio del que se habla en la ley después de la sanación del leproso, es de dos avecillas (Véase Levítico 14:1..), y entonces, de acuerdo con el razonamiento que ellos hacen, ya que Jesús ordenó al leproso para que ofreciese estos animales, así tienen que hacer aún hoy en día los que reciben la sanación.

En las palabras de Jesús en Mateo 23:23 cuando dice “SIN DEJAR DE HACER AQUELLO” estaban incluidos todos los mandamientos de la ley de Moisés, es decir la circuncisión, los sacrificios de animales, la observancia del sábado y los días de fiesta, y también el diezmo.

En cuanto a esas palabras de Jesús también acerca del diezmo, hay que tener en cuenta que el templo todavía estaba allí cuando Jesús dijo esas palabras, y que los levitas servían en el templo, y que Jesús con las palabras “sin dejar de hacer AQUELLO” incluyendo el DIEZMO, sólo quería decir que el diezmo tenía que ser dado a los levitas que servían en el Templo, y no a él mismo o a sus discípulos. Jesús nunca pidió diezmos a nadie, porque no era un levita, sino un descendiente de Judá.

Para concluir esta breve explicación de aquel pasaje que se toma MAL para justificar la IMPOSICIÓN DEL DIEZMO por muchos, diciendo que Jesús DIO MANDAMIENTO para que se pague el diezmo, ellos ignoran voluntariamente que Jesús también ordenó la observancia de los otros mandamientos del Ley de Moisés, incluidos en esas palabras, por lo tanto, NO SE PUEDEN TOMAR ESAS PALABRAS PARA HACER DECIR A JESÚS que el diezmo deba ser pagado también hoy en día, porque las cosas no son del todo de esta manera, ya que es una manera ASTUTA PARA SUSTRAER DINERO de los santos bajo la gracia.

Si los pastores y ancianos están en necesidad de dinero, tanto para ellos como para la obra que están sirviendo, deben orar a Dios y pedir a Él todas las cosas, y Él que oye en secreto y sabe todas las cosas, pondrá en el corazón de sus hijos la voluntad de dar el dinero necesario, el dinero exacto que se necesita para cada circunstancia.

Esto, sin embargo, pueden hacerlo sólo aquellos que tienen fe en Dios, no todos. Pedir el diezmo, imponer el diezmo a los santos, tratar de hacer los ingresos de una cantidad fija, no es más que una manifestación de falta de fe.

Hermanos, si les piden el diezmo, si les imponen el diezmo, si les lanzan las maldiciones de Malaquías si no lo dan, no teman a ellos, porque ellos no conocen las ESCRITURAS y ni siquiera tienen fe en Dios.

Por el hermano en Cristo Jesús: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Véase también: https://justojuicio.wordpress.com/2013/10/26/no-es-justo-bajo-la-gracia-imponer-el-pago-del-diezmo-a-los-santos/

 

No es justo, bajo la gracia, imponer el pago del diezmo a los santos

i-ricchi-non-lavorano-per-i-soldi-robert-kiyosakiPorque Dios mandó a los israelitas a dar el diezmo a los levitas

En la ley de Moisés está escrito: “El diezmo de la tierra, tanto de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, es de Jehová: es cosa dedicada a Jehová. Si alguien quiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová” ( Levitico 27:30-32 ), este es el mandamiento acerca del diezmo que mandó Jehová a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.

Veamos ahora la razón por la cual Dios ordenó a los israelitas a dar el diezmo de sus ingresos a los levitas, en otras palabras, vamos a ver para quien eran los diezmos  bajo la ley.

Dios, después que sacó el pueblo de Israel de Egipto ordenó a los israelitas que le construyeran un santuario. Este santuario terrenal fue construido como Dios le había mandado, y también construyeron los barcos de culto que luego fueron dispuestos a la orden en el santuario, es decir, el candelabro, la mesa de la presentación de los panes y el altar del incienso que se colocaron en el lugar santo, y el arca del pacto con su propiciatorio que fue colocada en el lugar santísimo. El lugar santo estaba separado del lugar santísimo por un velo. Fuera de la entrada del tabernáculo, se colocó el altar de los holocaustos, y entre la tienda y el altar se colocó la cuenca de cobre con agua en su interior que sirvió a Aarón y a sus hijos para lavarse las manos y los pies cuando entraban en la tienda, o cuando se acercaban al altar .

Dios escogió a Aarón y sus hijos para servir como sacerdotes ante él, de hecho dijo a Moisés: “Harás que Aarón, tu hermano, junto a sus hijos, se acerquen a ti para que sean mis sacerdotes entre los hijos de Israel; Aarón con sus hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar” ( Éxodo 28:1); Aarón y sus hijos eran de la tribu de Levi, precisamente, de la familia patriarcal de los hijos de Coat. Descendientes de Leví eran: Gersón, Coat y Merari, de los cuales todos los levitas eran descendientes, pero mientras que Aarón y sus hijos eran aislados para ejercer el sacerdocio, el resto de los levitas eran aislados y datos a Aarón y a sus hijos para que se encargasen de todos los vasos del ministerio y todo lo concerniente al tabernáculo. Cada familia de los levitas tenía su servicio específico para llevar a cabo tal como está escrito: “Jehová habló a Moisés y le dijo: «Haz que se acerque la tribu de Leví, y ponla delante del sacerdote Aarón, para que lo sirvan.  Estarán a su servicio y al de toda la congregación delante del Tabernáculo de reunión, sirviendo en el ministerio del Tabernáculo” (Números 3:5-7 ). Ahora, ya que Aarón y sus hijos, así como los levitas, tenían que ejercer continuamente el cargo que le dio Dios y no tenían un empleo para ganarse la vida, Dios proveyó para su sustento y de sus familias, de esta manera; a Aaron y sus hijos le dieron una parte de las cosas santas de los hijos de Israel y a los levitas la posesión de los diezmos que dio el pueblo de Israel. Vamos a ver de cerca esto derecho que tenían Aarón y sus hijos, y el resto de los levitas.

El Señor dijo a Aarón: ” Jehová dijo a Aarón: «Yo te he dado también el cuidado de mis ofrendas. Todas las cosas consagradas de los hijos de Israel te las he dado a ti y a tus hijos en virtud de la unción,b por estatuto perpetuo. Esto será tuyo de la ofrenda de las cosas santas, reservadas del fuego: todas las ofrendas que me han de presentar, todo presente suyo, toda expiación por su pecado y toda expiación por su culpa, será cosa muy santa para ti y para tus hijos. En el santuario la comerás; todo varón comerá de ella. Cosa santa será para ti.  »Esto también será tuyo: la ofrenda elevada de sus dones y todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel; te las he dado a ti, a tus hijos y a tus hijas por estatuto perpetuo. Cualquiera que esté limpio en tu casa, comerá de ellas. De aceite, de mosto y de trigo, todo lo más escogido, las primicias de ello, que presentarán a Jehová, para ti las he dado. Las primicias de todas las cosas de su tierra, las cuales traerán a Jehová, serán tuyas. Cualquiera que esté limpio en tu casa, comerá de ellas. Todo lo consagrado por voto en Israel será tuyo.» Todo lo que abre matriz, de toda carne, tanto de hombres como de animales que se ofrecen a Jehová, será tuyo. Pero harás que se redima el primogénito del hombre y harás también redimir el primogénito de animal inmundo. De un mes de nacidos harás efectuar su rescate, conforme a tu estimación, por el precio de cinco siclos, conforme al siclo del santuario, que es de veinte geras. Pero no redimirás el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra: santificados son. Rociarás su sangre sobre el altar y quemarás su grasa, ofrenda quemada de olor grato a Jehová. Su carne será tuya; así como el pecho de la ofrenda mecida y la pierna derecha. Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas que los hijos de Israel presenten a Jehová, las he dado para ti, tus hijos y tus hijas por estatuto perpetuo. Un pacto de sal perpetuo es este delante de Jehová para ti y tu descendencia” (Números 18:8-19).

Aarón y sus hijos fueron ungidos para ministrar el sacerdocio y tenían derecho a comer lo que se ofrecía en el altar y los primeros frutos que los israelitas ofrecían a Jehová; tengan en cuenta que esta ley se llama el derecho de la unción, y que fue dada a ellos por Dios.

Por lo que se refiere a los levitas, que eran responsables para el servicio del tabernáculo de la congregación, Dios dijo: “Yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel como heredad por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del Tabernáculo de reunión” (Números 18:21), y esto también ordenó a los levitas:  Hablarás a los levitas y les dirás: Cuando toméis los diezmos de los hijos de Israel que os he dado como vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos, como ofrenda mecida a Jehová, el diezmo de los diezmos. Se os contará vuestra ofrenda como grano de la era y como producto del lagar. Así presentaréis también vuestra ofrenda a Jehová de todos los diezmos que recibáis de los hijos de Israel; se la daréis al sacerdote Aarón como ofrenda reservada a Jehová…» También les dirás: Cuando hayáis separado lo mejor de los dones, que le será contado a los levitas como producto de la era y como producto del lagar, lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias, pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el Tabernáculo de reunión” (Números 18:26-28;30-31). Como pueden ver, los israelitas tenían que dar, por orden de Dios, el diezmo de sus ingresos a los levitas, que tenían a su vez, de acuerdo a la ley, que tomar los diezmos del pueblo y también dejar de lado el diezmo de los diezmos recibido y darlo a Aaron .

