Una pregunta sencilla para los Unicitarios


Punto-di-domanda1“Te encarezco DELANTE DE DIOS Y DEL SEÑOR JESUCRISTO, Y DE SUS ÁNGELES ESCOGIDOS, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad” (1 Timoteo 5:21)
.

Pablo dice que delante de él hay:

1) Dios

2) Jesús

3) Los ángeles escogidos

Ahora, si Jesús y el Padre fuesen la misma persona, ¿Cómo se explica que sean citados por separado? (Y noten que Pablo cita también los ángeles escogidos haciendo entender que ellos también están SEPARADOS de Jesús y el Padre). Si ustedes afirman que Dios y el Padre son la misma persona, a la luz de este versículo, deben necesariamente afirmar que TAMBIÉN los ángeles escogidos sean Dios.

Unicitarios ¿Pueden ver AHORA la clara contradicción de su falsa doctrina?

Quien tiene oídos, oiga.

Enrico Maria Palumbo

Estudios Bíblicos acerca de la Trinidad: https://justojuicio.wordpress.com/category/trinidad/

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Dios es el Padre de Cristo Jesús que es Dios y nuestro Salvador

tumblr_mfvy15owEN1qlbkn0o1_500” … y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de DIOS NUESTRO SALVADOR, a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, DE DIOS PADRE Y DEL SEÑOR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 1:3-4)

Hemos leído que el apóstol Pablo distingue claramente las DOS PERSONAS de DIOS PADRE y de CRISTO JESÚS que es llamado nuestro Salvador. Y luego confirma esta distinción con las siguientes palabras, llamando también a Dios Padre nuestro Salvador. Como está escrito: “Pero cuando se manifestó la bondad de DIOS NUESTRO SALVADOR, y su amor para con los hombres, NOS SALVÓ, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente POR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR” (Tito 3:4-6).

Dios Padre es, por lo tanto, nuestro Salvador que nos salvó por medio de Su Hijo (Jesucristo) nuestro Salvador.

A la luz de estas palabras nos comprendemos de una manera aún más clara las palabras del apóstol Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era CON DIOS, y el Verbo ERA DIOS” (Juan 1:1)

Jesús es Dios, sin embargo, es una persona diferente de Dios Padre porque Dios Padre no murió en la cruz, como falsamente dicen los Unicitarios, sino fue EL HIJO QUE NOS COMPRÓ A DIOS PADRE con Su preciosa sangre. Como está escrito acerca del Hijo: “Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y CON TU SANGRE COMPRASTE PARA DIOS gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 ‘NVI’) y “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de DIOS, QUE ÉL ADQUIRIÓ CON SU PROPIA SANGRE” (Hechos 20:28 ‘NVI’).

Dios (Jesús) nos adquirió a Dios (Dios Padre) con Su preciosa sangre.

Unicitarios, ¿No son bastante claras estas palabras? ¿Han sido así indoctrinados y engañados por los espíritus seductores que no pueden entender esta VERDAD FUNDAMENTAL?

Y a ustedes que dudan les digo, no se dejen engañar por los Unicitarios y ánclense firmamente a lo que está escrito en la Palabra de Dios, única lámpara a nuestros pies y luz en nuestro sendero.

Enrico Maria Palumbo

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La Verdad

La verdad te hace saltar de alegría, o te aniquila y te hace morir de rabia, a menos que estés de acuerdo con ella.

La verdad te libera el alma y la mente de todo peso, pero también te puede agravar el alma y la mente si no estás de acuerdo con ella.

La verdad hace doler el corazón y entristece aquellos que están en un cierto estado de ánimo y conducta, pero no ofende, no insulta, no lisonjea, no miente.

La verdad anda junto con el AMOR, y donde no hay verdad, no hay ni siquiera amor, son HERMANAS INSEPARABLES.

La verdad viene de Dios, pero la mentira viene del DIABLO.

La verdad dura para siempre, pero la mentira dura un momento, dura justo el tiempo para ser descubierta.

La verdad permanece siempre la verdad, pero la mentira, aunque repetida continuamente, permanece siempre una mentira.

Jesús es el CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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Nosotros predicamos a Cristo crucificado, poder de Dios

10734246_10152768018296043_6649640367189890002_n“Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:22-25)

Para muchos parece una frase obvia la que dice que nosotros predicamos a Cristo CRUCIFICADO, pero no lo es. ¿Cuántas veces ustedes han oído hablar de la muerte de Cristo en la cruz, del hecho que su costado ha sido HERIDO y ha salido la sangre de Jesús, que es la sangre del nuevo pacto, por medio de la cual nuestros pecados han sido perdonados? No muchas veces en estas congregaciones de hoy en día.

Miren, hablar de la muerte de Cristo como está escrito en la Palabra de Dios, es considerado por algunos como CRUENTO, y para no molestar al auditorio, he ahí que no hablan de ella casi nunca. Y eso no es bueno, ya que en la SANGRE DE JESÚS, en LA MUERTE DE JESÚS hay un gran poder, es el poder que salva al hombre pecador, por lo tanto, somos llamados para hablar de ella continuamente.

Muchos nos dicen que hablan de Jesús, evangelizan, pero yo les digo a éstos: ‘¿Pero ustedes anuncian el Evangelio de Cristo como está escrito en la Biblia? ¿Pero ustedes proclaman que Cristo en la cruz derramó su sangre para limpiárnos de todo pecado? ¿Pero ustedes proclaman que hay curación del cuerpo por las heridas que se han infligido en el cuerpo de Jesucristo?’

Hermanos y hermanas en el Señor, les recuerdo que nosotros los creyentes debemos hablar y recordar a los demás que Cristo murió en la cruz y derramó Su sangre para limpiárnos de toda iniquidad, y al tercer día resucitó; esto es lo que debemos proclamar a los pecadores, esto es el Evangelio, y como leemos en el pasaje citado más arriba, ESTE EVANGELIO ES PODER DE DIOS, Y SABIDURÍA DE DIOS. Así que, queridos en el SEÑOR, no reemplacen este mensaje de gran alcance con nada más, dejen las palabras: ‘Jesús te ama’, porque no es EVANGELIO, sino proclamen la muerte y resurrección de Cristo, de acuerdo a lo que está escrito en la Biblia.

Tengan cuidado con las amonestaciones del apóstol Pablo, quien dice:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gálatas 1:6)

Hermanos, pregúntense: ‘¿Cuál es el Evangelio que me salvó?’ He ahí, ese es lo que tienen que predicar, y el Evangelio que les salvó no fue ‘Jesús te ama’, sino la fe que les ha sido dada en el sacrificio logrado por Jesucristo en la cruz, en su derramamiento de sangre, ese es el que les ha salvado y limpiado de todo pecado, por lo tanto, proclamen ese MENSAJE, no otro.

Entonces, dejen por un lado el resto de los mensajes que no son Evangelio, porque hay que predicar EL MISMO EVANGELIO que predicaban los apóstoles, es decir, ustedes tienen que predicar a CRISTO CRICIFICADO, que es PODER DE DIOS, para la salvación de todo aquel que cree.

Por el hermano en Cristo: Giuseppe Piredda

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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¿Jesús resucitó física o espiritualmente?

tomb1La Escritura enseña que Jesucristo resucitó corporalmente, en otras palabras que Él retomó su cuerpo con el cual murió sobre la cruz, y que fue puesto en el sepulcro. Obviamente el cuerpo con el cual Él resucitó y con el cual les apareció a sus discípulos era diferente de aquel precedente porque era inmortal, incorruptible y glorioso, y a demostración de esto hay el hecho de que Jesús se presentó entre sus discípulos a puertas cerradas, por lo tanto, pasando por los muros del lugar dónde ellos estaban en ese momento; pero aquel cuerpo quedó siempre su cuerpo. De hecho, cuando Jesús les apareció a sus discípulos y éstos creyeron ver un espíritu, Él les dijo: “¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:38-39). Noten como Jesús dijo que no era un espíritu porque un espíritu no tiene carne y huesos como Él, entonces los invitó a tocarle. Pero además del hecho que sus discípulos podían tocarle, hay el hecho que en aquel cuerpo habían las señales de los clavos y la señal de la lanza en su costado, cosa muy importante esta, diría fundamental; esas señales en su cuerpo resucitado, de hecho, confirman su resurrección corporal.

Y entonces, digo, si Jesús no hubiese recuperado su cuerpo, ¿cómo habrían podido haberse cumplido las palabras proféticas de David: “Y aun mi carne descansará en esperanza” (Hechos 2:26)? ¿No creen ustedes que habría sido una contradicción por Dios decir que la carne del cuerpo del Mesías habría descansado en esperanza, y luego aquel mismo su cuerpo no habría salido inmortal y glorioso de la tumba en la que fue colocado? ¿Qué esperanza habría sido la que habría tenido el Cristo sobre su carne, si entonces esta no habría sido por Él retomada? Una ilusoria y falsa esperanza. Pero no, de esa esperanza el Mesías vio el cumplimiento porque su alma no fue dejada en el Hades, y su cuerpo no vio corrupción, de hecho, resucitó al tercer día, volvió con su alma en su cuerpo traspasado pero esta vez aquel cuerpo era inmortal y glorioso.

Y de nuevo, digo esto: ‘Si no hubiera sido su resurrección corporal, ¿cómo habría podido Jesús destruir la muerte?’ No habría podido, porque cuando vino la muerte aconteció una separación física del alma de Jesús de su cuerpo, por lo cual el cuerpo decimos que en cierto sentido fue “perdido”, por lo tanto, para que la muerte fuese vencida era necesario que el alma del Jesús muerto volviese precisamente en aquel cuerpo del que estaba separado; en otras palabras, que Jesús retomara su cuerpo. Y así sucedió; sí, esto es lo que pasó con su resurrección, por la que ahora proclamamos que Jesucristo ha destruido la muerte.

Por tanto, miren por ustedes hermanos y tengan cuidado con todos los que de una u otra manera niegan la resurrección corporal de Jesús; éstos mienten contra la verdad. La resurrección corporal de Jesús es parte del plan divino de redención, porque Pablo dice que Jesucristo fue “resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25); cancelar esto significa cancelar la redención llevada a cabo por Cristo por amor de nosotros. Decir de hecho que Jesús no resucitó físicamente significa negar implícitamente su resurrección, porque no hay una resurrección espiritual, tal resurrección no se puede llamar una resurrección. Así que, hermanos y hermanas sigan proclamando la resurrección de Cristo, y defendiendola de los ataques de los que, seducidos por el diablo, la niegan.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por enrico Maria Palumbo

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Pasos que demuestran que Jesús es Dios

479989_543169739047173_373980122_n– Juan dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14). Y como se dice claramente que el Verbo era Dios y el Verbo fue hecho carne, declaramos que Dios fue manifestado en carne en la persona de Cristo Jesús. Las siguientes palabras escritas en los Salmos: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (Salmos 33:6), confirman lo que dijo Juan (“el Verbo era Dios “[Juan 1:1]), porque sabemos que los cielos fueron hechos por Dios, como está escrito: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1); Por lo tanto, si la Palabra de Dios no era Dios, no podría haber creado los cielos.

– Juan el Bautista dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36), por eso todos los que creen en Jesucristo tienen la vida eterna. Pero Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24), haciendo entender que, a fin de recibir la vida eterna, se debe creer en Dios. entonces alguien dirá: ‘¿En quién debemos creer para tener la vida eterna?’ En Cristo Jesús, porque Él es Dios con el Padre, y nos informó de las palabras de su Padre, y porque el que cree en Él automáticamente cree en Dios que lo envió, porque Jesús dijo: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió” (Juan 12:44).

– Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). ¿No está claro el significado de estas palabras de Jesús? Él y el Padre, a pesar de que son dos personas separadas, son Dios. Los Testigos de Jehová dicen en cambio que estas palabras significan sólo que el Hijo y el Padre son uno en acuerdo y propósito. Pero nosotros decimos: ‘Si fuera sólo eso el significado de las palabras de Jesús, ¿por qué los Judíos inmediatamente después de que lo pronunció recogieron unas piedras para apedrearlo?’ ¿No es otra, y precisamente porque se hacía igual a Dios, la razón por la que recogieron piedras para apedrearlo? Sí, de hecho está escrito que los Judíos le dijeron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:33). El hecho de declarar sólo estar de acuerdo con Dios no habría provocado la ira de los Judíos incrédulos.

– Respondió Jesús y le dijo al hombre que le había llamado “Maestro bueno” (Marcos 10:17): “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” (Marcos 10:18). Ahora, alguien dirá: ‘¿Por qué tomar este paso para dar fe de que Jesús es Dios?’ Por esta razón, porque Jesús no se negó a ser llamado bueno, sino sólo le preguntó al hombre porque le había llamado bueno, ya que sólo Dios es bueno. Y así, ya que sólo Dios es bueno el Maestro es Dios, porque Él es bueno. Si Jesús no hubiera sido bueno, sin duda habría dicho al hombre para llamar sólo Dios bueno, y por lo tanto, implícitamente se habría declarado sólo un hombre. Pero precisamente porque era la misma cosa con Dios el Padre, Él era bueno. Por lo tanto, hacemos bien en el llamarlo Maestro bueno, porque Él es Dios.

– Pablo dijo de Jesucristo a los Colosenses que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). Y es precisamente en virtud del hecho de que en Cristo habitó toda la plenitud de la Deidad que hemos recibido gracia sobre gracia de Él, de hecho, Juan dice: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). En otras palabras, no habríamos sido capaces de recibir de Cristo la salvación, ni la vida, ni la paz, ni ninguna otra bendición si en Él no hubiese vivido la plenitud de la Deidad, o si Él no hubiese sido Dios.

– El apóstol Pablo dijo a los Romanos: “De quienes (los Israelitas) son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:5). Así que Jesús Cristo, aunque fue encontrado en la condición de hombre, es el Dios que es bendito por los siglos.

– Pablo dice a Tito: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…” (Tito 2:13). Ahora, el profeta Daniel llamó a Dios “el gran Dios”, porque después de que habló con el rey Nabucodonosor dijo: “El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir” (Daniel 2:45); Jeremías hizo lo mismo, de hecho dijo: “Dios grande” (Jeremías 32:18); David reconoció que sólo Dios es grande cuando él dijo: “Porque yo sé que Jehová es grande” (Salmos 135:5); por tanto, si Pablo llamó a Jesús “nuestro gran Dios” significa que él creía firmemente que Cristo es Dios. Si Jesús no fuera Dios, y por lo tanto si no era igual a Dios, Pablo no lo habría jamás llamado “nuestro gran Dios”, porque de esta manera habría definido una criatura Dios, haciendose culpable de idolatría. Recuerden que Pablo era un Judío por nacimiento que sabía muy bien que Dios había dicho: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3), y por lo tanto nunca se habría permitido, si Jesucristo hubiese sido sólo un hombre, llamarlo “nuestro gran Dios” También el hecho de que Pablo llama a Jesucristo “nuestro Salvador” muestra que él creía que Él era Dios. Él sabía que Dios había dicho a través de Isaías: “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí” (Isaías 45:21), sin embargo, Él no llamó “nuestro Salvador” sólo a Dios el Padre (en Tito dice: “La predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador” [Tito 1:3], y a Timoteo dice: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador” [1 Timoteo 1:1], y: “porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” [1 Timoteo 4:10]), sino también a su Hijo Jesucristo, como está escrito en Tito: “Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:4).

– El apóstol Pedro también llamó Jesucristo “nuestro Dios y Salvador”, de hecho, en el comienzo de su segunda epístola está escrito: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:1). También él, como Pablo, sabía que hay un sólo Dios y único Salvador, pero llamó el Cristo a quien había conocido en los días de su carne “nuestro Dios y Salvador” porque Él lo es.

– En el libro de los Hechos de los Apóstoles, entre las palabras de Pablo a los ancianos de la iglesia en Efeso, hay las siguientes: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre” (Hechos 20:28 ‘NVI’). Ahora, en estas palabras se dice que Dios compró la iglesia con su propia sangre, que a primera vista parece increíble, porque sabemos que no es Dios que murió en la cruz y derramó su sangre por nosotros, sino su unigénito Hijo. Pero examinando cuidadosamente este paso y comparándolo con otros pasajes de la Escritura vemos que Pablo aquí se refiere al Hijo de Dios y no a Dios el Padre, que en los días de la carne de su Hijo siguió sentado en su trono en el cielo. Recuerden que cuando Tomás le dijo a Jesús: “!!Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28), implícitamente admitió que su Dios murió en la cruz, que derramó su sangre para comprarnos, y luego fue resucitado; pero tengan en cuenta que con esas palabras no admitió que Dios el Padre murió en la cruz; digo esto para que se entienda que siempre hay una clara distinción entre Dios Padre y Dios Hijo. Son dos personas unidas y de la misma sustancia desde toda la eternidad, pero al mismo tiempo diferentes entre ellas y deben ser especificadas por separado a fin de no intercambiar el uno para el otro. En conclusión, Jesucristo es el Dios que, según las palabras de Pablo, compró su iglesia con su propia sangre.

– En la epístola a los Hebreos está escrito: “Mas del Hijo dice: tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo..” (Hebreos 1:8). También por estas palabras del cuadragésimo quinto salmo se entiende claramente que el Hijo es Dios, y no un dios.

– Siempre en la misma carta está escrito, “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1:6). Ahora, nos sabemos que los ángeles adoran sólo a Dios, como está escrito: “Los ejércitos de los cielos te adoran” (Nehemías 9:6); entonces, como los ángeles saben que se debe adorar sólo a Dios (el ángel de Jesús que se le apareció a Juan en la isla de Patmos, cuando vio que Juan se postró ante él para adorarlo le dijo: “Mira, no lo hagas… Adora a Dios” [Apocalipsis 22:9]) ellos saben y reconocen que Jesucristo es Dios. Y entonces, si Dios el Padre ha ordenado a sus ángeles para adorar a su Hijo, quiere decir que Él mismo reconoce en Cristo Jesús la segunda persona de la Divinidad. Si Jesús no fuera Dios, el Padre nunca habría ordenado a sus ángeles para que le adorasen.

– Mateo dice que los magos “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron…” (Mateo 2:11). Estas palabras muestran que Jesús era Dios, incluso cuando era un bebé, porque los Magos le dirigieron su adoración debida sólo a Dios.

– El mismo apóstol dice al final del Evangelio que escribió que las mujeres acercándose a Jesús resucitado “abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9), y luego que los discípulos “se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron” (Mateo 28:16-17). Ahora, ya que está escrito en la ley: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10), entonces Cristo era Dios. Si el Hijo no hubiera sido Dios, no sólo no habría sido digno de ser adorado, sino Él mismo habría regañado tanto a las mujeres como a sus discípulos cuando le adoraron. Recuerden que Jesús nunca renunció a reprender a los suyos cuando se lo merecían; Él reprendió a Santiago y Juan cuando se le preguntó si quería que mandasen que desciendese fuego del cielo para devorar a los samaritanos que no lo habían recibido porque se dirigía a Jerusalén, (Véase Lucas 9:51-56); y reprendió a Pedro porque no quería que sufriera y muriera (Véase Mateo 16:22-23). Por lo tanto, si sus discípulos, adorandole, se hubiesen hechos culpables de idolatría, Jesús les habría regañado y les habría dicho: ‘¡¡Adoren a Dios!’; en cambio el hecho de que Él aceptó su adoración confirma que Jesús era Dios y no sólo un hombre.

– Pablo dice a los Filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…” (Filipenses 2:5-7). De esta manera Pablo ha confirmado tanto que Jesucristo era igual a Dios, como que Él, como Hijo de Dios, estaba con el Padre antes de la fundación del mundo.

– En la carta a los Hebreos dice: “Sino que os habéis acercado… a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22,23). Dios en este caso se llama el Juez de todos; pero también el Hijo es el Juez de todos, porque Pedro dijo de Él “que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10:42). Por lo tanto, ya que sabemos que el juicio pertenece al Señor, que es el único Dios verdadero, y no hay otro, Jesucristo es Dios.

–  Un día Jesús dijo a los Judíos: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56), y los Judíos le dijeron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” (Juan 8:57) y Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Ahora bien, sabemos que el Yo soy apareció a Moisés en el Monte Horeb en la llama de una zarza ardiente y habló con él y le envió a Egipto para liberar a Israel, pero veamos ahora cuando el Yo soy le apareció al patriarca Abraham, porque Jesús proclamó haber visto a Abraham y que Abraham había visto su día, y él se había regocijado. Está escrito: “Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él…” (Génesis 18:1-2). Tengan en cuenta que la Escritura dice que Abraham vio a tres hombres. Continuando la lectura de esta visita que Abraham recibió se nota que dos de estos hombres eran en realidad dos ángeles, de hecho, después de que los tres hombres habían comido lo que Abraham había puesto frente a ellos, la Escritura antes dice: “Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma” (Génesis 18:22), y un poco más adelante: “Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde…” (Génesis 19:1). Por tanto, dos de esos tres hombres eran dos ángeles; pero entonces, ¿quién era el tercero? Era el Señor, que es, el Yo soy, de hecho, la Escritura después de decir que “El Señor se le apareció a Abraham” dice que, después de que los dos hombres salieron de Abraham, el patriarca “estaba aún delante de Jehová” (Génesis 18:22). Ahora quiero que noten algo más que considero importante porque confirma que aquel hombre que se le apareció a Abraham era Dios (el Hijo) antes de su encarnación. Después de que los dos ángeles tomaron la mano de Lot, su esposa y sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad de Sodoma, la Escritura dice: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Génesis 19:24). Noten la expresión: “Jehová hizo llover… de parte de Jehová”, porque confirma que aquel hombre que hizo llover de parte de Dios fuego y azufre sobre Sodoma era Dios, el Hijo.

– Isaías dijo: “!!Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder” (Isaías 40:9-10); a continuación, en las palabras de Isaías nuestro Dios vendrá con poder. Ahora, comparando estas palabras del profeta con estas palabras de Jesús: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria” (Lucas 21:27), y las de Juan: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” (Apocalipsis 1:7), entendemos que Jesucristo es nuestro Dios que viene con poder. Si luego examinamos las siguientes palabras pronunciadas por el Señor Jesús a Juan: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8) se darán cuenta de que el que viene es llamado el Alfa y la Omega y el Todopoderoso; y por lo tanto esto también es una confirmación de que Jesucristo, que ha de venir, es Dios.

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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La preciosa sangre de Jesús

La preciosa sangre de Jesus

¡Cuán preciosa es la sangre de Jesús, que Él derramó en la cruz y de la que hemos sido rociados (1 Pedro 1:2)! Esa sangre ha limpiado nuestra conciencia de las obras muertas, haciéndonos perfectos en cuanto a la conciencia (Hebreos 9:14), y si andamos en la luz nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Por medio de ella hemos sido justificados (Romanos 5:9), reconciliados con Dios (Colosenses 1:20), hechos cercanos a Dios (Efesios 2:13), santificados (Hebreos 10:29; 13:12); rescatados de nuestra vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros padres (1 Pedro 1:18), nos ha lavado y liberado de nuestros pecados (Apocalipsis 1:5; Efesios 1:7), y comprado para Dios (Apocalipsis 5:9 ‘NVI’). Por Su sangre fue dedicada la alianza que Dios hizo con nosotros (Hebreos 9:18; 13:20); en virtud de Su sangre tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo (Hebreos 10:19), y por medio de Su sangre hemos vencido al diablo (Apocalipsis 12:11).

A Cristo Jesús, que derramó Su sangre por nosotros, sea la gloria ahora y para siempre. Amén

Por el maestro de la Palabra de Dios: Giacinto Butindaro

Traducido por Enrico Maria Palumbo

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