¿Fue Jesucristo creado o es coeterno con el Padre?

Por toda la eternidad....

Los Testigos de Jehová (y no solamente ellos n.d.t.), para decir que Jesucristo no ha existido siempre junto con Dios su Padre toma los siguientes pasajes de la Escritura: “He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto…” (Apocalipsis 3:14) y: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación… él que es el principio” (Colosenses 1:15,18). Como se puede ver en estos pasajes Jesús es llamado el principio de la creación de Dios, el primogénito de toda creación y el principio.

Ahora, por lo visto parece que Cristo sea llamado una criatura de Dios, pero en realidad es sólo una apariencia, porque la comparación de estas Escrituras con otras escrituras muestran que las cosas no son así porque Cristo nunca fue ha creado sino ha siempre existido como Dios su Padre y el Espíritu Santo. Vamos a ver entonces estas otras Escrituras que anulan la mala interpretación dada a esos pasos por los testigos de Jehová.

– Jesús dijo a los Judíos: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).

Él pudo decir esto aunque en apariencia parecía una criatura, porque Él existía desde toda la eternidad antes de tomar la naturaleza humana. Si así no hubiera sido, es decir, si Cristo hubiese sido creado por Dios antes del mundo, no habría podido hacer esa declaración porque se habría arrogado un atributo que no le correspondía. Él habría podido decir: “Antes que Abraham fuese yo existía o era” , pero no “Yo soy” como hizo.

– Jesús dijo a Juan: “No temas; yo soy el primero y el último… ” (Apocalipsis 1:17,18).

Si Él hubiera sido creado por Dios y por lo tanto si hubiera sido una criatura no habría podido jamás pretender ser el primero; porque en tal caso habría afeado Dios de su gloria. Si Él realmente hubiese sido una criatura habría dicho que era el segundo, y jamás el primero como lo es Dios el Padre. Por lo tanto, también estas palabras de Jesús muestran que Él es Dios.

– Pablo dice a los Romanos sobre los que Dios ha abandonado en las concupiscencias de sus corazones porque cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible: “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:25).

Ahora, si Cristo fuera una criatura de Dios porque creado por Dios en un determinado tiempo de la eternidad, nosotros, debido a la adoración que le ofrecemos, nos seríamos considerados como los idólatras que adoran a los ángeles, María,… ¿Cuál diferencia pasaría de hecho entre Cristo y alguna otra criatura de Dios? ¡Sólo el hecho de que fue creado primero y nada más! Cristo, por tanto, no puede ser una criatura de Dios. Consideren los discípulos del Señor que le adoraban antes que nosotros cuando se les apareció resucitado. Si Cristo hubiera sido una criatura, ¿cómo habrían podido adorar a Cristo y no ser culpables de idolatría? Era imposible. Pero digamos más: ¿Cómo habría podido Cristo, si hubiera sido una criatura, no reprénderles al verlos que le adoraban cuando Él mismo había dicho: “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele..” (Lucas 17:3) (los discípulos fueron llamados por Cristo “mis hermanos”)? (Véase Mateo 28:10). Y si un ángel santo (una criatura de Dios entoces) cuando vio Juan postrado ante Él lo regañó diciéndole: “Mira, no lo hagas…Adora a Dios” (Apocalipsis 22:9), ¿no habría hecho Cristo, si hubiera sido una criatura, lo mismo a sus discípulos? Por supuesto que les habría reprendido también advertiéndoles que debían adorar sólo a Dios; pero el hecho de que Él no lo hizo indica que Él sabía ser Dios y por lo tanto ser digno de adoración. También me gustaría señalar un par de cosas acerca de las palabras anteriores de Pablo a los Romanos: la expresión “antes que al Creador” significa que los idólatras adoran a alguien que no es el Creador, sino una criatura. Así que debemos adorar al Creador, no la criatura; y, por tanto, si Cristo es una criatura deberíamos dejar de adorarle. Pero ¿cómo podemos dejar de adorar a Cristo cuando la Escritura nos dice que los hombres sabios, sus discípulos y las mujeres lo adoraron? Pero ¿cómo podemos dejar de adorar a Cristo, cuando los santos ángeles de Dios en el cielo le adoran en obediencia a la orden de Dios? ¿No está escrito: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10)? Es por lo tanto la voluntad de Dios que nosotros adoremos a Cristo como lo hacen los ángeles en el cielo, y no algo injusto en los ojos de Dios. Alguien dirá: ‘¿Pero entonces Cristo es el Creador que es bendito por los siglos?’ Sí, junto con el Padre creó todas las cosas. No puede ser de otra manera, de hecho, más adelante en la misma epístola Pablo llama a Cristo “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Noten ese “bendito por los siglos” común a los dos versículos, porque atestiguan inequívocamente que Cristo es co-creador con el Padre, pero no como lo entienden los Testigos de Jehová, es decir, que el Hijo primero haya sido creado y luego haya creado, [Ellos dicen: ‘…después de haber sido creado como su Hijo primogénito, Dios lo usó como su colaborador en la creación de todo el resto del universo’ (Sea Dios veraz, p. 35)], porque Él era Dios antes de la fundación del mundo, desde la eternidad.