En resumen, Dios les dio una recompensa tanto a Aarón y a sus hijos, como a los levitas que llevaban un cargo diferente de ellos, y fue hecha; de las cosas más sagradas consumidas por el fuego que los hijos de Israel ofrecieron a Dios, de los primeros frutos del producto de sus tierras, y de las primeras partes de sus vacas, de sus ovejas y sus cabras para lo que se refería a la recompensa de Aarón y de sus hijos, por el noventa por ciento de todos los diezmos de los hijos de Israel, en lo que se refería a los salarios de los levitas. Esta es la razón por la cual se necesitaban los diezmos bajo la ley: pagar los levitas y la familia del sumo sacerdote .

También hay que decir que los diezmos recogidos de los hijos de Israel de todos sus ingresos no sólo sirvieron para apoyar el derecho de los sacerdotes y de los levitas, sino lo que tenía el forastero y el huérfano y la viuda, conforme a lo que está escrito en la Ley: “Al cabo de tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Allí vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, el extranjero, el huérfano y la viuda que haya en tus poblaciones, y comerán y se saciarán, para que Jehová, tu Dios, te bendiga en toda obra que tus manos hagan” (Deuteronomio 14:28-29).

De acuerdo con lo que enseña la Escritura, cuando los israelitas dejaron de dar el diezmo de sus ingresos, Dios dejó de bendecirlos y los golpió con una maldición, enviando insectos devoradores para destruir los frutos de su tierra, como Dios había dicho: “El diezmo de la tierra, tanto de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, es de Jehová: es cosa dedicada a Jehová” ( Levitico 27:30), no dar el diezmo era lo mismo que robar lo que le pertenecía a él. Esta es la razón por la que Dios, por medio de Malaquías, dijo a los rebeldes israelitas: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y aún preguntáis: “¿En qué te hemos robado?”. En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Malaquias 3:8-9).

 

No estamos bajo la ley de Moisés, sino bajo la ley de Cristo

Ahora, alguien podría preguntar: “¿Pero ahora, bajo la gracia, es decir, bajo el nuevo pacto, nosotros que somos gentiles por nacimiento y que hemos creído, estamos obligados a pagar el diezmo de todos nuestros ingresos como los hijos de Israel bajo la ley? La respuesta es no. Alguien dirá: ¿Por qué? Volvamos a la Escritura para entender porque no estamos obligados a hacerlo en virtud de la gracia. Está escrito: “Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico –bajo el cual recibió el pueblo la Ley” (Hebreos 7:11), la ley que Dios dio a Israel se basa en el sacerdocio levítico (se recuerda que los levitas tenían que recoger los diezmos del pueblo), sino porque la perfección no fue posible por medio del sacerdocio, Dios ha levantado otro sacerdote en un orden diferente, que no está de acuerdo con el orden de Aarón, sino según el orden de Melquisedec. Además de eso, ustedes deben saber que este otro sacerdote, que es Jesús, no es descendiente de la tribu de Levi, a la que pertenecía el sacerdocio, sino de la de Judas, “de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio” (Hebreos 7:14). El punto que quiero en que concentren su atención es este, es decir, que ya que el sacerdocio es cambiado (y sobre el sacerdocio levítico se basó la ley) se llevó a cabo, por la fuerza de las circunstancias, también un cambio de ley, como está escrito: “pues cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley” (Hebreos 7:12), por lo tanto, ya no estamos bajo la ley de Moisés (basada en el sacerdocio levítico ), sino bajo la ley de Cristo (basada en el sacerdocio de Cristo) que no manda a dar el diezmo como la de Moisés.

Nosotros, ahora, tenemos que atenernos a la ley de Cristo, y por lo tanto tenemos que saber los mandamientos de esta ley que se refieren al dar, sí porquè también la ley de Cristo nos manda a dar. Jesús sabía el mandamiento de la ley sobre el diezmo, pero en todas sus enseñanzas no hay el orden de darle. Alguien dirá: “¿Él ordenó el diezmo después de haber sido llevado al cielo? No, ni siquiera después de que él se fue al cielo.

Veamos lo que el Sumo Sacerdote de nuestra profesión de fe nos ha ordenado dar, con esto en mente, es decir, primero, que “la Ley nada perfeccionó” (Hebreos 7:19) y que Cristo vino a completarla sólo porque era incompleta, y después porqué la ley de Cristo es llamada “la ley de la libertad” (Santiago 1:25), porque nosotros en su legislación somos libres de dar  lo que queremos y podemos. Hermanos, para entender porque la ley de Cristo es superior a la de Moisés siempre deben recordar que la ley de Moisés era incompleta y la de Cristo es completa.

Jesús dijo: “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

Hermanos, todos somos discípulos de Cristo y tenemos que dar; ahora, Jesús dijo que con la medida con que medimos se medirá a nosotros, esto significa que se nos dará de acuerdo a la medida que utilizamos para dar al Señor. Bajo la ley de Moisés, quien no dio una décima parte de todos sus ingresos a los levitas (aunque dio un poco menos de una décima parte de ellos), fue golpeado por la maldición de Dios, porque estaba robando a Dios (y Dios dijo: “No robarás” [Ex 20:15]) y no dio la medida necesaria que le fue impuesta por la ley; ahora, bajo la ley de Cristo, Dios no ha prometido de maldecir a los que dan menos de la décima parte de sus ingresos. ¿Cómo podría Dios maldecir y golpear aquellos que violan el orden de la ley de Moisés, cuando escribió que “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gálatas 3:13)? Ciertamente, Jesús no dijo que todos los que no dan el diezmo serán maldecidos por Él, pero está claro que no dar al Señor la décima parte de nuestros ingresos implica que con la misma medida que utilizamos en darle será dado a nosotros, de Dios no se puede hacer una burla, porque Él es justo y no comete injusticias, incluso cuando tiene que premiar a los que hacen donaciones. Que cada uno de nosotros va a cosechar la medida que siembra, también lo ha confirmado Pablo a los Corintios, cuando les dijo: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:6). Quien es sabio, sabe que para reunir mucho tiene que dar mucho y no poco, y por lo tanto se mantiene lejos de todas las avaricias y siembra generosamente, porque sabe que la Escritura dice que “Hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo justo y acaban en la miseria” (Proverbios 11:24). Incluso el apóstol Pablo mandó a los santos para dar, a la hora de recoger un subsidio para los pobres de entre los santos, y lo hizo de esta manera: “Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas…” (1 Corintios 16:2) Y: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Como pueden ver, Pablo instó a los corintios a dar lo que podían bajo la prosperidad que Dios les había dado, y cómo habían votado en su corazón, y también les instó a no dar por mala gana ni por fuerza, y porque Dios no se complace ni en un donante que da para mostra, ni en un donante que da murmurando porque no está feliz de dar. Dios ama al que da con alegría, así que tienen que dar alegremente para agradar a Dios, y con esto concuerdan las palabras del apóstol Pablo a los santos en Roma: “El que da, hágalo con sencillez” (Romanos 12:8). De tener en cuenta que Pablo no dice que el que siembra escasamente se verá afectado por la maldición de Dios, sino que segará escasamente, que es diferente.

Cuando hablamos del Apóstol Pablo, hermanos, no debemos olvidar que, en la carne, fue un fariseo, de hecho, había sido miembro de la secta de los fariseos que era la secta más estricta de la religión judía, que no toleraba el hecho de no pagar el diezmo. Pablo conocía el mandamiento del diezmo, porque lo había seguido cuando era un fariseo, de modo que él pudiera decir a los Filipenses que él, en materia de la justicia que es en la ley, era irreprochable; sin embargo, en todas sus epístolas a los gentiles nunca los mandó a pagarlo. Pablo en sus epístolas ha dado tantos mandamientos, pero entre ellos no hay lo del diezmo. ¿Tal vez se olvidó de escribirlo? No, en absoluto. ¿Sabes por qué no impuso este precepto de la ley? Debido a que utilizó la ley de una manera legal y no ilegal.

Jesucristo también dio este mandamiento a sus discípulos: “Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye, porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12:33-34), y, después de que el Espíritu Santo fue derramado sobre ellos, los discípulos lo pusieron en  práctica y de hecho está escrito que “vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:45), y que “no había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el producto de lo vendidos  y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4:34-35). Entre los que ponieron en práctica este mandato de Cristo también había Bernabé, que era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y fe, como está escrito: “Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que significa «Hijo de consolación»), levita, natural de Chipre” (Hechos 4:36 ). Quiero que se den cuenta de que Bernabé era un levita, que es un descendiente de Leví. Ahora, cada levita era consciente que, según la ley de Moisés, los levitas tenían órdenes de tomar del pueblo los diezmos y dar a Dios el diezmo de los diezmos recaudados por el pueblo, y por lo tanto, también Bernabé sabía bien el mandamiento del diezmo. Pero, cuando vendió el terreno que era propiedad de él, no sólo trajo el diezmo del dinero obtenido por la venta de su finca, sino más bien todo el precio del campo.

