Los apóstoles bautizaban, enseñaban, hablaban y predicaban en el nombre de Jesús


en el nombre de Jesus

Los Unicitarios, no usando bien la Palabra de Dios, afirman que la fórmula bautismal es “en el nombre de Jesús” rechazando así la clara enseñanza de Jesús: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Para demostrar su falsa doctrina, citan el libro de Los Hechos en el cual, en algunos casos, se dice que los que creyeron fueron bautizados en el nombre de Jesús, afirmando que la frase “fueron bautizados en el nombre de Jesús” se refiere a la fórmula que tiene que ser proclamada cuando se bautiza un nuevo creyente.

Sin embargo, ellos no saben, o se olvidan voluntariamente que en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, la expresión “en el nombre de Jesús” no se refiere sólo al bautismo, sino también a la enseñanza, al hablar, y a la predicación. Vamos, por lo tanto, a ver los pasajes de la Escritura que demuestran que los Unicitarios YERRAN GRANDEMENTE.

“Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera ni ENSEÑASEN EN EL NOMBRE DE JESÚS” (Hechos 4:18)

“Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no HABLASEN EN EL NOMBRE DE JESÚS, y los pusieron en libertad” (Hechos 5:40)

“Entonces Bernabé lo tomó a su cargo y lo llevó a los apóstoles. Saulo les describió en detalle cómo en el camino había visto al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había PREDICADO con libertad EN EL NOMBRE DE JESÚS” (Hechos 9:27)

“Y mandó BAUTIZARLES EN EL NOMBRE DE JESÚS. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10:48)

En el libro de Los Hechos está escrito que los apóstoles no sólo BAUTIZABAN, sino más bien ENSEÑABAN, HABLABAN y PREDICABAN en el nombre de Jesús. Si esto tuviese que ver con el recitar una fórmula, todos esos pasajes antes citados donde los apóstoles operaban “en el nombre de Jesús” no tendrían algún sentido.

Les hago un ejemplo: Si un evangelista va por las calles predicando en el nombre de Jesús, esto no significa que todas las veces que termina una frase tenga que decir “en el nombre de Jesús”, lo mismo pasa si un maestro de la Palabra de Dios está enseñando en el nombre de Jesús. ¡Esto sería una absurdidad!! Entonces es claro que, tanto el evangelista como el maestro que están predicando en el nombre de Jesús, están hablando según lo que ha dicho Jesús, o sea según Sus enseñanzas, según Sus mandamientos y la autoridad que Él les ha dado. Esto es lo que precisamente significa hacer algo en el nombre de Jesús.

Por lo tanto, a la luz de como se utiliza la expresión “en el nombre de Jesús” en todo el libro, ¿Qué tiene que ver esta expresión con la fórmula que se debe recitar durante el bautismo en agua? NADA, debido a que la expresión “en el nombre de Jesús” se refiere claramente al hecho de que los apóstoles enseñaban, hablaban, predicaban, y bautizaban según LAS ENSEÑANZAS y LA AUTORIDAD que les había dado Jesús, según SUS MANDAMIENTOS, entre los cuales hay el claro mandamiento acerca de la fórmula bautismal que se les fue dado por EL MISMO SEÑOR JESUCRISTO: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

¿Se dan cuenta de la insensatez que afirman los Unicitarios? Según ellos Jesús habría dado ese mandamiento y luego los apóstoles lo habrían cambiado dsobedeciendo poco después que Él ha sido llevado al cielo!!

Hermanos y hermanas en el Señor, no se hagan seducir por estos supuestos pastores o maestros que quieren desviar a los santos de la verdad que es en Cristo Jesús, y si se han hecho bautizar con la fórmula en el sólo nombre de Jesús, sepan que ese bautismo NO ES VÁLIDO y se deben hacer (re)bautizar. Dios conoce a los suyos y tarde o temprano les dará de entender la verdad y estarán empujados por Él para apartarse de los Unicitarios o “Jesús solo” que, no sólo no bautizan en la fórmula correcta, sino más bien han rechazado una doctrina fundamental como la Trinidad.

Por supuesto, hay hermanos sinceros entre los Unicitarios que han sido verdaderamente regenerados espiritualmente, sin embargo, si se hacen guiar sin escudriñar  y analizar todas las cosas a la luz de la Palabra de Dios, y no superficialmente como les enseñan sus dirigentes, precerán por falta de conocimiento y seguirán engañando y siendo engañados.

Es por amor a sus almas que se les dicen estas cosas, no se endurezcan y reconozcan la verdad.

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, HACEDLO TODO EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17)

Enrico Maria Palumbo

Para aprofundizar el tema de la Trinidad, lean los siguientes estudios Bíblicos: https://justojuicio.wordpress.com/category/trinidad/

Una pregunta sencilla para los Unicitarios



Punto-di-domanda1“Te encarezco DELANTE DE DIOS Y DEL SEÑOR JESUCRISTO, Y DE SUS ÁNGELES ESCOGIDOS, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad” (1 Timoteo 5:21)
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Pablo dice que delante de él hay:

1) Dios

2) Jesús

3) Los ángeles escogidos

Ahora, si Jesús y el Padre fuesen la misma persona, ¿Cómo se explica que sean citados por separado? (Y noten que Pablo cita también los ángeles escogidos haciendo entender que ellos también están SEPARADOS de Jesús y el Padre). Si ustedes afirman que Dios y el Padre son la misma persona, a la luz de este versículo, deben necesariamente afirmar que TAMBIÉN los ángeles escogidos sean Dios.

Unicitarios ¿Pueden ver AHORA la clara contradicción de su falsa doctrina?

Quien tiene oídos, oiga.

Enrico Maria Palumbo

Estudios Bíblicos acerca de la Trinidad: https://justojuicio.wordpress.com/category/trinidad/

Dios es el Padre de Cristo Jesús que es Dios y nuestro Salvador


tumblr_mfvy15owEN1qlbkn0o1_500” … y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de DIOS NUESTRO SALVADOR, a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, DE DIOS PADRE Y DEL SEÑOR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 1:3-4)

Hemos leído que el apóstol Pablo distingue claramente las DOS PERSONAS de DIOS PADRE y de CRISTO JESÚS que es llamado nuestro Salvador. Y luego confirma esta distinción con las siguientes palabras, llamando también a Dios Padre nuestro Salvador. Como está escrito: “Pero cuando se manifestó la bondad de DIOS NUESTRO SALVADOR, y su amor para con los hombres, NOS SALVÓ, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente POR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 3:4-6).

Dios Padre es, por lo tanto, nuestro Salvador que nos salvó por medio de Su Hijo (Jesucristo) nuestro Salvador.

A la luz de estas palabras nos comprendemos de una manera aún más clara las palabras del apóstol Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era CON DIOS, y el Verbo ERA DIOS” (Juan 1:1)

Jesús es Dios, sin embargo, es una persona diferente de Dios Padre porque Dios Padre no murió en la cruz, como falsamente dicen los Unicitarios, sino fue EL HIJO QUE NOS COMPRÓ A DIOS PADRE con Su preciosa sangre. Como está escrito acerca del Hijo: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y CON TU SANGRE COMPRASTE PARA DIOS gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 ‘NVI’) y “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de DIOS, QUE ÉL ADQUIRIÓ CON SU PROPIA SANGRE” (Hechos 20:28 ‘NVI’).

Dios (Jesús) nos adquirió a Dios (Dios Padre) con Su preciosa sangre.

Unicitarios, ¿No son bastante claras estas palabras? ¿Han sido así indoctrinados y engañados por los espíritus seductores que no pueden entender esta VERDAD FUNDAMENTAL?

Y a ustedes que dudan les digo, no se dejen engañar por los Unicitarios y ánclense firmamente a lo que está escrito en la Palabra de Dios, única lámpara a nuestros pies y luz en nuestro sendero.