Pero si Jesús no es una criatura de Dios, ¿qué significado tienen estas escrituras? Significan que Cristo es el principio de la creación de Dios y el primogénito de toda criatura en el sentido de que Él es superior a la creación y toda criatura porque está escrito que Él es “sobre todas las cosas” (Romanos 9:5) y “sobre todos” (Juan 3:31), y también en el sentido de que toda la creación tiene su principio en Él; pero no que es la primera criatura de Dios, porque el Hijo de Dios es desde la eternidad y hasta la eternidad con el Padre. Y a continuación, señalamos que si se debiera afirmar que Jesús fue creado debido a que es llamado “el principio” (Colosenses 1:18) lo mismo debería decirse también de Dios Padre porque Él es llamado “el principio” (Apocalipsis 21:6). ¿Cómo es, entonces, que cuando Pablo dice que Jesús es el principio, los Testigos de Jehová, dicen que significa que tuvo un principio, pero cuando Dios dice que Él es “el principio” los Testigos de Jehová no se atreven a decir que Dios tuvo un principio, y por tanto que Él no ha siempre existido? Es obvia la razón, porque se acercan a la Biblia para hacerle decir lo que quieren. El término primogénito entonces, en el citado versículo en Colosenses indica la supremacía de Cristo sobre todas las criaturas de Dios; como cuando se dice en los Salmos: “Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”. No puede por tanto existir, a la luz de las Escrituras, la antes citada explicación de esos versículos de la Biblia dadas por los Testigos de Jehová.

Ahora vamos a decir algo sobre el pasaje de la Escritura escrita en Proverbios tomado por los Testigos de Jehová para decir que Jesús no es Dios: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras” (Proverbios 8:22). Ahora, de acuerdo con los Testigos de Jehová estas palabras confirmarían que Cristo fue creado por Dios y que Él no es eterno; y esto porque la Escritura lo llama “sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24) y “la sabiduría de Dios” (Lucas 11:49). Pero las cosas no son así en absoluto, ya que de una lectura cuidadosa de las palabras de la sabiduría de Dios se nota que habla de esa manera para dejar claro a los que escuchan lo importante que es prestar atención a todo lo que Ella dice. En otras palabras Ella dice que ya existía con Dios antes que Dios crease todas las cosas, y fue testigo de la creación hecha por Dios y por lo tanto vale la pena prestarle atención porque sabe lo que es bueno que el hombre deba hacer y lo que no lo es. Pero mediten: ¿No sería absurdo decir que la sabiduría con esas palabras haya dicho que también Ella ha sido creada por Dios? Por supuesto que lo sería, porque en ese caso se debería concluir que hubo un tiempo en que Dios estaba sin sabiduría! Y entonces que Él no fue siempre el mismo, y esto iría en contra de las palabras de Dios: “Yo, el Señor, no cambio” (Malaquías 3:6) Pero entonces, en este caso con razón surgiría una pregunta: ¿Cómo hizo Dios sin la sabiduría a crear la sabiduría?! En esencia surgiría una pregunta muy similar a la que – como hemos visto – se haría si dijéramos que el Verbo también fue creado por Dios, y es decir: Si todo fue hecho a través del Verbo, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho, ¿cómo creó Dios el Verbo sin el Verbo?! Como pueden ver, si las cosas fueran como dicen los Testigos de Jehová nos iríamos inevitablemente en contra de la Palabra de Dios. No se puede, por lo tanto, aceptar esta explicación que ellos dan a las palabras de Salomón. Una vez más hay que reconocer que negar la eternidad del Hijo de Dios, es negar que Él no tiene principio, también apoyándose en algunos pasajes de la Escritura que aparentemente muestran que Él tuvo un principio, significa ir en contra de la enseñanza global de la Palabra, y por lo tanto quedarse confundidos por ella misma.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¿Jehová es el nombre de Dios? ¿Qué enseñan los Testigos de Jehová?