Sabemos que debemos hacérnos tesoros en el cielo y no en la tierra porque el Señor lo ha mandado, y también sabemos que estos tesoros los hacemos en el cielo dando limosna.

Un día, un joven rico se acercó a Jesús y le dijo: “Entonces se acercó uno y le dijo: –Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: –¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno: Dios. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le preguntó: –¿Cuáles? Y Jesús le contestó:  –No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: –Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: —Si quieres ser perfecto,  anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Al oir el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” (Mateo 19:16-22 ). Como se puede ver inicialmente Jesús dijo al joven rico que si quería entrar en la vida tenía que observar ciertos mandamientos escritos en la ley, y el joven le dijo al Señor que, estos mandamientos, les estaba observando desde su juventud, y quería saber lo que le faltaba todavía, de hecho, le preguntó : “¿Qué más me falta? ” (Mateo 19:20) Jesús sabía lo que le faltaba a este joven para ser un perfecto discípulo y le dijo : “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” (Marcos 10:21 ). Estas palabras de Jesús a este joven rico, confirman que no ha venido a destruir la ley, sino para completarla.

Veamos que Jesús dijo a el rico lo que tenía que hacer si quería ser perfecto, sino también que el joven, cuando oyó a Jesús decir que esto era lo que faltaba, se puso triste, porque era muy rico. Este joven podría haber vuelto perfecto y preservar un tesoro en los cielos en esta condición, pero se negó a cumplir la orden del Maestro, porque había puesto su corazón en las riquezas que poseía y no tenía intención de renunciar a sus muchos activos. Tal vez estaría dispuesto a buscar algún otro mandamiento de la ley que no implicaba la venta de todos sus bienes, pero no lo que Jesús le dio. Luego, si para ser perfecto, habría tenido que pagar el diezmo de todos sus ingresos mensuales y hacer ofertas, el Señor lo habría confirmado y él no habría reaccionado de esa manera, pero el Señor no le dijo de ceder sólo una parte de sus bienes, sino todos.

Incluso por lo que se refiere a la acción de dar todo y conviertirse en pobre por el bien de los demás, el Maestro ha puesto el ejemplo, y ¿quién puede decir que Jesús no nos ha dejado un ejemplo en algo? Él dijo: “Aprended de mí” (Mateo 11:29 ), y que “El discípulo no es superior a su maestro; pero todo el que sea perfeccionado, será como su maestro” (Lucas 6:40). Así que podemos ver lo que Jesús hizo para convertirse en un ejemplo a seguir, incluso en esto: Pablo dice a los Corintios: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos.” ( 2 Corintios  8:9 ). Sabemos que Jesús era rico en el cielo, sino que vino a este mundo, se hizo pobre por amor de nosotros, y si hoy somos ricos (porque somos los herederos del Reino de Dios) lo debemos a la pobreza de Cristo. Sí, Jesús, el Hijo de Dios, vivió como un hombre pobre en esta tierra por nosotros, no se puede decir que era rico materialmente, ni que siendo pobre trató de hacerse rico y ni que se hizo rico con su ministerio.

¿Por qué esto orden del Señor, no se enseña, mientras lo del diezmo sí? ¿Por qué lo que debe enseñarse bajo la gracia no se enseña, y lo que no se debe enseñar se enseña?  ¿Porque este orden del Señor sobre la venta de sus activos es mucho menos conocido que lo del diezmo? Porque lo del diezmo implica una renuncia mucho menor que la que implica la venta de una casa o un campo. Hermanos, ¡Tengamos cuidados del no proceder con astucia con nuestro prójimo!

Yo quería a través de estas Escrituras confirmar cómo la ley de Cristo es perfecta y completa a diferencia de la de Moisés .

 

El derecho en el Evangelio que tienen los que anuncian el Evangelio

Dado que el mandamiento acerca del diezmo es impuesto por algunos porque dicen: “El pastor se da por entero a la predicación y a la enseñanza, no tiene un trabajo secular y por eso tenemos que pagar por ello”, vemos como es justo actuar bajo la gracia en este sentido.

Los levitas enseñaban al pueblo la ley, como está escrito: “Ellos enseñarán tus juicios a Jacob y tu Ley a Israel” ( Deut. 33:10 ), fueron apoyados por el pueblo a través del diezmo porque Dios había establecido asì, porque él dijo: “Yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel como heredad por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del Tabernáculo de reunión.” (Números 18:21 ).

Bajo la ley los israelitas tuvieron que pagar los diezmos de sus ingresos a los levitas que estaban al servicio que Dios había ordenado que hiciesen, este derecho de los levitas era en la ley de Moisés, la cual enseñaban al pueblo; en otras palabras, ellos vivían de lo que la ley les había prescrito.

Ahora, bajo la gracia, también los que anuncian el evangelio, es decir, los ministros del Evangelio, tienen el derecho, pero este derecho  está en el Evangelio y no en la ley de Moisés. Está escrito: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” ( 1 Corintios 9:14 . ); hermanos, el Señor también ordenó a los que predican el Evangelio a vivir del Evangelio, entonces de hacer uso de este derecho que tienen en el Evangelio. Vamos a ver lo que el Evangelio dice sobre eso.

Cuando Jesús envió a sus doce discípulos para predicar el Evangelio del Reino, les dijo: “No llevéis oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón, porque el obrero es digno de su alimento.” (Mateo 10:9-10 ), y cuando envió a los setenta les dijo: “No llevéis bolsa ni alforja ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: “Paz sea a esta casa”. Si hay allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Quedaos en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa” (Lucas 10:4-7 ). Como se puede ver Jesús mismo dijo que el obrero del Señor es digno de su comida y de su salario, lo que significa, en otras palabras, es que él tiene el derecho de comer y beber y recibir un sueldo por su servicio que hace en la casa de Dios. Pablo, hablando de los ancianos, ha confirmado plenamente las palabras del Señor, de hecho, escribió a Timoteo: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar, pues la Escritura dice: «No pondrás bozal al buey que trilla» y «Digno es el obrero de su salario».” ( 1 Tim 5:17-18 ; . . Deut 25:4 , Lucas 10:7 ) (en este caso Pablo, para apoyar el derecho que los ancianos tienen en el Evangelio, citó un pasaje de la ley de Moisés  y un pasaje del Evangelio). Nos vemos que Pablo dice que los ancianos que trabajan en predicar y enseñar son dignos de doble paga.

Es natural que si por un lado los que predican el Evangelio y enseñan la Palabra de Dios tienen ese derecho, por el otro, se debe haber una persona que tiene la obligación, según el Evangelio, para darles este alimento y este premio, y esto es alguien que está capacitado, de hecho, Pablo dijo a los Gálatas: “El que es enseñado en la palabra haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6 ). Como se puede ver, es el que recibe la prestación del servicio del ministro del Evangelio que tiene el deber de hacerlo parte de toda cosa buena, y no sólo de alguna de ellas (como la décima parte, por ejemplo). Esto también se confirma por la Escritura que dice: “No pondrás bozal al buey que trilla” (Deuteronomio 25:4 ), porque incluso en este caso es quien recibe el beneficio de la obra del buey que no pondrás bozal al buey que trilla, en la manera que el buey comerá un pedazo del trigo que trilla.

El mecanismo es el mismo que bajo la ley, la diferencia radica en el hecho de que los creyentes bajo la gracia deben hacer parte de toda cosa buena a lo que son llamados  por el Señor para enseñarles, y no sólo una parte de ellos (el diezmo), entonces, como un todo, en una medida mayor y diferente de la que prescribe la ley para los levitas.

Está claro que si  los que reciben las ensenanzas en la Palabra se niegan en el hacer parte de toda cosa buena al que lo instruye, son culpables de un pecado, porque al hacerlo, ponen un bozal al buey que trilla, es decir pisotean el derecho que los que enseñan la Palabra tienen en el Evangelio.

Recuerden que los ancianos tienen responsabilidades sobre la iglesia que alimentan, pero la iglesia tiene sus deberes para los ancianos también, uno de los cuales es de proveer a sus necesidades, de modo que nada les falte.

Así que los que predican el Evangelio tienen el derecho a recibir un salario de la iglesia, pero tengan en cuenta que esto no significa que tienen el derecho de imponer el pago de los diezmos a los santos, ya que el salario que reciben debe consistir en dinero ofrecido libremente y con alegría de los santos, como está escrito : “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” ( 2 Corintios 9:7 ), y no por extorsión a los santos que aprovechan en el mandamiento del diezmo (y la proclamación de la bendición de Dios sobre los que dan, sino también la maldición de Dios sobre aquellos que no dan) para obligarlos a dar a todos los costos la décima parte de sus ingresos (por temor que den menos del diezmo, y para asegurarse de esta manera al menos sus diezmos).