Enrico Maria Palumbo

El bautismo en agua debe ser ministrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que son tres personas y no tres títulos



formula bautismal

Introducción

La enseñanza del bautismo en el sólo nombre de Jesús en la que ponen mucha énfasis los Pentecostales Unicitarios (es decir los pentecostales que niegan la Trinidad) es la siguiente. “Por los creyentes unicitarios, el bautismo en el nombre de Jesús sigue el modelo apostólico, afirman su creencia de que Dios es uno, que se encarnó en su Hijo Jesucristo, y que ahora mora en nosotros por el Espíritu. El bautismo en el nombre de Jesucristo expresa la fe en la Encarnación, la auténtica vida humana de Jesús, la muerte del Hijo de Dios en la cruz por nuestros pecados, y la remisión de los pecados a través del nombre de Jesús (JL Salón y David K. Bernard, editores, Doctrina de la Biblia [Doctrinas de la Biblia], Hazelwood, MO (EE.UU.), 1998, p. 197).

En apoyo del bautismo en el nombre de Jesús se citan estos pasajes: Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5. ¿Cómo, entonces, explican el mandamiento de Jesús de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo? De esta manera: ellos dicen que “Jesús usó el nombre singular, para indicar que hay un sólo nombre salvación (only one salvation name) para los tres títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ese nombre fue claramente entendido por los discípulos ser Jesús, porque sin una sola excepción, el único nombre que usaron en el bautismo fue lo de Jesús, que utilizaron con Dios o Cristo” (ibid., p. 196). Como decir, en resumen, que el hecho de que en Los Hechos sea mencionado varias veces que los apóstoles bautizaron en el nombre de Jesús, demostra que creían como ellos que además de Jesús no había la persona del Padre y del Espíritu Santo, sino sólo Jesús. Incluso para los apóstoles, por lo tanto, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no eran más que títulos o manifestaciones del único Dios verdadero, es decir Jesús. ¡Ellos no hicieron nada más que entender justamente las palabras de Jesús, que sabía muy bien que, además de Él en la Divinidad no había ni la persona del Padre ni el Espíritu Santo! He aquí, pues, porque los apóstoles – de acuerdo a los unicitarios – no bautizaban utilizando la fórmula “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, porque no creían en una Trinidad de personas divinas, sino en una trinidad de manifestaciones. La fórmula trinitaria es de origen pagana y no apostólica, su uso “se inició después de la era apostólica, probablemente en relación con el desarrollo de la doctrina de la Trinidad” (ibid., p. 195).

 

Refutación

Nosotros no aceptamos la doctrina unicitaria del bautismo en el sólo nombre de Jesús porque en el Evangelio escrito por el apóstol Mateo están escritas estas palabras: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:18-20). Por lo tanto, es Jesucristo que ha mandado a bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; entonces el bautismo en el nombre de las tres Personas de la Divinidad no puede ser considerado inválido porque en este caso quien lo hace no va en contra de las palabras de Jesús. Ahora bien, es cierto que la fórmula bautismal “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” es la única vez que aparece en todas las Escrituras del Nuevo Testamento, pero esto no constituye una razón para reputarla sin valor o pasada. En cuanto al hecho de que sólo hay un pasaje de la Escritura que dice explícitamente de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, debo recordarles estas cosas.

La orden de llamar a los ancianos por el enfermo para que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor, también está presente una sola vez en todo el Nuevo Testamento, pero no por eso se pasa por alto o se subestima.

El orden para las mujeres que se cubran la cabeza cuando oran o profetizan para no deshonrar a su cabeza, también está presente una sola vez en todo el Nuevo Testamento, pero también permanece siempre una orden del Señor para todas las hermanas de cualquier Iglesia sobre la faz de toda la tierra.

El siguiente mandamiento: “Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra” (1 Timoteo 5:9-10); También está presente una sola vez en todas las Escrituras del Nuevo Pacto, pero creemos que sea todavía válido como todos los demás.

Para disminuir el bautismo administrado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los unicitarios dicen que no hay ningún ejemplo en los Hechos de los Apóstoles que permitan pensar que los apóstoles bautizasen utilizando esta fórmula. Ahora bien, es cierto que en el libro de los Hechos, en relación con varios bautismos se dice que los creyentes fueron bautizados en el nombre de Jesucristo, porque las siguientes Escrituras lo atestiguan.

“los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús” (Hechos 8:15-16).

“Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48).

“Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús… ” (Hechos 19:5).

Pero todo esto no nos lleva a excluir la posibilidad de que aquellos creyentes fueron bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, por esta razón. Porque lo de bautizar a las personas en el nombre de las tres personas divinas era un mandamiento y no algo opcional para los apóstoles, y luego porque también este mandamiento debía ser transmitido por ellos a los fieles, como está escrito: “Enseñándoles que guarden todas ellas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Reafirmamos con fuerza, por lo tanto, que el bautismo administrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo es perfectamente escritural, ya que tiene todo el apoyo de las palabras de Jesucristo y la doctrina de los apóstoles.

Otra cosa que quiero decir a favor de la fórmula trinitaria para su uso en el bautismo y que no se menciona expresamente en los Hechos de los Apóstoles es esta. Los unicitarios afirman que “cada vez que la Biblia describe la fórmula para un bautismo real, siempre define el nombre de Jesús” (David Bernard, op. Cit., P. 24) y citan las palabras de Pedro en el día de Pentecostés, el bautismo de los samaritanos, lo que recibió Cornelio y los de su casa, lo de los discípulos en Efeso y lo que Pablo recibió por Ananías. Pero nosotros decimos: “Si el hecho de que esté escrito que los creyentes fueron bautizados en el nombre de Jesucristo, o del Señor Jesús quiere decir que ésta es la fórmula adecuada para ser utilizada en el bautismo, ¿qué se debe deducir del hecho de que a veces en el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles no se dice en absoluto que los que creyeron fueron bautizados en el nombre de Jesucristo o en el nombre del Señor Jesús? Por ejemplo, acerca del eunuco está escrito que Felipe “le bautizó” (Hechos 8:38) y nada más; acerca de Lydia se dice que “fue bautizada, y su familia” (Hechos 16:15) y nada más; del carcelero de Filipos se escribe que “se bautizó él con todos los suyos” (Hechos 16:33) y nada más; ¿qué diremos entonces? ¿Que en estos bautismos Felipe y Pablo no utilizaron ninguna fórmula bautismal, ya que no se menciona, y por lo tanto que no estamos obligados a utilizar una fórmula cuando nos bautizamos? En ninguna manera. Y ¿qué pasa con el hecho de que algunos creyentes en Los Hechos ni siquiera se dice que fueron bautizados? Por ejemplo, tanto acerca de los creyentes de Tesalónica como acerca de los de Berea no se dice que fueron bautizados. ¿Qué diremos entonces? ¿Que no fueron bautizados en absoluto sólo porque no está escrito expresamente que recibieron el bautismo y por lo tanto no es necesario administrar el bautismo a los que creen en el Señor? En ninguna manera. Si empezásemos a pensar de esta manera nos convertiríamos un poco como los católicos que dicen que, debido a que en algunos casos no se dice que los creyentes fueron bautizados por inmersión, o que según ellos las circunstancias eran tales para no permitirlo, se puede también bautizar por aspersión, y los niños también. O también como muchos creyentes que dicen que las lenguas no acompañan necesariamente la recepción del Espíritu Santo porque en los Hechos no está escrito que los samaritanos comenzaron a hablar en otras lenguas cuando recibieron el Espíritu Santo. Entonces debemos tener cuidado con llegar a la conclusión de que los apóstoles después de Pentecostés no bautizaban utilizando la fórmula trinitaria sólo porque no está escrito que los creyentes eran bautizados en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Otro ejemplo de las Escrituras para explicar lo que estamos diciendo es esto. Sabemos que el Apóstol Pablo a los Corintios en el final de una de las cartas que les escribió dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Pero leyendo sus otras epístolas, se darán cuenta de que les termina de otra manera, es decir diciendo: “La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros” (1 Corintios 16:23). O bien: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” (Romanos 16:20) o “con su espíritu”(Filipenses 4:23). ¿Qué diremos entonces? ¿Que Pablo quería que con los santos en Corinto, además de la gracia de Cristo estuviesen también el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, mientras quería que con los santos de las otras ciudades estuviese sólo la gracia de Cristo? En ninguna manera: sólo vamos a decir que el Espíritu Santo lo empujó a escribir de una manera diferente las últimas palabras a los santos de Corinto, y nada más; a pesar de que tenía el deseo que también con los demás santos estuviese, además de la gracia de Cristo, también el amor de Dios y la comunión del Espíritu.