YHWHEl nombre de Dios en letras hebreas YHWH

El nombre de Dios

La doctrina de los Testigos de Jehová. Los Testigos de Jehová afirman que el nombre personal de Dios es Jehová: ‘El nombre de “Jehová” es una palabra hebrea que significa literalmente “Él es la causa de la existencia”, es decir, que actúa para un propósito. Él reveló de una manera especial este nombre a Moisés cuando expuso Su propósito en relación con su pueblo elegido, que era entonces bajo la esclavitud de Egipto’(Sea Dios veraz, p. 31). El nombre de Jehová ‘es la más famosa forma del nombre divino’ (Perspicacia para comprender las Escrituras, vol I, p 1023) que es YHWH, el tetragrámaton – del griego tetra “cuatro”, y grama “letra” -, el nombre de Dios en hebreo. Los Testigos de Jehová reconocen, sin embargo, que ‘los ebraicistas generalmente prefieren ‘Yahweh’ considerandola como la pronunciación más probable’ (P. 1025). Sin embargo, dicen, ‘no parece que haya ninguna razón para abandonar la conocida forma ‘Jehová’ en favor de alguna otra forma sugerida’ (P. 1025). ¿Pero entonces es sólo cuestión de pronunciación ya que prefieren pronunciar el sagrado Tetragrámaton YHWH ‘Jehová’ en vez de ‘Yahweh’? No, no es simplemente una cuestión de pronunciación. Hay algo más. Los Testigos de Jehová acusan a los católicos y los protestantes de haber privado al pueblo del conocimiento del nombre de Dios, porque lo habrían eliminado de las diversas traducciones de la Biblia hechas por ellos. ‘El nombre de Dios, por lo tanto es JEHOVÁ. Sin embargo, muchos de los que profesan adorar a Dios han sido irrespetuoso con ese nombre. Algunos, incluso lo han quitado de sus traducciones de la Biblia, substituyendolo por los títulos “Señor” y “Dios”. Esta práctica no sólo esconde el nombre ilustre de Dios, sino también confunde el Señor Jehová con el Señor Jesucristo y con otros ‘señores’ y ‘dioses’ a la que la Biblia se refiere’(“Venga tu reino” imprimido en la República Federal de Alemania 1981, p. 16-17), y otra vez:.. ‘Por lo tanto, por las traducciones modernas de la Biblia, teólogos y traductores de la cristiandad prefieren abandonar el Tetragrámaton o el mas comprensible Jehová o Yahwéh, y reemplazarlo con alguna expresión que suene más neutral como Señor’ (La Atalaya, 15 de abril de 1969, p. 250). Esta es una profanación del nombre de Dios, el cual va en contra de las palabras que Jesús dijo a decirle a Dios: “Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9). ¿Qué hicieron entonces, los Testigos de Jehová? Decidieron poner en marcha el Tetragrammaton, que según sus cálculos se utiliza alrededor de 7.000 veces en la Biblia. En el Antiguo Testamento, llamado por ellos las Escrituras Hebreas, ‘el nombre, representado por las cuatro consonantes hebreas parecen, en general, 6.823 veces’ (Sea Dios veraz, p. 23), en el Nuevo Testamento, llamado por ellos las Escrituras Griegas Cristianas, por otro lado, aparece 237 veces. En cuanto a las razones que explican la falta de Tetragrámaton tanto en los manuscritos Testamento como en el Nuevo son las siguientes. ‘Las Escrituras hebreas fueron traducidas por primera vez en griego hacia el 285-247 a.C; pero desde algún tiempo antes los Judíos comenzaron a evitar pronunciar este nombre en el temor supersticioso de nombrarle en vano. Así que cuando llegaban al nombre, pronunciaban en su lugar la palabra Adonai (Señor) o Elohim (Dios). Al hacer, por lo tanto, la primera traducción griega conocida como la traducción de la Septuaginta (LXX) los traductores siguieron al uso judío y substituyeron en su versión griega los nombres mencionados para designar el nombre de Dios’ (P. 23 ) [1]. ‘¿Por qué entonces el nombre no aparece en los manuscritos de las Escrituras Griegas Cristianas, el llamado Nuevo Testamento, que hemos recibido? Evidentemente porque cuando se hicieron esas copias (del siglo III dC en adelante) el texto original de los escritos de los apóstoles y discípulos ya había sido alterado. Entonces los copistas posteriores deben haber sustituido el nombre divino en la forma del Tetragrámaton por Kyrios y Theos…’(Perspicacia para comprender las Escrituras, vol. I, p. 1028). Siendo ese el caso para el Nuevo Testamento, según la Watchtower, sus traductores han tenido a bien poner el Tetragrámaton, en forma de Jehová, en su lugar. Y se jactan al haberlo hecho: ‘Una traducción que restaura audazmente el nombre de Dios sobre una base sólida es la traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas’ (El nombre divino que durará para siempre, p 27.). He aquí por qué reemplazaron Kyrios ‘Señor’, o Theos ‘Dios’ con Jehová en 237 casos. Además de todo esto los Testigos de Jehová afirman que para establecer una relación personal con Dios, se debe conocer y utilizar su nombre: ‘Conocer y utilizar el nombre de Dios es la única manera de acercarse a Dios y establecer una relación personal con él’ (La Atalaya, 15 de octubre de 1982, p. 31); ‘La única manera en la que uno puede acercarse a Dios y tener una relación personal con él es a conocerlo por su nombre, Yahwéh o Jehová, y aprender a utilizar ese nombre respetuosamente al adorarle’ (La Atalaya, 1 de mayo 1982 p. 9). Esto explica por qué se dan tanto por hacer para dar a conocer el nombre de Jehová a las personas, porque sólo de esta manera se puede establecer una relación personal con Dios. Sólo de esta manera pueden ser salvados: ‘Si también ustedes quieren conseguir la salvación, deben conocer y honrar el nombre de Dios’ (La verdad que lleva a la vida eterna, p. 127); ‘Porque los que no lo usan no se pueden identificar con los que Dios elige como ‘pueblo para su nombre’(Ustedes pueden vivir para siempre en el paraíso en la Tierra, p. 44). Haciendo este trabajo de difundir el nombre de Jehová ellos creen que están siguiendo el ejemplo de Cristo, quien dijo: “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer” (Juan 17:26). Jesús dio a conocer a los demás el nombre de Dios, Jehov…’ (Ustedes pueden vivir para siempre en el paraíso en la Tierra, p. 184).

 