Vamos a ver ahora lo que Pablo escribió a los Corintios acerca del derecho en el Evangelio que él y Bernabé tenían, y porque él y sus colaboradores se comprometieron a no hacer uso de este derecho en la iglesia en Corinto y en la de Tesalónica.

Él escribió a los Corintios: “¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber? … ¿O solo yo y Bernabé no tenemos derecho a no trabajar?j ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto solo como hombre? ¿No dice esto también la Ley? En la ley de Moisés está escrito: «No pondrás bozal al buey que trilla». ¿Se preocupa Dios por los bueyes o lo dice enteramente por nosotros? Sí, por nosotros se escribió esto, porque con esperanza debe arar el que ara y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿será mucho pedir que cosechemos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Sin embargo, no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del Templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.” (1 Corintios 9:4;6-14).

Pablo a los Corintios insistió en que él y Bernabé tenían derecho en el Evangelio, sino también que él y sus colaboradores no hicieron uso de su derecho sobre ellos mismos. A medida que uno hace el soldado a sus propias expensas, porque es pagado por los que lo alistó, como quien planta una viña tiene derecho a comer del fruto de la viña, como quien tiende un rebaño tiene derecho a parte de la leche del rebaño, por lo tanto, los que predican el Evangelio, si de una parte tienen el deber de sembrar los bienes espirituales por otra parte también tienen el derecho de obtener los bienes materiales de los creyentes. Este derecho de los ministros del Evangelio, se confirma también por la ley que dice: “No pondrás bozal al buey que trilla” (Deuteronomio 25:4); y afirmando que los que cumplieron su ministro sagrado en el templo comían de lo que fue llevado a la casa de ofrenda a Dios, y que aquellos que fueron responsables de matar animales para ofrecerlos en sacrificio a Dios, comían de las viandas que se colocaban en el altar.

Por supuesto, aquellos que hacen uso de este derecho tienen el derecho a no trabajar para darse  por completo a la predicación y a la enseñanza de la Palabra de Dios.

Una vez dicho esto, hay que decir la razón por la cual Pablo y su equipo no hicieron uso de este derecho en Corinto, sí, porque Pablo, el apóstol pudo decir a los corintios: “Aunque tengáis diez mil maestrosl en Cristo, no tendréis muchos padres, pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4:15), no hizo uso de ese derecho en ellos.

Fue así que explicó su renuncia : “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me cuidé y me cuidaré de seros una carga. Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se me impedirá esta mi gloria en las regiones de Acaya. ¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe. Pero lo que hago, lo seguiré haciendo, con el fin de quitar la ocasión de los que la desean para ser hallados semejantes a nosotros en aquello en que se glorían” (2 Corintios 11:8-12).

En la iglesia de Corinto habían algunos falsos apóstoles que no eran una carga para la iglesia y buscaron la oportunidad de jactarse contra Pablo, y Pablo, para quitarles todas las oportunidades de hacerlo, decidió de no ser una carga para la iglesia de Corinto (aunque tenía el derecho de hacerlo) no ejerciendo su derecho en el Evangelio, y esto porque, en lo que se jactaban (estos falsos apóstoles se jactaban de no ser una carga para la iglesia de Corinto) fueron hallados semejantes a Pablo y su colaboradores.

La iglesia en Corinto no había pisoteado en absoluto el derecho en el evangelio que Pablo tenía en ella, porque fue Pablo a  decidir no hacer uso de este derecho en Corinto, y por esta decisión les pidió que lo perdonara, de hecho, les escribió: “porque ¿en qué habéis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? ¡Perdonadme este agravio!” (2 Cor . 12:13). Como se puede entender muy bien, Pablo decidiendo no ser una carga para los corintios, los puso en esto, en una posición de inferioridad en relación con otras iglesias a las cuales, en cambio había sido una carga, por lo que les pidió de perdonar a él este mal.

Me gustaría señalar que de acuerdo con lo que dice Lucas, Pablo, en Corinto, en un primer momento trabajó con sus manos para cuidar de sus necesidades, como está escrito : “y, como era del mismo oficio, se quedó con ellos (Aquila y Priscila) y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas ” (Hechos 18:3 ), pero más tarde, cuando Silas y Timoteo se unieron a él en Corinto, él renunció a su trabajo para entregarse por entero a la predicación, está escrito: “Cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo “( Hechos 18:5 ) . Cuando Pablo dijo a los corintios: “Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me cuidé y me cuidaré de seros una carga” ( 2 Corintios 11:9), hace referencia a la segunda etapa de su estancia en Corinto, cuando, a pesar de que había dejado de trabajar, Silas y Timoteo, que habían venido con él de Macedonia, compensában a la necesidad en que se encontraba.

Incluso en Tesalónica Pablo no se aprovechó de su derecho a no trabajar y explicó la razón a los Tesalonicenses en estos términos: “Vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos, pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros ni comimos de balde el pan de nadie. Al contrario, trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviéramos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo que podéis imitar” ( 2 Tes. 3:7-9 ); Pablo, Silvano y Timoteo, no eran una carga para los Tesalonicenses, pero no porque ellos no tenían el derecho, sino porque no querían hacer uso de su derecho al no trabajar, trabajaron día y noche con sus manos para dar a los tesalonicenses un ejemplo a seguir. Ellos, para evitar que alguien que no quería trabajar, en el hecho de no verlos trabajar pero viendolos sólo predicar, se pusíese en la cabeza que no podían trabajar ocupándose en cosas vanas, renunciaron a su derecho a no trabajar; sino que también estuvieron dispuestos a hacer esta renuncia para no crear ningún obstáculo al Evangelio. Por eso Pablo dijo a los Corintios: “Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Sin embargo, no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.” (1 Corintios 9:12). Por supuesto, Pablo tuvo una recompensa de esta forma de actuar en Corinto y en Tesalónica, de hecho dijo a los Corintios: “¿Cuál, pues, es mi recompensa? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.” (1 Corintios 9:18).

Veamos que Pablo no siempre no se valió de su derecho en el Evangelio, de hecho, tuvo un salario de las iglesias de los santos con el fin de darse por entero a la predicación, esto lo hace claramente entender cuando dice, siempre a los Corintios: “He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros…” ( 2 Corintios 11:8 ).

Vamos a ver cómo Jesús, en los días de su carne, después de que él dejó su trabajo como carpintero para llegar a predicar el Evangelio del reino, hizo uso de ese derecho, que está en el Evangelio, junto con sus apóstoles. Lucas dice : “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Lo acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, Susana y otras muchas que ayudaban con sus bienes.” (Lucas 8:1-3) . Como se puede ver, incluso Jesús hizo uso del derecho a no trabajar para darse por completo a la predicación y a la enseñanza de la Palabra, el Maestro también vivió del Evangelio cuando predicó el Evangelio de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, de hecho, muchas mujeres lo siguieron y ayudaban tanto él como sus apóstoles con sus bienes. En el comportamiento de las mujeres vemos el cumplimiento de la Palabra que dice: “El que es enseñado en la palabra haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye” (Gálatas 6:6).

 

Explicamos las Escrituras del Nuevo Testamento que se refieren al diezmo

En este punto quiero explicar las Escrituras del Nuevo Testamento que se refieren directamente o indirectamente al diezmo, para hacerles entender, por la gracia de Dios, que estes versículos no pueden ser llevados con el propósito de decir a los creyentes: “Ustedes tienen que ponerse en la cabeza de pagar el diezmo, de lo contrario estas robando a Dios y serán maldecidos con una maldición” (como algunos lo hacen con el fraude o por la falta de conocimiento en las iglesias de los santos), porque no confirman la imposición del diezmo bajo la gracia.

En la Epístola a los Hebreos está escrito: “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la Ley, es decir, de sus hermanos… Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.”( Hebreos 7:5,8 ).

En primer lugar hay que decir que “los que reciben los diezmos aquí” (Hebreos 7:8), eran de los levitas (y por tanto de los Judios por nacimiento), que cuando la epístola fue escrita, todavía tomáron diezmos de otros Judios, según la orden de la ley de Moisés, entonces, ya que no somos  Judios de nacimiento que están bajo la ley y entre nostros, que somos gentiles, no hay descendientes de la tribu de Leví, esto no nos concierne. Alguien dirá: “Pero aquí está escrito: “Y aquí, los que reciben los diezmos”, por lo tanto si el verbo está en presente, significa que, incluso bajo la gracia de los santos en Cristo debían pagar el diezmo”, les respondo diciéndoles que el verbo no sólo está presente cuando la Escritura habla del diezmo, sino también cuando habla de las ofrendas y sacrificios que todavía se ofrecían (en ese momento) en el santuario terrenal por los sacerdotes en Judios Jerusalén, de hecho, en la misma epístola se escribe: “Si él estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, pues aquí ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas dispuestas por la ley de Moisés. Pero ellos prestan su servicio valiéndose de cosas que no son sino copia y sombra de lo que hay en el cielo.” (Hebreos 8:4-5) y otra vez: “Ciertamente, todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.” (Hebreos 10:11), además, se señala en estos escritos la expresión “por la ley de Moisés”, porque se refiere a la ley de Moisés y no a la ley de Cristo, de hecho, los levitas tomaron los diezmos de la gente según el orden de Moisés y los sacerdotes ofrecían ofrendas y sacrificios en el templo, siempre según la ley de Moisés, pero es bien recordar que los que lo hacían eran Judios de nacimiento que todavía estaban bajo la ley, y que aún no se habían liberado de la ley de Moisés como, por lo contrario, somos nosotros por la obra de Cristo Jesús.