Otra cosa que quiero decir sobre este hecho de la fórmula que se debe utilizar en el bautismo en la que tanta énfasis ponen los unicitarios, es la siguiente. Ahora, dicen que cuando Jesús mandó a sus discípulos a bautizar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” quiso decir de bautizar en su nombre, es decir en el nombre de Jesús, porque “nombre” está en singular y el Padre el Hijo y el Espíritu Santo no son nombres, sino títulos y el nombre de Jesús, sin embargo, es un nombre propio; en esencia este nombre singular mencionado por Jesús no sería más que el nombre de Jesucristo, entonces el bautismo debe ser ministrado solamente en el nombre de Jesús. Pero esto no es cierto porque – como lo he demostrado en otra ocasión – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas, no tres títulos que se refieren a Cristo de hecho Pablo al final de su carta a los Corintios dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). ¿No está claro que Jesucristo, Dios el Padre y el Espíritu Santo son tres personas distintas una de la otra? Si Jesucristo fuese contemporáneamente Dios el Padre y el Espíritu Santo, así como el Hijo, ¿por qué Pablo habla de la gracia de Cristo y el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo?

También decimos esto: si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fuesen sólo los títulos de Jesús, Jesús no habría habido necesidad para darles este mandamiento; porque Él simplemente habría dicho de bautizar a las personas en su nombre. Por ejemplo, cuando abrió la mente a sus discípulos para que comprendiesen las Escrituras, les dijo que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Lucas 24:47) y no en el nombre del Padre, y del Hijo, y del el Espíritu Santo; entonces, también en el caso del mandamiento, por lógica, habría tenido que decir simplemente de bautizar en su nombre. Pero esto no sucedió, debido a que Él citó tanto al Padre como al Hijo y al Espíritu Santo. El hecho, por lo tanto, de haberlos citados por separado es una clara prueba que Jesús, aunque creyese en la unidad de Dios no pensaba en absoluto de ser el Padre y tampoco el Espíritu Santo, además de ser el Hijo. El hecho, por lo tanto, que en la fórmula bautismal ordenada por Jesús a sus discípulos “nombre” sea singular, certifica que los tres, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un sólo Dios pero contemporáneamente tres personas distintas. Y, por lo tanto, rechazamos la idea de que Jesús haya querido decir con esas palabras que los apóstoles debían bautizar sólo en su nombre porque eso ‘contenía’ el título del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Nosotros bautizamos usando las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, en lugar de las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Señor Jesucristo”; y esto de acuerdo a las palabras pronunciadas por Jesús a sus discípulos reportadas por Mateo. Por cierto, bautizando mediante la expresión “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” nos bautizamos en el nombre del Señor Jesús, es decir, por y con la autoridad de Cristo, como lo hicieron los apóstoles, porque obedecemos a su orden precisa. De esta manera se invoca sobre el creyente el nombre del Padre, que es el que nos ha traído al Hijo, el nombre del Hijo que nos ha revelado al Padre, y el nombre del Espíritu Santo es Aquel que nos ha convencido de pecado, de justicia y de juicio y nos ha dado vida juntamente con Cristo, y por el cual clamamos: ¡Abba! Padre.

Cuando se habla del bautismo de los unicitarios (aunque no de todos) tienen que tener en cuenta dos cosas; en primer lugar que para ellos el bautismo tiene el poder de perdonar los pecados y por lo tanto quien no ha recibido el bautismo no es salvo, y luego que su apego morboso a la fórmula bautismal “en el nombre de Jesús” excluyendo el Padre y el Espíritu Santo, se debe a su negación de la Trinidad y su doctrina que dice que Jesús es tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo que son sólo tres títulos del sólo Dios (hay que señalar, sin embargo, que en realidad fue de la nueva fórmula bautismal “en el nombre de Jesús” que derivó la doctrina de los pentecostales anti- trinitarios, y no al revés). Poniendo las cosas juntas entonces ustedes pueden entender muy bien porque tienen una aversión al bautismo administrado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (utilizando la fórmula bautismal trinitaria), y porque insisten tanto en decir que tenemos que bautizarnos otra vez en el sólo nombre de Jesús para ser salvos.

Así que no es simplemente una cuestión de diferente fórmula bautismal, porque hay algo más detrás de esto; es decir, la herejía de que el bautismo limpie nuestros pecados (bautismo con la fórmula “en el nombre de Jesucristo” y, por supuesto, no en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo) y la herejía que niega la Trinidad, por lo tanto, los Unicitarios yerran grandemente.

Podemos decir que los Unicitarios han llegado a atribuir la salvación de las personas a un rito que se hace con la fórmula “en el nombre de Jesús” y no a la fe en el nombre de Cristo; en definitiva, entre ellos el bautismo con esta fórmula en particular tiene un poder que el bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo no tiene, entonces, al final, no es la fe en Cristo que salva, sino el bautismo administrado por una fórmula diferente (además hay que decir que, incluso después de haber recibido el bautismo en agua, uno de ellos no puede decir de ser salvo hasta que reciba el bautismo con el Espíritu Santo, porque sólo con este otro bautismo, para ellos, se nace de nuevo – entonces otra herejía Unicitaria). Con esto no queremos en absoluto decir que la fórmula que se utiliza en el bautismo no es importante, sino que no es esa la que salva como que no es el mismo bautismo que salva, sino la fe en el nombre de Jesucristo: Esto es lo que debemos predicar con poder (porque es el único camino de salvación para los hombres) como lo hicieron los apóstoles antes que nosotros.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Jesús compara la unidad de los santos con la unidad de Jesús y el Padre


 uvas

“Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, PARA QUE SEAN UNO, ASÍ COMO NOSOTROS.” (Juan 17:11)

He aquí, hermanos, un paso para meditar sobre la doctrina de la Trinidad. Durante la oración llamada “sacerdotal” que Jesús dirigió al PADRE SANTO, entre las cosas que ha requerido hay también la que los discípulos de Cristo habrían tenido que ser UNO. No sólo esta unidad se pidió a Dios el Padre por el Hijo, sino que también se ha explicado la modalidad, es decir que EL HIJO ERA UNO CON EL PADRE.

Ahora, continuando con nuestra reflexión, si Jesús y el Padre fuesen la misma persona, como falsamente alegan LOS ANTITRINITARIOS, este criterio utilizado por Jesucristo no habría tenido ningún sentido, porque a pesar de que los creyentes deban ser UNO, también no pierden su individualidad, entonces, esto se ha de entender como una unidad de corazón, espíritu, mente e intención, sin embargo, no física. Aquí, lo mismo vale para LOS TRES QUE SON UNO, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son TRES PERSONAS DISTINTAS, pero están en una comunión tal que son UN DIOS.

Hermanos en el Señor, digo a ustedes que han sido regenerados espiritualmente, estudien las Escrituras, mediten cuidadosamente, reflexionen sobre la doctrina de la TRINIDAD, pidan luz a Dios que a través de su Espíritu Santo puede hacer que ustedes entiendan la verdad que es según Dios, y Él les dará entendimiento.

Por desgracia, los opositores de la doctrina de la Trinidad se equivocan grandemente, no entienden las Escrituras y se convierten en malos con los que les refutan y claramente demuestran que están equivocados.

Se dan a razonamientos vanos, tratando de alejar a los santos de esa doctrina sana y buena, buscando de asociarla con ciertas prácticas paganas, para hacerla odiosa en sus ojos, pero Dios guarda los suyos, y no permite que sean presa de estos habladores de vanidades y engañadores.

Quien tiene oídos, oiga lo que la Palabra de Dios dice a las iglesias.

Por el Hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

Dios confirma la doctrina de la “Trinidad” a través de una visión dada a un hermano que estaba asistiendo a una iglesia unitaria


fondos varios (97)

Queridos hermanos y hermanas en el Señor, quiero contar esta visión nocturna que el Señor me ha dado. Paz a todos ustedes, mi nombre es Antonio (o Tony como algunos me llaman).

Desde casi 15 años, mi esposa Rosalía y yo somos salvos por la gracia que es en Cristo Jesús.

Todo comenzó alrededor de un año después de nuestra conversión.

En el primer año de fe no nos dimos cuenta de la realidad que nos rodeaba, pero luego, yo y mi cuñado, ahora con el Señor, comenzamos a notar que había un montón de lucha y amargura entre nosotros que éramos Unicitarios y los así llamados Trinitarios. Nos dimos cuenta de que ellos, es decir, los Trinitarios, hablaban del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero nuestros conductores nombraban sólo el nombre de Jesús, porque decían que Jesús es tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo, es decir las tres manifestaciones de Dios. Pero los que son guiados y iluminados por Dios en las Escrituras saben que las cosas no están así.

Esta situación nos intrigó tanto que empezamos a hacer una investigación personal y todo lo que vimos estaba confirmado por la Biblia. Se podía ver con toda claridad que la Biblia habla de la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, un sólo Dios bendecido por los siglos de los siglos. Entonces empezamos a entender que nuestros conductores no manejaban la Palabra de Dios con razón. Nada menos, cuando ellos leían los versículos de la Biblia, algunos de los versículos los cortaban, es decir no terminaban todo el versículo. Déjenme darles un ejemplo: cuando se leían en Filipenses capítulo 2 versículo 11, donde dice: “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”, no leían la última parte – para la gloria de Dios Padre -, porque les molestaba, y cuando alguien confesaba o decía en su sencillez que Jesús es el Hijo de Dios, hacían cultos para inculcar a los creyentes que no había ninguna necesidad de agregar las palabras ‘Hijo de Dios’, porque decían que Jesús era el Hijo sólo en los días de su carne, y que en realidad no fue el Hijo de Dios que se hizo carne, sino el Padre.

Esta forma de hacer por su parte nos llevó a una búsqueda continua, hasta que una noche el Señor se reveló en sueño.

Estábamos yo y otros dos hermanos, uno de ellos era mi cuñado, y evangelizábamos en las calles; Recuerdo que mientras ellos se fueron para hablar del Señor, yo me quedé mirando el cielo. Era de un maravilloso azul muy claro, y aunque mis ojos miraban hacia el cielo, vi que se formó como un agujero rodeado de una nube blanca muy suave, y cuanto más miraba más aquel círculo se ampliaba; era una cosa maravillosa. A medida que continuaba a mirar a ese círculo que se abría, vi salir de eso dos grandes manos, que yo nunca había visto nada igual, acompañadas por un torbellino de luz deslumbrante. Mientras estaba aún fijos en la contemplación de esta maravilla, vi salir de ese círculo un trozo de tela a modo de bandera , todo bordado con oro, que ondeaba, y en eso trozo apareció la palabra TRES escrita en carácteres grandes y dorados. Al ver tal vista me gocé mucho, y en la visión misma comencé a bailar y alabar a Dios con todo mi corazón, repetía continuamente: ¡hay tres, tres, tres!

Cuando me desperté mi corazón estaba lleno de alegría y confirmado en esta verdad.

A partir de ese día han empezado las peleas. Yo conté el sueño a mi cuñado y nos regocijamos juntos, y así fue el comienzo de nuestra persecución. En nuestra comunidad local habían dos ancianos, luego uno se fue, y ambos empezaron a mirarnos mal, ponían las almas en guardia y en contra de nosotros y muchos se alejaron. Uno de ellos una vez nos reprendió en el nombre de Jesús, como si estuviésemos poseídos, delante de todos los miembros de la comunidad; gritó en voz alta diciendo: “Lleven afuera esta falsa doctrina”, expulsándonos de la comunidad, sin importarle del escándalo que habría podido traer sobre las nuevas almas que se encontraban en la comunidad tomándonos como si fuésemos poseídos, mentirosos y herejes, nos llevaron delante del comité de ancianos varias veces y varias veces nos advierteron que no debíamos predicar esta doctrina. Otros pastores nos pusieron apodos para burlarse de nosotros, mi cuñado lo llamaban Elías y a mi me llamaban Moisés sólo porque confesábamos que Jesús es el Hijo del Dios vivo. Nada menos hay pastores, no digo todos, que cuando se les dice que Jesús es el Hijo de Dios vivo, comienzan a transformarse, se enojan por dentro, cambian de apariencia física, su rostro se vuelve agresivo a la vista, buscan de resistir a la explosión, bastaría un alfiler para hacerlos explotar, pero se reservan toda la explosión cuando predican la palabra, gritando desde los púlpitos que aquellos que creen en la Trinidad son del diablo y no son salvos¡

Habría tantas cosas que contar, pero quiero pararme aquí.

Quiero añadir una cosa más queridos en la gracia, que es tal vez fuera de contexto, pero que les quiero decir lo mismo. Al escuchar los sermones, examínenlos a la luz de la Palabra de Dios y no se fijen en la apariencia de algunos pastores o predicadores: muchos se visten de ovejas y les lsonjean con su falsa humildad, y ustedes piensan que aquel pastor sea humilde, mientras si se trata de un pastor que tiene una apariencia dura, de inmediato piensan que carece de humildad.

Tengan discernimiento, como está escrito en 1 Juan 4:1 “no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios”. Porque no todos los que parecen humilde son humildes, y no todos los que en apariencia son duros faltan de humildad. Un padre que ama, amonesta a los niños y demostra autoridad y dureza, para que el niño se ponga de nuevo en el camino correcto, este es el que ama. Pero el padre, que parece amar a su hijo y después le da toda la libertad que desea, no lo ama realmente, ya que deja que el hijo se abandone al mundo con todos sus deseos. Así son los pastores, quien ama las ovejas les proclama todo el consejo de Dios, sin olvidar nada: les habla de la santificación, el arrepentimiento, el fuego eterno del juicio, tratando de arrebatar las almas del mundo y de la trampa del diablo con todo tipo de miedo, como dice Judas 23.

Por lo contrario, quien ama la apariencia siempre dice las mismas cosas, es decir, que Dios es bueno, Dios te ama, y te hace sentir de continuo palabras melosas, tantas promesas hermosas y atractivas que las almas que lo escuchan parecen como paralizadas en la mente y en el espíritu. Él nunca dice una palabra de arrepentimiento y deja que las almas caminen y se vistan como quieren, y luego viene a decirte que Dios mira el corazón, pero esto es una verdad a medias, porque el Señor dijo que el árbol se conoce por sus frutos, por lo tanto, si caminas y te vistes como deseas o haces lo que tu corazón te dice, el hermano espiritual que te ve entenderá en cual condición espiritual eres, es decir, si amas la Palabra de Dios y entonces te sometes a ella con temor o si la pisoteas. Esto es porque lo que está en tu interior se revelará, por lo tanto, antes de decir que Dios mira el corazón, medita cuidadosamente lo que la Palabra de Dios dice en Hebreos 4:12,13.

Que el Señor les bendiga y les restaure la paz.

Tony Quartararo, salvo por gracia en Cristo Jesús

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

Una exhortación para que estudien y crean en la doctrina de la “TRINIDAD”. Los “ANTITRINITARIOS” han dado caso a espíritus engañadores


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Hermanos en el Señor, el ambiente evangelico está lleno de personas que no aceptan la doctrina que los TRES SON UNO. Es decir que la deidad está compuesta por TRES PERSONAS DISTINTAS, y no SON EN ABSOLUTO LA MANIFESTACIÓN DEL ÚNICO DIOS, sino que son TRES PERSONAS DIFERENTES ENTRE ELLAS, y juntas forman UN ÚNICO Dios.
Sepan hermanos, que la doctrina de la trinidad (la palabra trinidad no está escrita en la Biblia, pero el concepto está claramente expresado, como vamos a ver por ciertos pasajes que voy a mencionar) es una doctrina fundamental para la salvación de un alma, y no se puede ignorar, tiene que ser creída y aceptada por como está escrita en la Biblia. Negar la doctrina de la Trinidad y ser ANTITRINITARIOS significa ser HEREJES, se desconoce la persona y la obra de DOS PERSONAS QUE FORMAN LA DIVINIDAD. Ahora, vamos a mencionar algunos pasos, para mostrar que la doctrina de la TRINIDAD está escrita en la Biblia, y no es absolutamente como dicen LOS ANTITRINITARIOS, que o no leen o leen y no entienden, porque tienen los ojos espirituales cegados.

1) (Mateo 28:19) “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;…” Ahora, ¿qué mejor momento para enseñar a los discípulos en que nombre bautizar? Pues bien, Jesús nos ha mandado a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2) (Juan 14:16) “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…” Ustedes han leído que Jesús ora al Padre que envíe OTRO CONSOLADOR, este “otro” implica que era un consolador que no era Jesús; de hecho está hablando del Espíritu Santo. Y tengan en cuenta que el Espíritu Santo es UNA PERSONA DISTINTA DE JESÚS Y DEL PADRE. De hecho, lean el siguiente pasaje que también lo demuestra claramente.

3) (Mateo 12:31-32) “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. Como dice Jesús, la blasfemia contra el Hijo de Dios, es decir, Jesús, será perdonada, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada¡ ¿Cómo se puede deducir que el Espíritu Santo y Jesucristo son la misma persona? Estas palabras de Jesús no tendrían sentido si se tratara de la misma persona. En cambio, Jesús, ha hecho una distinción de manera intencionada entre Su persona y la del Espíritu Santo, porque son dos personas separadas de la ÚNICA DIVINIDAD.

4) (Juan 14:1) “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí” Vean, hermanos, Jesús exhorta a sus discípulos para tener fe en Dios (Dios Padre), pero también los alienta a tener fe en Él (Dios el Hijo). Si no se tratara de dos personas diferentes, incluso este paso no tendría sentido. Pero el sentido lo tiene, y es precisamente para hacernos saber que Jesucristo es una persona distinta del Padre.

5) (Mateo 3:16-17) “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” En este pasaje leemos que AL MISMO TIEMPO se han manifestado las TRES PERSONAS DE LA DIVINIDAD. ¿De quién fue la voz del cielo, sino de Dios el Padre, porque Jesús estaba en la tierra? Luego Juan vio también el Espíritu Santo que tomó la forma de una paloma. Ustedes tienen que poner la mente en la contemporaneidad del hecho, que es muy importante, porque si fueran tres manifestaciones o títulos de un solo Dios, ¿por qué aparecer en el mismo tiempo? Esto no tendría sentido, pero es claro que la palabra de Dios nos quiere enseñar que las personas de la divinidad son TRES PERSONAS DIFERENTES Y EXISTENTES AL MISMO TIEMPO.

6) (Mateo 17:5) “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” Aquí, también, vino una voz del cielo, que salió de la nube, mientras Jesús estaba en la montaña. Ahora, ¿De dónde procedía la voz si no de Dios el Padre? Lean el siguiente paso, donde Pedro confirma lo que estamos diciendo y aclara cualquier duda acerca de que la voz procedía de Dios el Padre, persona distinta de Jesús.

7) (2 Pedro 1:17) “Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.” Aquí el apóstol Pedro dice que JESUCRISTO recibió la gloria de Dios Padre. ¿Pueden ver y entender lo que está escrito con claridad? Pedro dice que Dios el Padre le dio la gloria a Jesús, que la voz que se escuchó desde la nube salió de nuestro PADRE CELESTIAL, mientras Jesús estaba en la montaña. Bueno, tergiversar estos pasos significa no tener lo más mínimo entendimiento, y tal tergiversación es grave, porque cancelar la doctrina de la Trinidad significa no reconocer DOS PERSONAS DE LA DIVINIDAD y se desconoce sus obras. De hecho, sabemos que en la salvación del hombre participan todas las tres personas de la divinidad: Dios el Padre atrae los hombres a JESÚS; el Espíritu Santo los va a compungir de pecado y les convence de justicia y de juicio; Jesucristo murió y resucitó para la purificación de los pecados. Miren, por lo tanto, que la doctrina de la Trinidad no puede ser descuidada.

8) (Lucas 22:41-42) ” Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¿Han leído, hermanos, aquí Jesús ora al Padre primero y luego le pide que aleje de Él la copa de la muerte, pero también dice que no se haga su voluntad, es decir, la de Jesús, sino la del Padre. Así que hay DOS VOLUNTADES distintas, porque hay dos personas distintas en la Deidad, y con el Espíritu Santo son TRES. ¡Dios es UNO Y TRINO AL MISMO TIEMPO! Nada de esto tendría sentido si el Padre y Jesús fueran dos manifestaciones de una misma persona. Dios el Padre es una persona y Jesucristo es otra persona distinta. ¿Por qué Jesús decía: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” si Él mismo era el Padre? Esto tiene sentido, debido a que Dios el Padre es una persona distinta de Jesús.

9) (Hechos 7:55-56) “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” Aquí leemos que Esteban, lleno del Espíritu Santo, vio los cielos abiertos, y vio a Jesús de pie a la diestra de Dios Padre. Pero, ¿cómo se puede no entender estas palabras? Me pregunto, ¿cómo se puede estar tan ciegos? Cuanto más leo estos pasos y cuanto estoy más sorprendido por la ignorancia y también por la MALA FE que muestran LOS ANTITRINITARIOS. Respondan, ANTITRINITARIOS a esta pregunta: Esteban fue lleno del Espíritu Santo, los cielos fueron abiertos, y vio a Jesús de pie a la diestra de Dios el Padre. ¿Esteban se equivocó? ¿Si no se equivocó porque no le creen? Las Escrituras hablan tan claramente que ustedes no se pueden equivocar. Podemos no entender humanamente como puedan haberse TRES PERSONAS y UN SÓLO DIOS, pero esto se debe al hecho de que en parte conocemos, pero tenemos que confiar en lo que está escrito y creer. La Palabra de Dios no debe ser distorsionada de ninguna manera.

10) (1 Corintios 11:3) “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” Vean el orden de las cosas que se ha establecido: La mujer está sujeta al hombre; el hombre está sujeto a Cristo Jesús; Jesús está sujeto a Dios el Padre. Me parece así claro también este pasaje que no hay necesidad de más explicaciones.

11) (1 Corintios 15:27) “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.” Vean lo que dice Pablo; él dice que Dios ha puesto bajo los pies de Su Hijo Jesús TODAS LAS COSAS, con una excepción: Aquel que le sujetó todas las cosas, que es Dios el Padre, se exceptúa, es decir no está sujeto a Jesús.

12) (Salmo 45:7) “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.” Vean que también en este caso, el salmista dice que Dios fue ungido por Dios. De hecho Cristo significa ungido, y Jesús, el Cristo, fue ungido precisamente por Dios el Padre.

13) (Mateo 22:44) “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” Este paso se relaciona bien con el pasaje citado más arriba, de Esteban, quien vio a Jesús a la diestra de Dios Padre. Y luego también se ata a donde Pablo dice que Dios ha puesto todas las cosas bajo los pies de Jesús, con la exepción de Aquel que le sujetó todas las cosas. Hermanos, suficiente es por ahora, ustedes tienen que creer que LOS TRES SON UNO, esta es la sana doctrina de Dios que debemos creer y aceptar. Además, hermanos, les hago saber que si alguien ha sido bautizado solamente en el nombre de Jesús, sepa que ha transgredido el mandamiento de Jesús y ha rechazado voluntariamente a las otras dos personas de la DIVINIDAD, por lo tanto, incurrirá en el juicio de Dios. Arrepiéntanse y crean en la sana doctrina que está escrita en la Biblia, no se dejen engañar por nadie. Además, tengan en cuenta que si ustedes han sido bautizados en el nombre de Jesús, deben arrepentirse y creer en la sana doctrina de que LOS TRES SON UNO, ustedes tienen que ser bautizados de nuevo EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO. Lean mi escrito acerca de la fórmula bautismal. Lean también el estudio acerca de la Trinidad del hermano Giacinto Butindaro. Lean también la refutación de todas las HEREJÍAS de los Unicitarios y de los antitrinitarios en general, que son muchas y todas peligrosas para las almas de aquellos que las han aceptado.

Salvado por gracia por la fe en Cristo Jesús, Giuseppe Piredda.

Traducido por Enrico Maria Palumbo

El concepto de la “Trinidad” en el Nuevo Testamento


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La Escritura muestra claramente que la Deidad se compone de tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es decir, atestigua la Trinidad.

En la Escritura la palabra Trinidad no se menciona [La palabra Trinidad deriva del latín Trinitas, que significa “reunión de los tres”, y es una palabra acuñada por Tertuliano de Cartago al final del siglo II ]; pero no podemos decir que en la Biblia no se mencione el concepto de la Trinidad, porque los siguientes pasajes de las Escrituras dan testimonio de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas [acerca del término persona que utilizamos tanto para Dios el Padre, como por el Hijo y el Espíritu Santo, es necesario que se sepa que la palabra latina persona significa “máscara” o “personaje de representación” Pero es obvio que cuando lo usamos en relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no lo usamos con el sentido original, ya que en este caso definiríamos las tres Personas de la Trinidad como si fueran máscaras de un personaje teatral, en otras palabras, es como si dijéramos que Dios es como un actor de un espectáculo que ha aparecido en la escena mundial en tres trajes diferentes o roles, hecho que bien sabemos que no es verdadero]. El uso de la palabra persona tiene el único propósito de explicar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Seres separados con su propia personalidad divinos distintos (que siempre han existido y existirán por siempre), y al mismo tiempo son un sólo Dios.

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17). En este evento, que tuvo lugar en el Jordán, vemos que el Padre habló desde el cielo, el Hijo que estaba en la tierra fue bautizado por Juan, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como paloma.

– Jesús dijo a sus discípulos : “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:15-17). Jesús, cuando todavía estaba en la tierra con sus discípulos, era el Consolador que Dios había enviado para consolar a los que estaban de duelo, pero debido a que tuvo que regresar al Padre que lo envió, oró al Padre para que diese a sus discípulos otro Consolador, precisamente el Espíritu Santo, que se habría quedado con ellos para siempre. El Padre, por lo tanto, suplicado por el Hijo, ha enviado el Espíritu de la verdad al servicio de las necesidades creadas por la muerte de su Hijo. El concepto de la Trinidad es evidente en las palabras de Jesús.

– Jesús, antes de ser llevado al cielo, dijo a sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo….” (Mateo 28:19). El bautismo en agua, que recordamos no purifica de los pecados ya que es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios, debe ser ministrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El Señor nunca habría ordenado tal cosa si Él, el Padre y el Espíritu Santo no hubieran sido uno.

– Pablo dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras encontramos a Dios el Padre que resucitó a Jesús; el Hijo que fue resucitado por Él; y el Espíritu Santo que Él ha enviado a nuestros corazones. Aquí, también, el concepto de la Trinidad se expresa de una manera clara.

– Pablo, al final de una de sus epístolas a los Corintios, escribió: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Una vez más, estas tres personas son nombradas por separado, pero a pesar de esto son una misma cosa.

– Pablo a los Efesios dice que hay “… un Espíritu… un Señor… un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-5,6). También por estas palabras entendemos como las tres personas divinas que componen la Divinidad, son distintas entre ellas pero unidas en perfecta unidad.

– Pablo dijo a los Corintios: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Corintios 12:4-6). Noten como Pablo menciona primeramente el Espíritu, luego el Señor Jesucristo y Dios. Entonces también estas palabras nos hacen entender como estas tres personas divinas, aunque distintas entre ellas, son uno y el mismo Dios.

– La Escritura condena las tres blasfemias dirigidas a las tres personas de la Divinidad. Quien blasfeme el nombre de Dios es culpable de un pecado, porque está escrito: “No blasfemes nunca contra Dios” (Éxodo 22:28); también todos los que blasfemen contra el Hijo del hombre, y contra el Espíritu Santo, son culpables de un pecado. Pero el hecho es que, mientras que los que blasfemen contra Dios y el Hijo del Hombre pueden ser perdonados, el que blasfeme contra el Espíritu Santo no puede obtener el perdón de su pecado, porque Jesús dijo: “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cuales quiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Marcos 3:28-29). Estas palabras del Señor nos hacen entender como el Espíritu Santo es una persona divina distinta del Hijo de Dios y del Padre; es por eso que cuando hablamos del Hijo no hablamos del Espíritu Santo y viceversa; y porque cuando hablamos del Padre no hablamos ni del Hijo, ni del Espíritu Santo, precisamente porque los tres son diferentes. Para que ustedes entiendan este concepto les voy hablar de esta manera: no podemos decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, porque esto no es verdadero, de hecho, la Escritura dice que Cristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz, y no el Padre. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo ha muerto por nuestros pecados, porque también esto no es verdadero. Ni siquiera podemos decir que el Espíritu Santo bautiza con el Espíritu Santo, ya que la Escritura testifica que es Cristo quien bautiza con el Espíritu Santo y con fuego. Sin embargo, aunque hay que mencionar por separado el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y sus características, también sabemos que los tres son uno y la misma cosa.

Hermanos, retengan con firmeza la doctrina de la Trinidad, y defiéndanla valientemente.

A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

 

 

 

 

 

El Espíritu Santo no es Jesucristo y no es el Padre de Jesús


el-dios-de-la-eternidadLa Doctrina Unitaria

El Espíritu Santo es el Padre de Jesús y Jesucristo.

La negación de la Trinidad tiene repercusiones inevitables sobre la diferencia entre Dios el Padre y el Espíritu Santo, debido a que lleva a creer que el Padre y el Espíritu Santo son el mismo ser. Véanse como David Bernard habla al respecto: “(….) el Padre y el Espíritu Santo son identificados como un sólo y como el mismo ser: el término se limita a describir que el Espíritu Santo es el Padre. El Espíritu Santo es, literalmente, el Padre de Jesús, porque Jesús fue concebido por el Espíritu Santo….” (David Bernard, Fundamentos …., p. 16). Y también tiene repercusiones sobre la diferencia entre Jesús y el Espíritu Santo, porque hace creer que el Espíritu Santo es Cristo; he aquí como se expresa David Bernard al respecto: “La descripción de Cristo del Espíritu Santo como “otro Consolador” en Juan 14 indica una diferencia de forma o de relación, Cristo en el Espíritu en lugar de la carne” (David Bernard, Fundamentos p. 17).

 

Refutación

El Espíritu Santo no es el Padre de Jesús y, por lo tanto, ni siquiera es nuestro Padre Celestial

La Escritura no dice que el Padre y el Espíritu Santo son la misma, sino dos seres distintos. Aquí están las pruebas.

Cuando Jesús prometió el Espíritu Santo dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad…” (Juan 14:16,17) y de nuevo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Como pueden ver, el Padre no puede ser el Espíritu Santo y viceversa, porque Jesús dijo que Él, es decir el Espíritu Santo, habría sido dado y enviado por su Padre. Por lo tanto, es un error decir que el Espíritu Santo es el Padre de Jesucristo. Jesús sabía que Él fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de su madre y conocía el Espíritu Santo, pero nunca dijo o dio a entender en modo alguno que el Espíritu Santo era su Padre Celestial, sino habló de su Padre como un ser distinto con respecto al Espíritu Santo.

Por lo tanto, dado que el Padre de nuestro Señor Jesucristo es también nuestro Padre porque hemos sido adoptados por Él como hijos, el Espíritu Santo no es nuestro Padre. Y también esto es confirmado por la Escritura. Jesús dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13), indicando claramente que nuestro Padre Celestial no es el Espíritu Santo. Pedro dijo en el día de Pentecostés: “Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33), y en su segunda epístola dice: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

Los apóstoles dijeron en el concilio: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen” (Hechos 5:31-32).

El apóstol Pablo dice a los Corintios: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:10-12). Y a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18).
El Espíritu Santo no es Jesucristo y viceversa

La doctrina de los unicitarios según la cual el Espíritu Santo no es una persona sino una manifestación del único Dios, es decir Jesús, es falsa porque el Espíritu Santo es una persona distinta tanto del Padre como del Hijo, que fue enviado por el Padre al mundo después de que Jesús fue llevado al cielo glorificado. Vamos ahora a explicar por las Escrituras que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad que fue enviada tanto por Dios el Padre, como por el Hijo (pero procede del Padre) en la Iglesia y, por lo tanto, no puede ser la misma persona de Jesús.

– Jesús, la noche que fue entregado, les dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26); y: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26); y también: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Cuando después el Espíritu Santo fue derramado, Pedro dijo a los Judíos reunidos al oír el sonido como de un viento recio que soplaba y que se sorprendieron al oír hablar de las maravillas de Dios en su lengua materna: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:32-33), así confirmando que después de que Jesús se sentó a la diestra de Dios, envió al Consolador que les había prometido enseñarles todo, para recordarle lo que había dicho, y para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Por lo tanto, es evidente que debido a que el Espíritu Santo es una persona, ya que enseña, recuerda, da testimonio, convence, anuncia lo que vendrá, y glorifica a Cristo, y fue enviado por Jesús después que fue llevado a la diestra de Dios, el Espíritu Santo no es Jesús, el Hijo de Dios, ya que este último, cuando el Espíritu Santo vino en su templo, estaba en el cielo a la diestra de Dios.

– Jesús, en la noche que fue entregado, pronunció las siguientes palabras que confirman lo anterior aquí. Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce” (Juan 14:15-17). Ahora, mientras Jesús estaba en la tierra era el Consolador que Dios había prometido a través de los profetas para que fuese enviado a su pueblo, pero, debido a que tenía que regresar al Padre que lo había enviado y sabía que sus discípulos habrían tenido la necesidad de otro Consolador, para que estuviera con ellos siempre y en todo lugar, dijo que habría orado el Padre para que lo enviara. Por lo tanto, debido a que el Espíritu Santo fue llamado por Jesús “otro Consolador”, llegamos a la conclusión de que no es el mismo Consolador (la persona misma de Jesús) que fue llevado al cielo. Y entonces Jesús no es el Espíritu Santo como afirman los unicitarios. Los unicitarios argumentan que estas palabras de Jesús indican “una diferencia de forma o relación” (David K. Bernard, op.Cit., P. 17), en otras palabras es como si Jesús hubiera dicho a sus discípulos que habría vuelto en espíritu en lugar que en la carne. Pero esta explicación no es cierta porque Jesús habló del Espíritu Santo como “otro Consolador”, y entonces alguien distinto de Él, y esto es confirmado por estas otras palabras que dijo un poco más adelante: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:7-15). Noten estas palabras: “os lo enviaré” y: “El me glorificará”, “tomará de lo mío, y os lo hará saber”; porque destacan la distinción entre la persona de Jesús y la del Espíritu Santo. Si Jesús hubiera prometido que habría vuelto en la forma del Espíritu Santo nunca habría hablado de esa manera. En particular, tengan en cuenta de las palabras “El me glorificará”, que si se asocian con estas otras que dijo poco antes: “Él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26 ) confirman que el Espíritu Santo no podía ser Jesús porque habría glorificado Jesús y dado testimonio de Él. Por lo tanto, Jesús oró al Padre que envió otro Consolador para que se quedase con sus discípulos para siempre, sí, porque ya que estaba a punto de dejarlos solos, necesitaban a alguien que permaneciese siempre con ellos para guiarlos.

– Un día Jesús dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32). Observen como Jesús habla de dos “hablar contra” bien distintos; uno contra el Hijo del hombre y el otro contra el Espíritu Santo. Es tan obvio entonces que el Hijo del hombre, es decir Jesucristo, no pueda ser también el Espíritu Santo, porque si lo fuera Jesús se habría contradicho de manera clara. Pero diganme un poco ustedes que son Unicitarios: ¿qué sentido habría tenido decir por Cristo que al que hable contra el Hijo del hombre le será perdonado mientras que al que hable contra el Espíritu Santo no le será, si el Hijo del Hombre también era el Espíritu Santo o en el futuro se habría manifestado en la forma del Espíritu Santo? Una vez más, por lo tanto, la Escritura revela claramente que Jesús no es el Espíritu Santo y viceversa.

– Pablo dice a los Romanos: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26-27), haciendo entender que el Espíritu Santo derramado en los corazones de los creyentes intercede por los santos con gemidos indecibles (cuando los santos oran en otro idioma); pero un poco más tarde, el mismo apóstol también dice: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”(Romanos 8:34), haciendo entender que también Jesucristo, que es a la diestra de Dios intercede por nosotros. ¿Cómo es posible? Es posible porque el Hijo de Dios, que es a la diestra de Dios es una persona distinta y no es la misma persona del Espíritu Santo que aquí en la tierra intercede por nosotros por la boca de los santos. Por lo tanto, Cristo intercede por los santos en el cielo, mientras que el Espíritu Santo intercede por ellos en la tierra (a través de los que hablan en otros idiomas).

– El mismo apóstol dice a los Romanos: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). En estas palabras se mencionan las tres personas de la Deidad, es decir el Espíritu Santo, aquel (el Padre) que resucitó a Jesús de entre los muertos, y su Hijo Jesús; esas se indican por separado a pesar de que estén unidas, por lo tanto no se puede aceptar que el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos sea El que ha sido resucitado de entre los muertos, es decir Jesús, porque esto anularía las Escrituras.

– Pablo dice a los Gálatas: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:4-6). Como se puede ver, Pablo primeramente dice que cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, y luego dice que ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones; haciendo una distinción entre la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo .

– Pablo dice a los Efesios: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18), y también: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-6). Noten cómo Pablo haga una distinción entre el Espíritu y el Señor Jesucristo, también en esta epístola.

– Pablo dice a Tito: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:4-6 ). Observen como Pablo, una vez más, haga una distinción entre Cristo y el Espíritu Santo, diciendo que el Espíritu fue derramado sobre nosotros por medio de Jesucristo.

– El escritor a los Hebreos dice: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:28-29). Noten como también en esta Escritura se hace una distinción entre el Hijo y el Espíritu.

Creo que he demostrado ampliamente que el Espíritu Santo no es la misma persona de Jesucristo.

 

Conclusión

Quiero concluir esta sección dedicada a la defensa de la Trinidad diciendo esto: cuando nos hablamos de la diversidad y la unidad que existe entre la persona del Padre, la persona del Hijo y la persona del Espíritu Santo, estamos hablando de algo que no podemos entender completamente porque su conocimiento supera grandemente la comprensión humana. Por esta razón, simplemente citamos las Escrituras que hablan de esta diversidad y esta perfecta unidad que existe entre ellas, sin el menor intento de explicar este misterio, que es grande. Pero el hecho de no ser capaz de explicar o comprender por completo este misterio concerniente la naturaleza de Dios, no despierta en nosotros preocupación porque sabemos que las cosas secretas pertenecen a Dios y que se darán a conocer el día en que venga lo perfecto.

Entonces, ¿cómo responder a los unicitarios que están constantemente diciendo que nosotros, profesando la doctrina de la Trinidad, hemos cancelado la unicidad e indivisibilidad de Dios? Se debería decirles que es cierto que la doctrina de la Trinidad parece ser una doctrina que anula la unicidad e indivisibilidad de Dios, pero también es cierto que este es sólo aparente, porque las Escrituras hacen mención de varias maneras, especialmente en el Nuevo Testamento, acerca de tres personas divinas, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que forman un solo Dios, no tres títulos, o formas de ser, o manifestaciones de un sólo Dios, sino tres personas. Lo hemos visto, las Escrituras no nos permiten profesar la doctrina de los unicitarios, ya que carece de todo fundamento bíblico y conduce a decir cosas absurdas acerca de la Divinidad. La doctrina de la Trinidad, en cambio, está completamente confirmada por las Escrituras y no lleva a decir cosas absurdas sobre la Divinidad y ni siquiera subvierte la doctrina bíblica de la salvación.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

 

El Espíritu Santo


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Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo y a la edad de unos treinta años fue ungido con el Espíritu Santo. Pero, ¿qué es el Espíritu Santo? Es una persona divina que junto con el Padre y el Hijo es parte de la Deidad, y por lo tanto es Dios. Ahora, por medio de las Escrituras lo vamos a explicar, es decir que el Espíritu Santo es una persona y que es Dios.

 

Su personalidad

El Espíritu Santo es una persona de hecho habla de acuerdo a lo que está escrito: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones..” (Hebreos 3:7-8); “Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8:29); “Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado ” (Hechos 10:19-20); “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2); “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13); “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” (1 Timoteo 4:1).

El Espíritu Santo revela, como está escrito en Lucas: “Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lucas 2:26).

El Espíritu escucha porque Jesús dijo de Él: “os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13).

El Espíritu ve, de hecho, los siete ojos que tenía el Cordero que vio Juan son los siete espíritus de Dios, o como el profeta Zacarías dijo, “los ojos de Jehová” (Zacarías 4:10).

El Espíritu ora de acuerdo a lo que está escrito: “El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26-27).

El Espíritu Santo hace nacer de nuevo, como está escrito: “…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:5,6).

El Espíritu Santo pone los obispos en la iglesia de acuerdo con lo que Pablo dijo a los ancianos de Éfeso: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).

El Espíritu Santo puede prohibir hacer algo, como lo hizo con los apóstoles, como está escrito: “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia” (Hechos 16:6) (Me gustaría que se den cuenta de que la prohibición también se menciona en estas Escrituras que se refieren a la persona de Jesús: “Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo” [Mateo 16:20], y “Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban” [Marcos 7:36]).

El Espíritu Santo puede no permitir ciertas cosas de acuerdo a lo que está escrito: “Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16:7) (también en este caso me gustaría que se den cuenta que en estas otras Escrituras el no permitir se refiere a la persona de Jesús: “Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. Mas Jesús no se lo permiti,…” [Marcos 5:18-19]; “Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo” [Lucas 4:41]).

El Espíritu puede ser contristado y enojado de hecho está escrito: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios..” (Efesios 4:30); “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu” (Isaías 63:10).

El Espíritu puede ser resistido, de hecho, dijo Esteban ante el Sanedrín: “Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros” (Hechos 7:51).

El Espíritu puede ser tentado, de hecho Pedro dijo a Safira: “¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti” (Hechos 5:9).

Al Espíritu Santo se puede mentir, Pedro le dijo a Ananías: “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” (Hechos 5:3).

También se puede hablar contra el Espíritu: “pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32).

El Espíritu Santo enseña, de acuerdo a lo que está escrito: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas… ” (Juan 14:26), y también: “Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir” (Lucas 12:11-12); y otra vez: “Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles…” (Nehemías 9:20); y también: “lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu…” (1 Corintios 2:13).

El Espíritu escudriña, de hecho está escrito: “el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).

El Espíritu recuerda las palabras del Señor, como está escrito: “os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

El Espíritu tiene una intención, como está escrito: “Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu..” (Romanos 8:27).

 

Su divinidad

Ahora vamos a comparar los pasajes de las Escrituras que se refieren al Espíritu Santo de Dios con otros que se refieren a Dios para demostrar que el Espíritu Santo es Dios

– El escritor a los Hebreos dice: “..¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14), y Moisés dijo acerca de Dios: “Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:2). El Espíritu es, por lo tanto, eterno como Dios.

– David dijo a Dios: “¿A dónde me iré de tu Espíritu?” (Salmos 139:7), y Dios dijo a Jeremías: “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea?” (Jeremías 23:24). El Espíritu es, por lo tanto, omnipresente como Dios.

– Pablo dice que “el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10), mientras Ana dijo de Dios: “Porque el Dios de todo saber es Jehová” (1 Samuel 2:3). El Espíritu es, por lo tanto, omnisciente como Dios.

– Eliú dijo: “El espíritu de Dios me hizo” (Job 33:4), mientras David dijo a Dios: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre” (Salmos 139:13). El Espíritu, entonces, crea como Dios.

– Jesús dijo: “…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:5,6) mientras Juan dice que los que creen en el nombre del Hijo de Dios han nacido “de Dios” (Juan 1:13). Así, el Espíritu hace nacer de nuevo como lo hace Dios.

– Pedro dijo primeramente a Ananías: “Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad” (Hechos 5:3), y luego dijo: “No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:4). Mentir al Espíritu Santo, entonces, equivale a mentir a Dios.

– En el libro de los Hechos está escrito que Pablo dijo a los Judíos que se negaron a creer en el Evangelio: “Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: de oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis…” (Hechos 28:25-26), mientras en el libro del profeta Isaías estas palabras se atribuyen al Señor de los ejércitos que Isaías vio en una visión, de hecho está escrito: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto… Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis” (Isaías 6:1,8-9). Así que el Espíritu Santo envió a Isaías para predicar como lo hizo también el Señor de los ejércitos.

– En el libro de los Hechos de los Apóstoles después de que el Espíritu Santo habló a Antioquía, diciendo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2), está escrito que “enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre” (Hechos 13:4). Jesús dijo: “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38), dejando claro que es Dios quien envía a su obreros a su mies; entonces el Espíritu Santo es Dios porque Él envió a Pablo y Bernabé en la mies del Señor.

– Jesús llama al Espíritu Santo “el Consolador” (Juan 15:26), entonces, consuela a los humildes. Pablo a los Corintios dice: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito..” (2 Corintios 7:6), Y también: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3-4). Así que el Espíritu Santo consuela como lo hace Dios.

– En Isaías está escrito que los israelitas en el desierto “hicieron enojar su santo espíritu” (Isaías 63:10), mientras en los Salmos está escrito: “Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, lo enojaron en el yermo!” (Salmos 78:40). Los israelitas, entonces, haciendo enojar el Espíritu Santo, hicieron enojar Dios.

– Pablo dijo a los Corintios: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo..?” (1 Corintios 6:19) y también: “¿No sabéis que sois templo de Dios..?” (1 Corintios 3:16). El Espíritu Santo, entonces, habita en el creyente con Dios.

– Jesús dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas…” (Juan 14:26), pero también dijo: “Y serán todos enseñados por Dios” (Juan 6:45), y David dice que Dios “enseñará a los mansos su carrera” (Salmos 25:9). El Espíritu Santo, por lo tanto, enseña como lo hace Dios.

– Jesús dijo del Espíritu: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13); y David en los Salmos dice a Dios: “Encamíname en tu verdad” (Salmos 25:5). Así que si el Espíritu de la verdad guía a la verdad como lo hace Dios, significa que Él es Dios.

Como se puede ver, las Escrituras afirman que el Espíritu Santo es eterno, omnipotente, omnipresente y omnisciente como Dios (y por lo tanto no puede no ser Dios), y muchas cosas que Dios hace las hace también el Espíritu Santo.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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