Refutación

Como hemos visto los Testigos de Jehová lanzan acusaciones contra los traductores de la Biblia porque no han puesto el Tetragrammaton o al menos Yahvéh todas las veces que se encuentra, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. En este sentido, decimos lo siguiente. Con respecto a las Escrituras del Antiguo Pacto, sin querer llegar a debatir si las primeras versiones de la Septuaginta contenían o menos el tetragrámaton hebreo, decimos que habría sido conveniente que los traductores modernos de las Escrituras del Antiguo Pacto se ateniesen muy de cerca con el hebreo original y entonces que pusieran Yahvéh, que es la pronunciación correcta del Tetragrámaton hebreo, o al menos su significado que es “El que es”, donde precisamente había el Tetragrámaton [2]. En cuanto a los escritos del Nuevo Testamento las cosas son diferentes, porque no hay la más mínima evidencia de que en el original había 237 veces el Tetragrammaton y que los copistas lo han reemplazado con Señor y con Dios, de hecho, entre las muchas copias del Nuevo Testamento en griego no hay ninguna copia en la que aparece el Tetragrammaton. Hay realmente la necesidad de decir que la colocación de la palabra Jehová por los ‘traductores’ del Nuevo Mundo no fue un acto valiente, sino presuntuoso (Como veremos más adelante, en algunos casos, la introducción de la palabtra Jehová en lugar de Señor, ha tenido el propósito de no hacer creer que Jesucristo es Dios. Estando así las cosas, por tanto, acerca de los escritos del Nuevo Testamento, es decir que originariamente en ninguno de ellos en alguna parte, en lugar de Señor (Kyrios) o Dios (Theos), aparecía el Tetragrammaton, hay que hacer esta necesaria observación. Aunque muchos traductores del Antiguo Pacto han puesto en lugar del Tetragrámaton, según el caso, ‘Señor’ o ‘Dios’, el hecho de que varios versículos del Antiguo Testamento (donde se menciona lo sagrado Tetragrámaton) cuando se menciona en el Nuevo Testamento se citan con “Señor” en lugar del Tetragrámaton, sugiere que en los días de Jesús y los apóstoles pronunciar o escribir en lugar del Tetragrámaton (presente en muchos versículos del Antiguo Testamento) el nombre del Señor era una cosa común y normal que de ninguna manera constituía un delito o un insulto para el nombre de Dios. Habiendo mostrado de este modo que la palabra Jehová es una palabra ficticia, y que su entrada en los escritos del Antiguo Testamento en lugar del Tetragrámaton no es algo digno de elogio, porque en todo caso, los ‘traductores’ del Nuevo Mundo habrían tenido que poner ‘Yahweh’ y no ‘Jehová’ [3], y que su entrada en el Nuevo Testamento ha sido presunción, alguien va a preguntar: ¿Qué se debe entonces responder a los Testigos de Jehová cuando nos preguntan como se llama Dios? Para adherirse estrictamente a las Escrituras se debería repetirles el Tetragrámaton YHWH cuya pronunciación es Yahvéh, es decir, El que es. Él es el YO SOY EL QUE SOY como dijo a Moisés (Véase Éxodo 3:14) [4], y el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Por experiencia sé que cuando ustedes les responden de esta manera, los Testigos de Jehová se quedan sorprendidos y encantados de finalmente encontrar a alguien que “sabe” el nombre de Dios. Entonces no insisten demasiado en la cuestión del nombre.

Pero en este punto tenemos que refutar la afirmación de los Testigos de Jehová que dicen que si no se sabe el nombre hebreo de Dios, no se puede construir una relación personal con Él y no se puede obtener la salvación y que no se puede identificarse con el pueblo por su nombre. Si bien es cierto que el nombre de Dios es Yahweh, no es en absoluto cierto que cualquier persona que no sabe que el nombre hebreo de Dios es Yahweh no puede tener una relación con Él y ser salvado por Él y agradable delante de Él. Y para probar esto tomaré el ejemplo de Abraham, Isaac y Jacob. ¿Por qué tomar ellos? Porque de acuerdo a lo que Dios le dijo a Moisés, ellos no sabían el nombre de Dios, es decir Yahweh. “Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy el Señor. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El-Shadday (Dios Omnipotente), mas en mi nombre Yahweh (El que es) no me di a conocer a ellos” (Éxodo 6:2-3). Sin embargo, aunque dijo este Dios “no se averguenza de llamarse Dios de ellos…” (Hebreos 11:16). ¿Por qué esto? Debido a que agradaron a Dios por su fe. De Abraham se dice que por la fe “siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8), que “creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6), que por la fe “cuando fue probado, ofreció a Isaac…” (Hebreos 11:17). De Isaac se dice que por la fe “bendijo a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras” (Hebreos 11:20). De Jacob se dice que por la fe “al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (Hebreos 11:21). He aquí de que manera para agradaron a Dios los patriarcas, porque creyeron en Él (no porque sabían su nombre YHWH). Y esta sigue siendo la forma de agradar a Dios, creer en Él. De hecho el escritor a los Hebreos dice que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan ” (Hebreos 11:6). Con toda la importancia, por tanto, que tiene el hecho de que el nombre de Dios es YHWH, no podemos decir en absoluto que para agradar a Dios se debe conocer este nombre, en la forma en que lo entienden los Testigos de Jehová. Abraham fue llamado amigo de Dios porque creyó en Dios e hizo lo recto ante sus ojos, sin saber el nombre de Yahwéh. Y el hombre aún puede ser llamado amigo de Dios como lo fue Abraham; si sigue los pasos de la fe del patriarca. En otras palabras, si él cree en Aquel que resucitó Jesucristo nuestro Señor de entre los muertos. Para ser salvados, justificados, regenerados, y así entrar a formar parte de las personas sobre las cuales está invocado el nombre de Dios, no es necesario conocer el nombre hebreo de Dios, que es Yahweh. Lo que se tiene que hacer es creer con el corazón en Jesucristo, de hecho Pablo y Silas respondieron bien al carcelero de Filipos cuando les preguntó temblando, Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Pablo dice a los Romanos: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Una vez más, acerca del tener que conocer el nombre de Dios y usarlo correctamente con el fin de ser salvo, el apóstol Pablo, que también conocía el nombre hebreo de Dios y lo respetaba, no habla de ello. Yo puedo decir por experiencia personal, porque en la noche que fui salvado por Dios y entré en una relación personal con Él, porque me convertí en su hijo, yo no fui salvado porque después de que me habían dicho que el nombre de Dios es Yahweh clamé a Él con ese nombre, pero fui salvado porque después de que escuché por enésima vez lo que Jesucristo había hecho por mí al morir en la cruz y resucitando al tercer día me di cuenta de ser un pecador delante de Dios, y pedí a Dios que perdonase todos mis pecados; cosa que hizo inmediatamente por la sangre de Jesucristo. En cuanto al nombre de Dios, que Él se dio a conocer a Moisés por el nombre de Yahweh, lo supe a través del tiempo. Pero esto no añadió nada a mi relación con Dios, porque ya lo conocía a través de su Hijo Jesús. Lo repito una vez más, con la debida importancia que le damos a la cuestión del nombre hebreo de Dios, con todo el respeto que tenemos hacia el santo nombre de Dios, hay que decir que no hemos sido salvados porque nos supimos que Yahweh es su nombre en hebreo.

Hemos visto antes que los Testigos de Jehová toman las palabras de Jesús que dijo que había dado a conocer el nombre de su Padre a sus discípulos para apoyar, no sólo que Jesús anduvo dar a conocer el nombre hebreo de Dios, YHWH, sino también que ellos, como sus fieles seguidores, hacen lo mismo contra los religiosos de este tiempo! ¿Pero en realidad las cosas son como ellos dicen? No, en absoluto, porque cuando leemos que Jesús dijo: “Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún…” (Juan 17:26) no debe entenderse en el sentido que Jesús vino a para hacer saber a los Judíos que el nombre de Dios era YHWH porque los Judíos ya sabían que Dios era El que es, de hecho, tenían las Escrituras del Antiguo Testamento donde fue dicho que Dios a Moisés se le reveló como Aquel que es, el Yo soy. Pero antes que Jesús vino para hacer conocer personalmente a Dios, porque sólo a través de Él los Judíos podían conocer a Dios personalmente. De hecho, Él Dijo: “Nadie conoce… quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Lucas 10:22). Y que esto es así lo demuestra el hecho de que Jesús, a los Judíos que creían conocer el nombre de Dios pero que lo contrastaban, dijo: “Vosotros no le conocéis” (Juan 8:55) y también: “Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Juan 8:19). Así que el hecho de saber que el nombre hebreo de Dios es YHWH no significa automáticamente conocer a Dios o conocer a su nombre, porque muchos Judíos, aunque lo conocían, todavía no conocían a Dios. Y las cosas no han cambiado en absoluto porque los Judíos todavía hoy en día, aunque puedan decir que YHWH es el nombre original de Dios que su pronunciación más correcta sea YAHWEH, realmente no lo conocen porque se niegan a creer en su Hijo. Y esto se puede decir también de los Testigos de Jehová, que saben que el nombre de Dios en hebreo es YHWH, pero sin embargo no lo conocen personalmente. ¿Por qué? Debido a que no conocen a Jesucristo. Y entonces ellos en realidad todavía no conocen el nombre de Dios. Conocer su nombre significa entonces conocer a la persona de Dios, conocimiento que se adquiere sólo cuando nos arrepentimos y aceptamos a Jesucristo. Y que, a fin de hacer conocer el nombre de Dios, no se debe entender hacer saber que su nombre original hebreo es YHWH lo se puede deducir también de la predicación de Pablo en el Aeorapago en Atenas, de hecho Pablo, después que dijo a los atenienses que había encontrado incluso un altar “en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO” (Hechos 17:23) y que les habría anunciado lo que ellos adoraban sin conocerlo, en su predicación no mencionó para nada el nombre hebreo de Dios, YHWH, pero dijo que Él era el que hizo el mundo y todas las cosas que están en él, siendo Señor del cielo y de la tierra, que daba a todos vida y aliento y todas las cosas, que de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación, para que los hombres lo busquen. Luego les dijo que no debemos creer que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra esculpida por la imaginación humana, y finalmente les predicó el arrepentimiento, el día del juicio y la resurrección de Aquel que Dios ha establecido para juzgar a los hombres en ese día.

Vamos a ver ahora cómo Jesús llamó a Dios. Jesús lo llamó el Padre, Dios, Señor del cielo y de la tierra, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y en la cruz Eloi o Eli. Y ¿cómo nos dijo que tenemos que dirigirnos a Dios cuando oramos a Él? Él nos dijo que tenemos que llamarle “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Si Él, entonces, que conocía a Dios completamente no dijo que cuando invocamos a Dios tenemos que llamarle con su nombre original YHWH, creemos que no sea indispensable el uso de este nombre cuando nos dirigimos a Dios. Haciendo un ejemplo para explicar este concepto, vamos a decir que sucede lo que se produce cuando un hijo (sea pequeño o ya adulto) habla a su padre terrenal. ¿Cómo lo llama? Él lo llama papa, o padre. ¿Pero él no tiene también un nombre? Por supuesto que lo tiene, pero su hijo lo llama papa y padre porque él está en una relación padre-hijo. ¿Se puede decir, quizás, que un hijo no honra a su padre por qué no le llama por su nombre? ¿Y quién se atrevería a decir esto? ¿Cuál es el padre que si su hijo le llama papa le regañaría porque no lo ha llamado José, Santiago o algo más? Creo que no exista. Y luego, nos gustaría preguntar a los Testigos de Jehová: Y ¿por qué Dios, que es nuestro Padre Celestial, no debería querernos o ser indignado con nosotros porque no le llamamos YHWH? ¿Por qué nos debería acusarnos de no santificar su nombre sólo porque no usamos su nombre cuando nos oramos a Él? No está claro como Dios que es bueno pueda regañar a sus hijos porque ellos no lo llaman por su nombre hebreo YHWH o Yahweh, mientras que los padres según la carne, que Jesús ha llamado malos, no osarían regañar a sus hijos por qué les llaman padre! No, no es como dicen los Testigos de Jehová, porque santificar el nombre de Dios no significa llamar a Dios con el Tetragrammaton, sino guardar sus mandamientos que Él nos ha dado a través de su Hijo. De esta manera nos santificamos el nombre de Dios que es invocado sobre nosotros.