Pero en este punto, ya que también en cuanto a los sacrificios de cabras que ofrecieron los Judios por sus pecados, el verbo está en presente, también deberíamos presentar en algún altar y en algunos santuario terrenal dedicados a la adoración de Dios sacrificios de animales engordados por nuestros pecados¡ En ninguna manera, ya que también está escrito en la misma epístola: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto…” (Hebreos 9:9) , y también: “La Ley, teniendo la sombraa de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.” (Hebreos 10:1), y otra vez que “Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al Tabernáculo” (Hebreos 13:10).

El hecho de que los sacerdotes y los levitas, incluso después de que Jesús fue llevado al cielo, presentaron ofrendas y sacrificios por los pecados y tomáron diezmos de la gente, no quiere decir que los gentiles bajo la gracia, hicieron o tenían que hacer (en ese momento) esas mismas cosas, aunque esas cosas sucedieron por sus obediencia a la ley que Dios dio a Moisés a todo Israel .

Nosotros, gentiles en Cristo Jesús que hemos sido convertidos a Dios, no somos un pueblo sin ley, que vive como le gusta o de acuerdo con la ley de Moisés, pero nosotros somos un pueblo que vive de acuerdo con la ley perfecta de Cristo.

Nosotros, (voy a dar un ejemplo) en esta nación tenemos que atenerse a la legislación italiana, la de la nación en la cual vivimos y de la cual somos ciudadanos, y por medio de esta ley tenemos derechos y deberes. Ahora bien, es evidente que entre la ley italiana y la de otra nación hay diferencias, aunque puedan haberse algunas de las leyes iguales, pero el hecho de que hay leyes iguales en ambas naciones, no significa que el ciudadano italiano en su propio país, deba cumplir con todas las leyes de ese otro país; el señala que esta otra nación, en una cosa, tiene la mismas ley o muy similar, pero también señala que todas las demás leyes de ese país son variadas, y se aplican sólo a los ciudadanos de ese otro país.

Ahora, entre la ley de Cristo, bajo cuyo reinado nosotros estamos, y la ley de Moisés, bajo la cual viven los Judios que todavía no creen, hay leyes que son las mismas; quiero decir que hay mandamientos en la ley los Judios que nostros gentiles de nacimiento debemos observar, ya que siguen siendo válidos para nosotros bajo la gracia, y se refieren a los siguientes: “Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas…” (Mateo 22:37; Deuteronomio 6:5), “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39; Levitico 19:18), “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos…” (Levitico 19:31), “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón…” (Levitico 19:17), “No te vengarás” (Levitico 19:18), y muchos otros que he mencionado uno por uno; pero hay muchas otras justas leyes que Dios dio a Israel, que nosotros gentiles en Cristo Jesús no tenemos que buscar para no caer bajo la esclavitud de la ley de Moisés, de la cual fuimos liberados, y me refiero a las leyes sobre la circuncisión de la carne, la observancia de los días de reposo (de los sábados), de las nuevas lunas, de las fiestas y de las de los animales puros e impuros, de las relativas a los sacrificios y también a la de los diezmos.

– Jesucristo, cuando reprendió a los escribas y fariseos les dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque diezmáis la menta, el anís y el comino, y dejáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” (Mateo 23:23), pero incluso con estas palabras no se puede probar que Dios nos manda a pagar el diezmo.

Estas cosas habló Jesús a los escribas y fariseos que estaban sentados en la cátedra de Moisés, los cuales, si por un lado pagáron el diezmo incluso en las hierbas, por el odro descuidaron los preceptos de más peso de la ley, es decir, la justicia, la misericordia y la fe. Las palabras de Cristo muestran que de acuerdo a la ley de Moisés, procurar la justicia, la misericordia y la fe es más importante que pagar el diezmo, sin embargo, Jesús no dijo a los escribas y los fariseos que habían hecho algo de malo pagando el diezmo, pero les dijo que primero debían observar lo más importante de la ley (la justicia, el amor de Dios, y la fe) sin dejar de lado otros aspectos de la misma ley. “Aquello” que Jesús mencionó, también incluye el pago del diezmo, (porque hay otras cosas junto con el pago del diezmo que los Judios no deben descuidar), porque, según la ley, no deben ser descuidados, incluso la Ley del Sábado que las diversas fiestas judías, que la circuncisión de la carne, las leyes relativas a la alimentación y muchas otras. Si les digo: ‘Hermanos, hay que procurar la justicia, el amor de Dios y la fe de la que la ley habla’, te estaría diciendo de hacer lo que es correcto para nosotros gentiles en Cristo Jesús, pero si añado: ‘Sin dejar de lado las otras cosas mencionadas en la ley’, entonces yo haría mal, porque estaría empezando, en esta forma, de imponer la circuncisión en la carne, la observancia de las fiestas del sábado judíos, los preceptos de la comida, el pago del diezmo y otros preceptos, haciendo un uso ilegítimo de la ley en contra de usted. ¿Por qué un uso ilegítimo de la ley? Por qué Jesús dijo que “La Ley y los Profetas llegan hasta Juan” (Lucas 16:16). Por esta razón, nosotros tenemos que olvidar algunas cosas de la ley para no caer bajo el yugo de la ley (de la cual fuimos liberados), y no caer de la gracia.

El apóstol Pablo escribió a los santos en Efeso que Cristo derribó el muro de separación que existía entre los Judios y nosotros gentiles, como él dijo: ” Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades (la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas) ..” (Efesios 2:14-15), y para los santos en Colosas escribió: “Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz” (Col. 2:14). Hermanos, pero esta pared de separación que existía entre los Judios y nosotros los gentiles, en la práctica, ¿de qué fue hecha? Tengan en cuenta que los preceptos sobre el olocausto, sobre los sacrificios de acción de gracias, los sacrificios por el pecado, el mandamiento del sábado, las nuevas lunas y sobre las fiestas judías, el precepto de la circuncisión de la carne, los preceptos de la prohibición de los alimentos para los Judios de comer ciertos los alimentos, los diez mandamientos, la prohibición de los Judios que no deben tomar como su marido su esposa personas de otras naciones, digame: ‘¿Pero no fueron precisamente estos y otros preceptos que están escritos en la ley, el muro de separación que había entre los gentiles y los judíos y la causa de la enemistad que había entre nosotros y ellos? Por supuesto que eran la causa de la enemistad que existía entre nosotros y ellos. Pero Cristo muriendo en la cruz canceló esta enemistad que había entre nosotros y ellos, ya que ha tomado estos preceptos clavandolos en la cruz. Sí, derribó el muro de separación! Diganme: ¿Cómo pudieron los Judios comer, beber, adorar a Dios y cantar a Dios con nosotros, gentiles por nacimiento no circuncidados en la carne, si el muro de separación que se interponía entre los Judios y gentiles no había sido derribado? ¡Sería imposible! ¡Pero gracias a Dios en Cristo Jesús porque derribó, en la plenitud de los tiempos, este muro de separación!

Necesario es decir, no obstante, que aunque Cristo ha derribado el muro de separación, después surgieron ombre Judios que trataron de reconstruirlo y de eso tenemos evidencia clara cuando esos fariseos que habían creído en Jerusalén dijeron en presencia de los apóstoles y de los ancianos, “Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la Ley de Moisés” (Hechos 15:5), pero los apóstoles y los ancianos entienderon que si estuviéran mandados los gentiles a circuncidarse y obedecer a la ley de Moisés, hubieran reconstruydo las cosas que Cristo había destruido hagandose infractores por ellos mismos, por lo tanto no sucumbieron a las imposiciones de ellos de modo que el Evangelio pudiese permanecer firme.

Hemos llegado a la conclusión que, dado que los apóstoles y los ancianos en Jerusalén no fuerzaronos en el hecho de pagar el diezmo (no considerandolo ni tan fundamental y ni tan importante como ahora que algunos predicadores del evangelio que son gentiles hacen), y si Pablo, el apóstol y maestro de los gentiles, en todas sus epístolas no ordenó expresamente el pago del diezmo para apoyar la obra de Dios, ningún ministro del Evangelio tiene el derecho de imponer el diezmo a los santos. Quién decidió a hacerlo, decidió practicar más allá de lo que está escrito y de pedir lo que los apóstoles no ordenaban a las iglesias de los gentiles. Es cierto que los que imponen el diezmo ponen un yugo sobre el cuello de los creyentes pesadaos y difíciles de llevar, ¿ya sabes por qué? Por qué inducen a los creyentes a servir uno de esos “elementos débiles y pobres” (Gal. 4:9) (Así los llama Pablo).

