Somos transformados en la misma imagen de Él

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“El Señor es el Espíritu” (2 Corintios 3:17) y ha comenzado una obra en cada uno de nosotros y esta obra la está continuando a desarrollar y la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Hermanos, hemos sido predestinados para que seamos hechos conformes a la imagen del Hijo de Dios, y Dios por el Espíritu Santo nos transforma y renueva de día en día para que lleguemos a ser como Jesucristo.

Pablo dijo a los corintios: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18); Amados, el Espíritu que hemos recibido es un espíritu de poder que actúa en nosotros poderosamente en conformidad con la voluntad de Dios; Él nos transforma diariamente para que asumamos la imagen de Cristo… la imagen espiritual por supuesto.

Está escrito: “Cristo… no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros” (2 Corintios 13:3), de hecho, el Señor, que es Espíritu es poderoso en nosotros para hacer que nuestro carácter sea semejante al carácter de Cristo. Ahora, tenemos un hombre exterior y un hombre interior; el primero es de carne y huesos y lo vemos desgastarse, siendo corruptible, mientras que el segundo es espiritual y “no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16), como dice el Apóstol Pablo. El hombre interior que está en los creyentes ha sido renovado, mientras que el exterior se ha mantenido sin cambios, de hecho nosotros, cuando hemos nacido de nuevo no hemos cambiado la imagen del cuerpo, ya que nuestra altura, nuestro peso y nuestras características físicas no han cambiado, pero lo que ha cambiado profundamente es nuestro carácter espiritual, de hecho, para nuestros viejos amigos del mundo nos hemos convertido en irreconocibles; se nos ha dicho, después de haber nacido de nuevo, por los que nos conocían en otro tiempo: ‘Yo no te reconozco’, ‘Eres otra persona’ ‘Ya no eres el mismo’; en cuanto a la apariencia física, no han notado ningún cambio, pero en cuanto a la forma de hablar y la conducta han visto tal renovación para quedarse sorprendidos. Saulo de Tarso, después de que se convirtió al Señor, dice: “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?” (Hechos 9:20-21); los Judíos en Damasco sabían que Saulo de Tarso perseguía en Jerusalén a los que creían en Jesús y que él entró en Damasco para llevar encadenados a los discípulos del Señor Jesús en Jerusalén, por esta razón, se quedaron atónitos cuando lo oyeron predicar que Jesús era el Hijo de Dios. La apariencia física de Saulo no había cambiado, pero fue cambiado radicalmente su comportamiento; él se había ido para devastar la iglesia de Damasco, pero ahora la edificaba; él ante blasfemaba el buen nombre invocado sobre los santos, pero ahora con toda confianza lo predicaba en las sinagogas de los Judíos; se había ido a Damasco para llevar a los santos encadenados en Jerusalén, pero en su lugar estuvo en Damasco con ellos, como está escrito: “Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:19). Más tarde, Saulo fue a Jerusalén, y Lucas dice que “trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo” (Hechos 9:26); Saulo se había convertido en un discípulo del Señor y, sin embargo, los discípulos en Jerusalén, cuando vieron que trataba de juntarse con ellos, al principio, no creyeron que él se había convertido en un discípulo. Saulo, en verdad había sido renovado y no había tratado de unirse a los santos con falsas apariencias y esto los discípulos del Señor, poco después, le reconocieron.

En cuanto a esta renovación realizada por el Espíritu Santo en nosotros, podemos compararla con la renovación que una cabeza de familia lleva a cabo en su casa, haciéndola nueva internamente y poniéndole una nueva decoración, eliminando la decoración antigua, pero sin cambiar el aspecto exterior de la casa. Hay personas que compran casas y aunque las dejan por fuera como las han comprado, las renuevan internamente como lo consideran necesario porque deben ir a vivir en ellas; sí, también el Señor que nos ha comprado por precio ha dejado intacto nuestro exterior sin realizar ningún cambio, pero interiormente nos ha renovado para venir a morar en nosotros. Cristo ha limpiado nuestros corazones de la mala conciencia, y vino a vivir en nosotros por el Espíritu; Jesús dijo que “el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Lucas 5:38) y Dios a través del profeta había hecho esta promesa antes de la venida de Cristo: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros…”(Ezequiel 36:25,26), y esto es lo que Él ha hecho, de hecho, el Señor nos ha dado un corazón nuevo y ha puesto un espíritu nuevo dentro de él, que es el Espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba! Padre. Nosotros, ahora, somos la casa de Dios, y sepan que el propietario no está inactivo, porque perfecciona su obra en nosotros, por el Espíritu. El Espíritu de Dios quiere llevarnos a la “unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), en otras palabras, Él quiere que crezcamos en todo. Cuando uno nace de nuevo es un niño espiritualmente, es un hijo de Dios, pero tiene poca comprensión espiritual y poco conocimiento de muchas cosas pertenecientes al reino de Dios y Dios para ayudarnos a crecer espiritualmente ha constituido sus ministros en la Iglesia, de hecho, Pablo dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11,12). Un niño que nace produce mucha alegría en la familia, todos se regocijan, su padre y madre, los niños que ya tenían, pero no lo dejan a sí mismo porque sus padres comienzan a hacerse cargo de él, dándole de comer y el debido cuidado, así el niño empieza a crecer en estatura, peso, y con el paso del tiempo adquiere un aspecto físico que se ve cada vez más como lo del padre que lo generó; cuando el niño nace se parece al padre, porque él tiene las características físicas que ha heredado de él, son visibles, pero con el paso del tiempo, se acentúan; yo, por ejemplo, cuando nací me parecía a mi padre, pero con el paso de los años, al crecer, la similitud se ha acentuado. Acerca de Adán está escrito que “engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen” (Génesis 5:3), y esto confirma lo que he dicho antes. Sabemos que quien es generado hereda las características físicas de la persona que lo genera; esto es lo que ocurre en la naturaleza, pero esto también es lo que sucede espiritualmente en aquellos que son regenerados por Dios.

Fuimos regenerados por Dios a través del Evangelio, y cuando somos nacidos de nuevo, los que ya eran miembros de la familia de Dios, han visto en nosotros la semejanza que había con el Hijo de Dios (el primogénito entre muchos hermanos y hermanas), pero esta semejanza espiritual con el tiempo se ha incrementado y continúa incrementando debido a que el Señor que es Espíritu obra en nosotros transformándonos en la misma imagen de Él.

Dios quiere que los que son niños en Cristo apenas nacidos de nuevo, lleguen a ser, en el modo de pensar, hombres maduros y para que esto suceda se necesita tiempo; el crecimiento de un niño se desarrolla poco a poco, y aunque en su infancia él no entienda muchas cosas, de todos modos sigue siendo un miembro de la familia hacia el cual el padre se muestra paciente y misericordioso.

Dentro de la iglesia de Dios que estaba en Corinto, habían surgido divisiones durante la ausencia de Pablo y esto Pablo lo llegó a conocer, de hecho, escribió a los Corintios: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1 Corintios 1:11,12); tengan en cuenta que a pesar de que surgieron contenciones entre los hermanos, Pablo continuó a llamarlos hermanos, ellos nacieron de nuevo pero tenían este defecto, había entre ellos quien decía que era de Pablo, quien de Apolo, quien de Pedro y por esta razón Pablo les dijo: “porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3:3,4). Los santos en Corinto demostraron por su conducta no ser espirituales, pero fueron enriquecidos en toda palabra y en todo conocimiento, no faltaron en ningún don. Ellos caminaban según la carne, y no según el Espíritu, porque entre ellos habían divisiones, rivalidades y celos, que son las obras de la carne, y por esta razón, Pablo les llamó ‘carnales’. Pablo les escribió: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales” (1 Corintios 3:1-3); hermanos, quien ha sido vivificado por el Espíritu, también debe caminar en el Espíritu. El que anda en el Espíritu es espiritual (un hombre maduro), pero quien anda en los celos y las contiendas sigue siendo carnal (un niño en Cristo) y tiene necesidad de leche, ya que todavía no puede alimentarse con la comida sólida.

La Escritura dice: “Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13,14); el niño en Cristo es el que anda según el hombre y no según el Espíritu, y es precisamente por esta razón que sus sentidos todavía no están ejercitados en el discernimiento del bien y del mal; en el hombre maduro, en cambio, los sentidos están ejercitados en el discernimiento del bien y del mal, porque él camina en el Espíritu. Hermanos, ustedes sepan que es a través de la observancia de los mandamientos de Dios que se aprende a discernir entre el bien y el mal; hoy en día hay muchos dentro de la Iglesia que llaman bien el “mal” y el mal “bien”, porque no practican la piedad y porque sus pies no están dirigidos a observar los mandamientos de Dios y por lo tanto carecen del discernimiento que necesitan. Dentro de la Iglesia de Dios hay los niños en Cristo que son apenas nacidos de nuevo que tienen necesidad de leche y no de alimento sólido, esto significa que ustedes tienen que hablar con ellos como se habla a los niños, enseñándoles los primeros rudimentos de la Palabra de Dios, pero hay también creyentes que por su tiempo en la fe deberían ser maestros, pero tienen de nuevo la necesidad de aprender los primeros rudimentos, y también éstos son niños que tienen necesidad de leche a los que no se puede dar alimentos sólidos porque todavía no son capaces de asimilárlos. Pablo escribió a los Corintios: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (1 Corintios 14:20); ahora, hay una gran diferencia entre un niño y un adulto, de hecho, la forma de hablar y razonar de un adulto es completamente diferente de la de un niño; Pablo dijo: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1 Corintios 13:11), y lo mismo sucede espiritualmente porque el hombre maduro en Cristo ha dejado de hablar como un niño en Cristo. Tomemos, por ejemplo, un niño en Cristo que dice: “Yo soy de aquel tal porque me ha engendrado en Cristo”, ¿creen ustedes que cuando llegará a ser en un hombre maduro en Cristo seguirá decir lo mismo? No, en absoluto. La medida de inteligencia espiritual en el hombre maduro excede la de un niño en Cristo; ambos son hijos de Dios, pero mientras el uno ha crecido, el otro ha permanecido un niño. Los ministerios se han dado por el Señor para la edificación de la Iglesia “hasta que todos lleguemos… a un varón perfecto… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:13,14), esto significa que por Cristo, a través de la ayuda prestada por los ministros de Dios, constituidos por Él en los varios ministerios, los niños toman su alimento necesario para convertirse en hombres maduros.

Pablo escribió a los santos en Éfeso: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24); nosotros, por lo que se refiere a nuestra pasada manera de vivir se nos ha enseñado a tirar lejos de nosotros las obras de las tinieblas que son las orgías, la embriaguez, la lujuria, el libertinaje, pleitos, celos, las hipocresías y todo tipo de calumnias, todas esas cosas que engañan a los que van detrás de ellas; pero en lo que se refiere a nuestra nueva conducta se nos han enseñado a ser renovados en el espíritu de nuestra mente y a vestírnos de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia, es decir, del nuevo hombre que es creado a imagen de Dios (Aquel que lo creó), en la justicia y santidad, que proceden de la verdad.

Hermanos, ustedes sepan que parecerse cada vez más a Cristo es esencial para la renovación de nuestras mentes, esto significa en la práctica que no tenemos que conformárnos a los gustos, costumbres y forma de pensar de la gente del mundo; aquellos que se conforman a este siglo plantean frente a ellos un enorme obstáculo que les impide crecer espiritualmente; no se puede crecer en sabiduría, ni en la gracia ni en el conocimiento hasta que se piensa como piensa el mundo; la forma de pensar del mundo es perjudicial para el creyente y no sirve para nada en su crecimiento, y ¿cómo podría ser útil cuando se sabe que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19)? Hermanos, la forma de pensar de la gente del mundo está claramente opuesta a la de los santos que se santifican; nosotros tenemos la mente de Cristo, pero la gente del mundo, ¿qué mente tiene? ¿No tiene la mente del príncipe de este mundo? Isaías dice de los impíos que sus pensamientos son “pensamientos de iniquidad” (Isaías 59:7), pero no sólo sus pensamientos, sino también sus obras son de iniquidad, de hecho el mismo Isaías dice: “Sus obras son obras de iniquidad “(Isaías 59:6), y esto demuestra que la gente del mundo piensa mal y actúa mal como su consecuencia.

Consideren esta exhortación de Pablo: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:17); ahora, los que no conocen a Dios no sólo tienen pensamientos vanos en su mente, sino también tienen una vana manera de vivir y esto muestra cómo la forma de pensar de una persona afecta la forma en  la que actúa. Hermanos, manténganse alejados de la manera de pensar inútil de la gente del mundo y no permitan que se introduzca en su mente porque les haría daño; “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2), como dice la Escritura. Sepan que para entender la voluntad de Dios es esencial ser transformados por medio de la renovación del entendimiento; algunos no están llenos del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual porque se conforman a este mundo, y al hacerlo caminan en la vanidad de los pensamientos de aquellos que no conocen a Dios y la sabiduría se mantiene lejos de ellos. ¿Qué piensan los del mundo? Ellos piensan a enriquecerse, llegar a ser famosos, disfrutar de toda clase de impureza y libertinaje y hacer el mal al prójimo; pero nosotros los creyentes ¿qué debemos pensar? Pablo escribió: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8), éstas son las cosas que debemos pensar para que seamos transformados por el Espíritu en la misma imagen de Cristo y para saber cuál es la voluntad de Dios.

La sabiduría dice: “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de DiosEntonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino” (Proverbios 2:1-5; 2:9); hermanos, Dios ha prometido dárnos a entender Su temor, hacérnos encontrar Su conocimiento y hacérnos entender la justicia, la equidad, y todos los caminos correctos, pero en esta condición, si recibimos Sus palabras, si guardamos Sus mandamientos, y si buscamos la inteligencia espiritual como la plata; pero si nos negamos a guardar Sus mandamientos, seguramente no entenderemos el temor de Dios y no entenderemos ni la justicia, ni los buenos caminos. Ahora, puesto que Dios dio este mandamiento: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2), quien desobedece a Dios conformandose a este siglo, seguramente no conocerá lo que es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

Pablo dijo que el hombre nuevo es “creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24); esto significa que para vivir con justicia y piadosamente en medio de esta generación maligna y perversa, es necesario conocer la verdad, pero, ¿de qué manera se llega a conocer la verdad? Un día Jesús dijo a los Judíos que habían creído en Él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32); en primer lugar, observen que Jesús dijo estas palabras a los Judíos que habían creído en Él, y no a las personas que todavía no creían en Él; ahora, para un creyente perseverar en la Palabra de Cristo significa seguir creyendo en ella, seguir a meditarla y seguir observandola, y al hacerlo conocerá la verdad, que procede de la justicia y la santidad. Hermanos, es sólo perseverando en la Palabra de Cristo que se viene a conocer la verdad acerca de muchas cosas; no es andando de nuevo detrás a fábulas judaicas o detrás a palabras persuasivas de sabiduría humana que se nos abrirán los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, sino por la perseverancia en la palabra de Cristo. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32); ahora, el conocimiento de la verdad viene de la Palabra de Dios porque la Palabra de Dios es verdad, por lo tanto, es esencial escudriñar la Palabra de Dios y observarla para obtener este precioso conocimiento. El conocimiento de la verdad es una riqueza de liberación porque libera al creyente de las maquinaciones de Satanás y muchos malos hábitos y malas compañías y le hace caminar seguro y tranquilo; en los Salmos está escrito: “Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos” (Salmo 119:45) y, de hecho, los que tienen su deleite en la Palabra de Dios caminan con libertad y sin temor. La Palabra de Dios enseña la justicia y la santidad, y los que se deleitan en ella son por ella enseñados a renunciar a los deseos mundanos y a vivir de una manera justa y santa como Dios quiere, por lo tanto, su conocimiento es esencial para ser transformados en la misma imagen del Señor; hoy en día es triste decirlo y verlo, muchos desprecian el conocimiento de la Palabra de Dios y su desprecio hacia el conocimiento de la verdad ha traído sus desastrosas consecuencias en sus vidas, ellos se parecen a las personas del mundo porque viven de una manera injusta y disoluta, ellos no perseveran en la Palabra de Cristo y son esclavos de tantas malas acciones y faltan de discernimiento; Dios dice en Jeremías: “Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehová” (Jeremías 8:7) y otra vez: “he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?” (Jeremías 8:9), y esto es lo que vemos hoy en día entre el pueblo de Dios. Sí, hoy muchos tienen el nombre de Cristianos pero no la conducta de un Cristiano, y esto precisamente porque no han perseverado en la Palabra de Cristo, ellos ignoran muchas cosas porque quieren ignorárlas, no tienen conocimiento de las cosas pertenecientes al reino de Dios debido a que no quieren conocerlas, les gusta permanecer en la ignorancia, pero su insensatez les castiga y les hace vivir en tierra árida y estéril; ellos se oponen al Espíritu Santo que quiere transformárlos en la misma imagen del Señor y, al hacerlo, se han convertido en enemigos de Dios. ¡Ah! … ¡me se rompe el corazón al verlos vivir y hablar mundanamente!

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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El fruto del Espíritu

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16), “porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8).

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).

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Una exhortación para que estudien y crean en la doctrina de la “TRINIDAD”. Los “ANTITRINITARIOS” han dado caso a espíritus engañadores

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Hermanos en el Señor, el ambiente evangelico está lleno de personas que no aceptan la doctrina que los TRES SON UNO. Es decir que la deidad está compuesta por TRES PERSONAS DISTINTAS, y no SON EN ABSOLUTO LA MANIFESTACIÓN DEL ÚNICO DIOS, sino que son TRES PERSONAS DIFERENTES ENTRE ELLAS, y juntas forman UN ÚNICO Dios.
Sepan hermanos, que la doctrina de la trinidad (la palabra trinidad no está escrita en la Biblia, pero el concepto está claramente expresado, como vamos a ver por ciertos pasajes que voy a mencionar) es una doctrina fundamental para la salvación de un alma, y no se puede ignorar, tiene que ser creída y aceptada por como está escrita en la Biblia. Negar la doctrina de la Trinidad y ser ANTITRINITARIOS significa ser HEREJES, se desconoce la persona y la obra de DOS PERSONAS QUE FORMAN LA DIVINIDAD. Ahora, vamos a mencionar algunos pasos, para mostrar que la doctrina de la TRINIDAD está escrita en la Biblia, y no es absolutamente como dicen LOS ANTITRINITARIOS, que o no leen o leen y no entienden, porque tienen los ojos espirituales cegados.

1) (Mateo 28:19) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;…” Ahora, ¿qué mejor momento para enseñar a los discípulos en que nombre bautizar? Pues bien, Jesús nos ha mandado a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2) (Juan 14:16) “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…” Ustedes han leído que Jesús ora al Padre que envíe OTRO CONSOLADOR, este “otro” implica que era un consolador que no era Jesús; de hecho está hablando del Espíritu Santo. Y tengan en cuenta que el Espíritu Santo es UNA PERSONA DISTINTA DE JESÚS Y DEL PADRE. De hecho, lean el siguiente pasaje que también lo demuestra claramente.

3) (Mateo 12:31-32) “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Como dice Jesús, la blasfemia contra el Hijo de Dios, es decir, Jesús, será perdonada, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada¡ ¿Cómo se puede deducir que el Espíritu Santo y Jesucristo son la misma persona? Estas palabras de Jesús no tendrían sentido si se tratara de la misma persona. En cambio, Jesús, ha hecho una distinción de manera intencionada entre Su persona y la del Espíritu Santo, porque son dos personas separadas de la ÚNICA DIVINIDAD.

4) (Juan 14:1) “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí” Vean, hermanos, Jesús exhorta a sus discípulos para tener fe en Dios (Dios Padre), pero también los alienta a tener fe en Él (Dios el Hijo). Si no se tratara de dos personas diferentes, incluso este paso no tendría sentido. Pero el sentido lo tiene, y es precisamente para hacernos saber que Jesucristo es una persona distinta del Padre.

5) (Mateo 3:16-17) “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” En este pasaje leemos que AL MISMO TIEMPO se han manifestado las TRES PERSONAS DE LA DIVINIDAD. ¿De quién fue la voz del cielo, sino de Dios el Padre, porque Jesús estaba en la tierra? Luego Juan vio también el Espíritu Santo que tomó la forma de una paloma. Ustedes tienen que poner la mente en la contemporaneidad del hecho, que es muy importante, porque si fueran tres manifestaciones o títulos de un solo Dios, ¿por qué aparecer en el mismo tiempo? Esto no tendría sentido, pero es claro que la palabra de Dios nos quiere enseñar que las personas de la divinidad son TRES PERSONAS DIFERENTES Y EXISTENTES AL MISMO TIEMPO.

6) (Mateo 17:5) “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” Aquí, también, vino una voz del cielo, que salió de la nube, mientras Jesús estaba en la montaña. Ahora, ¿De dónde procedía la voz si no de Dios el Padre? Lean el siguiente paso, donde Pedro confirma lo que estamos diciendo y aclara cualquier duda acerca de que la voz procedía de Dios el Padre, persona distinta de Jesús.

7) (2 Pedro 1:17) “Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.” Aquí el apóstol Pedro dice que JESUCRISTO recibió la gloria de Dios Padre. ¿Pueden ver y entender lo que está escrito con claridad? Pedro dice que Dios el Padre le dio la gloria a Jesús, que la voz que se escuchó desde la nube salió de nuestro PADRE CELESTIAL, mientras Jesús estaba en la montaña. Bueno, tergiversar estos pasos significa no tener lo más mínimo entendimiento, y tal tergiversación es grave, porque cancelar la doctrina de la Trinidad significa no reconocer DOS PERSONAS DE LA DIVINIDAD y se desconoce sus obras. De hecho, sabemos que en la salvación del hombre participan todas las tres personas de la divinidad: Dios el Padre atrae los hombres a JESÚS; el Espíritu Santo los va a compungir de pecado y les convence de justicia y de juicio; Jesucristo murió y resucitó para la purificación de los pecados. Miren, por lo tanto, que la doctrina de la Trinidad no puede ser descuidada.

8) (Lucas 22:41-42) ” Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¿Han leído, hermanos, aquí Jesús ora al Padre primero y luego le pide que aleje de Él la copa de la muerte, pero también dice que no se haga su voluntad, es decir, la de Jesús, sino la del Padre. Así que hay DOS VOLUNTADES distintas, porque hay dos personas distintas en la Deidad, y con el Espíritu Santo son TRES. ¡Dios es UNO Y TRINO AL MISMO TIEMPO! Nada de esto tendría sentido si el Padre y Jesús fueran dos manifestaciones de una misma persona. Dios el Padre es una persona y Jesucristo es otra persona distinta. ¿Por qué Jesús decía: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” si Él mismo era el Padre? Esto tiene sentido, debido a que Dios el Padre es una persona distinta de Jesús.

9) (Hechos 7:55-56) “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” Aquí leemos que Esteban, lleno del Espíritu Santo, vio los cielos abiertos, y vio a Jesús de pie a la diestra de Dios Padre. Pero, ¿cómo se puede no entender estas palabras? Me pregunto, ¿cómo se puede estar tan ciegos? Cuanto más leo estos pasos y cuanto estoy más sorprendido por la ignorancia y también por la MALA FE que muestran LOS ANTITRINITARIOS. Respondan, ANTITRINITARIOS a esta pregunta: Esteban fue lleno del Espíritu Santo, los cielos fueron abiertos, y vio a Jesús de pie a la diestra de Dios el Padre. ¿Esteban se equivocó? ¿Si no se equivocó porque no le creen? Las Escrituras hablan tan claramente que ustedes no se pueden equivocar. Podemos no entender humanamente como puedan haberse TRES PERSONAS y UN SÓLO DIOS, pero esto se debe al hecho de que en parte conocemos, pero tenemos que confiar en lo que está escrito y creer. La Palabra de Dios no debe ser distorsionada de ninguna manera.

10) (1 Corintios 11:3) “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” Vean el orden de las cosas que se ha establecido: La mujer está sujeta al hombre; el hombre está sujeto a Cristo Jesús; Jesús está sujeto a Dios el Padre. Me parece así claro también este pasaje que no hay necesidad de más explicaciones.

11) (1 Corintios 15:27) “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.” Vean lo que dice Pablo; él dice que Dios ha puesto bajo los pies de Su Hijo Jesús TODAS LAS COSAS, con una excepción: Aquel que le sujetó todas las cosas, que es Dios el Padre, se exceptúa, es decir no está sujeto a Jesús.

12) (Salmo 45:7) “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.” Vean que también en este caso, el salmista dice que Dios fue ungido por Dios. De hecho Cristo significa ungido, y Jesús, el Cristo, fue ungido precisamente por Dios el Padre.

13) (Mateo 22:44) “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” Este paso se relaciona bien con el pasaje citado más arriba, de Esteban, quien vio a Jesús a la diestra de Dios Padre. Y luego también se ata a donde Pablo dice que Dios ha puesto todas las cosas bajo los pies de Jesús, con la exepción de Aquel que le sujetó todas las cosas. Hermanos, suficiente es por ahora, ustedes tienen que creer que LOS TRES SON UNO, esta es la sana doctrina de Dios que debemos creer y aceptar. Además, hermanos, les hago saber que si alguien ha sido bautizado solamente en el nombre de Jesús, sepa que ha transgredido el mandamiento de Jesús y ha rechazado voluntariamente a las otras dos personas de la DIVINIDAD, por lo tanto, incurrirá en el juicio de Dios. Arrepiéntanse y crean en la sana doctrina que está escrita en la Biblia, no se dejen engañar por nadie. Además, tengan en cuenta que si ustedes han sido bautizados en el nombre de Jesús, deben arrepentirse y creer en la sana doctrina de que LOS TRES SON UNO, ustedes tienen que ser bautizados de nuevo EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO. Lean mi escrito acerca de la fórmula bautismal. Lean también el estudio acerca de la Trinidad del hermano Giacinto Butindaro. Lean también la refutación de todas las HEREJÍAS de los Unicitarios y de los antitrinitarios en general, que son muchas y todas peligrosas para las almas de aquellos que las han aceptado.

Salvado por gracia por la fe en Cristo Jesús, Giuseppe Piredda.

Traducido por Enrico Maria Palumbo

El concepto de la “Trinidad” en el Nuevo Testamento

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La Escritura muestra claramente que la Deidad se compone de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, atestigua la Trinidad.

En la Escritura la palabra Trinidad no se menciona [La palabra Trinidad deriva del latín Trinitas, que significa “reunión de los tres”, y es una palabra acuñada por Tertuliano de Cartago al final del siglo II ]; pero no podemos decir que en la Biblia no se mencione el concepto de la Trinidad, porque los siguientes pasajes de las Escrituras dan testimonio de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas [acerca del término persona que utilizamos tanto para Dios el Padre, como por el Hijo y el Espíritu Santo, es necesario que se sepa que la palabra latina persona significa “máscara” o “personaje de representación” Pero es obvio que cuando lo usamos en relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no lo usamos con el sentido original, ya que en este caso definiríamos las tres Personas de la Trinidad como si fueran máscaras de un personaje teatral, en otras palabras, es como si dijéramos que Dios es como un actor de un espectáculo que ha aparecido en la escena mundial en tres trajes diferentes o roles, hecho que bien sabemos que no es verdadero]. El uso de la palabra persona tiene el único propósito de explicar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Seres separados con su propia personalidad divinos distintos (que siempre han existido y existirán por siempre), y al mismo tiempo son un sólo Dios.

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17). En este evento, que tuvo lugar en el Jordán, vemos que el Padre habló desde el cielo, el Hijo que estaba en la tierra fue bautizado por Juan, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como paloma.

– Jesús dijo a sus discípulos : “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:15-17). Jesús, cuando todavía estaba en la tierra con sus discípulos, era el Consolador que Dios había enviado para consolar a los que estaban de duelo, pero debido a que tuvo que regresar al Padre que lo envió, oró al Padre para que diese a sus discípulos otro Consolador, precisamente el Espíritu Santo, que se habría quedado con ellos para siempre. El Padre, por lo tanto, suplicado por el Hijo, ha enviado el Espíritu de la verdad al servicio de las necesidades creadas por la muerte de su Hijo. El concepto de la Trinidad es evidente en las palabras de Jesús.

– Jesús, antes de ser llevado al cielo, dijo a sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo….” (Mateo 28:19). El bautismo en agua, que recordamos no purifica de los pecados ya que es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, debe ser ministrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El Señor nunca habría ordenado tal cosa si Él, el Padre y el Espíritu Santo no hubieran sido uno.

– Pablo dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras encontramos a Dios el Padre que resucitó a Jesús; el Hijo que fue resucitado por Él; y el Espíritu Santo que Él ha enviado a nuestros corazones. Aquí, también, el concepto de la Trinidad se expresa de una manera clara.

– Pablo, al final de una de sus epístolas a los Corintios, escribió: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Una vez más, estas tres personas son nombradas por separado, pero a pesar de esto son una misma cosa.

– Pablo a los Efesios dice que hay “… un Espíritu… un Señor… un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-5,6). También por estas palabras entendemos como las tres personas divinas que componen la Divinidad, son distintas entre ellas pero unidas en perfecta unidad.

– Pablo dijo a los Corintios: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Corintios 12:4-6). Noten como Pablo menciona primeramente el Espíritu, luego el Señor Jesucristo y Dios. Entonces también estas palabras nos hacen entender como estas tres personas divinas, aunque distintas entre ellas, son uno y el mismo Dios.

– La Escritura condena las tres blasfemias dirigidas a las tres personas de la Divinidad. Quien blasfeme el nombre de Dios es culpable de un pecado, porque está escrito: “No blasfemes nunca contra Dios” (Éxodo 22:28); también todos los que blasfemen contra el Hijo del hombre, y contra el Espíritu Santo, son culpables de un pecado. Pero el hecho es que, mientras que los que blasfemen contra Dios y el Hijo del Hombre pueden ser perdonados, el que blasfeme contra el Espíritu Santo no puede obtener el perdón de su pecado, porque Jesús dijo: “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cuales quiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Marcos 3:28-29). Estas palabras del Señor nos hacen entender como el Espíritu Santo es una persona divina distinta del Hijo de Dios y del Padre; es por eso que cuando hablamos del Hijo no hablamos del Espíritu Santo y viceversa; y porque cuando hablamos del Padre no hablamos ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, precisamente porque los tres son diferentes. Para que ustedes entiendan este concepto les voy hablar de esta manera: no podemos decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, porque esto no es verdadero, de hecho, la Escritura dice que Cristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz, y no el Padre. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo ha muerto por nuestros pecados, porque también esto no es verdadero. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo bautiza con el Espíritu Santo, ya que la Escritura testifica que es Cristo quien bautiza con el Espíritu Santo y con fuego. Sin embargo, aunque hay que mencionar por separado el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y sus características, también sabemos que los tres son uno y la misma cosa.

Hermanos, retengan con firmeza la doctrina de la Trinidad, y defiéndanla valientemente.

A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

 

 

 

 

El Espíritu Santo no es Jesucristo y no es el Padre de Jesús

el-dios-de-la-eternidadLa Doctrina Unitaria

El Espíritu Santo es el Padre de Jesús y Jesucristo.

La negación de la Trinidad tiene repercusiones inevitables sobre la diferencia entre Dios el Padre y el Espíritu Santo, debido a que lleva a creer que el Padre y el Espíritu Santo son el mismo ser. Véanse como David Bernard habla al respecto: “(….) el Padre y el Espíritu Santo son identificados como un sólo y como el mismo ser: el término se limita a describir que el Espíritu Santo es el Padre. El Espíritu Santo es, literalmente, el Padre de Jesús, porque Jesús fue concebido por el Espíritu Santo….” (David Bernard, Fundamentos …., p. 16). Y también tiene repercusiones sobre la diferencia entre Jesús y el Espíritu Santo, porque hace creer que el Espíritu Santo es Cristo; he aquí como se expresa David Bernard al respecto: “La descripción de Cristo del Espíritu Santo como “otro Consolador” en Juan 14 indica una diferencia de forma o de relación, Cristo en el Espíritu en lugar de la carne” (David Bernard, Fundamentos p. 17).

 

Refutación

El Espíritu Santo no es el Padre de Jesús y, por lo tanto, ni siquiera es nuestro Padre Celestial

La Escritura no dice que el Padre y el Espíritu Santo son la misma, sino dos seres distintos. Aquí están las pruebas.

Cuando Jesús prometió el Espíritu Santo dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:16,17) y de nuevo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Como pueden ver, el Padre no puede ser el Espíritu Santo y viceversa, porque Jesús dijo que Él, es decir el Espíritu Santo, habría sido dado y enviado por su Padre. Por lo tanto, es un error decir que el Espíritu Santo es el Padre de Jesucristo. Jesús sabía que Él fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de su madre y conocía el Espíritu Santo, pero nunca dijo o dio a entender en modo alguno que el Espíritu Santo era su Padre Celestial, sino habló de su Padre como un ser distinto con respecto al Espíritu Santo.

Por lo tanto, dado que el Padre de nuestro Señor Jesucristo es también nuestro Padre porque hemos sido adoptados por Él como hijos, el Espíritu Santo no es nuestro Padre. Y también esto es confirmado por la Escritura. Jesús dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13), indicando claramente que nuestro Padre Celestial no es el Espíritu Santo. Pedro dijo en el día de Pentecostés: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33), y en su segunda epístola dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

Los apóstoles dijeron en el concilio: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5:31-32).

El apóstol Pablo dice a los Corintios: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:10-12). Y a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18).
El Espíritu Santo no es Jesucristo y viceversa

La doctrina de los unicitarios según la cual el Espíritu Santo no es una persona sino una manifestación del único Dios, es decir Jesús, es falsa porque el Espíritu Santo es una persona distinta tanto del Padre como del Hijo, que fue enviado por el Padre al mundo después de que Jesús fue llevado al cielo glorificado. Vamos ahora a explicar por las Escrituras que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad que fue enviada tanto por Dios el Padre, como por el Hijo (pero procede del Padre) en la Iglesia y, por lo tanto, no puede ser la misma persona de Jesús.

– Jesús, la noche que fue entregado, les dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26); y: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26); y también: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Cuando después el Espíritu Santo fue derramado, Pedro dijo a los Judíos reunidos al oír el sonido como de un viento recio que soplaba y que se sorprendieron al oír hablar de las maravillas de Dios en su lengua materna: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:32-33), así confirmando que después de que Jesús se sentó a la diestra de Dios, envió al Consolador que les había prometido enseñarles todo, para recordarle lo que había dicho, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Por lo tanto, es evidente que debido a que el Espíritu Santo es una persona, ya que enseña, recuerda, da testimonio, convence, anuncia lo que vendrá, y glorifica a Cristo, y fue enviado por Jesús después que fue llevado a la diestra de Dios, el Espíritu Santo no es Jesús, el Hijo de Dios, ya que este último, cuando el Espíritu Santo vino en su templo, estaba en el cielo a la diestra de Dios.

– Jesús, en la noche que fue entregado, pronunció las siguientes palabras que confirman lo anterior aquí. Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Juan 14:15-17). Ahora, mientras Jesús estaba en la tierra era el Consolador que Dios había prometido a través de los profetas para que fuese enviado a su pueblo, pero, debido a que tenía que regresar al Padre que lo había enviado y sabía que sus discípulos habrían tenido la necesidad de otro Consolador, para que estuviera con ellos siempre y en todo lugar, dijo que habría orado el Padre para que lo enviara. Por lo tanto, debido a que el Espíritu Santo fue llamado por Jesús “otro Consolador”, llegamos a la conclusión de que no es el mismo Consolador (la persona misma de Jesús) que fue llevado al cielo. Y entonces Jesús no es el Espíritu Santo como afirman los unicitarios. Los unicitarios argumentan que estas palabras de Jesús indican “una diferencia de forma o relación” (David K. Bernard, op.Cit., P. 17), en otras palabras es como si Jesús hubiera dicho a sus discípulos que habría vuelto en espíritu en lugar que en la carne. Pero esta explicación no es cierta porque Jesús habló del Espíritu Santo como “otro Consolador”, y entonces alguien distinto de Él, y esto es confirmado por estas otras palabras que dijo un poco más adelante: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Noten estas palabras: “os lo enviaré” y: “El me glorificará”, “tomará de lo mío, y os lo hará saber”; porque destacan la distinción entre la persona de Jesús y la del Espíritu Santo. Si Jesús hubiera prometido que habría vuelto en la forma del Espíritu Santo nunca habría hablado de esa manera. En particular, tengan en cuenta de las palabras “El me glorificará”, que si se asocian con estas otras que dijo poco antes: “Él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26 ) confirman que el Espíritu Santo no podía ser Jesús porque habría glorificado Jesús y dado testimonio de Él. Por lo tanto, Jesús oró al Padre que envió otro Consolador para que se quedase con sus discípulos para siempre, sí, porque ya que estaba a punto de dejarlos solos, necesitaban a alguien que permaneciese siempre con ellos para guiarlos.

– Un día Jesús dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32). Observen como Jesús habla de dos “hablar contra” bien distintos; uno contra el Hijo del hombre y el otro contra el Espíritu Santo. Es tan obvio entonces que el Hijo del hombre, es decir Jesucristo, no pueda ser también el Espíritu Santo, porque si lo fuera Jesús se habría contradicho de manera clara. Pero diganme un poco ustedes que son Unicitarios: ¿qué sentido habría tenido decir por Cristo que al que hable contra el Hijo del hombre le será perdonado mientras que al que hable contra el Espíritu Santo no le será, si el Hijo del Hombre también era el Espíritu Santo o en el futuro se habría manifestado en la forma del Espíritu Santo? Una vez más, por lo tanto, la Escritura revela claramente que Jesús no es el Espíritu Santo y viceversa.

– Pablo dice a los Romanos: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26-27), haciendo entender que el Espíritu Santo derramado en los corazones de los creyentes intercede por los santos con gemidos indecibles (cuando los santos oran en otro idioma); pero un poco más tarde, el mismo apóstol también dice: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”(Romanos 8:34), haciendo entender que también Jesucristo, que es a la diestra de Dios intercede por nosotros. ¿Cómo es posible? Es posible porque el Hijo de Dios, que es a la diestra de Dios es una persona distinta y no es la misma persona del Espíritu Santo que aquí en la tierra intercede por nosotros por la boca de los santos. Por lo tanto, Cristo intercede por los santos en el cielo, mientras que el Espíritu Santo intercede por ellos en la tierra (a través de los que hablan en otros idiomas).

– El mismo apóstol dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras se mencionan las tres personas de la Deidad, es decir el Espíritu Santo, aquel (el Padre) que resucitó a Jesús de entre los muertos, y su Hijo Jesús; esas se indican por separado a pesar de que estén unidas, por lo tanto no se puede aceptar que el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos sea El que ha sido resucitado de entre los muertos, es decir Jesús, porque esto anularía las Escrituras.

– Pablo dice a los Gálatas: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:4-6). Como se puede ver, Pablo primeramente dice que cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, y luego dice que ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones; haciendo una distinción entre la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo .

– Pablo dice a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18), y también: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-6). Noten cómo Pablo haga una distinción entre el Espíritu y el Señor Jesucristo, también en esta epístola.

– Pablo dice a Tito: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:4-6 ). Observen como Pablo, una vez más, haga una distinción entre Cristo y el Espíritu Santo, diciendo que el Espíritu fue derramado sobre nosotros por medio de Jesucristo.

– El escritor a los Hebreos dice: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:28-29). Noten como también en esta Escritura se hace una distinción entre el Hijo y el Espíritu.

Creo que he demostrado ampliamente que el Espíritu Santo no es la misma persona de Jesucristo.

 

Conclusión

Quiero concluir esta sección dedicada a la defensa de la Trinidad diciendo esto: cuando nos hablamos de la diversidad y la unidad que existe entre la persona del Padre, la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo, estamos hablando de algo que no podemos entender completamente porque su conocimiento supera grandemente la comprensión humana. Por esta razón, simplemente citamos las Escrituras que hablan de esta diversidad y esta perfecta unidad que existe entre ellas, sin el menor intento de explicar este misterio, que es grande. Pero el hecho de no ser capaz de explicar o comprender por completo este misterio concerniente la naturaleza de Dios, no despierta en nosotros preocupación porque sabemos que las cosas secretas pertenecen a Dios y que se darán a conocer el día en que venga lo perfecto.

Entonces, ¿cómo responder a los unicitarios que están constantemente diciendo que nosotros, profesando la doctrina de la Trinidad, hemos cancelado la unicidad e indivisibilidad de Dios? Se debería decirles que es cierto que la doctrina de la Trinidad parece ser una doctrina que anula la unicidad e indivisibilidad de Dios, pero también es cierto que este es sólo aparente, porque las Escrituras hacen mención de varias maneras, especialmente en el Nuevo Testamento, acerca de tres personas divinas, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que forman un solo Dios, no tres títulos, o formas de ser, o manifestaciones de un sólo Dios, sino tres personas. Lo hemos visto, las Escrituras no nos permiten profesar la doctrina de los unicitarios, ya que carece de todo fundamento bíblico y conduce a decir cosas absurdas acerca de la Divinidad. La doctrina de la Trinidad, en cambio, está completamente confirmada por las Escrituras y no lleva a decir cosas absurdas sobre la Divinidad y ni siquiera subvierte la doctrina bíblica de la salvación.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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El Espíritu Santo nos da testimonio

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Algunas palabras para los hermanos que habían aceptado la falsa doctrina “el destino se lo crea el hombre” y que ahora están escudriñando las Escrituras para ver si el propósito de Dios conforme a la elección es una doctrina verdadera. Si “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16), es evidente que el mismo Espíritu da testimonio de que no fuimos engendrados de sangre, NI DE VOLUNTAD DE CARNE, NI DE VOLUNTAD DE VARÓN, sino de Dios (Juan 1:13), y entonces da testimonio de que Dios “DE SU VOLUNTAD, NOS HIZO NACER por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18). ¿No lo creen? He aquí lo que nos dice el Espíritu de la verdad que habita en nuestros corazones. El Espíritu Santo, entonces, no nos da testimonio de que nuestro nuevo nacimiento haya dependido de nuestra voluntad, sino más bien nos dice que dependió de la voluntad de Dios. No continúen, por lo tanto, a contristar y a contrastar el Espíritu Santo diciendo que dependió de ustedes. Porque la Escritura dice: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Reconozcan la verdad.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¿Es lícito orar, invocar y alabar al Espíritu Santo?

colomba2Un día Jesús dijo a sus discípulos estas palabras: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13)

Por estas palabras se aprende que se debe preguntar o pedir al Padre que Él nos dé el Espíritu Santo. Jesús no dijo: “Pidan al Espíritu Santo que venga sobre ustedes y Él vendrá” o “El Espíritu Santo vendrá sobre todos los que Le invocan”.

Y antes de ser arrestado y entregado a Pilato les dijo así: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17)

Una vez más Jesús hace bien entender que Él habría orado al Padre, para que los santos recibiesen el Espíritu de la verdad. Jesús no dijo: “Yo rogaré al Espíritu Santo y Él vendrá sobre ustedes”.

Así que, aunque Jesús fuese lleno del Espíritu Santo (Véase Lucas 4:1), fue ungido con el Espíritu Santo (Véase Lucas 3:22), fue movido, empujado y dirigido por el Espíritu Santo (Véase Lucas 2:27; Mateo 4:1; Marcos 1:12), se regocijó en el Espíritu Santo (Véase Lucas 10:21), por el Espíritu de Dios echaba fuera los demonios (Véase Mateo 12:28), y entonces el Espíritu Santo estaba sobre él (Véase Mateo 12:18; Lucas 4:18); sin embargo, Él NUNCA invocó ni alabó al Espíritu Santo, ni le dirigió algún tipo de súplica o acción de gracias, y tampoco NUNCA llevó los suyos a hacerlo. Y así lo hicieron los apóstoles porque eran imitadores de Jesucristo. Nosotros también, por lo tanto, hermanos, para que a través de ellos aprendamos a practicar “no más de lo que está escrito”, haríamos bien en seguir su ejemplo: Vamos a imitarLes.

Por el hermano en Cristo: Salvatore Larizza

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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