NOTAS

[1] Acerca de la traducción conocida como la Septuaginta, los Testigos de Jehová creen que los primeros ejemplares de esta traducción contenían el tetragrámaton. ‘Es cierto que las copias más completas de los Septuaginta actualmente conocidas siguen la costumbre de sustituir el Tetragrámaton con el griego Kyrios (Señor) y Theos (Dios). Pero estos importantes manuscritos datan los siglos cuarto y quinto. Copias de las más antiguas, aunque fragmentarias, descubiertas recientes recientemente demuestran que las copias de la parte delantera de la Septuaginta contenían el nombre divino. Ejemplos de ello son los fragmentos de un rollo de papiro de una parte de Deuteronomio, catalogados como el Papiro Fouad Inv. 266. En él aparece regularmente el Tetragrámaton escrito en caracteres hebreos cuadrados, cada vez que se encuentra en el texto hebreo traducido. Según los estudiosos este papiro se data al primer siglo antes de Cristo, y por lo tanto fue escrito cuatro o cinco siglos antes de los manuscritos ya mencionados’ (Perspicacia para comprender las Escrituras, vol. I, p. 1023-1024).

[2] Yahweh es el nombre de Dios más utilizado en el Antiguo Testamento.

[3] Hacemos notar que incluyendo el nombre de Jehová en el Antiguo Testamento, los ‘traductores’ de entre los Testigos de Jehová se han topado con este error. Ellos han hecho decir a la Escritura que Abraham llamó a Dios con su nombre de YHWH, es decir Yahweh, porque ponen: “Jehová, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo” (Génesis 18:3), cuando sabemos que Dios no se había dado a conocer a Abraham por este nombre porque cuando Él habló a Moisés, dijo: “Yo soy el Señor. Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El-Shadday (Dios Omnipotente), mas en mi nombre Yahweh (El que es) no me di a conocer a ellos” (Éxodo 6:3). Es claro, por tanto, que si Dios dijo estas palabras a Moisés, esto significa que el patriarca Abraham aún no podía conocer a Dios con el nombre de Yahweh. El patriarca, de hecho, lo conocía por el nombre de El-Shadday, que es el Dios Todopoderoso, pero no por el nombre de Yahweh, es decir, Aquel que es. Como se puede ver los manipuladores de las Escrituras en este caso, poniendo Jehová en ese lugar, han hecho ‘decir’ una mentira a Dios. ¡Y luego los Testigos de Jehová nos dicen honrar el nombre de Dios llamandole Jehová! Cuando sus ‘expertos eruditos bíblicos’, ya que así son llamados por ellos los traductores de su Biblia, se han permitido hacer llamar a Dios Jehová por el patriarca Abraham cuando aún no conocía a Dios bajo este nombre. Pero, por supuesto, no son conscientes de esto.

[4] Conozco a una hermana en Cristo, quien, poco después de haber conocido al Señor, Como su hijo, que es Testigo de Jehová, le decía insistentemente que el nombre de Dios es Jehová y que así se debe llamarlo, en su sencillez oró a Dios para que le hubiera saber cual era su nombre. (Todavía esta hermana no sabía que Dios había hecho conocer a Moisés su nombre). Un día, mientras se encontraba en frente de su casa, oyó una voz autorizada que le dijo, «Yo soy».

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro.

Véase también: ¿Cúal es el nombre de Dios?

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Pasos que demuestran que Jesús es Dios

479989_543169739047173_373980122_n– Juan dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14). Y como se dice claramente que el Verbo era Dios y el Verbo fue hecho carne, declaramos que Dios fue manifestado en carne en la persona de Cristo Jesús. Las siguientes palabras escritas en los Salmos: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (Salmos 33:6), confirman lo que dijo Juan (“el Verbo era Dios “[Juan 1:1]), porque sabemos que los cielos fueron hechos por Dios, como está escrito: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1); Por lo tanto, si la Palabra de Dios no era Dios, no podría haber creado los cielos.

– Juan el Bautista dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36), por eso todos los que creen en Jesucristo tienen la vida eterna. Pero Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24), haciendo entender que, a fin de recibir la vida eterna, se debe creer en Dios. entonces alguien dirá: ‘¿En quién debemos creer para tener la vida eterna?’ En Cristo Jesús, porque Él es Dios con el Padre, y nos informó de las palabras de su Padre, y porque el que cree en Él automáticamente cree en Dios que lo envió, porque Jesús dijo: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió” (Juan 12:44).

– Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). ¿No está claro el significado de estas palabras de Jesús? Él y el Padre, a pesar de que son dos personas separadas, son Dios. Los Testigos de Jehová dicen en cambio que estas palabras significan sólo que el Hijo y el Padre son uno en acuerdo y propósito. Pero nosotros decimos: ‘Si fuera sólo eso el significado de las palabras de Jesús, ¿por qué los Judíos inmediatamente después de que lo pronunció recogieron unas piedras para apedrearlo?’ ¿No es otra, y precisamente porque se hacía igual a Dios, la razón por la que recogieron piedras para apedrearlo? Sí, de hecho está escrito que los Judíos le dijeron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). El hecho de declarar sólo estar de acuerdo con Dios no habría provocado la ira de los Judíos incrédulos.

– Respondió Jesús y le dijo al hombre que le había llamado “Maestro bueno” (Marcos 10:17): “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Ahora, alguien dirá: ‘¿Por qué tomar este paso para dar fe de que Jesús es Dios?’ Por esta razón, porque Jesús no se negó a ser llamado bueno, sino sólo le preguntó al hombre porque le había llamado bueno, ya que sólo Dios es bueno. Y así, ya que sólo Dios es bueno el Maestro es Dios, porque Él es bueno. Si Jesús no hubiera sido bueno, sin duda habría dicho al hombre para llamar sólo Dios bueno, y por lo tanto, implícitamente se habría declarado sólo un hombre. Pero precisamente porque era la misma cosa con Dios el Padre, Él era bueno. Por lo tanto, hacemos bien en el llamarlo Maestro bueno, porque Él es Dios.

– Pablo dijo de Jesucristo a los Colosenses que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). Y es precisamente en virtud del hecho de que en Cristo habitó toda la plenitud de la Deidad que hemos recibido gracia sobre gracia de Él, de hecho, Juan dice: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). En otras palabras, no habríamos sido capaces de recibir de Cristo la salvación, ni la vida, ni la paz, ni ninguna otra bendición si en Él no hubiese vivido la plenitud de la Deidad, o si Él no hubiese sido Dios.

– El apóstol Pablo dijo a los Romanos: “De quienes (los Israelitas) son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:5). Así que Jesús Cristo, aunque fue encontrado en la condición de hombre, es el Dios que es bendito por los siglos.

– Pablo dice a Tito: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…” (Tito 2:13). Ahora, el profeta Daniel llamó a Dios “el gran Dios”, porque después de que habló con el rey Nabucodonosor dijo: “El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir” (Daniel 2:45); Jeremías hizo lo mismo, de hecho dijo: “Dios grande” (Jeremías 32:18); David reconoció que sólo Dios es grande cuando él dijo: “Porque yo sé que Jehová es grande” (Salmos 135:5); por tanto, si Pablo llamó a Jesús “nuestro gran Dios” significa que él creía firmemente que Cristo es Dios. Si Jesús no fuera Dios, y por lo tanto si no era igual a Dios, Pablo no lo habría jamás llamado “nuestro gran Dios”, porque de esta manera habría definido una criatura Dios, haciendose culpable de idolatría. Recuerden que Pablo era un Judío por nacimiento que sabía muy bien que Dios había dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3), y por lo tanto nunca se habría permitido, si Jesucristo hubiese sido sólo un hombre, llamarlo “nuestro gran Dios” También el hecho de que Pablo llama a Jesucristo “nuestro Salvador” muestra que él creía que Él era Dios. Él sabía que Dios había dicho a través de Isaías: “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí” (Isaías 45:21), sin embargo, Él no llamó “nuestro Salvador” sólo a Dios el Padre (en Tito dice: “La predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” [Tito 1:3], y a Timoteo dice: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador” [1 Timoteo 1:1], y: “porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” [1 Timoteo 4:10]), sino también a su Hijo Jesucristo, como está escrito en Tito: “Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:4).

– El apóstol Pedro también llamó Jesucristo “nuestro Dios y Salvador”, de hecho, en el comienzo de su segunda epístola está escrito: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:1). También él, como Pablo, sabía que hay un sólo Dios y único Salvador, pero llamó el Cristo a quien había conocido en los días de su carne “nuestro Dios y Salvador” porque Él lo es.

– En el libro de los Hechos de los Apóstoles, entre las palabras de Pablo a los ancianos de la iglesia en Efeso, hay las siguientes: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre” (Hechos 20:28 ‘NVI’). Ahora, en estas palabras se dice que Dios compró la iglesia con su propia sangre, que a primera vista parece increíble, porque sabemos que no es Dios que murió en la cruz y derramó su sangre por nosotros, sino su unigénito Hijo. Pero examinando cuidadosamente este paso y comparándolo con otros pasajes de la Escritura vemos que Pablo aquí se refiere al Hijo de Dios y no a Dios el Padre, que en los días de la carne de su Hijo siguió sentado en su trono en el cielo. Recuerden que cuando Tomás le dijo a Jesús: “!!Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28), implícitamente admitió que su Dios murió en la cruz, que derramó su sangre para comprarnos, y luego fue resucitado; pero tengan en cuenta que con esas palabras no admitió que Dios el Padre murió en la cruz; digo esto para que se entienda que siempre hay una clara distinción entre Dios Padre y Dios Hijo. Son dos personas unidas y de la misma sustancia desde toda la eternidad, pero al mismo tiempo diferentes entre ellas y deben ser especificadas por separado a fin de no intercambiar el uno para el otro. En conclusión, Jesucristo es el Dios que, según las palabras de Pablo, compró su iglesia con su propia sangre.