– Pablo escribió a los Corintios: “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del Templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?” (1 Corintios 9:13).

Tambièn este pasaje de la Escritura se refiere a la décima, porque los diezmos según la ley entraron en el templo y de ellas beneficiaron aquellos que ejercieron su servigio sagrado en el templo. Pero incluso en este caso no podemos decir que estas palabras significan que a nosotros gentiles Dios ha mandado a observar el mandamiento del diezmo.

Pablo, con estas palabras, recordó a los corintios que incluso bajo la ley, los que habían sido llamados por Dios a cumplir un oficio sagrado en su casa recibían sus sustento de los bienes materiales que las personas ofreceban a Dios; él quería explicarles que no es extraño que bajo la gracia, Dios ha mandado a los que anuncian el evangelio que vivan del evangelio, porque incluso ante la ley los que servían en el templo de Dios vivían de lo que se ofrecía en el templo.

Y entonces, si estas palabras de Pablo significan que tenemos que pagar el diezmo, que significado se puede dar a estas otras palabras de Pablo: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24)? ¿Tal vez tenemos que ir al estadio a correr en alguna carrera para tratar de obtener un premio? No, en absoluto. Porque en este caso, Pablo recuerda a los corintios que ellos tenían que correr la carrera que estaba delante de ellos, para lograr el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, y lo hizo con este término de comparación que a los Corintios era conocido.

 

Explicamos los pasos del Antiguo Testamento que hablan de la décima

Vamos a ver cuáles son los pasos del antiguo pacto que llevan los partidarios de la imposición de los diezmos, para ver si es adecuado utilizarlos para forzar a los santos a pagar el diezmo.

– Está escrito: “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y lo bendijo, diciendo: «Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos». Y le dio Abram los diezmos de todo” (Génesis 14:18-20).

Este episodio ocurrió en el regreso de Abraham de la masacre de los reyes: firme en el hecho de que Abraham hizo lo recto ante los ojos de Dios al dar la décima parte del botín a Melquisedec, que era sacerdote del Dios Altísimo (este episodio también se transcribe en la epístola a los Hebreos), y que el diezmo que dio lo recibió en el cielo el que vive por los siglos de los siglos, no es justo llevar este paso para imponer el diezmo a los hijos de Abraham. ¿Por qué digo que no es justo? Porque si se toma el hecho de que Abraham dio los diezmos a Melquisedec para imponer el diezmo, debemos también tomar el hecho de que Abraham fue circuncidado en la carne al mandamiento de Dios para imponer la circuncisión de la carne a los creyentes. Sabemos que fue Dios quien ordenó a Abraham a circuncidarse, está escrito que Dios le dijo: “Todo varón de entre vosotros será circuncidado” (Génesis 17:10); ¿que haremos entonces? ¿Vamos a circuncidarnos en la carne porque Abraham fue circuncidado en la carne? ¡En ninguna manera!  ¿No sabéis que Pablo dijo a los corintios: “Pero cada uno viva según los dones que el Señor le repartió y según era cuando Dios lo llamó… ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide(1 Corintios 7:17-18)? ¿Cómo es que Pablo no imponía la circuncisión en la carne de los creyentes no circuncidados? ¿Por qué no lo hizo? Pablo sabía que Dios había ordenado la circuncisión de Abraham, sin embargo, dijo que “La circuncisión nada significa” (1 Corintios 7:19), él sabía que era Dios que quizo la circuncisión de Abraham, sin embargo, dijo que quien ha sido llamado por Dios siendo incircuncidado, no tenía que circuncidarse, y todo porque él utilizó la ley de una manera legítima y entendió bien la palabra de verdad, él hizo lo que muchos hoy en día no quieren hacer. Por esta razón no es extraño que Pablo no impuso la décima aprovechando de este episodio que ocurrió en la vida de Abraham, y el hecho de que él no impuso la circuncisión en la carne de los incircuncisos, tomando por ejemplo la circuncisión del patriarca Abraham. Respetamos el hecho de que Abraham dio diezmos a Melquisedec y también el hecho de que él fue circuncidado, pero no permitimos a nosotros mismos para llegar a la conclusión errónea de que es lícito imponer tanto el décimo como la circuncisión en la carne, y eso es porque sabemos que tal persuasión no es de aquel que nos ha llamado a la libertad.

– Ahora vamos a hablar sobre el voto que hizo Jacob en Betel. Está escrito: “Allí hizo voto Jacob, diciendo: «Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da pan para comer y vestido para vestir  y si vuelvo en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti»” (Génesis 28:20-22).

Jacob hizo este voto cuando estaba en Mesopotamia, y precisamente después de que recibió un sueño de Dios a Bethel. Ahora, entendiendo que Jacob no hizo algún daño prometiendo de dar el diezmo a Dios si Dios hubiese sido con él, decimos que es un error tomar el ejemplo de este voto para imponer el diezmo (precisamente porque es un voto voluntario); y, de hecho, este voto se debe tomar para argumentar que aun bajo la gracia es lícito hacer a Dios una promesa en la cual se toma el compromiso de pagar el diezmo. Sí, porque creemos que no hay nada malo con la promesa de dar a Dios, por su propia voluntad, la décima parte de sus ingresos a una determinada obra en la casa de Dios (para obras de caridad para los pobres, las viudas, los huérfanos, o para un ministro del Evangelio). Quiero ser claro, sin embargo, que si un creyente hace este voto particular para la vida, quedará obligado durante toda su vida para mantener la palabra de su boca, si no quiere incurrir en el juicio de Dios, porque está escrito: “Cuando hagáis una promesa al Señor vuestro Dios, no tardéis en cumplirla, pues tened por seguro que el Señor vuestro Dios os pedirá cuentas de ello, y seréis culpables de pecado. Si no hacéis ninguna promesa, no cometeréis ningún pecado;  pero si de una manera voluntaria hacéis una promesa al Señor vuestro Dios, entonces deberéis cumplirla” (Deuteronomio 23:21-23 ).

– Despuès que los muros de Jerusalén fueron reconstruidos, Nehemías, los líderes del pueblo de Israel y los levitas hicieron un pacto ante Dios con el cual se comprometiéron para caminar de acuerdo a la ley de Moisés. Ahora quiero transcribir íntegramente lo que Nehemías escribió al respecto: “Por todo esto, nosotros nos comprometemos firmemente por escrito, en documento sellado por nuestros jefes, levitas y sacerdotes. Firmamos el documento: Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías; Sedequías,  Seraías, Azarías, Jeremías, Pashur, Amarías, Malquías, Hatús, Sebanías, Maluc, Harim, Meremot, Abdías, Daniel, Guinetón, Baruc, Mesulam, Abías, Mijamín, Maazías, Bilgai y Semaías. Estos eran los sacerdotes. Los levitas: Josué, hijo de Azanías, Binuy, descendiente de Henadad, y Cadmiel; y sus hermanos, Sebanías, Hodías, Quelitá, Pelaías, Hanán, Micaías, Rehob, Hasabías, Zacur, Serebías, Sebanías, Hodías, Baní y Beninu. Los jefes de la nación: Parós, Pahat-moab, Elam, Zatú, Baní, Buní, Azgad, Bebai, Adonías, Bigvai, Adín, Ater, Ezequías, Azur, Hodías, Hasum, Besai, Harif, Anatot, Nebai, Magpías, Mesulam, Hezir, Mesezabel, Sadoc, Jadúa, Pelatías, Hanán, Anaías, Oseas, Hananías, Hasub, Halohés, Pilhá, Sobec, Rehúm, Hasabná, Maaseías, Ahías, Hanán, Anán, Maluc, Harim y Baaná. En cuanto a los demás ciudadanos, es decir, sacerdotes, levitas, porteros, cantores, sirvientes del templo y aquellos que, junto con sus mujeres y todos sus hijos e hijas en uso de razón, se habían separado de la gente de la región para cumplir con la ley de Dios, se unieron a sus parientes y a sus jefes, y juraron conducirse según la ley que Dios había dado por medio de su siervo Moisés, y cumplir fielmente todos los mandamientos, decretos y leyes de nuestro Señor. Por lo tanto, no daríamos en casamiento nuestras hijas a las gentes del país ni aceptaríamos que sus hijas se casaran con nuestros hijos. Y cuando las gentes del país vinieran en sábado a vender sus productos y toda clase de granos, no les compraríamos nada, ni en sábado ni en ningún otro día festivo; así mismo, en el séptimo año renunciaríamos a las cosechas y perdonaríamos las deudas. También decidimos imponernos la obligación de contribuir cada año con cuatro gramos de plata para cubrir los gastos del servicio del templo de nuestro Dios: para el pan de la Presencia, las ofrendas diarias de cereales, los holocaustos diarios, los sacrificios de los sábados o de los días de luna nueva y de las otras fiestas religiosas; para las ofrendas en general y los sacrificios para obtener el perdón por los pecados de Israel; en resumen, para todo el culto en el templo de nuestro Dios. Además, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, según nuestras familias, echamos suertes para llevar cada año al templo de nuestro Dios la provisión de leña en el tiempo señalado, para quemarla en el altar del Señor nuestro Dios, como está escrito en la ley. También acordamos llevar cada año al templo del Señor los primeros frutos de nuestros campos y de todos los árboles frutales; y también llevar al templo de nuestro Dios a nuestros primogénitos y las primeras crías de nuestras vacas y de nuestras ovejas, como está escrito en la ley, ante los sacerdotes que sirven en el templo. También acordamos llevar a los almacenes del templo de nuestro Dios, como contribución para los sacerdotes, nuestra primera harina y los primeros frutos de cada árbol, y nuestro primer vino y nuestro primer aceite, y llevar a los levitas la décima parte de nuestras cosechas, ya que son ellos los que recogen la décima parte en todas nuestras fincas. Cuando los levitas vayan a recoger la décima parte, los acompañará un sacerdote descendiente de Aarón. Luego los levitas deberán llevar a los almacenes del templo de nuestro Dios la décima parte de la décima parte que ellos recojan, pues los israelitas y los levitas llevan las contribuciones de trigo, vino y aceite a los almacenes donde están los utensilios sagrados y los sacerdotes en servicio, los porteros y los cantores. Y prometimos no abandonar el templo de nuestro Dios.” (Nehemías 9:38 ; 10:1-39 ).

