Dios ejecuta sus planes a pesar de la voluntad del hombre

isaia“Entonces Job respondió al Señor, y dijo: Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado. ¿Quién es éste que oculta el consejo sin entendimiento?” Por tanto, he declarado lo que no comprendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no sabía ” (Job 42:1-3 “LBLA”).

Job había reconocido que Dios puede hacer todo lo que le gusta, y lo confirma cuando dice que NO ES POSIBLE estorbar Sus propósitos.

Ahora, teniendo en cuenta lo que dijo Job, consideramos el libro de la vida en el que están inscritos todos los nombres de los que se les ha dado o se les dará nacer de nuevo para obtener la salvación y el perdón de sus pecados, y recordamos que este libro fue escrito antes de la fundación del mundo, antes de que todos los hombres llegasen a existir, cada uno en la época asignada por Dios. Leemos en las Sagradas Escrituras:

“Y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será” (Apocalipsis 17:8).

En esencia, Dios escribió en ese libro los nombres de los que han creído o creerán en futuro, y los que no están escritos en ese libro no pueden creer, ni nacer de nuevo, ni obtener el perdón de los pecados.

En este punto, surge la pregunta: “¿Por qué Dios escogió a algunos para ser salvos, mientras que los otros son RECHAZADOS?”

Hermanos en el Señor, las Escrituras nos dicen claramente que hay nombres escritos en el libro de la vida, entonces, que están ordenados para vida eterna, mientras los otros que no están escritos no son ordenados para vida eterna y, por lo tanto, no se entiende porqué algunos dicen que la salvación es para todos los hombres sin distinción, cuando, en cambio, los que no están inscritos en el libro de la vida NO PUEDEN ABSOLUTAMENTE CREER, de lo contrario, Dios ha mentido y ha diseñado un plan que no ha sido capaz de cumplir.

La Palabra de Dios es explícita al decir que los que son escogidos por Dios para ser salvos, son elegidos no por sus obras, no por su propia voluntad, no porque lo quieren, sino fueron escogidos antes de la fundación del mundo EXCLUSIVAMENTE por la SÓLA VOLUNTAD de Dios, que no se ve influenciada de ninguna manera por las obras de los hombres, aunque Él sepa todo de todos, incluso antes de que los hombres nazcan.

Para confirmar esto, leemos estas palabras:

“Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Romanos 9:9-13).

Miren, por lo que acabamos de leer, entendemos que lo que importa es el PROPÓSITO DE DIOS CONFORME A LA ELECCIÓN, es decir la decisión que Dios ha tomado en sí mismo, sin dejarse influenciar por nada ni por nadie, de hecho, dice que Él hizo esta elección cuando “NO HABÍAN  AÚN NACIDO, NI HABÍAN HECHO AÚN NI BIEN NI MAL”.

El Apóstol Pablo, continuando su discurso a los Romanos, escribe que la SALVACIÓN NO ES “POR LAS OBRAS SINO POR EL QUE LLAMA”.

Para muchos estas palabras de Pablo no son claras, pero para otros sí. ¿No está claro que Dios salva a los hombres de acuerdo a Su voluntad sin ninguna interferencia que venga de fuera de sí mismo? Estas palabras son también tan claras en el idioma español, sin interpretaciones.

Seguimos en el discurso, porque hay todavía muchas cosas que decir, aunque me limitaré sólo a pocas otras, al menos en este tratado.

El apóstol Pablo, anticipando a todos los que oponiéndose a la PREDESTINACIÓN habrían afirmado durante los siglos que Dios habría sido injusto si realmente las cosas fuesen como está escrito, continúa escribiendo estas palabras:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera” (Romanos 9:14).

Y de nuevo:

“De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Romanos 9:18-20)

Miren hermanos, a una distancia de unos dos mil años, todavía hay aquellos entre el pueblo de Dios que siguen diciendo esas mismas palabras escritas de antemano por Pablo, que dicen que si Dios predestina a las personas resulta ser injusto.

Ahora lean las palabras de la Escritura que siguen, y traten de entendérlas, porque las sagradas Escrituras dicen muchas veces y muy claramente que el libre albedrío no existe y que Dios salva sólo aquellos que Él quiere salvar, de acuerdo a Su voluntad y nada más.

“¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9:21-24).

Pero ¿no están suficientemente claras estas palabras de Pablo? ¿No nos hacen tal vez comprender que Dios ha PREDESTINADO vasos DE IRA preparados para perdición, y VASOS DE MISERICORDIA para ser salvados, y esto ya fue establecido antes de la fundación del mundo, como hemos leído antes?

Hermanos en el Señor, sean sabios, presten atención a lo que dice Pablo, en lugar de lo que dicen los predicadores con pensamientos MASÓNICOS que se encontran en los púlpitos.

Hermanos y hermanas, respondan a esta pregunta: ‘¿Ustedes han nacido de Dios por su voluntad o por la sóla voluntad de Dios?’

Antes de contestar, lean estas palabras del Evangelio de Juan:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12,13).

Los que no creen en la predestinación, es decir, que no creen que los hombres son salvados sólo por la voluntad de Dios, deben necesariamente decir que el hombre ha sido salvado por algunas de sus obras, pero esto anula la salvación dada por Dios por sóla gracia, gratuitamente, ya que se cree que se obtenga por un mérito, por lo tanto, en este caso, no se obtiene la salvación por el regalo inmerecido y gratuito dado por Dios, sino por méritos que los distinguen de los otros que no quieren creer.

Estimados en el Señor, no creer en la predestinación mina la base de la salvación por sóla gracia, y no debe ser tomada a la ligera esta doctrina, porque es muy importante, y pasa a ser justo una de las doctrinas más opugnadas por los corruptos, por los extraviados, por los masónes y todos los que buscan DE ELEVAR AL HOMBRE en detrimento de Dios.

Doy gracias a Dios que me escogió, y no fui yo que escogí a Él, sino es Él que DECIDIÓ libremente para salvarme conforme a Su voluntad.

La gracia, la misericordia y la paz de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor Jesucristo sean con todos ustedes.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Los que van a Jesús lo hacen porque el Padre los trae a Él

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Un día Jesús dijo a los Judíos que se negaban a creer en Él: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; Y NO QUERÉIS VENIR A MI PARA QUE TENGÁIS VIDA” (Juan 5:39-40). Como pueden ver, Jesús los reprendió por no querer ir a Él para que tuviesen vida. Ahora bien, si nos apoyásemos sólo en estas palabras de Jesús, deberíamos concluir que el hecho de que muchos no van a Jesús para tener vida depende de su voluntad y que Dios no tiene absolutamente nada en su decisión de no ir a Jesús. Pero Jesús dijo otras palabras a los Judíos, de las que se entiende que aquellos Judíos no querían ir a Él porque no podían ir a Él, ya que no les fue dado por Dios, de hecho Él dijo: “NINGUNO PUEDE VENIR A MÍ, SI EL PADRE QUE ME ENVIÓ NO LE TRAJERE; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44), y también: “Por eso os he dicho que NINGUNO PUEDE VENIR A MÍ, SI NO LE FUERE DADO DEL PADRE” (Juan 6:65). Aquí se explica porque aquellos Judíos no quisieron ir a Jesús: porque el Padre no les trajo a Jesús. Entonces ellos no quisieron ir a Jesús porque Dios no quiso traerlos a Jesús. Así pasa todavía hoy: los que no quieren ir a Jesús no lo quieren porque el Padre no quiere traerlos a Jesús; y esto confirma que no es la voluntad de Dios salvar individualmente a todos los habitantes de la tierra, como sostienen muchos en su ignorancia.

Si, pues, hermanos, hemos ido a Jesús, se lo debemos a Dios Padre que nos trajo a Jesús. Y saber esto nos impulsa a dar las gracias y glorificar al Dios Altísimo, porque así a Él le gustó. No tenemos nada de que gloriarnos, porque no dependió de nosotros, sino de Dios. ¿Qué dijo Pablo, de hecho, a los santos de Roma? “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Por lo tanto, no ha dependido de nosotros si hemos querido ir a Jesús, sino de Dios que ha producido en nosotros el querer ir a Jesús. Es por eso que decimos que nuestro ir a Jesús ha dependido de la voluntad de Dios y no de nuestra voluntad. Así que si Dios no hubiera querido traernos a Cristo, nunca habríamos sido capaces de ir a Jesús. Pero gracias a Dios por habérnos traído a Jesús según el puro afecto de Su voluntad.

¡Bienaventurados aquellos que el Padre trae a Jesús!

Por el maestro de la palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Dios produce lo que quiere en el hombre, sin embargo, muchos se oponen a la soberanía de Dios

20100321125237-feliz-nacimiento“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48).

Este pasaje dice que Dios es el que obra la salvación y el hombre no es más que el destinatario de la obra de Dios.

Esto podría también dar molestia, pero las cosas son simplemente así como está escrito.

Pero Dios no sólo obra en el corazón del hombre para salvarlo, sino también obra en el corazón del hombre para endurecerlo, si no desea salvarlo, como está escrito:

“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane” (Juan 12:37-40).

Miren, pues, que toda la gloria va a Dios, si hemos sido salvados, lo somos por la voluntad de Dios, exclusivamente por Su voluntad, y que no hemos podido hacer nada para MERECER y de alguna manera recibir la salvación.

De hecho, estábamos muertos en delitos y pecados, no sabíamos cómo encontrar a Dios, no buscábamos de Él: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).

Estimados en el Señor, tenemos que aprender a dar continuamente gracias a Dios que ha tenido misericordia de nosotros y por Su voluntad nos ha REGENERADO, porque estábamos espiritualmente muertos, incapaces de agradar a Dios y de buscarlo, y Él, en Su misericordia nos ha buscado y salvado.

A Dios sea toda la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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La voluntad del hombre y la voluntad de Dios

“Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Génesis 45:4).

10703630_10152340647171851_6752549222860154540_n“Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:7,8).

José, hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos a los madianitas por envidia. Fueron ellos los que decidieron la venta de su hermano con su “libre albedrío”. Los madianitas vendieron a José como esclavo en Egipto a Potifar. Luego fue encarcelado injustamente por las falsas acusaciones de la esposa de Potifar. Y después de dos años de cautiverio se convirtió en gobernador de todo Egipto. Fue el segundo después de Faraón. José, por supuesto, mirando a su vida, se dio cuenta de que fue Dios que lo envió a Egipto. Él reconoció que Dios siempre cumple su plan. Y lo hace poniendo en el corazón de las personas su plan para que lo que Dios había decretado suceda.

Pasaron muchos años, casi 15, entre la venta de José y su encuentro con sus hermanos. Todo fue dirigido por Dios. Dios actúa de esta manera. Parece que todo no esté bajo su control. Sin embargo, después de muchos años, el creyente reconoce que el Señor ha enderezado sus pasos. Porque la sabiduría dice: “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9). Es por eso que Jesús dijo que sin la voluntad de Dios ni siquiera un pajarillo cae a tierra (Véase Mateo 10:29). Frente a esta realidad, el corazón del creyente confía en Dios y no se preocupa por el día de mañana.

Por el hermano en Cristo: Gian Michele Tinnirello

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Para aquellos que se oponen al propósito de Dios conforme a la elección

avversari-predestinazioneAntes que ustedes, muchos otros se han opuesto al propósito de Dios conforme a la elección, y han tratado de derribarlo y aplastarlo con sus razonamientos vacíos exactamente como lo están haciendo ustedes, sin embargo, ha estado firme durante siglos y sus razonamientos vacíos han sido puntualmente destruidos, debido a que es el diseño que Dios ha creado en sí mismo antes de la fundación del mundo para ponerlo en práctica en Su tiempo, y ustedes no podrán jamás deshacerlo. Dios, por lo tanto, seguirá teniendo misericordia de los que Él quiere, y por lo tanto, salvando a los que Él ha elegido para salvación desde el principio, y endureciendo a quien Él quiere. Ustedes pueden vocear todo lo que quieran, pueden gritar sus mentiras desde las azoteas y las montañas, a través de todos los medios que tienen, siempre mentiras permanecerán. Mientras la verdad permanecerá para siempre, porque es indestructible. Y la verdad es esta:

…. a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:29-30), así que no depende “del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16), como Dios dice: “Tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Éxodo 33:19).

Quien tiene oídos para oír, oiga

Por el mestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¡Hablan sobre el libre albedrío pero hacen depender la salvación del hombre de la voluntad de Dios!

bivio-uomoMis palabras están dirigidas a aquellos que apoyan el así llamado libre albedrío, es decir, que Dios hizo el hombre totalmente libre de elegir o rechazar la salvación que es en Cristo Jesús.

¿Por qué oran a Dios para que salve a los hombres? ¿Por qué, de hecho, imploran a Dios que toque o abra sus corazones, para que sean atentos a su Palabra o la entiendan, y para llevarlos a los pies de Jesús? ¿No deberían más bien estar en silencio esperando que los hombres decidan “en completa libertad” para ser salvos? ¿Por qué piden a Dios que interfiera en las decisiones de los hombres? ¿Por qué ustedes oran a Dios para que doble los corazones de los hombres a Jesús? ¿Por qué oran a Él para que obre en la mente y el corazón de los hombres para que crean en el Evangelio? Si, de hecho – como dicen ustedes – Dios hizo al hombre totalmente libre y “su destino está en sus propias manos”, entonces Él no puede influir o afectar de alguna manera sus decisiones, porque si lo hiciera el hombre ya no sería más libre para tomar sus propias decisiones sin alguna interferencia externa de Dios¡¡¡

Ustedes, por lo tanto, se contradicen de una manera manifiesta. Evidentemente hay “algo” dentro de ustedes que les sugiere que si Dios no actúa de ninguna manera en la voluntad del hombre, él no puede tomar o encontrar el camino que lleva a la vida, es decir, no puede ser salvado. No hay otra explicación por su comportamiento.

Y entonces, de manera implícita, sin darse cuenta, admiten que, en última instancia, la salvación del hombre no depende de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios que tiene misericordia de él (Dios, de hecho dice: “Tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” Éxodo 33: 19). Y luego reconocen implícitamente que Dios no quiere salvar a todos los habitantes de la tierra, porque a pesar de que ustedes lo imploren para salvar a todos los hombres, no salva a todos los hombres, sino sólo aquellos que Él quiere salvar¡ Por otra parte, ustedes mismos dicen en sus oraciones: ‘¡Oh Señor, hágase tu voluntad¡’, y entonces ustedes no pueden dejar de reconocer que ya que Dios es el Todopoderoso, si no salva a todos los hombres como ustedes le piden, esto significa que no es Su deseo salvar a todos aquellos por quienes oran¡ Porque ya saben que la Escritura afirma que “esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

Estando así las cosas, no hay nada que hacer sino rechazar el libre albedrío – que, debido a que contrasta la enseñanza bíblica, lanza a ustedes en una total confusión – y aceptar el propósito de Dios conforme a la elección, que depende de la voluntad de Aquel que llama y no de la voluntad del que es llamado, como está escrito: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).

Al hacerlo, ustedes comprenderán por fin lo que significa haber sido salvados por gracia por medio de la fe, y este no es de nosotros mismos, para que ninguno de nosotros se gloríe, porque los que se glorian deben gloriarse en el Señor. Y les aseguro que saldrán de la confusión en la que actualmente se encuentran a causa del así llamado libre albedrío¡

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Como Abraham no tiene nada de qué gloriarse delante de Dios, así también todos los hombres

bilancia_giustizia“Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” (Romanos 4:2-5)

Hay algunos que dicen que el hombre es justificado porque fue él que libremente ha querido creer en Dios.

Si lo que dicen fuera cierto, si la justificación del hombre sucediera exactamente de esta manera, entonces el hombre tendría de qué gloriarse delante de Dios. De hecho, si la salvación dependiera del hombre que cree por su voluntad, y Dios fuera impedido a operar por aquella obra que el hombre debe hacer por sí mismo, es decir, el hecho de creer, entonces tendría de qué gloriarse ante Dios y ante todos los demás incrédulos, que no quisieron creer y a los cuales falta esa obra fundamental que los llevaría a la salvación.

Como Abraham no tiene nada de qué gloriarse delante de Dios, al igual las demás personas que han creído y han sido justificadas por la fe no tienen nada de qué gloriarse; para que eso suceda, es necesario aceptar el hecho de que los que creen lo hacen en virtud de la voluntad de Aquel que les llamó, ya que es el Espíritu Santo que les convence de pecado, como está escrito:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” (Juan 16:7-11)

La obra de la convicción que el Espíritu Santo opera en los seres humanos, no puede ser detenida por ellos, ya que nadie puede resistir a Dios, nadie puede resistir a la voluntad de Dios, y si Él decidió de salvar una persona, lo hace, y esta, por lo tanto, no tiene nada de qué gloriarse, porque la justificación le es dada por gracia, sin ninguna obra.

Que la salvación del hombre no depende en ninguna manera del hombre es confirmado por otras Escrituras:

“..pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9:11-13)

Y más:

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:16)

Además de Pablo, como hemos leído, Juan también confirmó que la salvación y la justificación dependen únicamente de Dios sin la intervención humana, diciendo que el hombre nace de nuevo exclusivamente por la voluntad de Dios, como está escrito:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)

Los que quieren gloriarse del hecho de que la salvación ha dependido de ellos, hacen un desplazamiento del momento y de la obra fundamental de salvación, sacándola de las manos y de la voluntad de Dios y justifican los muchos pasajes que claramente hablan de la predestinación de Dios en diversas maneras; ellos gritan a gran voz, entre otras cosas absurdas, incluso esta, diciendo: “Si Dios realmente salvara al hombre sólo por Su voluntad, sin que el hombre pueda oponerse, entonces es un Dios injusto”.

Pero Dios, en previsión de que habrían sido esas personas insensatas que no quieren rendirse completamente a Su voluntad, hizo escribir estas palabras por medio de Pablo:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.” (Romanos 9:14)

Entonces todos los hijos de Dios harían bien a creer y pensar que Dios es justo en todo lo que hace, y que ha decidido hacer, comenzando precisamente de su plan de salvación para aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo.

Para estas personas que se rebelan contra el hecho de que Dios ya ha determinado los hombres y las mujeres que se salvarán, antes de la fundación del mundo, la Escritura les advierte de esta manera:

“Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Romanos 9:20)

Hermanos en el Señor, sean mansos, sumisos a la voluntad de Dios, a lo que Dios ya estableció desde el principio, porque Él ha decretado así y nadie le puede decir qué hacer y cómo hacerlo. Él nos hizo conocer por medio de Su Palabra cual sea Su voluntad respecto a la salvación y la justificación del hombre, entonces, debemos tomar nota de lo que nos ha hecho conocer y adaptárnos a su voluntad perfecta e inmutable.

Estimados en el Señor, tengan cuidado con lo que oyen, porque estas cosas que estamos diciendo son importantes, porque hacen conocer al hombre quien es realmente Dios y cuales son sus obras; por lo tanto, las consideraciones erróneas de Dios y de sus obras, pueden llevar a los creyentes lejos de la verdad, para seguir un camino que no es lo que conduce al cielo. Por lo tanto, miren lo que oyen, hermanos en el Señor, estudien bien las Escrituras, para saber cual es la voluntad perfecta e inmutable de Dios.

Que nadie les engañe con palabras vanas, ni con la filosofía humana, debido a que muchos engañadores han salido en el mundo, para tratar de seducir a los santos y llevarlos lejos del buen camino. La charla de estos seductores es siempre dulce, lisonjera, hechicera, con el único propósito de llevar a los hijos de Dios lejos de la verdad de Dios que se exhibe en las Sagradas Escrituras.

Giuseppe Piredda, salvo por gracia por la fe en Cristo Jesús, por la sóla voluntad de Dios

Traducido por Enrico Maria Palumbo