– En la epístola a los Hebreos está escrito: “Mas del Hijo dice: tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo..” (Hebreos 1:8). También por estas palabras del cuadragésimo quinto salmo se entiende claramente que el Hijo es Dios, y no un dios.

– Siempre en la misma carta está escrito, “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1:6). Ahora, nos sabemos que los ángeles adoran sólo a Dios, como está escrito: “Los ejércitos de los cielos te adoran” (Nehemías 9:6); entonces, como los ángeles saben que se debe adorar sólo a Dios (el ángel de Jesús que se le apareció a Juan en la isla de Patmos, cuando vio que Juan se postró ante él para adorarlo le dijo: “Mira, no lo hagas… Adora a Dios” [Apocalipsis 22:9]) ellos saben y reconocen que Jesucristo es Dios. Y entonces, si Dios el Padre ha ordenado a sus ángeles para adorar a su Hijo, quiere decir que Él mismo reconoce en Cristo Jesús la segunda persona de la Divinidad. Si Jesús no fuera Dios, el Padre nunca habría ordenado a sus ángeles para que le adorasen.

– Mateo dice que los magos “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron…” (Mateo 2:11). Estas palabras muestran que Jesús era Dios, incluso cuando era un bebé, porque los Magos le dirigieron su adoración debida sólo a Dios.

– El mismo apóstol dice al final del Evangelio que escribió que las mujeres acercándose a Jesús resucitado “abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9), y luego que los discípulos “se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron” (Mateo 28:16-17). Ahora, ya que está escrito en la ley: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10), entonces Cristo era Dios. Si el Hijo no hubiera sido Dios, no sólo no habría sido digno de ser adorado, sino Él mismo habría regañado tanto a las mujeres como a sus discípulos cuando le adoraron. Recuerden que Jesús nunca renunció a reprender a los suyos cuando se lo merecían; Él reprendió a Santiago y Juan cuando se le preguntó si quería que mandasen que desciendese fuego del cielo para devorar a los samaritanos que no lo habían recibido porque se dirigía a Jerusalén, (Véase Lucas 9:51-56); y reprendió a Pedro porque no quería que sufriera y muriera (Véase Mateo 16:22-23). Por lo tanto, si sus discípulos, adorandole, se hubiesen hechos culpables de idolatría, Jesús les habría regañado y les habría dicho: ‘¡¡Adoren a Dios!’; en cambio el hecho de que Él aceptó su adoración confirma que Jesús era Dios y no sólo un hombre.

– Pablo dice a los Filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…” (Filipenses 2:5-7). De esta manera Pablo ha confirmado tanto que Jesucristo era igual a Dios, como que Él, como Hijo de Dios, estaba con el Padre antes de la fundación del mundo.

– En la carta a los Hebreos dice: “Sino que os habéis acercado… a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22,23). Dios en este caso se llama el Juez de todos; pero también el Hijo es el Juez de todos, porque Pedro dijo de Él “que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10:42). Por lo tanto, ya que sabemos que el juicio pertenece al Señor, que es el único Dios verdadero, y no hay otro, Jesucristo es Dios.

–  Un día Jesús dijo a los Judíos: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56), y los Judíos le dijeron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” (Juan 8:57) y Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Ahora bien, sabemos que el Yo soy apareció a Moisés en el Monte Horeb en la llama de una zarza ardiente y habló con él y le envió a Egipto para liberar a Israel, pero veamos ahora cuando el Yo soy le apareció al patriarca Abraham, porque Jesús proclamó haber visto a Abraham y que Abraham había visto su día, y él se había regocijado. Está escrito: “Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él…” (Génesis 18:1-2). Tengan en cuenta que la Escritura dice que Abraham vio a tres hombres. Continuando la lectura de esta visita que Abraham recibió se nota que dos de estos hombres eran en realidad dos ángeles, de hecho, después de que los tres hombres habían comido lo que Abraham había puesto frente a ellos, la Escritura antes dice: “Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma” (Génesis 18:22), y un poco más adelante: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde…” (Génesis 19:1). Por tanto, dos de esos tres hombres eran dos ángeles; pero entonces, ¿quién era el tercero? Era el Señor, que es, el Yo soy, de hecho, la Escritura después de decir que “El Señor se le apareció a Abraham” dice que, después de que los dos hombres salieron de Abraham, el patriarca “estaba aún delante de Jehová” (Génesis 18:22). Ahora quiero que noten algo más que considero importante porque confirma que aquel hombre que se le apareció a Abraham era Dios (el Hijo) antes de su encarnación. Después de que los dos ángeles tomaron la mano de Lot, su esposa y sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad de Sodoma, la Escritura dice: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Génesis 19:24). Noten la expresión: “Jehová hizo llover… de parte de Jehová”, porque confirma que aquel hombre que hizo llover de parte de Dios fuego y azufre sobre Sodoma era Dios, el Hijo.

– Isaías dijo: “!!Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder” (Isaías 40:9-10); a continuación, en las palabras de Isaías nuestro Dios vendrá con poder. Ahora, comparando estas palabras del profeta con estas palabras de Jesús: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lucas 21:27), y las de Juan: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” (Apocalipsis 1:7), entendemos que Jesucristo es nuestro Dios que viene con poder. Si luego examinamos las siguientes palabras pronunciadas por el Señor Jesús a Juan: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8) se darán cuenta de que el que viene es llamado el Alfa y la Omega y el Todopoderoso; y por lo tanto esto también es una confirmación de que Jesucristo, que ha de venir, es Dios.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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