No tenemos nada que decir sobre la decisión que tomaron Nehemías, los sacerdotes, los levitas y el resto de la gente, en efecto estamos contentos de ver que el pueblo de Israel después de su regreso de la cautividad tomó la firme decisión de volver a caminar de acuerdo a la ley que Dios había dado al monte Sinaí. Lo que hicieron allí sirve a nosotros como instrucción y ejemplo; pero no podemos tomar todas las mismas decisiones de ellos porque de lo contrario caeríamos bajo el yugo de la ley y caeríamos también de  la gracia de Dios. Como se puede ver, entre las decisiones que tomaron había también la de no comprar nada en día  sábado o en día santo de acuerdo con la ley y no sólo la de dar el diezmo a los levitas; así que si nos vamos a volver a dar el diezmo, también debemos volver a observar escrupulosamente la ley del sábado. Pero gracias a Dios, porque ya no estamos bajo la ley, y no hay que volver al Señor en estos asuntos de la ley. No os preocupes, hermanos, porque ya que no estamos obligados a observar el sábado (porque una sombra de lo que estaba por venir) incluso no estamos obligados a pagar el diezmo. Los que toman también este ejemplo para imponer el diezmo no usan la Escritura de manera legítima.

– En el libro del profeta Malaquías, Dios habló estas palabras a las personas que habían dejado de llevar los diezmos y ofrendas en su casa: “Desde los días de vuestros padres os apartáis de mis leyes y no las guardáis. ¡Volveos a mí y yo me volveré a vosotros!, ha dicho Jehová de los ejércitos. Pero vosotros decís: “¿En qué hemos de volvernos?”. ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y aún preguntáis: “¿En qué te hemos robado?”. En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Todas las naciones os dirán bienaventurados, porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 3:7-12).

Dios le dijo a Israel que tanto la décima parte de la simiente de la tierra como la décima parte de los frutos de los árboles pertenecían a él, por lo que era inevitable que Israel, cuando se sustrajo el diezmo y no lo llevó a la casa de Dios, fue acusado por Dios robarle. Una buena razón que tenemos que decir ya que el precepto de la ley sobre el diezmo es clara. Pero Dios, no sólo acusó a Israel de robarle, pero lo maldijo también enviandole gusanos y langostas a devorar los frutos de sus campos y sus viñas. Lo que dijo que habría hecho a Israel si no hubiese escuchado su ley, Dios lo hizo, porque Dios dijo: “Sacarás mucha semilla al campo y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá. Plantarás viñas y labrarás, pero no beberás vino ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá. “(Deuteronomio 28:38-39), y envió esta palabra a efectuarse contra su pueblo cuando siguieron en la dureza de sus corazónes desobedeciendo el mandamiento del diezmo. Ahora, los que  bajo la gracia toman estas palabras de Dios para decir que quien no da una décima parte de sus ingresos es golpeado con una maldición de Dios, ignoran voluntariamente de estas cosas que ahora voy a hablar para explicar que estas palabras de Malaquías no se puedan aplicar a nosotros mismos que estamos bajo la gracia:

* Israel no fue golpeado con una maldición solo cuando no trajo los diezmos a la casa de Dios, pero también cuando se negó a observar el sábado, porque en Jeremías, Dios dijo a los israelitas que si no hubieran santificado el día de reposo los castigaría, como está escrito: “Pero si no me obedecéis para santificar el sábado, para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en sábado, yo haré descender fuego en sus puertas, que consumirá los palacios de Jerusalén y no se apagará” (Jeremias 17:27). Así que, de acuerdo con el razonamiento de ellos, seremos castigados por Dios también no santificando el día de reposo en la forma prescrita por la ley de Moisés, pero esto no puede suceder porque el sábado era una sombra de lo que estaba por venir, y no estamos obligado a observarlo.

* Si dicen que los que no pagan los diezmos son malditos con maldición porque roban a Dios, entonces son malditos con maldición los que reciben los diezmos pero no dejan de lado el diezmo de los diezmos en ofrenda a Dios, porque también roban a Dios. Sí, también roban a Dios, porque Dios dijo a los levitas que tenían que recoger los diezmos de la gente: “Cuando toméis los diezmos de los hijos de Israel que os he dado como vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos, como ofrenda mecida a Jehová, el diezmo de los diezmos” (Números 18:26). ¿Pero, porqué nunca hablan de esta orden que está estrechamente vinculada al diezmo?

* Si ustedes deben mantenerse estrictamente a lo que la ley dice alrededor del diezmo deben enseñar diferentes cosas que están escritas en la ley en torno al décimo. En primer lugar se debe decir que los creyentes están obligados a diezmar incluso los frutos de la tierra, tales como frutas, verduras, granos y otros productos (este en el caso que también un creyente tenga un jardín de vegetales), y también el décimo jefe de camadas de los animales que se reproducen, y la décima parte de todos los ingresos en efectivo que no forman parte del salario mensual (ofertas, y otros).

Como se puede ver, imponer estas cosas a los creyentes realmente pone sobre ellos pesos difíciles de tomar, ya que les permitirían pensar continuammente en el diezmo y comenzarían a tener en cuenta o a grabar todos sus recibos de cualquier clase que sean, por el temor de no dar diezmo en cualquier cosa y así robar a Dios (como les han dicho).

Entre otras cosas alrededor de la ley del diezmo que deben enseñar para cumplirla estrictamente hay también este orden: “Al cabo de tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Allí vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, el extranjero, el huérfano y la viuda que haya en tus poblaciones, y comerán y se saciarán, para que Jehová, tu Dios, te bendiga en toda obra que tus manos hagan”(Deuteronomio 14:28-29 ). ¿Por qué, entonces, ellos no dicen nada sobre este obligación y no dicen que el tercer año todo el diezmo debe ser usado de esta manera? ¿No es porque quieren hablar de las cosas que son convenientes para ellos y que a ellos les gustan? ¿No es porque ellos mismos se dan cuenta de cuanto pesado sería observar a todos los preceptos de la ley sobre el diezmo?

* Los apóstoles estaban familiarizados con estas palabras escritas en el libro de Malaquías, y si ellos creían que Dios maldiga a todos los creyentes que por una razón o por otra han dado menos de la décima parte de sus ingresos, lo harían confirmado sin dejar de hablar verbalmente y por escrito sobre algo tan importante. Pero entonces, ¿cómo se explica que en todas las epístolas de los apóstoles, y no sólo en las de Pablo, no hay un sólo paso que dice claramente que debemos dar el diezmo como bajo la ley? Pero ¿creen ustedes que Dios se ha olvidado de decirnos a través de los apóstoles que tenemos que observar el precepto sobre el diezmo? Creo que el Dios que ni siquiera se olvida de los cinco pajarillos que se venden por un cuarto no puede ser que se olvidó de decirnos algo tan importante. ¿O tal vez ellos piensan que Dios los utiliza para recordarlanos? Si es así , se equivocan grandemente, porque creemos que los apóstoles lo habrían hecho mucho tiempo antes que ellos.

Ciertamente los apóstoles habrían podido confirmar que los gentiles deban pagar el diezmo como lo exige la ley de Moisés, cuando se reuniron con los ancianos en Jerusalén para discutir la cuestión que se había planteada, es decir, si fuerzar los gentiles a circuncidarse y guardar la ley de Moisés o menos. Pero incluso en esa ocasión no pareció bueno, ni al Espíritu Santo, nia los apóstoles y los ancianos de imponernos a observar el precepto sobre el diezmo. Fueron Judios por nacimiento; por lo menos doce de los presentes habían estado con Jesús, sabían la ley, estaban a favor de la divulgación del Evangelio y del derecho que los ministros del Evangelio tienen en el Evangelio, pero no consideraron oportuno imponer tal obligación. Pero esto, es decir, imponer esta obligación a los creyentes, por desgracia, y lo repito, por desgracia, lo hacen algunos de los gentiles que no quieren usar la ley de una manera legítima.

* Todos estábamos bajo la maldición de la ley antes de conocer a Dios, pero ahora, en Cristo hemos sido liberados de la maldición de la ley. ¿Debido a que estábamos bajo una maldición? Porque Dios dijo: “Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas” (Gálatas 3:10; Deuteronomio 27:26), y nosotros estábamos entre los que no habían puesto en práctica todo los mandamientos de la ley, incluida la relativa al diezmo. Pero ahora ya no somos de los que dependen de las obras de la ley para ser justificados (por lo que ya no estamos bajo maldición), pero entre los que creen que fueron justificados por la gracia de Dios (que hemos sido bendecidos con el creyente Abraham) y que seremos salvos de la ira que vendrá por medio de la gracia de Dios y no por las obras de la ley. Nos caeríamos de nuevo bajo la maldición de la ley, si tratásemos de ser justificados por la ley, ya que volveríamos a confiar en las obras de la ley. Pero desde luego no podemos decir que un creyente será golpeado con una maldición si, por cualquier razón, da menos de una décima parte de sus ingresos, y esto se debe al hecho que ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.

* Pablo dijo : “El que no ame al Señor Jesucristo, sea anatema.” (1 Corintios 16:22), Y no : “El que no paga el diezmo sea anatema”, y sabemos que los que no aman el Señor son los que no guardan las palabras de Cristo, porque Jesús dijo: “El que no me ama no guarda mis palabras” (Juan 14:24), y no los creyentes que no observan la ley de Moisés.

* Pablo dijo : “Si alguien os predica un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:9), entonces sabemos que incluso los que predican un evangelio distinto del que hemos recibido de los apóstoles son maldecidos.

Nosotros sabemos quiénes son los que están malditos por Dios y puesto que entre ellos no hay los que no dan el diezmo no tenemos que poner un susto y acosar a los creyentes con las palabras de Malaquías.

Una palabra de exhortación dirigida a los que imponen el diezmo

Después de haber expuesto que no es justo imponer el diezmo a los creyentes, esperamos que ustedes esténn convencidos de la inadecuación a seguir imponerlo. En el caso que todavía no esténn de acuerdo quiero recordarles esto. Cada uno de ustedes imponen el diezmo por diversas razones; a los que lo hacen por falta de conocimiento digo de escrudiñar las Escrituras con cuidado y no de manera superficial, con el fin de permanecer persuadidos por las mismas Escrituras. Yo mismo he sido persuadido por las Escrituras sobre la inadecuación de imponer los diezmos bajo la gracia, así que ya que estoy convencido de que el Señor aún abre las mentes de los suyos para entender las Escrituras estoy seguro de que ustedes también entenderán lo que muchos ya han entendido, pero sólo a condición de que ustedes coloquen sus corazónes en la búsqueda de la verdad sobre este tema.

Para los que imponen el diezmo por miedo de no ver al final del mes ‘equilibrar el presupuesto’ de la iglesia, los digo: El miedo no justifica lo que hacen. ¿Tienen miedo de que los creyentes den menos del diezmo? No temáis: creéis en Dios porque él tendrá la misma cantidad de dinero que se necesita para pagar el alquiler del lugar de culto y para cumplir todas las buenas obras sin vosotros haciendo palanca en este precepto de la ley. Si han aprendido a no acosar a los creyentes con el precepto de la ley sobre el diezmo, ustedes comenzarán a ver que algunos creyentes darán mucho más de lo que les dan y se darán cuenta de la debilidad de esta orden del diezmo. Y luego este miedo que tienen es un signo de falta de confianza en Dios. Jesús, en la tierra, no impuso el diezmo a nadie (recordemos que los Judios tuvieron que traer los diezmos, según la ley, a los levitas en el Templo), porque si el hubiera solicitado el diezmo a las las personas,  habría transgredido la ley, porque de acuerdo a la ley eran los levitas que colleccionaban los diezmos y él no era un levita;  sin embargo, no le faltaba nada, ¿no creen que Dios también puede compensar vuestras necesidades personales y familiares sin hacer palanca sobre el diezmo?

Para las personas que requieren el diezmo, porque son rapaces y aman el dinero, les digo: arrepientaos de vuestras maldad. Dios es el que escudriña los corazones y los riñones, no se puede jugar con él. Ustedes pueden engañar a las almas sencillas que tienen poco discernimiento, pero ciertamente no Dios quien hará de acuerdo a vuestras malas obras si persisten para oprimir a los santos del Señor con las palabras de Malaquías sobre el diezmo. Ustedes son como los fariseos en los tiempos de Jesús, que estaban sentados en la silla de Moisés; ellos les enseñaban a pagar el diezmo (ellos lo hicieron legalmente) y ellos mismos lo pagaban, pero ellos amaban el dinero, está escrito que  “Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oir estas cosas se burlaban de Jesús” (Lucas 16:14), pero Jesús los reprendió gravemente a causa de sus malas obras. Pagaban el diezmo de la menta, la ruda y el comino, pero descuidaban el amor de Dios, la fe y la justicia; las mismas cosas que también descuidan ustedes porque son codiciosos de ganancias deshonestas. No sólo eso, también están llenos de  “delirios de grandeza” que llena los corazones de algunos que predican el evangelio. Ustedes también están buscando el “poder temporal”, también quieren construir sus catedrales espléndidas, también quieren hacerse ver grandes hombres de Dios en los ojos de la mayoría. Saben cómo hacerlo; ustedes se han propuesto para actuar de la misma manera en la cual han hecho antes que vosotros quienes han buscado su interés en la obra del Señor. De la humildad no quieren ni oír hablar, porque Jesús era un hombre que dejó la oportunidad de convertirse en una persona respetada en Israel tan rica como ustedes; os equivocan mucho. Son ustedes los que están perdiendo la oportunidad de llegar a ser rico y grande a los ojos de Dios. Son espiritualmente pobres, no se dejen engañar por los halagos de sus seguidores, cuyos ojos son grandes, porque la realidad es trágica. Ustedes han preferido los grandes ingresos sin equidad a lo poco con el temor de Dios, y ¿por qué ha ocurrido esto? Porque no están dispuestos a humillarse ante Dios y renunciar a la astucia y a lo oculto y vergonzoso. Dios sigue siendo paciente con ustedes, no menospreciaos ni su paciencia y ni su bontad, de lo contrario serán castigados como merecen.

 

Una última palabra de exhortación

Quería mostrar que imponér el diezmo a los santos bajo la gracia no es legítimo; lo quería hacer porque sé que la imposición del diezmo lleva (esto es inevitable) debates entre la hermandad, y esto no es porque los hermanos no quieren dar,  pero porque se sienten molestados y abrumados que algunos pastores establezcan de esta manera para quitar una porción exacta de sus ingresos. Algunos van tan lejos como para ir a ver el cheque de pago de los creyentes, para ver si realmente les dieron una décima parte de su salario, y esto es vergonzoso y indignante¡ Ahora quiero terminar de escribir sobre este tema, exhortando a dar, como lo han hecho antes que yo, Jesús, y entonces los apóstoles.

Hermanos, es cierto que no debe imponerse el diezmo, pero también es cierto que hay que tenerse lejo todos tipos de codicias. Juan dijo: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Juan 3:16), estas palabras van a demostrar que se nos ordena dar  todos a nuestros hermanos y hermanas, sí, nuestra vida, como Jesús dio la suya para nosotros, pecadores que éramos. ¿Cuanto dio Jesús a nosotros? Cuanto ofreció Jesùs de lo que tenía para la obra de Dios? La respuesta es: ¡Todo! ¿Qué se puede decir delante el ejemplo que diò Jesús? Sólo que es perfecto, completo; solo tenemos que imitar al Maestro, el que con razón llamamos Señor. ¿De qué manera?  Como lo hizo Pablo para los santos. Él dijo a los Corintios: “Y yo, con el mayor placer, gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas” (2 Corintios 12:15). Vamos a pasar nuestra vida por la buena causa del Evangelio; vamos a usar lo que tenemos por la obra del Señor, vamos a pertenecer a los más necesitados de nuestros bienes materiales, vamos a recordar lo que nos enseñan en la Palabra para hacer ellos parte de toda cosa buena para que no les falte nada, porque son dignos de recibír recompensa por su trabajo en el Señor.

El apóstol Pablo, después de decir: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7), dijo: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra; como está escrito: «Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre»” (2 Corintios 9:8-9), creemos en estas palabras; las hemos ya experimentadas y seguiremos experimentandolas si continuaremos a dar alegremente.

Por último, recuerden que cada uno de nosotros cosechará lo que siembra y que a la cosecha ninguno de nosotros podrá culpar a Dios para obtener menos de lo que ha sembrado, porque Dios es justo y no comete injusticias.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo por su elevada justicia. Amén.

Estudio del maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo